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martes, 26 de mayo de 2026

La caída del símbolo y el falso dilema de la izquierda

 

En la siempre desechable y prescindible actualidad política mediática, generada ex profeso por los dueños del capital y de esos emporios comunicativos, solo hay una noticia sobre la que girar: la imputación del ex-presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

La actuación como lobbista de Zapatero en el caso del rescate de la aerolínea Plus Ultra, tiene varias ópticas y ninguna buena para el ciudadano y ciudadana “normal”, que cree en la democracia y no se encuentra idiotizado por la derecha o el frentismo del PSOE. Si finalmente existió el delito de tráfico de influencias y enriquecimiento y el expresidente es culpable, se habrá acabado con una figura trascendente de la historia política del país. Que la acusación de las asociaciones ultras haya ido ya más allá de la mera instrucción policial ya causa un daño tremendo a la imagen pública de Zapatero y al legado e inspiración que tienen en una parte de la sociedad. No hay nada más que conjeturas y suposiciones en los informes de la UDEF que avalen la imputación del ex-presidente, simplemente por el hecho de recibir "cajas de vino" o "facturar trabajos de maquetación en la empresa" de sus hijas. Evidentemente, hay cosas raras, no voy a decir que no. La primera de ellas y quizás más trascendente, el desparrame ético del Zapatero ex-presidente, actuando como mediador o lobbista entre una aerolínea en dificultades extremas y un gobierno. Pero si finalmente, las acusaciones son rechazadas tras las instrucciones judiciales, tendremos un nuevo caso de lawfare, y puesta en marcha de toda la fuerza del aparato del estado para acabar con un gobierno legítimo y más aún con posiciones ideológicas y de compromiso políticas. Como si eso nos sorprendiera, por otro lado.

En cualquier caso hay dos hechos evidentes. El primero que no puede haber democracia si no se atiende a acabar y condenar las presiones que los ricos y poderosos ejercen sobre los representantes políticos, ya sean instituciones, partidos o personas. El lobbismo es una gangrena grave de la democracia que no se debe tolerar, sino combatir, porque pervierte la función política y dinamita la supuesta igualdad entre ciudadanos.

El segundo de los hechos evidentes es la caída del símbolo. La destrucción de Zapatero, un político que aparentemente había pasado por la Moncloa, sin acusar un desgaste personal y a su imagen grande, y donde la corrupción, parecía, no se había instalado bajo su gestión.

Desde luego Rodríguez Zapatero era una pieza de caza mayor para las ultraderechas españolas, toda vez de que lo acusen de ilegítimo, traidor y todos los males de su “españa”, donde entran sin ambages tácticas de deshumanización de la persona, y como se está escribiendo, la puesta en funcionamiento de los resortes del estado en forma de policías, investigadores y jueces, todos ellos empleados a sueldo de los poderosos, y donde su ideología prevalece a unas supuestas lealtades institucionales y a las de los ciudadanos y ciudadanas. Aznar dijoQue quien pueda hacer algo, que lo haga” y bajo esta orden periodistas, jueces, policías y ultras de todo pelaje y condición se han empeñado en derruir la democracia, pervertir sus instituciones y emplear todo lo que tienen a su alcance para acabar con el gobierno de coalición. El poder y el dinero son los objetivos y prevalecen a todo lo demás.

La dicotomía entre la culpabilidad, ya hecha carne y escarnio del acusado, su familia y su partido, y la inocencia, todavía formalmente como presunción, se convierte en secundaria. Si es inocente es un caso más de lawfare, es decir la instrumentalización de la Justicia o la judicialización de la polítca en forma de acoso judicial y mediático, como fueron los cientos de casos que ya ha habido contra miembros de Podemos, IU o Monica Oltra, por decir unos pocos, y que han ido sistemáticamente archivándose por falta de pruebas. Si es culpable, teniéndome a lo especificado en los informes de la UDEF y de fiscalía, sus cuitas parecen poca cosa ante las mentiras de Aznar tras el 11M, el GAL del señor X, o la incógnita de M. Rajoy. Y esto sólo en cuanto a los expresidentes, puesto que ya conocemos los tejemanejes de dinero e intereses en el juego de puertas giratorias entre la empresa privada y los partidos políticos. Sin olvidar la Gurtel y otras tramas, qué decir de la impunidad manifiesta de personajes como Mazón con la tragedia de la Dana, o de Ayuso con los 7291 ancianos muertos durante la pandemia por su homicida y neoliberal gestión. O las labores personales de Montoro y su “gabinete económico”. O de decenas de ex-ministros del PP condenados por mucho menos de lo que se acusa ahora a ZP.

En todo caso, y desde el punto de vista de la izquierda, y de quienes tenemos un sentir patriótico y progresista por el futuro y el bien de este país y sus gentes, el daño ya está hecho. Y no porque Zapatero se hubiera convertido en un emblema o un símbolo, que lo era, sino más bien porque su acusación apuntala la sensación de hastío, de abandono y de derrota general en la que estamos sumidos. Más si cabe, cuando pese a la incompetencia de los líderes regionales que buscaban revalidación y a la nefasta estrategia electoral del botarate de Feijoo que ha provocado el fortalecimiento de la extrema derecha, la izquierda, y fundamentalmente el PSOE, ha ido fracasando elección autonómica por elección autonómica.

No quiero que el lector confunda este sentimiento derrotista ante las previsibles futuras elecciones y al resultado nefasto para la mayoría social que salga de ellas, con una supuesta lealtad o simpatía para con Zapatero.

No. Sin entrar en su inocencia o culpabilidad literalmente Zapatero me importa una mierda. Quienes salimos a las calles el 15 de mayo de 2011, o quienes antes también hicimos la Huelga General de septiembre de 2010, lo hicimos contra su gobierno y su política económica que habría abrazado el neolberalismo, y con él la desposesión de las clases trabajadoras.

Y sí. Yo voté a Zapatero el 14 de marzo de 2004 en unas condiciones muy concretas y dolorosas, pero con una doble esperanza. La primera era recuperar la política para la gente, y evidentemente con lo acontecido aquellos días y el revanchismo de los franquistas del PP, era muy difícil. Pero sobretodo, y aún reconociendo las tremendas dificultades que había, para que se parase en seco la burbuja inmobiliaria, la especulación financiera salvaje sobre la vivienda y el deterioro de las condiciones de trabajo y de vida de las clases populares. Aquellos gritos de “Zapatero no nos falles” en la noche electoral eran el mensaje de que el apoyo electoral, era concreto y determinado de unas personas muy definidas: Cientos de miles de ciudadanos de izquierdas, los más veteranos, desengañados del tacticismo y el coorporativsmo del PSOE, y todos hastiados tanto de las mayorías absolutas del PP y sus acompañantes (las derechas nacionalistas vasca y catalana), como de la intrínseca corrupción de todos.

La memoria, la hemeroteca y este blog atestiguan que Zapatero y el PSOE nos fallaron, y que con el futuro, el esfuerzo y los sueños de varias generaciones se pagaron los destrozos de la orgía ultra liberal.

Por lo tanto, y sin querer caer en la venganza, y mucho menos en la deshumanización del personaje, vaya por delante que se investiga lo que se tenga que investigar, que se judicialice y se condene si es necesario. En todo caso, lo fundamental, es de una vez por todas, que la democracia y sus sujetos, es decir “nosotros” el pueblo, exijamos una prohibición total de los lobbys y los grupos de poder que presionan a los representantes para que legislen a su favor. Que se persigan y también enjuicien y condenen (evidentemente para ello se hace necesario una real y probada separación de poderes, y una judicatura democrática).

Por último, y no menos importante, hacer lectura política del momento. Mientras el PSOE va cayendo en barrena en las elecciones autonómicas, deberíamos trabajar en una configuración de izquierdas estatal, con unas medidas claras, tanto en defensa de los trabajadores como de los derechos humanos. El último escrutinio, el de Andalucía, vislumbra la posibilidad: La suma de las dos candidaturas de izquierdas (Adelante Andalucía, es decir, anti-capitalistas ex de podemos entre otros, y Por Andalucía, confluencia con IU y Sumar) ha sumado más de 100.000 votos que Vox, pero 2 diputados menos por esa fragmentación. Aún teniendo en cuenta la especial configuración de la región del sur español, se sigue mostrando como evidente que hay un espacio a la izquierda del PSOE enorme. Que ese espacio es ideológico basado en una política de izquierdas clara, ecologista, igualitaria, anti machista, anti fascista y anti imperialista. Democrática y socialista que garantiza los derechos sociales (sanidad y educación), así como mejores condiciones de vida y de trabajo y una clara voluntad por acabar con el problema de la vivienda. Un espacio que además está abierto a quien quiera un mejor país y a quien esté desencantado de la corrupción y el bipartidismo.

Sólo hace falta ponerse de acuerdo. El programa no es un problema. Y lo que lo impide, que son los intereses particulares de quienes son o se han auto proclamado portavoces de los demás, debe ser erradicado por esos mismos colectivos que reclamamos la unidad electoral, política y de acción.

Porque mientras esto escribo los conflictos sociales y sectoriales continúan y se agudizan (por la vivienda, trabajadores de la educación y sanitarios, agricultores, mundo rural, mujeres, etc., etc.) y antes que después nos daremos cuenta de que juntos es posible articular una fuerza que los trata y empuja a solucionar.

Y mientras tanto lo que ocurra con Zapatero y con Sánchez o el PSOE es lo de menos. Porque lo importante es que las buenas personas que creen en la democracia y en este país luchen por mejorarlo.

sábado, 2 de mayo de 2026

La coyuntura del nuevo ciclo electoral


El año 2025 acabó con denuncias por acoso sexual en varias de las federaciones regionales del PSOE. Se sumaban a las investigaciones por corrupción abiertas desde el verano que por un lado, tensionaban las relaciones en el seno del gobierno de coalición, y por el otro, catapultaban aún más, a la extrema derecha que desgraciadamente no van a tener problema en ganar una mayoría absoluta para formar gobierno con un acuerdo PP+Vox. El drama de una izquierda en perpetua desunión y disputa, sumado a un PSOE agotado, del que ya parece ni siquiera la pujanza internacional de Pedro Sánchez como enemigo nº1 de Trump y Netanyahu pueda revertir la situación, provocan mayor desazón al trabajador y trabajadora que ven como sus derechos y condiciones de vida, ya difíciles per se, y también, por qué no decirlo, por la tibieza en materia económica de un PSOE entregado sin remisión al neoliberalismo, se pueden poner en peligro de forma irremediable.

Por si esto no fuera poco, que no lo es, se añade la crisis social vigente desde 2002, y que ha ido a más cada año y cada crisis económica capitalista, de la vivienda, tanto en alquiler como en propiedad. Son varias generaciones ya las que tenemos tremendas dificultades, cuando no imposibilidades, para adquirir un lugar donde vivir. Y ante esta reclamación social e intergeneracional, que ni siquiera sirve para poner en orden a todos los partidos para encontrar una solución, la legislatura amenaza con cerrarse de forma abrupta y abrir un espacio que no va a ser mejor para España, ni para su ciudadanía, su patrimonio y sus derechos.

En cualquier caso si en este contexto de bloqueo político, le añadimos la ofensiva trumpista de las élites expresada a través de los medios de comunicación, tanto de masas, como por las redes sociales, y la absoluta laminación de la conciencia de clase y la activación política y social en el conflicto de las clases bajas y sus teóricos representantes, nos encontramos en una situación lamentable y donde la ilusión no aparece por ninguna parte.

Y todo esto con un nuevo ciclo electoral en marcha que tiene que acabar en las elecciones generales, en teoría si no hay un adelanto o más remedio, en junio del año que viene. Extremadura, Aragón y Castilla y León han abierto la veda al dinamitarse los tibios pactos entre ultraderechas donde se repartían los recursos de todos. Al no llegar a acuerdos, o directamente, bajo cálculos partidistas tremendamente errados, se llamó al voto en estas Comunidades Autónomas con el mismo resultado: Mayoría absoluta de la extrema derecha, con auge de Vox incluido, lo que ha debilitado a los líderes del PP que aunque revalidan mandato lo hacen atados con más fuerzas por los ultras y descalabro general de la izquierda. Sólo en Extremadura la confluencia electoral entre Podemos, IU y Sumar consiguió parar el golpe, pero teniendo en cuenta el batacazo histórico del PSOE. La cosa no pinta bien para los siguientes comicios, en Andalucía a mediados de mes de mayo, y ni siquiera candidaturas con ministros del gobierno garantizan, ya no la victoria, sino simplemente no perder más diputados autonómicos. Un desastre sin paliativos.

Explicar las causas es complicado cuando las tendencias que se apuntan se están marcando en regiones concretas. Estas de momento son las más extensas, con fuerte presencia del sector primario y del ámbito rural. Poblaciones envejecidas y una fortísima emigración de las personas jóvenes y más preparadas. En todas ellas, como digo y hasta el momento la derecha extrema ha arrasado. Sin duda, su presencia en el mundo rural de caciques (sin olvidar a los periódicos regionales) y su disputa contra todo lo que suena a woke, Agenda2030 o Unión Europea que limita a los agricultores y añade burocracia, explica buena parte del resultado, pero no en su totalidad. Como tampoco lo hace el desgaste en la labor de gobierno central. Tiene que haber algo más.

Hablamos del desgaste de gobierno como parte importante, y aquí entra la construcción del actual PSOE dominado sin discrepancia (desde 2017) por Pedro Sánchez. Quizás esta estructura se encuentra ya lo suficientemente debilitada como para no responder a las necesidades de cada territorio. Otra buena parte del actual estado de descalabro es la desmovilización colosal de la sociedad, absolutamente atomizada, individualizada, e incapaz primero de reconocer sus propios problemas, y después, de plantear reclamaciones y soluciones a los mismos. De hecho, si se moviliza, lo hace hacia la derecha escorada por la opinión de un supuesto ataque a todo lo español, lo identitario o lo que nos define. El problema resulta ser los inmigrantes, los musulmanes, las mujeres, los maricas, y no la cada vez más ancha desigualdad social, la pérdida de dignidad y derechos de los trabajadores, el machismo, la xenofobia, la corrupción y la tendencia más acusada a malvender el patrimonio de todos a los buitres de aquí o allí.

Sin embargo, con los escrutinios ya hechos, los parlamentos autonómicos reconfigurándose y nombrando presidentas y presidentes regionales más atados por los ultras lo que tenemos es una vuelta de tuerca más a la ofensiva reaccionaria. Celebran acuerdos donde quieren poner en valor una prioridad nacional, que haga frente a las teorías de reemplazo y de según ellos, desmontaje de lo tradicional, lo católico y lo español.

A mi me gustaría saber qué prioridad nacional es la que quieren:

Habrá prioridad nacional cuando norte europeos se quieran comprar una casa “a tocateja” en el Mediterráneo español o en las islas, tensionando el mercado inmobiliario, subiendo los precios una barbaridad para las personas que trabajan, cotizan y habitan esos lugares. Y qué decir, de los fondos buitres especuladores, algunos también son patrios claro pero la mayoría son o se radican en el extranjero, que adquieren viviendas al por mayor, echando a los vecinos de los pisos, de los bloques y de los barrios, pero eso sí, inflamando la ganancias especulativas.

También estaría bien si esa prioridad nacional se tendrá en cuenta cuando los jubilados blancos norte-europeos aparezcan por las consultas y urgencias de la sanidad pública a operarse de sus achaques, en un sistema en el que no han cotizado y del que se aprovechan. A veces aprovechando para traerse a sus familiares, y casi siempre, sin hablar “ni un poquito de españolo”.

Qué va a pasar por esas plataforma de tecnócratas basadas en el neo-feudalismo cibernético. Que trampean la legislación nacional en materia laboral, de derechos de los consumidores o en sostenibilidad ambiental. Que cotizan fuera de este país extrayendo capital y dejando consecuencias que tarde o temprano se tendrán que subsanar y pagar con los recursos de todos.

Que una pareja que el año pasado tenía intención de comprar una casa, para arraigarse en un territorio, y al final, veían como sus ilusiones se desvanecían ante los problemas legales de la vivienda, incluida su manifiesta ilegalidad comprobada a posteriori, y que ahora, un año después, ven como la misma propiedad sigue siendo manifiestamente ilegal y vuelve a salir “al mercado” con un precio de un 15% superior. ¿Qué prioridad nacional nos queda a nosotros?



Sin embargo, y volviendo a la conyuntura actual, mal haríamos en lamentarnos continuamente y dar el partido por perdido. Hay partido. Aunque los resultados en estas regiones, y el que se aventura para Andalucía, es horrendo y un ataque a la dignidad y el futuro de las personas y de los territorios, ni Extremadura es España, ni tampoco lo son Aragón o Andalucía. Tampoco Madrid, eh, y ni mucho menos, Galicia, Euskadi o Catalunya. Cada región de este país tiene un pasado, una realidad y unas expectativas propias y separadas, y por eso mismo, pensar que porque los aragoneses hayan dado una mayoría absoluta a la extrema derecha para seguir teniendo un presidente autonómico impresentable y faltón, vaya a suceder lo mismo en Asturias, Canarias o en Madrid. Incluso ante unas elecciones generales, con sus propias condiciones, el escrutinio en una misma región puede ser muy distinto. Los factores de la propia consulta y de la reflexión y decisión del electorado darán resultados distintos. Sobretodo si se reacciona y desde la izquierda se decide cerrar ese proceso de candidaturas comunes o de frente popular que nos defienda, a toda la clase trabajador en su conjunto, y a las mujeres, los inmigrantes y otros colectivos en sus propias especificidades.

Primero porque esa estructura de Pedro Sánchez en el PSOE se basa en la premisa de haber demolido las tradicionales baronías territoriales, precisamente en estas regiones “pobres” agrarias y de carne de migración que hace no tanto condicionaban el discurso del partido socialista. Hace ya mucho que el PSOE perdió Andalucía, “nunca” ha tenido acceso a Castilla y León y en 2023 volvió a ceder Extremadura y Aragón, llevando con ello a la irrelevancia a personajes como Ibarra o Lamban y dejando solo a Page como una anomalía interna casi del tipo de una mascota.

Sin embargo, al mismo tiempo que perdía poder territorial en el sur, el PSOE se ha fortalecido en Euskadi donde es imprescindible. Y ha ganado Catalunya. Regiones o naciones donde la derecha españolista es residual ante la fuerza de las derechas nacionalistas.

Y por encima de todo, muy mal haríamos si extrapolásemos los resultados de estos comicios parciales y autonómicos a lo que vaya a suceder en Madrid, donde, nos guste o no, está la batalla. Y el dinero.

Si nos ceñimos a los resultados España camina de la mano de la ola reaccionaria global hacia un fascismo y un ultraliberalismo radical y anti-humano. Además, se afianza el bipartidismo tras la crisis que vivió entre 2014 y 2018, pero un bipartidismo nuevo. Con un PSOE que ido ha capturado progresivamente a los votantes de las formaciones a su izquierda (que no sus planteamientos o programa), pero que ha perdido los votantes “bisagra” de centro que pueden votar a derecha o izquierda. Y el PP ha perdido su poder, fundamentalmente por su lado más extremo, donde se hace cada vez más fuerte una formación ultra y fascista que radicaliza los mensajes y las prácticas de los populares. Enhorabuena a los premiados.

Además, los ultras han tenido el acierto o la suerte de no verse afectados por los descalabros en gobierno que ha afectado a sus teóricos aliados del PP. En Valencia, en Extremadura o incluso en Madrid, mientras que por su parte, la izquierda, también se ve afectada por formar parte del gobierno de coalición.

Al final, el desgaste y el achicarramiento de líderes y propuestas de izquerda se lo han llevado estos partidos, y Sánchez y el PSOE han mantenido mal que bien su situación, recolectando las cenizas de estos en un renovado llamamiento al voto útil. Y en la derecha extrema, Vox parasita al PP, le acorrala, le lleva a discursos reaccionarios y abiertamente fascistas como todo lo que tenga que ver con cuestiones identitarias, y estos tienen que blanquearlos para poder gobernar, con lo que consiguen es afianzar las posturas más radicales. Y eso que Vox lleva ya casi un año de escándalo interno en escándalo interno, saltando las disputas y miserias cuando no se ponen de acuerdo en repartirse las arcas públicas, debilitando ese mismo estado país que dicen defender y a las clases trabajadoras, que deberían haber llevado a un deterioro fuerte de su poder electoral. Solo basta con recordar lo que ha sucedido con partidos como Podemos, por ejemplo, con lo cual habría que también valorar el factor social y el sentir por lo menos tradicional o conservador de buena parte de la población, por no decir, abiertamente fascista. Desde luego, los lamentos y denuncias de “falta de democracia interna” suenan a choteo si no fuera, porque al final lo que están haciendo es usurpar la política, llevarla a un terreno insidioso y alejado de los problemas de la gente, y dar un espectáculo lamentable.

Todo ello porque arrastrado por los bulos y las mentiras propias de la ofensiva ultraderechista, así como, los marcos neoliberales impuestos por el sistema, la izquierda se siente atada y sin capacidad de respuesta, para hacer ver a la sociedad la realidad de los problemas. Quién y por qué se beneficia. Quién sale perjudicado y cuáles son las políticas efectivas que hagan un país mejor, una sociedad más justa y con mayor futuro.

Seguimos teniendo semanas de crónicas judiciales por casos de corrupción del bipartidismo y sus agentes de renovación. Volvemos a estar presos de una cotidianidad falsa y manipulada que ya ni siquiera permite una transformación reformista del estado y sus diversas disfunciones. Contra más para plantear y aspirar a cambios revolucionarios de amplio calado que hablen de las condiciones de vida y de trabajo de al gente. Una vez más es necesario que como sociedad nos activemos, desde lo individual hasta lo colectivo y sectorial. Y esto se tiene que hacer tanto autónomamente, como de la mano de partidos y movimientos a la izquierda del PSOE, que recojan todas las demandas, que fortalezcan las comunidades, las protejan y aporten espacios de discusión, socialización y movilización colectiva que puedan plantear alternativas a esta ola reaccionaria e identitaria, que lo que hace, es que no cambien las políticas económicas que esclavizan al pueblo.

Se trata por lo tanto de propuestas radicales que desde el conflicto, en la calle, en los trabajos y en las instituciones, pueda ser resistente ante este auge fascista. Ser más radicales con ellos, porque ellos defienden este mal-estado de las cosas distrayendo la atención. Porque no debemos permitir que mientras se convierte en “normal” o en “tolerable” la laminación del diferente o políticas económicas ultraliberales, y que al mismo tiempo se presenten como “radicales” o “utópicas” medidas exitosas más que desmotradas por la justicia social o el estado de bienestar. Y porque no podemos renunciar a transformaciones radicales del sistema económico, para hacerlo más humano, más justo, más garantista, más sostenible y con más futuro y dignidad.

 

sábado, 14 de febrero de 2026

Por la enésima Unión de la Izquierda

  

La semana comenzó con el nuevo mínimo y chasco de la izquierda tras las elecciones de Aragón, adelantadas casi dos años por la incompetencia y el tacticismo de las ultra derechas, tan incapacitadas para ponerse de acuerdo como las propias izquierdas. Mientras PP y Vox se reparten los dineros y cientos de miles de aragonesas y aragoneses van a vivir peor, el psoe se lamía sus propias heridas, y la Izquierda clamaba, fundamentalmente a través de algunos medios y de sus bases electorales, por una unión de fuerzas que sume ante tanto descalabro. Como respuesta, aunque evidentemente con muchos meses de trabajo previo, dos iniciativas parecen empezar a poner cimientos en esa unidad de la izquierda.

Por un lado, los partidos que forman parte del conglomerado Sumar se citan para el sábado 21 de febrero para presentar la nueva plataforma electoral que debe conformarse para disputar cada escaño circunscripción por circunscripción. La idea añadir a más partidos y personas, en especial y en primer término las fuerzas de Adelante Andalucía, pero sin olvidar a Compromís o a las izquierdas Canarias. Con Podemos se puede esperar poco o nada, dada la enemistad abierta entre unos y otros, y el cerrojazo que se han impuesto para fastidio de todos los demás.

Por el otro, el anuncio del diputado de Esquerra Republicana, Gabriel Rufián de sentarse en una charla con un miembro de Más Madrid, ha abierto la perspectiva a un acuerdo interestatal de las izquierdas, sobre el que se intuía que Rufián y su equipo estaban trabajando y que aparece ya en el horizonte. Este nuevo Frente Popular recogería el testigo del proclamado hace 90 años durante la II República, y contemplaría la suma de las fuerzas independentistas y de izquierdas de Euskadi (EH Bildú), de Galicia (BNG) y de la propia Catalunya.

No por menos célebre y comentada, la famosa escena de la “Asamblea de lzquierda” en Judea de la película La Vida de Brian viene al pelo para ilustrar la situación actual de la Izquierda a la izquierda del PSOE (es decir, La IZQUIERDA). La genialidad de los Monty Python se ríe entre otras cosas, de la falta de sentido y de perspectiva de los dirigentes y cuadros de la izquierda. Y a la vez denuncian la sinrazón de comportamientos que en lugar de construir alternativas para la gente, se empeñan en destruirlas, y destruirse, para regocijo de las élites y desesperación del lumpen.

Parece mentira, y más con todo lo que está sucediendo en estos años, pero en julio se cumplirán 8 años de la Moción de Censura que sacó el inútil, corrupto y fascista Mariano Rajoy del gobierno. Parece irreal, pero Pedro Sánchez y el PSOE van a cumplir 8 años como Presidente del Gobierno (de hecho, se va a convertir en el segundo presidente más duradero de toda la Historia). En aquel momento, y antes, ante las elecciones Generales de 2015, distintos partidos y personalidades políticas y mediáticas se pusieron de acuerdo para crear una serie de alianzas electorales y confluencias, que pudieran “sumar” y con ello, “multiplicar”, el apoyo electoral.

Sin embargo, este apoyo electoral ha ido sufriendo una continua laminación, tanto interna como externa, que han impedido la construcción de un espacio político de izquierdas. De manera lógica, e inmediata, si hacemos la siempre tan necesaria auto-crítica de la izquierda, el desgaste político y comunicativo por estar en el gobierno podría explicar buena parte de esta pérdida de apoyos. No puede obviarse en esa línea, la dificultad titánica de acercar al PSOE y a Sánchez a “la izquierda”, teniendo que lidiar con todas las contradicciones, incoherencias, cuando no directamente traiciones. Esto es claramente visible en muchos aspectos como la vivienda, el trabajo, la lucha contra el cambio climático, o los derechos de los consumidores.

Desde luego, tampoco ayuda el contexto internacional con una ola de ultraderecha exacerbada que acicala la deriva ultra liberal e individualista que asola el mundo. Mientras las incertidumbres de la existencia se apuntalan ante las diferentes y continuadas crisis, que nos llevan hacia una crisis sistémica, y por ende, hacia un momento de cambio y catarsis, que no tiene porque ser positivo para el común, o para la mayoría, se han fortalecido todos los discursos de odio y afirmación identitaria frente al diferente, sin discutirse en ningún momento, ni la pervivencia del capitalismo depredador, ni la creciente desigualdad económica. Si, tú también, jovencito confuso con chaleco acolchado y sudadera de símbolos fascistas, también eres y vas a a ser “un muerto de hambre” cuando menos, si no antes, “carne de cañón”.

Ya he contado por aquí, que este trabajo ya estaba hecho de antes, que Izquierda Unida ya era un partido que es una confluencia de partidos y asambleas ciudadanas de izquierdas, que buscaba precisamente eso, lograr un partido que representase a las masas trabajadoras, y todas sus inquietudes (obreras, medioambientales, en igualdad, democráticas, territoriales, anti-fascistas, etc.), con la suficiente fuerza como para constituirse como un agente de cambio y revolución.

En algún momento, alguien decidió que lo que venía proponiendo con relativo éxito, y sobretodo, con convencimiento y coherencia, Izquierda Unida, era demasiado rompedor para el Régimen del 78. Y desde entonces, toda iniciativa, venida desde arriba, defendida como de izquierdas, se queda extremadamente corta frente a los planteamientos rompedores de IU. Por eso, parece que habría que construirlo todo de nuevo, y encima hacerlo, con una muchedumbre individualizada de opiniones, sesgos, cuitas, expectativas y experiencias.

El individualismo y como consecuencia natural del mismo, el “fracturalismo”, alimentan las tendencias que rompen los acuerdos y espacios comunes de pensamiento y acción, no son monopolios de la izquierda. Ni siquiera de la española. Toda organización, toda jerarquía y todo proyecto son susceptibles de quebrarse y dividirse. De fraccionarse en múltiples cabezas o taifas donde las diferencias, a veces únicas, insignificantes o intrascendentes, se magnifican para justificar la ruptura y emancipación, mientras que aquello que nos une, que suele ser lo más importante y significativo (el programa, el enemigo común, la emergencia de la coyuntura) son relegados y no tenidos en cuenta porque garantizan la unión y la coherencia de los trabajos comunes. La comparación de ser “cabeza de ratón”, en vez de “cola de león”.

Este es el gran drama de la izquierda, pero como digo, no exclusivo. De hecho, si pese a todo, todavía puede haber partido, es porque la derecha ha implosionado, y la emergencia, parece sin techo de la ultraderecha en Vox, ha roto por un lado el voto hegemónico de la derecha española en el PP (salvo, de momento en Madrid), y también impide de facto acuerdos de investidura y trascendencia con las derechas de la periferia del estado en Catalunya o Euskadi. Por lo menos, de momento, porque tampoco sería inteligente fiarse a la voluntad de a quienes sólo les preocupa el dinero.

Porque además tienen memoria y experiencia de haberse unido cuando la amenaza de la revolución aparecía. Las clases dirigentes, las élites, no van a permitir un fraccionamiento interno que les limite y ponga en peligro, este sistema de democracia simulada que no atenta, es más garantiza, sus privilegios. Con una llamada de un poderoso bastará para exigir el orden a toda la caterva de la derecha (extrema, ultra, económica, neoliberal, católica, clerical, mediática o militar). Tiempo al tiempo.

Por eso mismo, es tan necesario, urgente y beneficioso cualquier trabajo que vaya en la dirección de aunar proyectos políticos que en su vertiente electoral y mediática, construyan discursos únicos y reconocibles. Crear candidaturas de izquierdas que den la batalla y el partido. Además y de propina, daría fuerza para tratar de acercar al PSOE algo más a la izquierda, y aunque sea desde el pacto y la concesión, y dentro de las estructuras liberales, hacer políticas que acaben con la desigualdad y garanticen la libertad y la dignidad de todas las personas.

Desde luego, la tarea empezada por Rufián y por quienes estén trabajando para crear esa Unión de las Izquierdas, y esa alternativa al estado de las cosas, es colosal y llena de tremendas dificultades. La primera de ellas las ambiciones personales de quienes llevan ya demasiados años copando los micrófonos, los altavoces, las plumas, los parlamentos y las direcciones de los partidos.

Si bien este trabajo por un nuevo Frente Popular que impida que la ultraderecha nos arrase, ha surgido desde arriba, desde la élite de los partidos, no es menos cierto, que sigue siendo un reclamo y una exigencia de las bases electorales y trabajadoras. Qué llevamos muchos años pidiendo que se pongan de acuerdo. Qué se aparten y se retiren quienes no estén por la labor, o quienes crean que son más importantes que la suma de todos. Mientras para estos empotrados en las gerencias son mucho más importantes la conformación de listas electorales, y desde ahí, ponen palos en las ruedas y zancadillas a los procesos políticos y asamblearios de confluencia, para los militantes y simpatizantes son mucho más trascendentes los acuerdos para el día después. Es decir, acuerdos sólidos y ya firmados, que incluyan los organigramas y distribuciones. Las órganos de rendición de cuentas, y los mandatos cerrados a un único ciclo electoral.

Otro punto fundamental es el compromiso de generar partido más allá del parlamento y mucho más allá de la convocatoria de elecciones. Hacer militancia de base, volver a las calles y a los conflictos, en el trabajo y en los centros de estudios. En los ayuntamientos y en los barrios. Algo que nunca quiso construir Podemos y de lo que Sumar abiertamente ha renegado, pero que se demuestran tan necesarios para la ciudadanía, como imprescindibles para un momento social en el que, aunque no lo veáis, hay muchísimas protestas, muchísimos colectivos que se sienten, todavía hoy, indignados y que tienen la fuerza para luchar por cambiar sus condiciones. Es básico escuchar y acompañarlos, al mismo tiempo, que se abren sinergías y estructuras capaces de aunar las reclamaciones, y esa indignación, para cambiar todas las cosas. En esto entra, por supuesto el programa, porque aunque hay alguna que otra diferencia entre lo que dicen Podemos, IU, ERC, Bildu, o cualquier partido o asociación que se sume, al final se comparten muchos planteamientos, muchos análisis de causas, desarrollos y consecuencias, y casi todas las propuestas que hacen o pretenden conseguir, una vida y un futuro mejor para cuantas más personas, mejor.

Por todo esto, no puede uno estar más ilusionado por los planteamientos que vuelven a buscar la Unidad de la Izquierda, y con ella, las ganas por construir una alternativa a tanto fascismo, a tanto ultra-liberalismo y a un mundo, y un país, que se van desquiciando por momentos.

 

miércoles, 31 de mayo de 2023

Cambio de ciclo


 

Las elecciones municipales y autonómicas del pasado domingo 28 de mayo han supuesto un cambio de la relación de mayorías representativas con el triunfo sin paliativos de la extrema derecha. Siempre me ha dado igual calificar al PP como extrema derecha, y aunque ahora en su escora haya una fuerza notable sus planteamientos no se han alejado lo más mínimo, sino que más aún, se han reforzado.

Las semanas en las que se han lanzado bulos y desinformación sobre la legitimidad de los procesos electorales se han borrado de un plumazo con el resultado. Querían funcionar como profecía autocumplida. Como una suerte de relato que sustentará las excusas de la derrota en las generales de final de año, y sobretodo, de la ofensiva extrademocrática. De la reacción de la extrema derecha para acallar a la mayoría e imponer su agenda de miedo, negacionismo y dolor. Pero ahora ya parece que no hacen falta.

La derecha ha ganado clara y rotundamente las elecciones municipales y autonómicas. Esta derecha antisocial y antipatriótica. La ola reaccionaria continúa su impulso y no son buenas noticias. Lo ha hecho en base a tres cuestiones:

  • Por un lado, su acierto en plantear (una vez más) la elección en clave nacional, y más aún como un plebiscito por la continuidad de Sánchez y el gobierno de coalición. Sus corregiolinarios han votado en masa, como siempre, y respaldado la deriva trumpista, personificada en Ayuso que ha arrasado en Madrid ante la inoperancia de una izquierda dividida y de un PSOE que directamente no se ha presentado.

La propuesta de gobierno del PP y Vox en los ay-untamientos y comunidades ha sido acabar con el “sanchismo”, un invento de los medios de manipulación de masas ligados obviamente a las élites financieras y fascistas de este país, para responder a una tibia política socialdemócrata a la que se ha visto obligado a virar el PSOE de Pedro Sánchez por la presión de una izquierda que exhibía músculo.

Una campaña electoral sin propuestas en los ayuntamientos y regiones. Y sin medidas, ni promesas por parte de quienes han ganado las elecciones. Y sí, han ganado las elecciones.

Dentro de este eje programático entraba discutir a los aliados del gobierno de coalición, en especial Bildú, al que con la manipulación más torcitera posible, se sigue haciendo pagar los crímenes de ETA, como si la banda terrorista siguiera matando y extorsionando y como si Bildú no haya sido decisiva en el proceso de paz y perdón por todo el daño causado. A la derecha no le ha importado jamás perder Euskadi (donde por otro lado, Bildú sigue obteniendo los mejores resultados elección a elección, lo que nos debería a la izquierda replantearnos “nuestra” estrategia), porque lo importante es ganar en el resto de autonomías, en especial Madrid.

Habrá que ver qué pasa cuando acabé el “sanchismo”. ¿Qué idea de país tiene esta derecha? No se engañen, muchos ya la conocemos, pero, ¿Cómo va a reaccionar la gente, si es que lo hace, cuando el país se vaya al sumidero por estos inmorales e incapaces?

  • La segunda cuestión, donde hay que hablar de la clara victoria de la derecha, es en el convencimiento de la mayoría social del país. Por lo menos de la más activa a la hora de votar. Es profundamente necesaria la reflexión de la izquierda para entender porque más allá de la clara herencia franquista en el electorado, y de la presión de los medios de comunicación de masas, un ancho marco ideológico y promovido desde la reacción, por qué en España una mayoría acepta estos propuestos (este formidable artículo lo explica), sin atender a la conveniencia o no de votar a aquellos que luchan contra los legítimos intereses de clase de la extensa mayoría de la población.

¿Que habría sido de los trabajadores de este país, si durante la pandemía y el confinamiento, el gobierno nacional no hubiera nacionalizado sus salarios? ¿Queremos en toda España el modelo de salud como negocio de Madrid? ¿La verdadera Valencia que hoy proclama una derecha eufórica es la de la corrupción y el chanchullo como se han demostrado en los tribunales? El modelo de gestión de un año ya de PP-Vox en Castilla y León, ¿es lo que queréis para toda España?

El PSOE y la izquierda tenemos que reflexionar por qué no podemos convencer a la población de que aquí está su trinchera y de que aquí les van a defender de los agravios y las desigualdades que propone una derecha elitista, prepotente e inepta que sólo causa dolor, al tiempo que desmonta el sistema de igualdad del estado por sus corruptos intereses.

El PSOE aceptó el órdago y ha elaborado toda una campaña en esa dicotomía presentando a su principal factor, Sánchez y el BOE, dejando en segundo plano a muchos candidatos locales que tenían fuerza suficiente para defender un modelo de gestión local distinto, y más racional, que el de la derecha. Es difícil jugar todos los partidos fuera de casa, y en este caso, el PSOE ha optado por atrincherarse en el área y achicar balones aunque en el medio hubiera talento y gestión que podía atacar la nada propuesta por el PP y Vox. Así, alcaldes como Óscar Puente en Valladolid o líderes autonómicos como Ximo Puig en Valencia, han perdido. Salen de gobiernos que han mejorado su ciudad o región, pierde la población y gana la derecha que va a volver a hacer su corrupción desde cero, beneficiándose con latrocinio del trabajo honesto de estas instituciones estos últimos años. Un fiasco estratégico en toda regla.

  • El tercer factor es la izquierda a la izquierda del PSOE. Ese músculo, del que hablaba antes, poderoso entre 2011 y 2015, se ha ido perdiendo por el desuso y por tener que lidiar en toda suerte de guerras que no tienen nada que ver con la causa de las clases trabajadoras. En estos 8 años, con la irrupción de Podemos se paró la contestación social a la democracia de inspiración franquista españistaní. Sólo el movimiento feminista ha mantenido la presión en las calles, y aún así, insuficiente para insuflar fuerza a muchas mujeres que siguen votando y opinando en contra de sus principios identitarios.

Se legó todo el caudal revolucionario a una fuerza representativa de carácter institucional, confiando en que desde dentro del sistema se podía cambiar el sistema caciquil, extractivo, represivo, antisocial, injusto y antidemocrático. Un país de una minoría, impuesto por la fuerza bruta. Lógicamente, ante la presión de un sistema, entendido como un todo, que se ha defendido de esta agresión interna con todo su arsenal, se ha fracasado en ese propósito. Y además, se ha perdido todo aquel impulso y potencia, dejando una masa de izquierdas hastiada y desilusionada.

Buena parte de ese hastío y desilusión viene por la gestión que los partidos de izquierda y sus líderes han ido haciendo estos años de su fuerza. Mientras se ha llamado insistentemente a una “unidad” desde arriba, distintas secciones se han ido desligando y componiéndose en nuevas taifas de carácter regional o local, que sólo han ido sirviendo para colocar a los mandámases a cuenta de un salario en la política.

La descomposición es un espectáculo lamentable pero no ha sido la única causa que ha provocado la marcha de un electorado que en las generales de 2015 (con Podemos e IU compitiendo por separado) llegó a sumar más casi 4 millones de votos.

La otra causa en su devenir tiene que ver con la acción política ejercida desde las instituciones, donde las medidas sociales y de protección de los derechos como el de vivienda, el del trabajo, la sanidad o la educación públicas, han quedado totalmente fuera del foco, ante la batería de propuestas dedicadas a colectivos minoritarios que iban en su defensa, pero que al mismo tiempo suponían una disolución de la clase trabajadora.

Esto que voy a decir, es muy doloroso, pero es la verdad: Unidad Podemos ha acabado deslegitimando a la clase trabajadora con sus propuestas de defensa de los colectivos LGTBI, que sin duda, necesitan de protección y sobretodo de normalización. Pero estas políticas han sido una grieta por la que la derecha ha hecho palanca para atraer hacia sí a la mayoría de la clase trabajadora aunque esto implicará votar en contra de sus derechos de clase.

Porque a través de la identidad, primero nacionalista, pero después sexual o de género, se han presentado con éxito estas políticas gubernamentales como una agresión a todo lo que es “español” o “normal”. Es un fiasco político, pero sobretodo comunicativo, porque en ningún modo hay que hacer ver o que hagan ver, que dotar de derechos a unos suponga la pérdida de derechos para otros. Es duro esto que he dicho, y no me gusta, pero la realidad es la que es y hay que entenderla para cambiarla.

Volver al programa de máximos donde el antifascismo sea su base y la lucha contra la desigualdad, el machismo, en defensa de los derechos de los colectivos, en especial del mayoritario, la clase trabajadora. En lucha contra el cambio climático y sus negacionistas. Y no renunciando a la movilización y a la creación de una militancia activa en las calles.

Quizás -bueno quizás no seguro-, debemos también pensar en cómo se transmiten esos mensajes y qué supone para la convivencia (especialmente cuando consideramos que en la franja electoral de menores de 30 años, la derecha gana por aplastamiento), pero sobretodo, es el momento de tener claro que apostar por una política activa de defensa de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera sea el primer paso e irrenunciable para la defensa de la vida y la identidad de las personas.

En este punto se entronca con el gran déficit de la coalición Unidas Podemos, que ya no sólo incapaz de mantenerse unida y de añadir a cuantas más opciones políticas de la izquierda mejor, ha procedido a la demolición de buena parte de los movimientos sociales y de la organización interna que Izquierda Unida posee.

Desde Podemos, como un auténtico Caballo de Troya, se ha procedido al desmontaje de la fuerza programática, asamblearia y militante de Izquierda Unida. Y desde los asientos de ministros, los podcasts y las cuentas de twitter se ha buscado ganar influencia olvidando, cuando no insultando y desprestigiando, el trabajo militante, de calle y de organización.

Y no sólo contentos con eso la deriva del señor Pablo Iglesias ha sido insultar a todo el que no piensa como él. En vez de dedicarse a defender las políticas y la ideología, el programa, ante los ataques de la derecha que ha convertido en populismos toda idea que busca un poco más de justicia social, lo que tenemos es a los "nuestros" atizando las calderas de odio y venganza en nuestras filas. Bochornoso.

Pero no sólo hay que poner el acento en una persona o en un sólo partido. Hay muchos padres en esta derrota en su incapacidad y en su actitud rencorosa que son un error histórico que va a causar mucho dolor a la clase trabajadora de este país.

El gran fiasco de esta izquierda a la izquierda del PSOE es que aupada a los gobiernos y a la presencia mediática ha abandonado la calle. Ha dejado de producir sus propios medios de comunicación. Si, es así.  Por qué cómo coño queréis influir en el electorado y dar a conocer las propuestas y la denuncia de la corrupción de la derecha si no es creando y difundiendo vuestros contenidos. No hay otra forma. Y eso se ha hecho siempre con lo que nunca ha tenido y jamás ha querido Podemos hacer: Una militancia. Cosa, que por cierto, aprovecho a decir, parece que “Sumar” tampoco tiene en perspectiva. Lamentable.



El hecho en sí es que la mayoría elige, y lo hace de manera sistemática, por un país y una sociedad corruptos e inmorales; privatizados, elitista; de una meritocracia basada en la desigualdad; de unos pocos viviendo por encima de muchos; de un latrocinio brutal sobre el patrimonio y el interés común; un modelo que atenta contra la dignidad de la vida de las personas que han votado contra su clase y contra la ideología que los defiende. Un mundo al borde del abismo y sin futuro.

Cabría pensar que la ideología no es tan importante (no engañarse que si que lo es), como lo es el método, en especial el método comunicativo. Y en ese marco la izquierda sale mal parada, porque no tiene acceso a los recursos que tiene la derecha con los medios de masas (sólo hay que ver las televisiones generalistas y la bandeja de periódicos en el kiosko cada mañana). Más si cabe cuando es la primera vez que yo sepa que un gobierno renuncia al control mediático. Y porque el electorado de izquierdas, mucho más crítico y racional, ha optado en buena parte por huir de este escenario y no participar subiendo la abstención por encima del 40%.

En la izquierda nos jactamos de ser mucho más demócratas que la derecha, pero en estas elecciones, y en realidad en muchas, la derecha nos acaba dando lecciones de democracia porque, al igual que antes con las calles, hemos dejado de dar batalla, y han podido ocupar las urnas sin oposición.



Como punto y a parte de este proceso electoral saldado con una victoria de la derecha, Pedro Sánchez, a la mañana siguiente adelantaba a julio la convocatoria de elecciones generales. Varios apuntes:

De alabar el sentido de estado del presidente que ha entendido la respuesta ciudadana del pasado domingo y convoca elecciones, incluso en medio de la presidencia de turno de la UE. No estamos acostumbrados a este sentido democrático y de estado.

Por supuesto, lo hace por su interés en lo que a bote pronto parecería una estrategia suicida de sálvese quien pueda. Yo no lo veo tan claro.

Evidentemente adelantando las elecciones, Sánchez compra el relato de la derecha de unas “elecciones municipales o autonómicas como plebiscito a su gestión” o “como primera vuelta de las generales”. Es a mi modo de ver, una derrota calculada por parte de Sánchez que en plena campaña de estas nuevas elecciones va a mostrar in situ las desavenencias entre las derechas a la hora de crear nuevos ayuntamientos, parlamentos y gobiernos autonómicos.

Cuidado porque la euforia en la que viven ahora la extrema derecha puede verse frenada cuando intenten llegar a acuerdos e imponer sus visiones cutres, rancias y atrasadas a la realidad que no es otra que el plurinacionalismo y Europa.

En segundo lugar, no da tiempo a que su propio partido se instale en la pesadumbre, y mucho más importante, en el juego subterráneo de intrigas palaciegas y búsqueda de candidatos. Llama a arrebato a la movilización y el trabajo electoral del PSOE, y puede, siempre que se acierte en los mensajes, discutir la mayoría de la derecha recién estrenada. Fundamentalmente, por un factor: 9 de cada 10 votos que ha sacado de más el PP al PSOE se dan en Madrid. Lejos de la capital la distancia es nimia y los diputados en juego pueden ir cayendo en un sentido o en otro por un puñado de votos.

Tercero, llama a todo el electorado no reaccionario a la movilización y aglutinamiento en torno a su persona. Sí, el voto útil. El axioma de votar con la nariz tapada a quien nos gusta menos, a cambio de que no gane quien no nos gusta nada. Estamos como en 2011, pero con toda la izquierda desmovilizada y desmontada.

Y cuarto: En esa izquierda a la izquierda del PSOE también los llama al orden. A que se pongan de acuerdo ya (de hecho tienen menos de diez días para hacerlo) y que constituyan una fuerza capaz de movilizar un electorado entre el 5% y el 10% capaz de restar la representación que pueda sacar Vox, circunscripción a circunscripción.

Por todo esto, el movimiento de Sánchez, aunque pueda parecer precipitado, está vestido de audacia y preparación. El reto es presentar, ahora si, un modelo de país, de derechos y dignidad, frente a la nada que siempre ha presentado la extrema derecha, y que ahora particularmente, sumida en unos liderazgos lamentables, es mucho más lacerante e indigna.

 



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