El 9 de abril de 1890 en el Leuchster Restaurant de Bradford, Inglaterra, un grupo de jugadores de rugby de los dos equipos del barrio se juntó para almorzar y bajo unas pintas charlar sobre la temporada que acababa de terminar. Los jugadores se sentían huérfanos de partidos ya que hasta finales de octubre no podrían retomar su deporte y actividad de hermanamiento. En ese instante, traído por una lógica aplastante, uno de ellos, William Percy Carpmael tuvo una genial de idea: Juntar a los mejores jugadores de ambos equipos en uno sólo, sin distinción de a que fábrica, gremio y confesión perteneciesen, sólo para jugar al rugby, y hacerlo contra algunos otros equipos durante los meses hasta la nueva temporada.
Lo que comenzó como una aventura para pasar el verano, en el fondo tenía la intención de aunar un colectivo que diera un paso más y construir un equipo más fuerte. Carpmael era un fornido delantero que pasó por la Universidad de Cambridge y había jugado en los dos equipos y sentía que una unión de ambas estructuras les permitiría mejorar su nivel, y sobretodo, jugar más partidos. La idea en un primer momento era construir un equipo que pudiera hacer pequeñas giras por Reino Unido, de una o dos semanas. Un inicio extremadamente similar a lo que sucedió en pueblos y ciudades de toda Gran Bretaña (y todavía hoy sigue sucediendo en muchos lugares y con muchos deportes).
Pero algo cambió. El 27 de diciembre de 1890 en el Friary Field ante el equipo de Hartlepool, los Southern Nomads, un equipo compuesto por jugadores de los condados industriales del Norte, vencieron al conjunto local por 9-4 celebrando el Boxing Day (luego se pasó al día 26 cuando se permitió a las tiendas abrir ese día), e iniciando el recorrido de un equipo de leyenda. El viaje había sido de “apenas 150 kilómetros” pero fue suficiente para fijar la tradición de esas pequeñas giras para 3 o 4 partidos. Al acabar el partido tomaron el nombre de Barbarians.
Su indumentaria fueron unas camisetas a rayas gruesas horizontales blancas y negras, con pantalón negro. Para las medias usaron las de sus equipos de origen. Y esa tradición y esa ropa de juego les acompaña hasta el día de hoy. Incluso cuando los jugadores internacionales son convocados y pueden calzarse una pierna con una media de su club profesional, y otra con la de su selección. Otros se ponen la media de su club o escuela como recuerdo y respeto a sus orígenes. Los Barbarians habían nacido y con el tiempo ganaron su propio apodo tomado de la contracción del nombre: Baa-Baas.
Desde un primer momento la composición del equipo no debía quedar ligada únicamente a la pericia en el campo. Tenían que ser buenos jugadores por supuesto, pero fundamentalmente debían ser buenos deportistas. Los valores de respeto, educación y compañerismo quedaban por encima de la técnica o el físico. También era primordial inculcar un estilo de juego y presencia en la gira en la que la diversión fuera el gran objetivo. Dentro y fuera del terreno de juego. Conjugar ambas vertientes, los valores del rugby y la propuesta festiva, era una seña de identidad del nuevo conjunto, y ante la segunda gira que tomaron, en 1891 por el Este y Sur de Gales, se plasmó en el lema: “Rugby Football is a game for gentlemen in all classes, but for no bad sportsman in any class” (“El Rugby es un juego para caballeros de todas las clases, pero no para ningún mal deportista de cualquier clase”).
Este emblema fue pronunciado por el obispo Walter Julius Carey, ex jugador de rugby, aficionado y prelado en Bloemfonteim quien resumió a la perfección el espíritu de los Barbarians y el leiv motiv que los iba a mover de ahí en adelante.
Por todo ello, desde el primer día y hasta hoy ser convocado por los Barbarians es el mayor orgullo que un jugador de rugby puede recibir. Y es algo que no queda restringido a los Baa-Baas, sino que más aún, muchos clubes amateurs han instaurado su propio Barbarians para seguir llamando a los antiguos jugadores para celebrar jornadas festivas y homenajearlos y agradecerles, y con ello al mismo rugby.
Con los Barbarians y en aquellas primeras giras a finales del siglo XIX y primeros del XX se fijaron una serie de partidos tradicionales y anuales de los Barbarians. El partido del Boxing Day, contra Leicester Tigers se jugó desde 1909 hasta la irrupción del profesionalismo en 2006.
De la primera gira por el Gales se fijó un Easter Tour, es decir, una gira en semana santa en la que les llevaba a enfrentarse a equipos en Penarth (el Viernes Santo), Cardiff (el sábado santo), Swansea (el Lunes de Pascua) y Newporth (al día siguiente martes) y que también se mantuvo hasta finales de los años 90.
Los Barbarians han tomado parte de las conmemoraciones por las Guerras Mundiales, con su homenaje anual al soldado y ex-jugador Edgar Moobs quien murió durante la Primera Guerra Mundial y que fue recordado con un partido anual contra Northampton o una selección de las east midlands. También participan en el Día del Recuerdo, durante la conmemoración de noviembre, en el que tradicionalmente jugaban un partido contra el equipo de los ejércitos británicos. Estos partidos se han visto relegados por el auge del profesionalismo en el rugby, pero se han recuperado con el concurso de ex-jugadores y aficionados.
El The Final Challenge es el último partido de la gira que los Barbarians juegan en Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica. Se toma como el partido más importante de la serie y suponía el enfrentamiento contra la selección nacional del país en cuestión. En las giras por el hemisferio sur suponían una estancia de un mes recorriendo el país, lo que hacía que no todos los años se produjeran por su coste, y los partidos contra Wallabies, Springboks o All Blacks eran acontecimientos tan importantes como los propios partidos de estos contra los British Lions (después British and Irish Lions) o las visitas de Inglaterra.
Del mismo modo cuando estas selecciones devolvían visita en el Norte podía darse un partido contra Barbarians, normalmente al comienzo de la gira, dejando el partido cumbre, el último contra el anfitrión, la selección nacional.
Los Barbarians en Twickenham antes de jugar contra Inglaterra en mayo de 2017. David Rogers - FRU.
Hoy en día, en el rugby de élite, hiper profesionalizado, donde las televisiones imponen sus propios ritmos a los jugadores, los clubes, las federaciones y las instituciones que deberían velar por la salud de toda la familia del rugby, los partidos de los Baa-Baas no han perdido su trascendencia. Éste de por sí es un gran logro de la institución de Barbarians y de la familia del rugby.
En la actualidad la convocatoria de Barbarians sirve de homenaje y despedida a jugadores que abandonan la práctica profesional, por lo que se premia y loa sus servicios con los honores de enfundarse el uniforme a franjas blancas y negras y el escudo bordado con el entrelazado de las letras B, F, y C (Barbarians Football Club). También sigue siendo un hito en la conmemoración de los jugadores que han brillado por su desempeño tanto dentro como fuera del terreno de juego, sobretodo si han protagonizado acciones deportivas y reverenciales por el rugby, sus estamentos (en especial el colectivo arbitral) y en favor de la comunidad. A la icónica camiseta le acompañan desde 1929 la entrega de la chaqueta azul y su corbata correspondiente, y al acabar el partido de la gorra (la cap) conmemorativa del enfrentamiento con la fecha y el emblema de cada equipo, tradición está de cualquier partido internacional de rugby.
Eso sí, ante cualquier partido los Barbarians tienen la tradición de presentar un 15 de inicio con al menos un jugador debutante, esto es, que nunca antes haya jugado con los Baa-Baas. De este modo se va agrandando la familia barbarian, y mantiene la incertidumbre y la ilusión por ser convocados en los propios jugadores y también en los aficionados. Evidentemente estos condicionantes ponen en dificultad el montar un equipo sólido para el entrenador (otro gran honor), pero la trascendencia y el simbolismo de vestir las franjas negras y blancas se ponen por delante.
En todos estos años los Barbarians han jugado en más de 25 países, enfrentándose a selecciones nacionales de Oceanía, África, América y Europa, además de con los British & Irish Lions y partidos contra clubes y franquicias de los principales países del rugby union. La lista de jugadores que han participado es colosal y un quien es quien de la Historia del rugby.
Carl Aarvold, Adrian Stoop, Cyril Holmes, David Duckham, Peter Thompson, Bleddyn Williams, Jack Matthews, Malcolm Thomas, Andy Mulligan, Jack Kyle, Cliff Morgan, Tony O’Reilly, Arthur Smith, John Spencer, Mike Gibson, Andy Irvine, Gareth Edwards, Jonathan Davies, Gavin Hastings, Jeremy Guscott, Nick Farr-Jones, Francois Pienaar, Zinzan Brooke, Joost Van der Westhuizen, Olivier Magne, Lawrence Dallaglio, Santiago Cordero, Felipe Contepomi, Jonah Lomu, Brian Habana, Brian O´Driscoll, Dan Carter, Jerome Kaino… Curiosamente no ha jugado contra Francia, al ser un equipo eminentemente británico, la propia federación francesa impulsó sus propios barbarians franceses. Recientemente jugadores franceses ya han sido llamados y han jugado con los Baa-Baas.
Entre los partidos icónicos a guardar y recordar destaca el famoso partido contra los All Blacks el 23 de enero de 1973 en el Cardif Arms Park, que muchos consideran el mejor partido de la Historia del rugby y que aloja el mejor ensayo sin discusión. Aquel que anotó la leyenda de Gales Gareth Edwards tras una espectacular jugada coral.
Por último señalar que esta genial tradición y emblema se ha instalado como tiene que ser en el rugby femenino y desde 2017, el Nomads Women's rugby team, convoca a las mejores jugadoras internacionales con el mismo espíritu y reverencia que los Barbarians.
Ahora que ya está la gira de Barbarians hay que buscarse los partidos, como el del pasado sábado ante Sudáfrica en Twickenham y el de este sábado ante Gales (que servirá de homenaje a George North y con enfrentamiento previo también en femenino) porque más allá del espectáculo y del propio rugby, está el juego en sí, los valores que representa y el respeto que atesora.


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