sábado, 18 de enero de 2014

Racismo latente

De un tiempo a esta parte la alarma social instalada en el sentir de Salamanca no ha hecho más que aumentar. Hace unos meses un inmigrante ilegal de origen africano intentaba estrangular sin éxito a un recién nacido con los cordones de su zapatilla. Afortunadamente los padres de la criatura y otros viandantes evitaron el trágico final. A los pocos meses agredía a dos mujeres por una avenida de la ciudad sin motivo aparente; una semana después, aproximadamente, repetía agresión contra otro ciudadano en la zona de la Estación de Autobuses. Estos han sido los tres casos más sonados, aunque parece ser que ya habido más con este sujeto como protagonista.
Tras esa última agresión relatada en los medios de comunicación le siguió la publicación de sus fotografías para que la ciudadanía lo reconociese. Y si para que le atacará, como ha sucedido en los dos últimos días. Es de un asco y una repugnancia extrema que esta persona, ilegal en estos momentos, haya visto su intimidad violentada por los medios periodísticos de propaganda, mientras que los saqueadores, los raterillos del cobre, los asalta naves y chalets, los del continuo menudeo de drogas (los que sois de fuera o no vivís la noche, no sabéis de lo que habló, pero hay mucho Breaking Bad en Charrajevo), se despachan con sus iniciales. Es muy preocupante que todavía hoy, en el siglo XXI, la decisión arbitraria de ilegalidad, legalidad o alegalidad de una persona pueda ser suficiente para violentar sus derechos civiles y humanos, que nos guste o no, son los mismos que todos.
Hasta la televisión pública nacional ha dado pábulo a la noticia con un tono alarmista y amarillo recalcitrante y cercano a la grima. Nada nuevo en la tv de la derecha fascista y neoliberal que nos desgobierna.
Y no. No defiendo en absoluto las acciones del "inmigrante perturbado" (como lo llamaron en Españistan directo). Si a mi, o a alguno de los míos, los hubiera atacado, hubiera respondido con la violencia, casi seguro, y después alegado defensa propia o que me "enajene". Lo haría con él y con cualquiera. Negro, hindú o blanco. Senegalés, nigeriano, británico, gallego, aragonés,... de León o Palencia. De Alba o de Montejo, o de Salamanca.
Y he aquí otra parte reprochable en todo este asunto. Lo que atañe a la seguridad ciudadana y la justicia. Por un lado tenemos unas fuerzas del orden que no dudan en apalear las personas que intentan parar un deshaucio o realizan una protesta vecinal. Linchan hasta la muerte a un comerciante. Nos tratan a personas, que no tenemos ningún tipo de antecedente por un acto criminal (protestar y ocupar las calles, las plazas y los edificios abandonados no es un acto criminal, y si de justicia social) como a auténticos desarrapados, sin ningún tipo de cobertura legal. Lo hacen los perros de la policía con la aquidescencia de sus amos, los gobiernos ultras, como el que tenemos ahora en #Españistan cuya máxima preocupación es reprimir la voz del pueblo que pide justicia a secas y justicia social. Menos latrocinio, nepotismos y corrupciones, desde la casa real hasta el último ay-untamiento perdido en un monte gallego o una aldea andaluza. Pero sin embargo esas fuerzas del orden, que piden respeto y valor a su trabajo, son claramente incapaces de controlar a este individuo, propiciando así el estado de alarma, que desde sus responsables políticos ni han querido o sido capaces calmar, ni tampoco parece, buscar una solución. No me creo que una persona, por el simple hecho de dar diferentes nacionalidades en sus declaraciones a la policía no pueda ser puesto a disposición judicial y a la evidente sanitaria y psíquica. Tampoco espero ninguna reacción en forma de que alguien de la cara y asuma las responsabilidades que bien se afana en cobran de sus sueldos.
Esa Justicia de esta democracia de pacotilla que no tiene problemas en mantener en la cárcel a un comunista como Amadeu Casellas, 38 años, sin que se hablase de Doctrina Parot, ni viniera el tribunal de Estrasburgo a reclamar Derechos Humanos, pero que sin embargo es incapaz de dar solución a un problema de seguridad ciudadana, que ya en su primera acción debería habérsele dado por finalizado. Cómo para ilusionarse con que caigan las redes de corruptelas que se han tejido durante 40 años de franquismo y demo-franquismo de nada para el pueblo y sin el pueblo.
Y aquí no hablo de deportaciones. Hablo de justicia. Hablo de una persona con evidentes problemas psiquiátricos que en ningún momento debería estar en la calle, y que como otros miles de personas se han quedado sin los más mínimos derechos en cobertura sanitaria, algo que queridos amigos y amigas salmantinos y españoles que han llegado hasta aquí, como podéis comprobar nos atañe a todos. Porque lo cierto es que desde que entro en vigor el decreto que retiro la tarjeta sanitaria a todas estas personas se ha perdido el trabajo de control y monitoreo de todas ellas, exponenciando problemas latentes de infecciones y enfermedades, que por sus condiciones precarias de vida sufren, al resto de la población o como en el caso del "senegalés de Salamanca" dejando en la calle a una persona con evidentes problemas mentales que es capaz de no sólo de alterar el orden público, sino de poner la integridad física e incluso la vida de los ciudadanos en peligro.
Este el sistema al que parecemos abocados. Me parece propio de un Reino de Taifas del Siglo XII el que una sola persona pueda poner en jaque y en solfa a toda una ciudad que alardeo de lumbrera del orbe y que hoy en día se autodefine en su web de turismo como "...una ciudad alegre, universitaria y viva. Es la diversidad de gente: estudiantes, turistas y los propios salmantinos, uno de sus principales atributos, y son ellos los que otorgan a la ciudad un agradable ambiente, fresco y joven..."
Y queda lo peor. Lo que se filtra en los comentarios en los medios digitales de prensa o en las conversaciones de barra de bar. Ese racismo vomitivo y lacerante, que aprovecha la ineficacia de las administraciones para dar solución a un problema grave, para justificar su enferma idea de mundo eso sí, sin menospreciar, ni culpar a los encargados por Dios y Franco de mantener la pureza de raza.
Esta tarde puede que vaya por Salamanca, y puede que me encuentre con él. Y puede que intente agredirme, o que lo consiga. O a mí, o a alguien a quien conozco y/o quiero. Y me sentire atacado y responderé, pero a la vez me sentire avergonzado de como este tema, por una parte ha demostrado la incapacidad absoluta de fuerzas de seguridad y justicia para solucionar los problemas de la gente, y además ha sacado los más bajos instintos que en Salamanca se filtran por un racismo preocupante, más propio de una sociedad fascista, intolerante y educada en los valores de la pureza de raza y las doctrinas Monroe de pacotilla que en valores de democracia, justicia social y derechos humanos.
Para mi no son menos los derechos humanos de este africano que los míos, o los de sus víctimas, o los de vosotros que habéis llegado a leer hasta aquí. Por eso mismo, mi preocupación, hastío e indignación por todo lo que esta sucediendo.