La
semana comenzó con el nuevo mínimo y chasco de la izquierda tras
las elecciones de Aragón, adelantadas casi dos años por la
incompetencia y el tacticismo de las ultra derechas, tan
incapacitadas para ponerse de acuerdo como las propias izquierdas.
Mientras PP y Vox se reparten los dineros y cientos de miles de
aragonesas y aragoneses van a vivir peor, el psoe se lamía
sus propias heridas, y la Izquierda clamaba, fundamentalmente a
través de algunos medios y de sus bases electorales, por una unión de fuerzas que sume ante tanto descalabro. Como respuesta, aunque
evidentemente con muchos meses de trabajo previo, dos iniciativas
parecen empezar a poner cimientos en esa unidad de la izquierda.
Por
un lado, los partidos que forman parte del conglomerado Sumar
se citan para el sábado 21 de febrero para presentar la nueva plataforma
electoral que debe conformarse para disputar cada escaño
circunscripción por circunscripción. La idea añadir a más
partidos y personas, en especial y en primer término las fuerzas de
Adelante Andalucía, pero sin olvidar a Compromís o a
las izquierdas Canarias. Con Podemos se puede esperar poco o
nada, dada la enemistad abierta entre unos y otros, y el cerrojazo
que se han impuesto para fastidio de todos los demás.
Por
el otro, el anuncio del diputado de Esquerra Republicana,
Gabriel Rufián de sentarse en una charla con un miembro de
Más Madrid, ha abierto la perspectiva a una cuerdo
interestatal de las izquierdas, sobre el que se intuía que Rufián y
su equipo estaban trabajando y que aparece ya en el horizonte. Este
nuevo Frente Popular recogería el testigo del
proclamado hace 90 años durante la II República, y contemplaría la
suma de las fuerzas independentistas y de izquierdas de Euskadi (EH
Bildú), de Galicia (BNG) y de la propia Catalunya.
No
por menos célebre y comentada, la famosa escena de la “Asamblea
de lzquierda” en Judea de la película La Vida de
Brian viene al pelo para ilustrar la situación actual de la
Izquierda a la izquierda del PSOE (es decir, La IZQUIERDA). La
genialidad de los Monty Python se ríe entre otras cosas, de la falta
de sentido y de perspectiva de los dirigentes y cuadros de la
izquierda. Y a la vez denuncian la sinrazón de comportamientos que
en lugar de construir alternativas para la gente, se empeñan en
destruirlas, y destruirse, para regocijo de las élites y
desesperación del lumpen.
Parece
mentira, y más con todo lo que está sucediendo en estos años, pero
en julio se cumplirán 8 años de la Moción de Censura que sacó el
inútil, corrupto y fascista Mariano Rajoy del gobierno. Parece
irreal, pero Pedro Sánchez y el PSOE van a cumplir 8 años como
Presidente del Gobierno (de hecho, se va a convertir en el segundo
presidente más duradero de toda la Historia). En aquel momento, y
antes, ante las elecciones Generales de 2015, distintos partidos y
personalidades políticas y mediáticas se pusieron de acuerdo para
crear una serie de alianzas electorales y confluencias, que pudieran
“sumar” y con ello, “multiplicar”, el apoyo electoral.
Sin
embargo, este apoyo electoral ha ido sufriendo una continua
laminación, tanto interna como externa, que han impedido la
construcción de un espacio político de izquierdas. De manera
lógica, e inmediata, si hacemos la siempre tan necesaria
auto-crítica de la izquierda, el desgaste político y
comunicativo por estar en el gobierno podría explicar buena parte de
esta pérdida de apoyos. No puede obviarse en esa línea, la
dificultad titánica de acercar al PSOE y a Sánchez a “la
izquierda”, teniendo que lidiar con todas las contradicciones, incoherencias, cuando no directamente traiciones. Esto es claramente visible en muchos aspectos como la vivienda, el trabajo, la lucha contra el cambio climático, o los derechos de los consumidores.
Desde
luego, tampoco ayuda el contexto internacional con una ola de
ultraderecha exacerbada que acicala la deriva ultra liberal e
individualista que asola el mundo. Mientras las incertidumbres de la
existencia se apuntalan ante las diferentes y continuadas crisis, que
nos llevan hacia una crisis sistémica, y por ende, hacia un momento
de cambio y catarsis, que no tiene porque ser positivo para el común,
o para la mayoría, se han fortalecido todos los discursos de odio y
afirmación identitaria frente al diferente, sin discutirse en ningún
momento, ni la pervivencia del capitalismo depredador, ni la
creciente desigualdad económica. Si, tú también, jovencito confuso
con chaleco acolchado y sudadera de símbolos fascistas, también
eres y vas a a ser “un muerto de hambre” cuando menos, si
no antes, “carne de cañón”.
Ya
he contado por aquí, que este trabajo ya estaba hecho de antes, que
Izquierda Unida ya era un partido que es una confluencia de
partidos y asambleas ciudadanas de izquierdas, que buscaba
precisamente eso, lograr un partido que representase a las masas
trabajadoras, y todas sus inquietudes (obreras, medioambientales, en
igualdad, democráticas, territoriales, anti-fascistas, etc.), con la
suficiente fuerza como para constituirse como un agente de cambio y
revolución.
En
algún momento, alguien decidió que lo que venía proponiendo con
relativo éxito, y sobretodo, con convencimiento y coherencia,
Izquierda Unida, era demasiado rompedor para el Régimen del 78. Y
desde entonces, toda iniciativa, venida desde arriba, defendida como
de izquierdas, se queda extremadamente corta frente a los planteamientos rompedores de IU. Por eso, parece que habría que
construirlo todo de nuevo, y encima hacerlo, con una muchedumbre
individualizada de opiniones, sesgos, cuitas, expectativas y
experiencias.
El
individualismo y como consecuencia natural del mismo, el
“fracturalismo”, alimentan las tendencias que rompen los
acuerdos y espacios comunes de pensamiento y acción, no son
monopolios de la izquierda. Ni siquiera de la española. Toda
organización, toda jerarquía y todo proyecto son susceptibles de
quebrarse y dividirse. De fraccionarse en múltiples cabezas o taifas
donde las diferencias, a veces únicas, insignificantes o
intrascendentes, se magnifican para justificar la ruptura y
emancipación, mientras que aquello que nos une, que suele ser lo más
importante y significativo (el programa, el enemigo común, la
emergencia de la coyuntura) son relegados y no tenidos en cuenta
porque garantizan la unión y la coherencia de los trabajos comunes.
La comparación de ser “cabeza de ratón”, en vez de “cola
de león”.
Este
es el gran drama de la izquierda, pero como digo, no exclusivo. De
hecho, si pese a todo, todavía puede haber partido, es porque la
derecha ha implosionado, y la emergencia, parece sin techo de la
ultraderecha en Vox, ha roto por un lado el voto hegemónico de la
derecha española en el PP (salvo, de momento en Madrid), y también
impide de facto acuerdos de investidura y trascendencia con las
derechas de la periferia del estado en Catalunya o Euskadi. Por lo
menos, de momento, porque tampoco sería inteligente fiarse a la
voluntad de a quienes sólo les preocupa el dinero.
Porque
además tienen memoria y experiencia de haberse unido cuando la
amenaza de la revolución aparecía. Las clases dirigentes, las
élites, no van a permitir un fraccionamiento interno que les limite
y ponga en peligro, este sistema de democracia simulada que no atenta, es más garantiza, sus privilegios. Con una llamada de un poderoso bastará para exigir el orden a toda la caterva de la derecha (extrema, ultra,
económica, neoliberal, católica, clerical, mediática o militar).
Tiempo al tiempo.
Por
eso mismo, es tan necesario, urgente y beneficioso cualquier trabajo
que vaya en la dirección de aunar proyectos políticos que en su
vertiente electoral y mediática, construyan discursos únicos y
reconocibles. Crear candidaturas de izquierdas que den la batalla
y el partido. Además y de propina, daría fuerza para tratar de
acercar al PSOE algo más a la izquierda, y aunque sea desde el pacto
y la concesión, y dentro de las estructuras liberales, hacer
políticas que acaben con la desigualdad y garanticen la libertad y
la dignidad de todas las personas.
Desde
luego, la tarea empezada por Rufián y por quienes estén trabajando
para crear esa Unión de las Izquierdas, y esa alternativa al estado
de las cosas, es colosal y llena de tremendas dificultades. La
primera de ellas las ambiciones personales de quienes llevan ya
demasiados años copando los micrófonos, los altavoces, las plumas,
los parlamentos y las direcciones de los partidos.
Si
bien este trabajo por un nuevo Frente Popular que impida que
la ultraderecha nos arrase, ha surgido desde arriba, desde la élite
de los partidos, no es menos cierto, que sigue siendo un reclamo y
una exigencia de las bases electorales y trabajadoras. Qué llevamos
muchos años pidiendo que se pongan de acuerdo. Qué se aparten y se
retiren quienes no estén por la labor, o quienes crean que son más
importantes que la suma de todos. Mientras para estos empotrados en
las gerencias son mucho más importantes la conformación de listas
electorales, y desde ahí, ponen palos en las ruedas y zancadillas a
los procesos políticos y asamblearios de confluencia, para los
militantes y simpatizantes son mucho más trascendentes los acuerdos
para el día después. Es decir, acuerdos sólidos y ya firmados, que
incluyan los organigramas y distribuciones. Las órganos de rendición
de cuentas, y los mandatos cerrados a un único ciclo electoral.
Otro
punto fundamental es el compromiso de generar partido más allá del
parlamento y mucho más allá de la convocatoria de elecciones. Hacer
militancia de base, volver a las calles y a los conflictos, en el
trabajo y en los centros de estudios. En los ayuntamientos y en los
barrios. Algo que nunca quiso construir Podemos y de lo que Sumar
abiertamente ha renegado, pero que se demuestran tan necesarios para
la ciudadanía, como imprescindibles para un momento social en el
que, aunque no lo veáis, hay muchísimas protestas, muchísimos colectivos que se sienten, todavía hoy, indignados y que tienen la fuerza para luchar por cambiar sus condiciones. Es básico escuchar y acompañarlos, al mismo tiempo, que se abren sinergías y estructuras
capaces de aunar las reclamaciones, y esa indignación, para cambiar
todas las cosas. En esto entra, por supuesto el programa,
porque aunque hay alguna que otra diferencia entre lo que dicen
Podemos, IU, ERC, Bildu, o cualquier partido o asociación que se
sume, al final se comparten muchos planteamientos, muchos análisis
de causas, desarrollos y consecuencias, y casi todas las propuestas
que hacen o pretenden conseguir, una vida y un futuro mejor para cuantas más personas, mejor.
Por
todo esto, no puede uno estar más ilusionado por los planteamientos
que vuelven a buscar la Unidad de la Izquierda, y con ella, las ganas
por construir una alternativa a tanto fascismo, a tanto
ultra-liberalismo y a un mundo, y un país, que se van desquiciando
por momentos.