viernes, 6 de marzo de 2026

La Generación Z


Puede que no lo sepas o que no te hayas dado cuenta. Quizás hayas oído algo, como un eco muy lejano, por alguna notificación random de las redes sociales, un teletipo que se ha escapado de la censura capitalista de los medios de disuasión de masas o por un comentario de algún conocido o conocida más ducho en eso de estar informado fuera del sistema. O es posible que realmente sepas de lo que estoy hablando y seas capaz -te lo agradezco mucho-, de comentar esta entrada y añadirle más datos, más contexto y si, también más periodismo.

Desde hace unos años, y ante un silencio interesado y buscado en Occidente, numerosas manifestaciones han ido salpicando multitud de países por todo el mundo. Lo que a mediados de 2021 comenzó en el sudeste asiático, se ha ido extendiendo por todo el planeta, vertebrando protestas y movimientos sociales que, aún surgiendo con diferencias temáticas por los distintos países, comparten mucho.

En primer lugar, un mismo malestar ante la falta de oportunidades que se identifica como generacional, y que es fruto no sólo de una crisis económica concreta, o de las consecuencias de la pandemia de covid-19 en 2020. Sino que se muestran como descalabros cíclicos del sistema económico capitalista, que provoca una cada vez mayor desigualdad social (y entre géneros, entre clases y entre regiones o países), y donde la corrupción y la inoperancia de los sistemas políticos vigentes son tanto causas como ingredientes que empeoran la situación.

En segundo lugar, son protagonizadas, cuando no surgidas, por grupos de jóvenes pertenecientes a la llamada Generación Z. Es decir, aquellas personas, hombres, y también mujeres, aunque dadas las características sociales y culturales de los países en donde han empezado estas movilizaciones los protagonistas son mayoritariamente masculinos, nacidas desde finales de los años 90, hasta 2010. Por lo tanto, una generación marcada por la predominancia de Internet como escenario de las relaciones sociales, y cuya inmediatez acrecenta la sensación de rapidez e insatisfacción. El paso durante la adolescencia por el trauma que supuso la pandemia de covid y los distintos confinamientos, también han marcado profundamente la madurez y expectativas de estas generaciones.

Esa falta de oportunidades y el sentimiento de pertenencia a una misma generación, acostumbrada como digo a “vivir” en las redes sociales e Internet, han tomado cuerpo en una clara posición de hartazgo ante la situación actual. No sólo se trata de la insatisfacción por las esperanzas de futuro, la perenne crisis económica, la falta de respuestas y voluntades ante el cambio climático y los efectos que provoca, la colosal y mundial crisis habitacional o crisis de vivienda que vivimos, la corrupción y un escenario global que se encuentra en la antesala a un conflicto bélico de escala mundial.

Lo más novedoso de estas protestas en comparación con las de los anteriores ciclos de rebeldía juvenil, es que la falta de alternativas tangibles, así como el deterioro continuado de las condiciones de vida y de futuro, se han hecho en oposición a una gerontocracia y un nepotismo que tiene los rostros septuagenarios (¡por lo menos!) de una ristra de dirigentes que pertenecen a lo que se conoce como generación boomer (los nacidos entre 1946 y 1965) o a la anterior, la generación silenciosa (aquella nacida en el período de entreguerras y hasta 1945). No es casualidad que todas las protestas se hayan materializado ante los escándalos gubernamentales, políticos o económicos, protagonizados por dirigentes que peinan más que canas y ostentan mandatos desde hace más de 25 años en muchos casos. El autoritarismo, cuando no directamente el totalitarismo, de muchos países choca de frente con las ansias de libertad de las nuevas generaciones abiertas al mundo como nunca lo habían estado antes. El militarismo y la represión política, con los abusos de los derechos humanos y la laminación de la democracia efectiva han sido el estado latente de muchas de las protestas de la Generación Z, y son causas directas del descontento y de la desigualdad social, política y económica contra la que se levantan.

No es casualidad revisar muchas de las élites políticas y representativas de los distintos países y ver a los mismos personajes ostentan el poder sin haber dado el testigo a las nuevas generaciones. Enclaustrados, pisoteando a los que vienen, ahogándolos y dejándolos sin poder aportar, cercionando de raíz cualquier tipo de progreso (económico, social, cultural, tecnológico, etc.), al tiempo en que se convierten en parásitos y las organizaciones que “lideran” las dejan inútiles e indefensas ante los retos del mundo actual. Por cierto, esto es lo que muchas personas de mi generación hablamos y vemos en nuestro día a día, en las empresas, en los trabajos, en las organizaciones. A veces, es verdad, los boomers no encuentran relevo. Otras las más, y por desgracia, son ellos los que se anquilosan e impiden un correcto y necesario paso de testigo.

Hasta en Occidente siguen dominado los países y domado el poder líderes que llevan diciendo lo que tenemos todos que hacer desde hace más de 25 años. Lo de Trump y Biden, pero también muchos personajes que ya pasaron su época y se siguen atreviendo a dar lecciones como nos ocurre en España con Felipe y Aznar. Pero, sobretodo en los demás países, que además tienen democracias menos consolidadas, cuando no regímenes autoritarios directamente, los mismos rostros, las mismas familias y un ecosistema general, de crisis sistémica.

Todo esto provoca, naturalmente, que las generaciones cuanto más jóvenes de manera más grave, nos sintamos decepcionados, sin ser tenidos en cuenta como agentes políticos o cívicos, y ni nuestras necesidades, ni intereses, ni propuestas sean tomadas en consideración, ni tenidas en cuenta. Nos sentimos abandonados y desgraciados, lo que lleva en buena parte, y parece más en el hemisferio Occidental, que en el Oriental, a la desafección democrática-liberal y al nuevo alzamiento del fascismo, pero que en Asia o África toma la forma de poblaciones jóvenes que quieren participar y que tienen iniciativas e ideas para llevar a cabo en eso de hacer del mundo un lugar donde vivir.

  • La lista de países y movimientos revolucionarios juveniles tuvieron un primer conato en Myanmar en 2021 como respuesta a un golpe de estado militar, que amenazaba con romper las escasas medidas democráticas y progresistas que tenía la ex colonia francesa.

  • Rápidamente, se extendieron a Tailandia o Sri Lanka. En Irán a mediados de 2021 apareció una nueva oleada que tuvo el símbolo de Mahsa Amini, una joven de origen kurdo, que murió asesinada y torturada por la policía religiosa islámica por no llevar el hiyab “correctamente”. Las protestas se extendieron por todo el país y con ellas, la represión y la violencia del estado teocrático.

  • También Pakistán tuvo una oleada de protestas, así como Corea del Sur, donde el golpe de estado perpetrado por el presidente trataba de limitar la democracia en aras de un gobierno autoritario con fuerte presencia militar, en el contexto de una crisis económica gravísima, las amenazas del hermano del Norte y un sistema cultural-social perverso.

  • El siguiente episodio, y quizás donde el movimiento ha tomado sus símbolos y mayor impulso, fue en Bangladesh, que terminaron en la Revolución de Julio (de 2024) como una serie de protestas juveniles y universitarias ante el incremento de un mayor autoritarismo en el país y de las masacres que sucedieron a la primera oleada de protestas en junio.

  • Nepal fue el punto de inflexión. Allí los jóvenes de la Generación Z tomaron partido para protestar contra el bloqueo de las redes sociales determinado por el gobierno del partido comunista nepalí. La brutalidad de la respuesta gubernamental se saldó con varias decenas de muertos, lo que unido a la corrupción y el autoritarismo, llevó a los jóvenes a asaltar diversos centros de poder, incluidas las residencias del gabinete e incendiando el parlamento. El sistema cayó y está a la espera de unas próximas elecciones democráticas que deberán dotar al país de una nueva constitución. El tiempo dirá si este cambio es tan productivo y espontáneo como quiero creer.

  • Las protestas saltaron a África. Nigeria, Kenia y Mozambique vieron movimientos juveniles que protestaban por la falta de porvenir, la perversión de la democracia, la corrupción y el nepotismo, así como la insoportable desigualdad económica.

  • Marruecos ha sido un punto importante, donde las protestas contra la dictadura monárquica de Mohamed VI han venido a reclamar mayor democracia, mayor futuro económico para una población mayoritariamente joven y condenada a emigrar al Norte. El catalizador fue la noticia de la altísima mortalidad femenina en los paritorios marroquíes fruto de la intrínseca corrupción del régimen, así de su nulo respeto por los derechos humanos y de la mujer, y el sobre-coste de las instalaciones del futuro Mundial de Fútbol que buscan blanquear al régimen, que provoca la falta de recursos en los servicios sociales del país.

  • También en América Latina ha habido brotes de esta serie de protestas revolucionarias en República Dominicana por protestas por la corrupción y los pucherazos electorales. O en Perú, donde el golpe de estado de 2021 que sacó el presidente democrático Pedro Castillo, ha derivado en una sucesión de presidentes y una inestabilidad política y económica notable. También Colombia, Chile o ya Argentina, donde la gestión fascista y liberticida de Milei viene siendo contestada con manifestaciones y huelgas. Punto importante fue Puerto Rico en 2024 donde las injerencias norteamericanas amenazan la coexistencia del país como estado libre.

  • Y Europa no podía quedar atrás. Primero las protestas en los Balcanes: Bulgaria, Serbia, Grecia, en ambos casos por la corrupta e inmoral gestión de sendos accidentes ferroviarios. También en Hungría. O en Macedonia del Norte tras el incendio de una discoteca. Y en Georgia, dónde el gobierno pro-ruso se ve cuestionado por una oleada popular que proclama una mayor democracia, un acercamiento a la UE y una mejora general de las condiciones de vida. No puede tampoco obviarse Francia, donde las protestas el pasado septiembre, tomaron forma en una huelga general, el movimiento Bloquons tout (bloqueemos todo), de indudable éxito, convocada a través de las redes sociales y donde tomaba parte muy importante el llamamiento a cesar todo consumsimo.

  • Y otros muchos más países y lugares como Filipinas, Malasya, Timor Oriental, Maldivas, Madagascar, Paraguay, Italia, Suiza, San Marino, Bolivia, Camerún, Tanzania, Uganda, México, de nuevo en Irán, está vez por el incremento del costo de la vida y la falta de democracia, y que ha derivado de aquella manera, en lo que está pasando actualmente.

Internet y las redes sociales, han sido el lugar donde se han alumbrado las protestas y el movimiento, que desde lo nacional o regional, ha derivado en una protesta global. En Internet se han puesto de acuerdo problemas y agendas. Se han organizado quedadas y coordinado protestas, así como se han dado noticias sobre la represión y las salidas políticas y mediáticas que cada contexto exigía. Y por supuesto, ha traído una interconexión entre diversos grupos de jóvenes de muchos países que identifican los mismos problemas y las mismas necesarias soluciones.

Si hace 15 años fue facebook, y sobretodo twitter, el arma que encendió el movimiento del 15M y Occupy Wall Street, ahora han sido Telegram, TikTok y la plataforma de mensajería en entornos de juegos online, Discord. En todos los casos las protestas y movimientos han sido pacíficos, y sólo ante el silencio, cuando no la opresión de los regímenes en el poder, es cuando las protestas han ido a más, respondiendo con disturbios y violencia, a la violencia de las fuerzas gubernamentales.

Sin duda, es bienvenido y bien necesario esta activación global, generacional y aspiracional por hacer del mundo un lugar mejor. Acabar con las crisis capitalistas, revertir o si como parece ya no es posible, aminorar en la medida de lo posible las consecuencias del cambio climático. Terminar con la desigualdad social, con el sufrimiento humano. Garantizar los derechos humanos y la vida en dignidad. Eliminar la corrupción, la censura, la represión y el autoritarismo. Avanzar en la igualdad entre géneros, entre razas y etnias, entre clases. Derrumbar desde abajo desde las poblaciones civiles (más cuando las generaciones jóvenes se supone serán “enviadas” a la picadora de carne que es la guerra) los conflictos internacionales y mundiales, la deriva al fascismo y a la violencia y al confrontación armada como única salida a la disputa. Acabar ya de una vez con la industria militar, y su gigantesco peso. Cerrar para siempre la amenaza a la extinción nuclear.

Todo esto, y mucho más, se tiene que hacer con activación política, cívica y social. Con un músculo contestatario fuerte, que precisa de estar informado y fortalecido por redes de apoyo mutuo, que por supuesto, no deben estar cerradas a otras personas, de otras generaciones, razas o clases. No. Al contrario, somos más fuertes cuanto más mejor, y cuando aprovechamos y nos enriquecemos de la experiencia de unos y de la fortaleza y rebeldía de otros.

La bandera de El Jolly Roger de los Piratas de Sombrero de Paja de la serie de manga One Piece se ha convertido en el símbolo de toda esta serie de protestas. También aparecen referencias a otras sagas como Los Juegos del Hambre o Harry Potter. Son manifestaciones culturales apropiadas a las generaciones más jóvenes. Símbolos naturales de identidad y pertenencia. Si los ves, no tengas miedo. Infórmate. Súmate y participa. Lo que se está dirimiendo en todo el mundo es mucho más allá que el acceso a las redes sociales. De hecho, hay que recordar que la génesis del 15M, no fueron las protestas de la llamada Primavera Árabe, sino la intención del gobierno socialista de imponer la Ley Sinde para acabar con la compartición de archivos peer-to-peer y el internet “gratuito”. De ahí se engranó una activación política que pretendía cambiar lo necesario para hacer del mundo, y de España, un lugar mejor.

Existe un clamor popular y social por un nuevo rumbo en el mundo. Probablemente ya no esté ligado a las ideologías de clase, pero si que es la protesta de unas generaciones que han sufrido las consecuencias de un sistema fallido: el neoliberalismo. Pobreza, desigualdad, privatizaciones, colapso de los estados de bienestar, derrumbe de las certezas de igualdad y libertad que alentaban el progreso generacional (lo de vivir peor que nuestros padres), frenazo a los planes de vida, incomprensión, hartazgo,… crisis económicas, crisis de valores, crisis ambientales… derechos humanos pisoteados, mayor autoritarismo, mayor militarismo y belicismo. Auge del fascismo.



lunes, 2 de marzo de 2026

La etapa de Irán ante la Tercera Guerra Mundial


Imagen de satélite del 28 de febrero de 2026, supuestamente de la residencia del Ayatolá Jameneí tras el bombardeo masivo de Israel y Estados Unidos sobre Irán.

 

El sábado 28 de febrero amaneció con el nuevo ataque de Israel y Estados Unidos sobre Irán. Un bombardeo indiscriminado, que aunque esperado, se efectuó sin aviso y dentro de una ronda de negociaciones que claramente era una tapadera de cara a ganar tiempo y organizar la acción militar. De todos los implicados. El resultado del ataque ha sido el descabezado de la cúpula militar y política de la teocracia iraní con la destrucción de infraestructuras críticas del aparato bélico y policial de Irán, así como de algunos de los centros de poder del país. Se cuentan las muertes de numerosos altos cargos del ejército, así como de miembros de los consejos religiosos y políticos destacando el ex-presidente Ahmadineyad (aquel que pusó en jaque Occidente con el programa nuclear) y fundamentalmente, el ayatolá Alí Jameneí. Por supuesto, las víctimas civiles se cuentan por millares.

Ni que decir tiene que sacar del mundo a semejantes impresentables hace del planeta y de Irán un lugar mejor. Desmontar y erradicar un sistema dictatorial, propio de una época medieval, en el que la visión extrema de una religión, incompatible con la vida, la dignidad y los derechos humanos es la doctrina moral y legal que condiciona e impide el desarrollo de sus propios conciudadanos, es siempre una buena noticia. Pero hacerlo, una vez más, al margen de la legalidad internacional, llevándose vidas inocentes por delante y violando la soberanía de otro país es una muestra más de un mundo desquiciado que se va al abismo por momentos.

Las implicaciones de la acción militar conjunta entre Israel y Estados Unidos son de muy amplio calado. El contexto, nacional y propio de Irán, de la región de Oriente Medio, de Asia y el Índico, y para todo el planeta no deben obviarse y por lo tanto, es fundamental conocer bien de lo que estamos hablando, para construirse y transmitir un juicio acertado sobre lo que está pasando. A estas horas los misiles de uno y otro lado se han cruzado sobre Oriente Próximo incluyendo ataques a bases e intereses occidentales en los emiratos de la península Arábiga, como respuesta del ejército de Irán, así como la apertura de nuevos frentes en Líbano. Incluso el suelo soberano de la UE ha sido objetivo al caer algunas bombas sobre la base británica en Chipre

Mientras el ataque bélico unilateral ha eliminado la posibilidad de que el pueblo iraní, empezando por sus mujeres y jóvenes, tomasen el poder y construyesen una democracia o un sistema político y social nuevo, lo que si ha hecho es abrir la brecha a la seguridad y la incertidumbre en todo el mundo. Si la población civil de Irán no va a poder enjuiciar e investigar su pasado y su presente, poner ante un tribunal y ante la Historia a cientos de dirigentes con una visión radical del islamismo que les ha permitido masacrar a la población, al tiempo que se hacían muy ricos, mucho menos se les va a permitir construirse un futuro propio, puesto que el sistema “ofrecido” ya viene teledirigido desde Washington y Tel Aviv con la oscura figura del heredero del Sha en el horizonte.

La excusa de esta guerra está en que Irán volvía a ejecutar un programa de armamento nuclear y de que antes de conseguirlo era preciso acabar con él. Las protestas y la represión contra su propio pueblo, son otra de las excusas que se han aducido en estas últimas 48 horas (y en las semanas previas), pero el motivo del ataque es la reconfiguración total de Oriente Medio, con Israel convertida en la potencia regional tras la ruptura de todas las alternativas que el Islamismo chií tenía en la zona (el Irán de los ayatolás, Hizbula en Líbano, Hamás en Gaza o Cisjordania, Siria, etc.).

Tampoco se deben obviar los balbuceos y debilidades de la presidencia de Trump que más allá de todo el histrionismo y los llamamientos fastizoides del programa MAGA (con sus propias "SS" en los ICE), atesora un desgaste colosal para un primer año de mandato, donde la anulación por parte del Tribunal Supremo, de sus recurrentes aranceles, implicaban el alzamiento de una nueva cortina de humo, una nueva distracción para sus bases. Sin embargo, esta acción, al contrario de lo ocurrido con Venezuela, no parece ser del agrado de buena parte de su propio aparato en el partido Republicano, así como de sus votantes, puesto que hasta a ellos, les parece que embarcar al país en una guerra, tan lejana y ante una nación tan grande y armada, puede provocar sonoros costes y muy reducidos beneficios para el norteamericano de a pie y gorra de beisbol.

Y es que la única conclusión a la que van a llegar los, supuestos, “enemigos de Occidente” es que la única garantía de seguridad es de disponer de armas de destrucción masiva, especialmente nucleares, para poder mantener una posición fuerte que impida el ataque preventivo y unilateral de los auto-proclamados defensores de la libertad y de la seguridad. Tanto la CIA como la agencia Internacional de la Energía Atómica, adscrita a la ONU, informaban de la inexistencia de indicios sólidos que sustentasen el relato de la tenencia por parte de Teherán de armamento nuclear. Si Irán hubiera dispuesto ya del arma nuclear y probada su eficacia, no hubiera sido atacada. Si tienes armas nucleares es para exhibirlas (por lo menos) primero con el afán de disuadir a potenciales enemigos, y en segundo, para henchir de orgullo a la propia nación, por lo que parece evidente que la excusa del armamento nuclear es por lo menos, falsa e infundada.

En conjunto, y como resultado, de estos años de alzamiento fascista internacional, y de escalada de las amenazas de guerra, tenemos el fin del orden internacional salido, no sólo tras la Segunda Guerra Mundial, sino mucho más recurrente, tras la caída de la URSS. Estados Unidos se empeña en mantener una posición de potencia única, como eje central en un mundo unipolar, que ya no existe. Aunque consolidan la vía de la fuerza militar, sin negociación diplomática, ni declaración de guerra, como elemento de resolución de los conflictos, lo que realmente está haciendo Estados Unidos y sus aliados -sobretodo Israel, y algo menos la Unión Europea donde crecen las voces disonantes (no dejamos de hablar de una organización supranacional a la que han cedido soberanía un conjunto de naciones, pero no en materia de representación internacional o militar)-, es alimentar un complejo militar-industrial gigantesco que necesita de guerras y conflictos para ganar dinero

Como añadidura, Trump no sólo ha incumplido con el Derecho Internacional, cosa con la que no se distingue de los presidentes estadounidenses, ya fueran demócratas o republicanos. Además, ha vuelto, por tercera vez, a ignorar los procedimientos políticos de su propia democracia, al emprender acciones militares sin contar con los preceptivos mandatos del Congreso y el Senado. Con lo cual ha quedado ya demostrado, empíricamente, como la democracia es pisoteada e ignorada, si se puede interponer en eso de ganar dinero. Las consecuencias a nivel interno y a la salud del régimen democrático-liberal están por venir.

En general, lo que subyace del ataque estadounidense e israelí sobre Irán es el cambio de modelo de gobernanza e internacional. Se rompen los consensos y las garantías democráticas, de soberanía y de justicia, implantando un modelo autoritario donde va a prevalecer la ley del más fuerte, y sobretodo, la de el que menos escrúpulos tenga. Un camino, ciertamente peligroso, al que como sociedad civil debemos oponernos y resistirnos. El primer paso, será ante el llamamiento a ese escenario de sumisión palmaria a Estados Unidos y a su aparato económico-militar como es la OTAN. Permanecer un solo minuto más en esa alianza belicista, que nos roba soberanía, dignidad y dinero, nos convierte en cómplices. El segundo, e inapelable, dar batalla frente al fascismo que se ha beneficiado en algunos casos demostrados de la teocracia iraní, y en otros, dando empaque a la cesión de dignidad frente a los imperios y sus élites.

La sucesión de escenarios de enfrentamiento esa clara: Desde cuestiones internas como Gaza, o incluso Ucrania, hacia consideraciones de mayor calado, como esta guerra contra Irán, que supone un incremento, que puede acabar en un enfrentamiento contra Rusia y China (no necesariamente coaligados más allá de frente a un enemigo común denominado “Occidente”) por la hegemonía mundial.

Aún así, hay quienes consideran que todos estos enfrentamientos no están relacionados y que son independientes. Interesados en hacer creer que lo que está en juego es la democracia, cuando eso es lo que menos les interesa, o incluso, la detestan. Extrapolado al tablero internacional hablamos de una disputa que va de hegemonía única o hegemonía multipolar. De relaciones con marcos y reglas claras basadas en el respeto y la transparencia, a teatros imprevisibles donde las acciones de fuerza se hacen con ninguna o poca antelación y que provocan una escalada de impredecibles consecuencias.

En todo esto tiene que ver la evidente pérdida de impulso y poder que está viviendo Estados Unidos, ya no sólo como potencia única, o como último Imperio, sino más allá, de la propia estructura y dinámica de país. El paso, inexorable como sociedad civil, es "des-americanzar" el mundo, haciéndolo más amable, más natural, más humano e intentando con ello, abolir la guerra y la violencia como método de resolución de conflictos.

Al estilo de la caída del Imperio Romano, la decadencia yankee que comenzó, indudablemente, cuando cayó su natural enemigo, la Unión Soviética, va acelerándose paso a paso, presidente a presidente, y semana a semana. La primera fase fue la exhuberancia de sentirse sólos en la cúspide, sin un enemigo al que batir, y sin ningún tipo de límite a sus intereses y deseos, al no haber alternativa real. En esa ensoñación se limitaron las transformaciones y adaptaciones necesarias a ese nuevo contexto. En vez de proteger a las clases populares estadounidenses, se apretó aún más el acelerador de su desposesión y claudicación para goce de los inversores y capitalistas. El sueño tuvo un abrupto despertar el 11 de septiembre de 2001.

A continuación una sucesión de presidentes, de ambos partidos, incapaces de parar el golpe, ni de dotar de dinamismo a su sociedad y economía. El actual un octogenario sociópata narcisista, misógino, corrupto, amoral y caprichoso. Entre medias de sus dos mandatos un presidente demócrata senil y corrupto desde los años 70, Joe Biden. En conjunto, unas copias malas de los Andropov y Chernenko en la URSS de los 80.

Donald Trump, rodeado de un gabinete de psicópatas y fascistas ejemplo de lo peor que el mundo ha dado. Acusado por la prensa y alguno de sus ex-amigos de ser parte integrante de la red pederastra de Epstein (un turbio personaje con pasado en los servicios secretos de Israel, Reino Unido y Estados Unidos, que fue, convenientemente, “suicidado” en prisión). Una administración sin rumbo fijo, con cambios de hombres y nombres, que demuestran la inexistencia de un plan de gobierno. Que suman ya varias docenas de mandatos del tribunal supremo o del Congreso ante el saltado de normas propias. Con un Trump que un día dice una cosa y al siguiente al contraria. Maltratando a sus aliados a base de aranceles disparatados que no han impedido el aumento constante del desempleo y la pérdida de bienestar de la población local. Ahora ya embarcado en guerras fuera de Estados Unidos, algo de lo que había hecho campaña, y que le había valido amplías capas de apoyo popular de un país harto del papel de policía del mundo.

¿Las siguientes escenas en esta escalada de la Guerra Mundial y el fin de Estados Unidos como potencia hegemónica? Pues en primer lugar vamos a ver qué capacidad le queda al ejército iraní y el régimen de los ayatolás de defenderse, fundamentalmente de Israel. ¿Tiene capacidad de aunar una liga chií contra sus atacantes? En qué estado están las fuerzas de sus posibles aliados en Siria, Líbano, Palestina ¿Cuál será la actitud de las potencias árabes de los petro-dólares como Arabia Saudí, los Emiratos o de Turquía ante el avance del gran Israel como potencia hegemónica en la región, la única con armas nucleares?

¿Qué capacidad le queda a la oposición democrática, laica y de izquierdas para construir un Irán de dignidad y futuro? ¿Le interesa eso a los actores implicados?

¿Qué piensa hacer la Unión Europea? ¿Hasta cuándo durará la OTAN?

¿Qué actitud van a tomar Rusia y China, tradicionales aliados, aunque con reservas, con respecto a Irán y su república Islámica? El petróleo iraní reúne buena parte de las respuestas a esta pregunta, así como el acceso al estrecho de Ormuz para los barcos rusos y chinos, y el cierre o no de los gaseoductos que desde los Urales hacen negocio en Europa.

¿Y la India y el resto de BRICS, contando con Indonesia? ¿Qué papel puede jugar Pakistán en todo esto? Hablamos de países cuya población se cuenta en centenares de millones de personas, tienen ejércitos sobredimensionados por años de intereses estadounidenses en la zona y cuentan con recursos minerales propios.

¿Hasta cuándo durará este ecosistema de frágil paz, dopado por una ola de neoconservadurismo, por no decir, directamente de fascismo, ante una realidad de nuevos países y agentes?

Estamos en la antesala de un conflicto global con implicaciones que pueden acabar en la destrucción mutua y en una extinción masiva. De cómo nos mantengamos informados, alentando el pensamiento crítico y la activación social, dependerá y mucho, nuestro futuro, y también el de la humanidad. 

 

domingo, 1 de marzo de 2026

Mes literario por el feminismo

Voy a hacer de marzo un mes de lectura en clave feminista. Voy a sugerir, modestamente, una serie de obras literarias escritas por mujeres que pretenden dar conocimiento sobre el feminismo y la necesidad de trabajar hacia un sociedad donde la igualdad entre géneros, la tolerancia y el respeto, no sean utopías, ni meros eslóganes, sino algo más: hechos tangibles, verificables y realidades perfectamente posibles en el mundo material.

Voy a proponer ensayos, tanto sobre las ciencias sociales, como de la Historia. Hagiografías y también biografías. Incluso una autobiografía. Pero también voy a incorporar algunas lecturas que desde la narrativa nos interpelan como sociedad, hombres o mujeres, a revisar nuestros comportamientos, pensamientos y actitudes. Alguna de ellas, incluso lo hace sin aducir directamente al feminismo, pero si implicitamente al describir los profundos problemas sociales que el machismo y la desigualdad (económica, política, social y cultural) entre géneros provoca a las mujeres. Voy a salir de las referencias clásicas como La Habitación  propia de Virginia Wolf o el Segundo Sexo de Beauvoir para ir más allá. A reflexionar, sin olvidar los imperecederos, sobre si somos más o menos machistas. Si el feminismo es una simple moda, una ideología o una necesidad, que con sus matices y posibles imperfecciones (si es que las tuviera), pueda generar un mundo mejor con la participación de todos.

Con el ánimo de sumar y añadir más bagaje a nuestra personalidad poneros cómodos en vuestro sofá o espacio de lectura favorito. Adecuar la luz y los cojines. Poned algo de música que haga agradable la estancia y el momento. Concentraros. Desconectar el teléfono para que no os interrumpan. Disponer a mano papel y lápiz para apuntar referencias nuevas que añadan más contexto y trascendencia a este mes en clave feminista.



1. El Consentimiento, de Vanesa Springora

 

SPRINGORA, Vanesa (2020), El Consentimiento. Trad. Noemi Sobregués Arias. Ed. Lumen. n.º pág. 200.

Con trece años, Vanessa Springora conoce a Gabriel Matzneff, un apasionado escritor treinta y seis años mayor que ella, tras cuyo prestigio y carisma se esconde un depredador. Después de un meticuloso cortejo, la adolescente se entrega a él en cuerpo y alma, cegada por el amor e ignorante de que sus relaciones con menores llevan años nutriendo su producción literaria. Más de treinta años después de los hechos, Springora narra de forma lúcida y fulgurante esta historia de amor y perversión, y la ambigüedad de su propio consentimiento. Su maravillosa novela ha hecho, según el diario Le Monde, «arder Saint-Germain-desPrés»: el caso Matzneff cuestiona a la intelectualidad francesa y a una sociedad obnubilada por el talento y la celebridad.



2. Vergüenza, de Taslima Nasrin


NASRIN, Taslima (1995), Vergüenza. Trad. Aurora Echevarría Pérez. Ed. B. n.º pág. 365.

No es facil para el pueblo hindú vivir en Bangladesh, pero la familia Datta no quiere dejar esa tierra, que es tan suya cono la casa que habitan y los hijos que allí han nacido y crecido. La situación se agrava cuando el 6 de diciembre de 1992 un grupo de fanáticos hindúes destruye una mezquita dedicada al culto de religión islámica en india. Desde entonces Bangladesh se ha convertido en un infierno para la pequeña comunidad hindú que allí reside, victima de la cólera musulmana, y a la humillación se una la violencia mas gratuita e indiscriminada. Los datta serán los testigos tristemente privilegiados de esta pesadilla de terror, despojos de una guerra donde los hombres violan y matan en nombre de Dios, dejando tras ellos un mundo herido que siente vergüenza y tarde o temprano pedirá venganza.

Esta novela -que despertó las iras de los integristas islámicos y ha sido el motivo del encarcelamiento, persecución, exilio y condena de muerte de Taslima Nasrin- es, desde la narrativa y la antropología, un documento de denuncia contra todo fanatismo. Su voz ha llegado lejos y nos ha demostrado que aun hoy es posible pedir al mundo que oiga la palabra de los justos.



3. Porque las mujeres salvarán el planeta, de varias autoras

 

VV. AA. (2019), Porque las mujeres salvarán el planeta. Trad. Víctor Sabaté. Ed. Rayo Verde Editorial. n.º pág. 218.

Este libro pretende responder afirmativamente a preguntas relacionadas con cuestiones de género y medioambientales a través de ensayos y entrevistas que no sólo quieren provocar una reflexión, sino también una acción colectiva para cambiarlo todo.



4. Pan de ángeles, de Patti Smith

 

SMITH, Patti (2025), Pan de ángeles. Trad. Ana Mata Buil. Ed. Lumen. n.º pág. 296.

Dios susurra a través de una arruga en el papel pintado”, escribe Patti Smith en estas extraordinarias memorias en las que, desde su primer recuerdo hasta sus actuales inquietudes, teje un inolvidable relato de una vida consagrada a la belleza, la música, la poesía y el amor.

Nacida en el seno de una familia de clase trabajadora poco después de la Segunda Guerra Mundial, su infancia dickensiana transcurre entre desahucios y enfermedades, alternados con juegos y libros de cuentos que le abrirán las puertas de un mundo lleno de magia y sueños de libertad. Pronto descubre en Arthur Rimbaud y Bob Dylan los modelos para sus propios poemas y canciones, y en Nueva York, un nuevo territorio artístico donde formar una banda y componer discos tan legendarios como Horses y Because the Night. Amor y familia, pérdida y reconstrucción y, siempre, la escritura serán las constantes de una trayectoria vital impulsada por la libertad artística y el poder de la imaginación para transformar lo cotidiano en sagrado, lo común en mágico y el dolor en esperanza.



5. Valquirias Rojas, de Kristen Ghodsee

 

GHODSEE, Kristen (2025), Valquirias Rojas. Trad. Carmen Alonso Menéndez. Ed. Verso. Manifest Llibres. n.º pág. 226.

A través de una serie de ensayos biográficos críticos, Valquirias rojas explora la historia del feminismo socialista. Con rigurosidad y precisión, la reconocida historiadora Kristen Ghodsee examina las carreras revolucionarias de cinco mujeres socialistas destacadas en la Unión Soviética y Bulgaria. Ellas son la política bolchevique Alexandra Kollontai, la pedagoga radical Nadezhda Krupskaya, la apasionada escritora francesa Inessa Armand, la letal francotiradora Lyudmila Pavlichenko y la partisana convertida en científica y activista mundial por los derechos de las mujeres Elena Lagadinova. Ghodsee da cuenta de los desafíos a los que se enfrentaron las mujeres en la transición hacia el comunismo. Ninguna de ellas era una izquierdista perfecta: sus vidas estaban llenas de conflictos internos, contradicciones y a veces escandalosos privilegios, y, aun así, lograron avanzar en sus propios proyectos políticos a través de la perseverancia y dedicación a la causa revolucionaria. Caminando en todo momento sobre la fina línea entre la necesidad de alcanzar la solidaridad de clase y el deseo de forzar a sus colegas a tomarse en serio los problemas de las mujeres, estas cinco referentes buscaron soluciones ingeniosas para su tiempo y nos dejan lecciones relevantes para las militantes de izquierdas, para las feministas, para los hombres y para cualquiera a quien le interese las alternativas a un mundo misógino, capitalista e individualista. Imprescindible.




No puedo obviar el adiós a Susan George y volver a recomendar todas sus obras, a las que sin dedicarse en exclusiva al feminismo, no dejo de adjuntar una perspectiva feminista al estudio y análisis de la sociedad actual.

 

miércoles, 25 de febrero de 2026

Obituario Susan George. Pensadora, activista, ejemplo y dignidad

  

El pasado 14 de febrero fallecía a los 91 años, en su residencia de París y rodeada por su familia, la filósofa y activista Susan George.

Valgan estas pocas palabras, juntadas a prisa y corriendo, como un homenaje sentido, de gratitud y recuerdo para una de las grandes pensadoras, en femenino y sin atender a géneros, del siglo XX y el primer cuarto del XXI.

Susan George ha sido un constante ejemplo de reflexión y crítica socio-política que ha transmitido con una enorme pasión y atino en su multitud de artículos, ensayos y conferencias, y especialmente a través de una prosa lúcida y fluida plasmada en casi una veintena de obras de politología, sociología, filosofía y feminismo.

Particularmente, llegué a Susan George en los 2006 y 2007 a través de varias referencias que me llegaron por estar vinculado a Monde Diplomatique y a ATTAC. Y sin duda, El Pensamiento Secuestrado (2007) y El Informe Lugano (2001) que se convirtieron en obras de consulta y de pilares para construir mi propio pensamiento. En ambas obras, así como en otras muchas de su extensa bibliografía, Susan George ejecuta un análisis crítico del neoliberalismo y del capitalismo ultraliberal, con una forma de escribir muy incisiva, muy directa en presentar los hechos, con el trabajo previo de contextualizarlos. Los argumentos se solidifican basándose en el periodismo, en la Historia y en la lectura calmada y compartimentada de las estadísticas, las causas y consecuencias de las políticas de extremo “liberalismo” de los últimos 50 años.

Temas como la desigualdad, el imperialismo y el neo-imperialismo americano, la globalización, el desarrollo humano, las derivadas de las intervenciones políticas y económicas en las comunidades, los individuos, en las culturas o en el medio ambiente se muestran tal y como son. Se convierten en denuncia y van más allá: al planteamiento de alternativas, reales y factibles, la primera de ellas la toma de conciencia colectiva de la humanidad en favor de los derechos humanos.

En El Informe Lugano, Susan George examina el impacto del neoliberalismo en la economía global y sus efectos devastadores en las comunidades vulnerables. Particularmente estimulante resulta su consulta y el dar voz a los pueblos indígenas de América Latina y poner el foco en las consecuencias sociales sobre la salud de las personas, en especial de las mujeres y también de las consecuencias medioambientales. Uno de los temas centrales es el cuestionamiento del modelo de desarrollo impuesto por instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. George argumenta que estas entidades, lejos de ser agentes de progreso, han perpetuado ciclos de pobreza y dependencia en muchos países en desarrollo. Este enfoque crítico no solo resalta la falta de eficacia de ciertas políticas económicas, sino que también invita a una reflexión profunda sobre la justicia social y la necesidad de alternativas viables al capitalismo desenfrenado.

Por su parte, en El Pensamiento Secuestrado, Susan George profundiza en la manipulación del pensamiento crítico en las sociedades contemporáneas. La autora sostiene que las élites políticas y económicas han logrado dominar el discurso público, limitando así las posibilidades de un debate genuino sobre alternativas al modelo neoliberal. Este secuestro del pensamiento no solo afecta a la política, sino que también influye en la forma en que se perciben realidades como la desigualdad, la pobreza o el cambio climático. Al poner de relieve esta problemática, George invita a los lectores a tomar conciencia de la importancia de cuestionar las narrativas dominantes y a involucrarse activamente en la construcción de un futuro más justo.

Ambas obras comparten la premisa de que el cambio es posible, pero enfatizan que requiere un esfuerzo colectivo y un cambio de mentalidad. Susan George, como siempre a lo largo de su vida y su carrera, no se limita a establecer una critica, por supuesto acertada y reveladora; también plantea la urgencia de desarrollar un pensamiento crítico que permita a las sociedades resistir y reinventar el modelo hegemónico actual. En este sentido, su trabajo se convierte en un llamado a la acción, instando a las personas a no convertirse en meras espectadoras de su realidad, sino a participar activamente en la creación de nuevas formas de vida social y económica.

La profundidad de la obra de Susan George radica en su capacidad para conectar lo macroeconómico con lo micro-social. Por ejemplo, al analizar las políticas neoliberales desde la perspectiva de los afectados, logra humanizar estadísticas frías y demostrar cómo estas medidas impactan directamente en la vida cotidiana de las personas. Su enfoque empático es un recordatorio de que detrás de cada cifra hay historias, luchas y esperanzas. Hay vidas humanas que hay que dignificar y respetar.

En conclusión, Susan George, a través de su aguda crítica y su enfoque inclusivo, no solo ilumina las sombras del neoliberalismo, sino que también ofrece una plataforma para repensar las estructuras sociales actuales. Sus obras son un recurso invaluable para cualquier profesional interesado en comprender las dinámicas del poder y la lucha por un mundo más equitativo.


Susan George, reconocida intelectual y activista estadounidense, ha dejado un legado imborrable en el campo de la crítica social y económica. Su vida estuvo marcada por un compromiso inquebrantable con las causas sociales y una profunda indignación ante las injusticias del mundo. Su obra trascendió el ámbito académico y se convirtió en una poderosa herramienta de cambio. Su enfoque accesible y provocador no solo iluminó los problemas globales, sino que también inspiró a múltiples generaciones a involucrarse en la lucha por un mundo más justo.

Pero no sólo se quedo ahí. En el análisis académico o en la publicación literaria, sino que además su indignación se hizo carne. Se convirtió en lucha y participación en movimientos sociales y foros internacionales, posicionándola como una voz respetada y escuchada en debates cruciales sobre el desarrollo y el neoliberalismo. Sus planteamientos brillantes tomaron constancia de la realidad y su impulso fue el de la propuesta de alterantivas reales y tangibles. La capacidad de Susan George para combinar teoría y práctica hizo que sus ideas resonaran en distintos contextos, convirtiéndola en una figura fundamental en la discusión contemporánea sobre justicia social.

Aunque su partida deja un vacío significativo en el ámbito de la crítica social, el impacto de su trabajo perdurará. Susan George nos enseñó que la crítica es un acto propio de la realidad humana, y que además, es un deber intransferible en el afán por mejorar la vida y el futuro de todas las personas. Su legado invita a reflexionar y actuar, recordándonos que la lucha por la equidad y por la justicia continúa.

martes, 17 de febrero de 2026

A Boy Named Sue

 

La música siempre ha sido un medio poderoso para expresar emociones, contar historias y explorar temas sociales. Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta triple capacidad se encuentra en "A Boy Named Sue", una canción escrita por el poeta y cantautor Shel Silverstein e interpretada magistralmente por Johnny Cash. La canción fue lanzada en 1969, dentro del emblemático recital que Cash dio en la prisión estatal de San Quintin (California), donde la estrenó. El concierto, no sólo era un regalo y oportunidad para los reclusos, sino que fue televisado en directo para todos Estados Unidos y Reino Unido, en un hecho que visto hoy en día, nos parecería alucinante. A Boy Named Sue no solo se destaca por su narrativa intrigante y humorística, sino que también ofrece un contexto cultural que merece ser examinado en profundidad.

La letra de "A Boy Named Sue" cuenta la historia de un hombre que, desde su infancia, ha llevado el peso de un nombre inusual; el nombre de una chica. Esto le provoca una serie de eventos que moldean su carácter y su vida. El protagonista relata cómo su padre, al nombrarlo Sue, lo dejó en una desventaja social, enfrentándose al desprecio y la burla de sus compañeros, ya fueran chicos o chicas. Esta situación genera en él un profundo resentimiento hacia su padre, quien se alejó de la familia, dejando al joven a luchar por su identidad en un mundo hostil.

Desde una perspectiva literaria, la canción se estructura como una narrativa en primera persona con un enfoque claro en el desarrollo del personaje. Cash interpreta, con la maestría y el talento que tenía, al narrador y, el oyente puede percibir las crudas emociones que atraviesan su vida; desde la frustración de ser objeto de burlas hasta la ira acumulada por la ausencia paterna. Johnny Cash tomó la decisión de interpretar la canción en un tono cómico a pesar del trasfondo serio resalta su habilidad para mezclar humor y tragedia, una característica distintiva de su estilo musical.

El contexto sociocultural de finales de los años 60 es fundamental para entender la resonancia de la canción. Esta era estuvo marcada por movimientos de contracultura, cuestionamientos de normas sociales, gracias en buena medida al crecimiento del feminismo, lo que llevó a una redefinición de la masculinidad. En un tiempo donde la imagen del hombre fuerte y autosuficiente predominaba, y era frecuentemente loada y exhibida por el Western y otras acepciones culturales, la vulnerabilidad del protagonista de "A Boy Named Sue" desafía este estereotipo. Hacerlo a través de la música country tan ligada a ese espíritu de hombre fuerte, insensible y rudo una muestra más del atrevimiento de Cash. La lucha del personaje con su identidad y su eventual confrontación con su padre simboliza un viaje de autodescubrimiento y reivindicación personal, que puede ser visto como un reflejo de las tensiones sociales de aquella época.

La confrontación entre el narrador y su padre, donde finalmente se encuentran, es la parte central de la trama. Este momento no solo ofrece una resolución a la historia, sino que también provoca una reflexión sobre los lazos familiares y el impacto de las decisiones parentales en la vida de los hijos. La violencia en su encuentro puede interpretarse como una metáfora de cómo las heridas emocionales pueden llevar a la agresión física, subrayando el ciclo de dolor y sufrimiento que puede perpetuarse entre generaciones.

Por lo tanto, "A Boy Named Sue" es mucho más que una simple balada; es una obra que encapsula una experiencia humana universal: la búsqueda de identidad y la confrontación con el pasado. Johnny Cash logra, a través de su interpretación apasionada y auténtica, conectar con la audiencia que ha sentido el peso del nombre que llevan o las expectativas impuestas por la sociedad. Y de este modo hacerla reflexionar. Así, la canción gana atemporalidad, mantiene vigencia y sigue siendo relevante, recordándonos la importancia de aceptar nuestras diferencias y entender la complejidad de nuestras relaciones familiares.

En conclusión, "A Boy Named Sue" es un testimonio del ingenio lírico de Shel Silverstein y la maestría interpretativa de Johnny Cash. La mítica voz grave del de Arkansas, con su juego en tonos y énfasis le concede una riqueza que la convierte en imperecedera. Su análisis revela no solo una historia conmovedora, sino también un espejo de las dinámicas sociales y culturales de su tiempo, resonando con aquellos que buscan encontrar su propio lugar en el mundo a pesar de los desafíos que puedan enfrentar.

sábado, 14 de febrero de 2026

Por la enésima Unión de la Izquierda

  

La semana comenzó con el nuevo mínimo y chasco de la izquierda tras las elecciones de Aragón, adelantadas casi dos años por la incompetencia y el tacticismo de las ultra derechas, tan incapacitadas para ponerse de acuerdo como las propias izquierdas. Mientras PP y Vox se reparten los dineros y cientos de miles de aragonesas y aragoneses van a vivir peor, el psoe se lamía sus propias heridas, y la Izquierda clamaba, fundamentalmente a través de algunos medios y de sus bases electorales, por una unión de fuerzas que sume ante tanto descalabro. Como respuesta, aunque evidentemente con muchos meses de trabajo previo, dos iniciativas parecen empezar a poner cimientos en esa unidad de la izquierda.

Por un lado, los partidos que forman parte del conglomerado Sumar se citan para el sábado 21 de febrero para presentar la nueva plataforma electoral que debe conformarse para disputar cada escaño circunscripción por circunscripción. La idea añadir a más partidos y personas, en especial y en primer término las fuerzas de Adelante Andalucía, pero sin olvidar a Compromís o a las izquierdas Canarias. Con Podemos se puede esperar poco o nada, dada la enemistad abierta entre unos y otros, y el cerrojazo que se han impuesto para fastidio de todos los demás.

Por el otro, el anuncio del diputado de Esquerra Republicana, Gabriel Rufián de sentarse en una charla con un miembro de Más Madrid, ha abierto la perspectiva a un acuerdo interestatal de las izquierdas, sobre el que se intuía que Rufián y su equipo estaban trabajando y que aparece ya en el horizonte. Este nuevo Frente Popular recogería el testigo del proclamado hace 90 años durante la II República, y contemplaría la suma de las fuerzas independentistas y de izquierdas de Euskadi (EH Bildú), de Galicia (BNG) y de la propia Catalunya.

No por menos célebre y comentada, la famosa escena de la “Asamblea de lzquierda” en Judea de la película La Vida de Brian viene al pelo para ilustrar la situación actual de la Izquierda a la izquierda del PSOE (es decir, La IZQUIERDA). La genialidad de los Monty Python se ríe entre otras cosas, de la falta de sentido y de perspectiva de los dirigentes y cuadros de la izquierda. Y a la vez denuncian la sinrazón de comportamientos que en lugar de construir alternativas para la gente, se empeñan en destruirlas, y destruirse, para regocijo de las élites y desesperación del lumpen.

Parece mentira, y más con todo lo que está sucediendo en estos años, pero en julio se cumplirán 8 años de la Moción de Censura que sacó el inútil, corrupto y fascista Mariano Rajoy del gobierno. Parece irreal, pero Pedro Sánchez y el PSOE van a cumplir 8 años como Presidente del Gobierno (de hecho, se va a convertir en el segundo presidente más duradero de toda la Historia). En aquel momento, y antes, ante las elecciones Generales de 2015, distintos partidos y personalidades políticas y mediáticas se pusieron de acuerdo para crear una serie de alianzas electorales y confluencias, que pudieran “sumar” y con ello, “multiplicar”, el apoyo electoral.

Sin embargo, este apoyo electoral ha ido sufriendo una continua laminación, tanto interna como externa, que han impedido la construcción de un espacio político de izquierdas. De manera lógica, e inmediata, si hacemos la siempre tan necesaria auto-crítica de la izquierda, el desgaste político y comunicativo por estar en el gobierno podría explicar buena parte de esta pérdida de apoyos. No puede obviarse en esa línea, la dificultad titánica de acercar al PSOE y a Sánchez a “la izquierda”, teniendo que lidiar con todas las contradicciones, incoherencias, cuando no directamente traiciones. Esto es claramente visible en muchos aspectos como la vivienda, el trabajo, la lucha contra el cambio climático, o los derechos de los consumidores.

Desde luego, tampoco ayuda el contexto internacional con una ola de ultraderecha exacerbada que acicala la deriva ultra liberal e individualista que asola el mundo. Mientras las incertidumbres de la existencia se apuntalan ante las diferentes y continuadas crisis, que nos llevan hacia una crisis sistémica, y por ende, hacia un momento de cambio y catarsis, que no tiene porque ser positivo para el común, o para la mayoría, se han fortalecido todos los discursos de odio y afirmación identitaria frente al diferente, sin discutirse en ningún momento, ni la pervivencia del capitalismo depredador, ni la creciente desigualdad económica. Si, tú también, jovencito confuso con chaleco acolchado y sudadera de símbolos fascistas, también eres y vas a a ser “un muerto de hambre” cuando menos, si no antes, “carne de cañón”.

Ya he contado por aquí, que este trabajo ya estaba hecho de antes, que Izquierda Unida ya era un partido que es una confluencia de partidos y asambleas ciudadanas de izquierdas, que buscaba precisamente eso, lograr un partido que representase a las masas trabajadoras, y todas sus inquietudes (obreras, medioambientales, en igualdad, democráticas, territoriales, anti-fascistas, etc.), con la suficiente fuerza como para constituirse como un agente de cambio y revolución.

En algún momento, alguien decidió que lo que venía proponiendo con relativo éxito, y sobretodo, con convencimiento y coherencia, Izquierda Unida, era demasiado rompedor para el Régimen del 78. Y desde entonces, toda iniciativa, venida desde arriba, defendida como de izquierdas, se queda extremadamente corta frente a los planteamientos rompedores de IU. Por eso, parece que habría que construirlo todo de nuevo, y encima hacerlo, con una muchedumbre individualizada de opiniones, sesgos, cuitas, expectativas y experiencias.

El individualismo y como consecuencia natural del mismo, el “fracturalismo”, alimentan las tendencias que rompen los acuerdos y espacios comunes de pensamiento y acción, no son monopolios de la izquierda. Ni siquiera de la española. Toda organización, toda jerarquía y todo proyecto son susceptibles de quebrarse y dividirse. De fraccionarse en múltiples cabezas o taifas donde las diferencias, a veces únicas, insignificantes o intrascendentes, se magnifican para justificar la ruptura y emancipación, mientras que aquello que nos une, que suele ser lo más importante y significativo (el programa, el enemigo común, la emergencia de la coyuntura) son relegados y no tenidos en cuenta porque garantizan la unión y la coherencia de los trabajos comunes. La comparación de ser “cabeza de ratón”, en vez de “cola de león”.

Este es el gran drama de la izquierda, pero como digo, no exclusivo. De hecho, si pese a todo, todavía puede haber partido, es porque la derecha ha implosionado, y la emergencia, parece sin techo de la ultraderecha en Vox, ha roto por un lado el voto hegemónico de la derecha española en el PP (salvo, de momento en Madrid), y también impide de facto acuerdos de investidura y trascendencia con las derechas de la periferia del estado en Catalunya o Euskadi. Por lo menos, de momento, porque tampoco sería inteligente fiarse a la voluntad de a quienes sólo les preocupa el dinero.

Porque además tienen memoria y experiencia de haberse unido cuando la amenaza de la revolución aparecía. Las clases dirigentes, las élites, no van a permitir un fraccionamiento interno que les limite y ponga en peligro, este sistema de democracia simulada que no atenta, es más garantiza, sus privilegios. Con una llamada de un poderoso bastará para exigir el orden a toda la caterva de la derecha (extrema, ultra, económica, neoliberal, católica, clerical, mediática o militar). Tiempo al tiempo.

Por eso mismo, es tan necesario, urgente y beneficioso cualquier trabajo que vaya en la dirección de aunar proyectos políticos que en su vertiente electoral y mediática, construyan discursos únicos y reconocibles. Crear candidaturas de izquierdas que den la batalla y el partido. Además y de propina, daría fuerza para tratar de acercar al PSOE algo más a la izquierda, y aunque sea desde el pacto y la concesión, y dentro de las estructuras liberales, hacer políticas que acaben con la desigualdad y garanticen la libertad y la dignidad de todas las personas.

Desde luego, la tarea empezada por Rufián y por quienes estén trabajando para crear esa Unión de las Izquierdas, y esa alternativa al estado de las cosas, es colosal y llena de tremendas dificultades. La primera de ellas las ambiciones personales de quienes llevan ya demasiados años copando los micrófonos, los altavoces, las plumas, los parlamentos y las direcciones de los partidos.

Si bien este trabajo por un nuevo Frente Popular que impida que la ultraderecha nos arrase, ha surgido desde arriba, desde la élite de los partidos, no es menos cierto, que sigue siendo un reclamo y una exigencia de las bases electorales y trabajadoras. Qué llevamos muchos años pidiendo que se pongan de acuerdo. Qué se aparten y se retiren quienes no estén por la labor, o quienes crean que son más importantes que la suma de todos. Mientras para estos empotrados en las gerencias son mucho más importantes la conformación de listas electorales, y desde ahí, ponen palos en las ruedas y zancadillas a los procesos políticos y asamblearios de confluencia, para los militantes y simpatizantes son mucho más trascendentes los acuerdos para el día después. Es decir, acuerdos sólidos y ya firmados, que incluyan los organigramas y distribuciones. Las órganos de rendición de cuentas, y los mandatos cerrados a un único ciclo electoral.

Otro punto fundamental es el compromiso de generar partido más allá del parlamento y mucho más allá de la convocatoria de elecciones. Hacer militancia de base, volver a las calles y a los conflictos, en el trabajo y en los centros de estudios. En los ayuntamientos y en los barrios. Algo que nunca quiso construir Podemos y de lo que Sumar abiertamente ha renegado, pero que se demuestran tan necesarios para la ciudadanía, como imprescindibles para un momento social en el que, aunque no lo veáis, hay muchísimas protestas, muchísimos colectivos que se sienten, todavía hoy, indignados y que tienen la fuerza para luchar por cambiar sus condiciones. Es básico escuchar y acompañarlos, al mismo tiempo, que se abren sinergías y estructuras capaces de aunar las reclamaciones, y esa indignación, para cambiar todas las cosas. En esto entra, por supuesto el programa, porque aunque hay alguna que otra diferencia entre lo que dicen Podemos, IU, ERC, Bildu, o cualquier partido o asociación que se sume, al final se comparten muchos planteamientos, muchos análisis de causas, desarrollos y consecuencias, y casi todas las propuestas que hacen o pretenden conseguir, una vida y un futuro mejor para cuantas más personas, mejor.

Por todo esto, no puede uno estar más ilusionado por los planteamientos que vuelven a buscar la Unidad de la Izquierda, y con ella, las ganas por construir una alternativa a tanto fascismo, a tanto ultra-liberalismo y a un mundo, y un país, que se van desquiciando por momentos.

 

Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

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