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domingo, 1 de noviembre de 2026

Quién fue Emmett Till y por qué su vida y legado son trascendentes

 

Emmett Till y su madre Mamie Till Mobley a principios del verano de 1955. Fuente Wikimedia.

 

De manera aleatoria, viendo la televisión el otro día un poco a horas intempestivas, en uno de esos canales de la tdt que se repiten y acaban siendo totalmente prescindibles, vi una historia de esas que hacen, que hicieron, Historia.

El hilo del documental era el estado de abandono que tiene un lugar de memoria en Estados Unidos. Un día de estos debería escribir sobre el estado arquitectónico, pero también patrimonial, cultural y social, de muchas de las ciudades y entornos rurales y naturales de este país, y también de otros incluida la nación de las barras y estrellas que para cuestiones tanto sociales, económicas o culturales, le pueden, perfectamente, catalogar como un estado fallido. El nivel de abandono, desolación, pobreza, miseria, desesperación y deterioro es tal que ya ha sobrepasado la gracieta de los videos por los centros comerciales abandonados que aparecían por Internet hace 10 años (infra estructuras que en Estados Unidos apenas llegan de media a una vida útil de 15 años). Es sobretodo conocer cómo y por qué una nación que ha detentado una posición hegemónica en el tablero geo-estratégico mundial, que tiene un sistema educativo potente -aunque privatizado hasta lo obsceno-, con lo cual tiene una potencia en recursos humanos evidente con una población diversa cien millonaria, y que además ha tenido el tejido industrial y productivo idóneo y las materias primas y energéticas necesarias ha podido dilapidar todo ese caudal en menos de 30 años, sacándolos del bienestar, ya no sólo del planeta en general, sino de su propio pueblo para licuarlo a una élite parasitaria oligárquica.

El caso es que el programa de televisión nos enseñaba un escenario histórico y trascendente de la Historia de Estados Unidos venido abajo. Abandonado a su suerte, comido o reconquistado por la naturaleza y totalmente perdido en el tiempo.

A finales de 1955 un joven afroamericano de 14 años nacido en Chicago y llamado Emmett Till acudió a visitar a sus tíos abuelos al pueblo de Money en Mississippi. En el sur profundo.

Pese a las advertencias de su madre quién ya le había avisado “que tuviera cuidado que el Sur no es Chicago” el joven Emmett ya había “llamado la atención” entre la población blanca de la localidad, que dominaba y oprimía a los negros, y les sentaba mal que "un negrito fuera con la cabeza tan alta por Money”. El caso es que aún con diversas y controvertidas versiones, Emmett acudió con su primo a la tienda local a comprar unos dulces. Al interior sólo accedió Emmet y allí solo se encontraba la dueña, una mujer de 21 años llamada Carolyn Bryant. Todavía hoy no se sabe a ciencia cierta lo que ocurrió. La propia mujer cayó en contradicciones en su denuncia popular, en lo que su marido Roy declaró después, tanto con el sheriff del distrito como ante el juez, así como con periodistas y escritores que con el tiempo trataron de obtener la verdad.

Según Carolyn, Emmett Till coqueteó con ella e incluso llegó a tocarla. Según el primo de Emmet la mujer alterada los amenazó a que marcharan de la tienda con un revolver en la mano. En ese momento Till confesó a su primo su deseo de volver a Chicago, pero se quedo varios días más para no molestar a su tío.

El caso es que cuando el 28 de agosto Roy Bryant de 24 años volvió de viaje su mujer ya había hecho lo posible para contar en todo el pueblo su versión de lo vivido con el “joven negro”. Esto hinchó el afán de venganza de Roy dentro de una sociedad fuertemente jerarquizada y con un racismo que lo impregnaba todo, hasta la indignidad hacia los afroamericanos.

Roy recogió a su hermanastro John William de 36 años, y ambos se dirigieron a la vivienda del tío de Emmett, para a punta de pistola secuestrar al joven. Lo llevaron a un granero en las afueras del pueblo, y en la oscuridad de la noche le propinaron una brutal paliza para dejarlo malherido y después rematarlo con dos disparos de revolver. Se deshacieron del cadáver tirándolo al rio Tallahatchie que pasa por el pueblo colgándole del cuello un peso (según se indica en el atestado policial un viejo ventilador). Al tercer día el cadáver apareció y pudo ser reconocido gracias a su ropa y a un anillo de plata con sus iniciales grabadas.

Al sexto día, el cadáver de Emmett Till fue devuelto a su madre en Chicago quien lo recibió en un ataúd sellado y con un lacrado del estado de Mississippi que prohibía su apertura. Sin embargo, su madre, en un acto de dignidad y valentía decidió abrirlo para despedirse de su hijo, y al ver, el terrible estado que mostraba la tortura a la que fue sometido, oficiar un funeral con el ataúd abierto para que todo el mundo viera como tratan a los negros en el sur.

 

La madre de Till, acompañada por su prometido Gene Mobley, contempla el cuerpo de su hijo en la morgue; foto en la revista Time, 15 de septiembre de 1955. Fuente Wikimedia.

 

Se calcula que más de 50.000 personas acudieron al funeral y vieron el rostro maltratado del joven Emmett convirtiendo todo el suceso en un acontecimiento nacional. La prensa se hizo eco y se tomaron fotos del cadáver que aparecieron en los principales periódicos tanto del Norte, como de las principales ciudades al Este y Oeste del país. La conmoción fue tremenda y tanto la población negra como la blanca del Norte estaban escandalizados. Con la decisión de la madre de Emmett, Mamie Till-Mobley había cambiado la secuencia de actos de barbarie y racismo que vivía la población negra, y de impunidad que tenía la población blanca al Sur. Se cuestionaban de manera clara los privilegios de unos y las discriminaciones de otros, así como lo fallado de los acuerdos y del ecosistema social que surgió cuando se construyó la nación y la sociedad tras la Guerra de Secesión (1861-1865). Al dar a conocer la extrema violencia y crueldad, y el dolor de una madre no debía quedar impune. No iba a ser un asesinato más. La muerte de su hijo debía servir para algo.

La investigación por el secuestro, apaleamiento y muerte de Emmet en el estado de Mississippi fue rápida. Hubo un testigo, otro joven negro que trabajaba cerca del granero quien confesó haber oído los lamentos de un chico joven mientras era agredido por “al menos tres personas distintas”. Sin embargo el testimonio del afroamericano Willie Reed ni fue tenido en cuenta para la investigación, ni tampoco para el juicio.

Aún con todo, debido a lo público de lo sucedido en la tienda de los Bryant con el chico, y a ciertas incongruencias, contando la ausencia de una coartada, la investigación sentó a Roy Bryant y a John William ante el banquillo y fueron juzgados por un jurado de doce hombres blancos. Quedaron absueltos. Años después, cuando sabían que ya no podían ser juzgados dos veces por un mismo delito, confesaron jactándose el crimen. Incluso a meses de su muerte en 2008 Carolyn Bryant confesó que Emmett Till no se había dirigido a ella de ningún modo. “That part’s not true”.

La farsa del juicio fue también seguida por los medios de comunicación del norte que enviaron equipos de reporteros a Mississippi. Allí recibieron amenazas y seguimientos del Ku-Klux-Klan y de otras organizaciones supremacistas y racistas, pero su trabajo valió la concienciación de toda la población, y en especial de una parte de la población blanca, con la situación racial en el país.

Tan sólo unos pocos meses después, el 1 de diciembre de 1955 en la capital del estado de Alabama, Montgomery, una mujer afroamericana se negaba a ceder su asiento a un hombre blanco rompiendo las leyes de segregación en los transportes públicos e imbricando con un acto de rebeldía la lucha por los derechos civiles. En aquel acto valiente y trascendente de Rosa Parks también está la memoria de Emmett Till y la lucha por la justicia y una vida digna.



Si nos paramos a pensar un momento, a bucear en la memoria y a dar algo de contexto, rápido y sin alarde de mucha precisión, uno ve que la situación en Estados Unidos, y en todo el mundo, con el racismo no ha cambiado mucho. Sigue matándose a personas por su color de piel. Y por supuesto discriminándolas en su día a día. En los 90 la televisión captó el momento en el que la policía de Los Ángeles asesinaba a Rodney King. En 2020 las redes sociales viralizaron el momento en el que la policía de Mineapolis asesinaba a George Floyd. En los últimos meses se han dado a conocer los casos de Corey Ruiz de 38 años asesinado en Wisconsin tras recibir una descarga con un tasser por la policía del estado y después rematado con 3 disparos en la cabeza. O el de Nolan Wells de 18 asesinado también en Mississippi cerrado el caso por la policía como “muerte accidental”. O el de Trey Reed hallado ahorcado en el campus de la Universidad Estatal del propio estado sureño.

Con un supremacista declarado en la Casa Blanca, fanático fascista, misántropo, misógino y aporafóbico, un inmoral ignorante y corrupto, el racismo es alentado. Las personas negras, latinas, asiáticas y los nativos son tratados como escoria por las fuerzas de seguridad (siempre y en cualquier lugar las componen los más desalmados de la sociedad para ejercer la fuerza y la violencia del estado), por los funcionarios y administraciones de inmigración y fronteras (los ICE las renovadas SS de Trump), por mercenarios y por juristas y leyes ideadas para alentar la segregación, el racismo y la impunidad de las prácticas que denigran a los seres humanos por su condición.

Y eso, solo en Estados Unidos. Aquí y en todo el mundo, dentro de esta salvaje ola reaccionaria de la ultra derecha fascista, en cualquier lugar, los adalides de la pureza racial encuentran colectivos que oprimir y denigrar, justificarles todas las tropelías y acusarles del mal que ellos provocan con su inmoralidad e inutilidad.

Por ello, no debemos, es más es imprescindible aprender, y dar a conocer, el legado de todas las luchas por los derechos civiles, en Estados Unidos y en cualquier lugar. Porque la humanidad es más completa, diversa y justa cuando incluimos a todos. Porque tenemos futuro juntos. Y porque debemos erradicar a las basuras humanas que amparan el odio y la violencia. Porque nos quieren separar cuando todos somos atracados y abusados por estas élites cleptómanas que quieren seguir pasando por el mundo oprimiendo y robando, esfuerzos y patrimonios ajenos.



De hecho, buscando información sobre el legado de Emmet Till y su madre, Mamie Till-Mobley, he encontrado que este mismo 23 de julio, el gobernador de Illinois, JB Pritzker firmó un proyecto de ley ante la Cámara de Representates estatal para designar el 25 de julio como Día de Emmet Till, y de esa manera conmemorar y recordar lo sucedido hace ya 61 años y que fue, sin duda un detonante decisivo en la lucha por los Derechos Civiles.




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