domingo, 12 de agosto de 2007

huevos fritos con azucar, un cuerpo cubierto con una sabana

Pasan los días y las semanas vuelan sin tiempo para correr el calendario. Seguimos en esa lucha interna y externa en la que me enfrento a temores, miedos e inseguridades. Cada día que pasa estoy más convencido de que este curro, que me ha llevado a cambiar mi vida, no es una panacea, y que poco tiempo voy a estar. Sigo en ese plan de inmovilidad y de aburrimiento. Nadie se dirige a mí y me da una explicación. Y no sé si es que soy gilipollas, pero la explicación esa de ¡¡tranquilo, estoy es así!! o cosas por el estilo, no solo no me valen, sino que enciman me encabronan más. Mala pinta tiene el asunto, pero habrá que aguantar lo que se pueda.

En cuanto a mi vivienda (gran eufemismo -> habitación) pues las cosas están bien. Creo que he acertado y de momento no tengo pegas. Habrá que ver si ya le doy los últimos retoques para hacerlo todo más práctico y acogedor.

Además ya hemos empezado nuestro curso intensivo de "cocinillas" y ya con todo el material adecuado ejercitamos el noble arte culinario, mejorando la destreza en el desarrollo de los platos de pasta, ensaladas y fritos varios. Me gusta bastante cocinar (y comer, más) pero la falta de tiempo por el trabajo me va a obligar muchos días a comer en restaurantes con lo notoriamente agobiante que eso es. Pero en fin,las cosas han venido así y no hay más que apretar y tomarlo como viene, con ganas e inteligencia.

Y esta semana rara ha sido porque los acontecimientos dictan nuestras vidas y nadie está exento. Ni siquiera ese Dani. Se nos había ido de vacaciones con su novia tolosarra, pero el asunto no cuajo, y al final tuvo que huir. Huyo a Mostoles para estar cerca de Salamanca y vivir con su tía, y el tio, me llamo y me contó la historia, como se había portado ella (algunas tías son especialmente raras) y como se había portado él (fenomenal). Y por ahí hemos andado viendo esos megacentros comerciales, comiendo hamburguesas y haciendo en la tarde del viernes el viaje a Salamanca. Además quede (yo solo y luego con Dani) con nuestras amigas de Mostoles. Muy majas todas ellas, simpáticas y agradables. Gracias por sacarnos un poco de la rutina y esperemos que la cosa vaya bien siempre.

Lo peor una imagen que nunca se me olvidará: La de una sabana cubriendo un cuerpo en una carretera.

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