lunes, 19 de octubre de 2026

La coyuntura francesa


 

Consecuencia política directa de las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2024 fue la convocatoria de elecciones legislativas en Francia para agosto de ese año. El presidente de la República, el tecnócrata y liberal Enmanuel Macron se veía empujado a una adelanto electoral en la cámara de representantes debido al nefasto resultado que su coalición obtuvo en la votación europea y al auge de la extrema derecha en aquellos comicios, mientras un estado de perenne ingobernabilidad en Francia le empujaban a buscar una nueva mayoría legislativa que reaccionara en su figura, a través de una coalición de urgencia entre conservadores y liberales y el apoyo puntual de los socialistas. Sin embargo, el resultado de las legislativas mientras el país vivía el furor de los Juegos Olímpicos de París 2024, fue la victoria de la coalición de izquierdas de la Francia Insumisa que paró en seco el crecimiento electoral y favorable de la extrema derecha y dificultó aún más, la consecución de mayorías operativas en la Asamblea Nacional.

Una vez más, la cultura política de las militancias de izquierdas en Francia volvió a mostrar cuáles son los caminos a realizar y dónde están las prioridades cuando están en peligro los valores democráticos, la identidad nacional, así como la salud de la civilización moderna y los valores republicanos. Con aquella votación se paró, al menos momentáneamente el auge de la extrema derecha en Europa, garantizando de paso un respiro a la integridad y la construcción de una Europa común que se enfrente a los retos del Mundo Actual, y en especial, a las agresiones y a la violenta hegemonía de Estados Unidos en su enfrentamiento geoestratégico frente a Rusia y China.

Evidentemente estos dos años no han servido para facilitar una estabilidad política en la República. Los primeros ministros designados por Macron van durando menos que un respiro y el enfrentamiento entre Presidente de la República, una cámara de izquierdas, y una sociedad civil empoderada y muy atenta a lo que se decide en el Eliseo y en la Asamblea Nacional auguran una conflictividad social cada vez mayor, mientras que la extrema derecha espera paciente sacar réditos políticos en las próximas elecciones de 2027 a la Presidencia de la República. No lo olvidemos.

El fracaso del neoliberalismo, como ideología y por desgracia, como práctica política y económica nos han traído el auge de una extrema derecha desatada, auspiciada por las propias élites en su búsqueda de perpetuarse en la hegemonía. Mientras la sociedad está cada vez más fragmentada en múltiples aspectos, desde lo político donde la polarización de una extrema derecha crecida ha tratado de arrastrar todos los sentimientos e ideales hacia una defensa centrista de mínimos, hasta también lo económico y social, donde la desigualdad económica creciente, la crisis de vivienda, la precariedad del trabajo o el fracaso de unos servicios públicos entregados al capital y que han dejado de ser garantes de la igualdad y el bienestar, están rompiendo o han roto ya los pactos sociales y la propia convivencia.

Antes de las elecciones legislativas de 2024 Macron ya había dejado claras sus prioridades. El que fuera ministro de economía con el socialista Hollande, había abandonado el partido y el gobierno para impulsar su propio partido (En Marcha) para con una agenda claramente neoliberal y tecnócrata, bien recibida por las élites, los medios y los mercados, profundizar en la hegemonía neoliberal y económica sobre el discurso político y los valores republicanos y democráticos. Como repuesta fue recibiendo una cada vez mayor movilización social, con el movimiento de los chalecos amarillos (Gillets jeunne) de 2018 como punto de inflexión, y como descontento latente y trascendental que agrupaba en una serie de medidas, puntos ideológicos e identidades políticas extremas a derecha e izquierda. Hasta 2024, la pandemia de covid o los JJOO en casa “paralizaron” el motor reivindicativo, pero eso no quiere decir que se desactivarán y abandonarán las luchas, sino que se han reorganizado en torno a unos valores políticos y culturales de igualdad y justicia social.

Por lo tanto, estos dos años no ha parado la conflictividad social, y los continuos fracasos de Macron para poner en marcha sus medidas ultraliberales han dado alas a la Francia Insumisa, y también a las calles para clamar por una mejor democracia, por mayor igualdad y libertad, además de poner en cuestión la hegemonía del neoliberalismo en el discurso como hizo el movimiento Bloquons tout en septiembre del año pasado. En este contexto entran las actuales protestas estudiantiles que han inaugurado el curso escolar luchando y exigiendo unas mejores condiciones en los institutos y universidades públicas francesas, que al final quedan como única opción para los hijos de la clase trabajadora, mientras se articula con recursos públicos y caudal político, un sistema elitista que favorece una desigualdad social cada vez mayor. Señalar que en España en Madrid y la Comunitat Valenciana el curso escolar también ha empezado con protestas de estudiantes, familias y profesores por la educación neoliberal practicada en estas comunidades. Como están defendiendo desde las asambleas estudiantiles en Francia: “dinero para los institutos y no para la guerra”, puesto que Macron va por el cuarto presupuesto nacional donde el gasto militar crece y se protege, frente a partidas sociales cada vez más reducidas y exenciones fiscales más beneficiosas para las élites.

La extrema violencia de la respuesta policial y gubernamental frente a las protestas, no siempre pacificas, de los estudiantes frente a los institutos han vuelto a poner el foco por un lado en la legitimidad de la violencia del poder, y en si es lícito y fundamentalmente, ético usar a las policías para no escuchar la voz de los que piden más profesores, mejores instalaciones y más recursos para la educación pública. Sobre todo cuando son chavales de los barrios donde habita la población de origen migrante. Por el otro lado y como reacción, las distintas luchas y sensibilidades que cruzan a la población civil francesa se han levantado en solidaridad con los estudiantes y ejercido una confluencia de protestas y malestar social.

Este fin de semana ha sido el de una movilización histórica en Francia. Una puesta en común de las reivindicaciones de diversos colectivos, donde se mezclan lo urbano y lo rural, lo material con los derechos, y con un fuerte componente intergeneracional de quienes han comprendido la necesidad de trabajar en frentes comunes que puedan discutir las imposiciones de las élites. Las manifestaciones del sábado y el domingo han cruzado el país de Norte a Sur y de Este a Oeste, haciéndose sentir, de manera más intensa, en las grandes ciudades del estado francés. Y si, la violencia ha aparecido. Hay miles de detenidos, cientos de heridos de diversa consideración y millones de euros en daños y pérdida económica por un fin de semana con el país parado. Ha ardido, y es una pérdida lamentable, el histórico edificio del Ayuntamiento de Limoges, pero nunca se sabrá quién ha provocado toda esta violencia y por qué: Los propios militantes de las izquierdas, los jóvenes o los chalecos amarillos. O han sido las policías, infiltradas en los movimientos, reventadores profesionales, o los propios anti-disturbios. O quizás hayan sido grupúsculos de derechas que aprovechan la algarabía para hacer daño a su principal opositor político y social. Puede que incluso hasta grupos criminales hayan aprovechado para hacer su labor. Sin embargo, la estrategia está clara: criminalizar la protesta, no los saqueos o cargas, para deslegitimar la lucha, tratándola como radical, aunque en el poso de las reivindicaciones y manifestaciones esté que se mantengan y refuercen los pactos sociales que las élites han roto unilateralmente.

En cualquier caso, y lamentando estas imágenes y estos destrozos que no suelen ayudar a las causas justas, lo cierto es que el empoderamiento de la sociedad civil francesa, en sus distintas escalas y tipos (edades, orígenes, profesiones, sectores, entornos, etc.) es la muestra de un hartazgo colosal. Se habla de "radicales" cuando no se discute el radicalismo con el que la teoría neoliberal ha impuesto sus marcos y directrices. Nadie desde arriba asume que la situación en Francia, y en Europa y en todo el mundo es muy violenta, y que se debe a que en los últimos 40 años se han ido rompiendo sistemáticamente los pactos sociales, tácitos o no, que permitían un entorno social más justo y con un futuro más optimista para todas y todos en cuanto a bienestar y satisfacción personal y colectiva. Y esto lo han entendido todos los agentes sociales que tienen en la igualdad, la libertad y la fraternidad, los valores republicanos, y también en la identidad colectiva y la solidaridad, son fundamentos: la izquierda. Los sindicatos se han sumado sin imposiciones ni protagonismos en las luchas estudiantiles, y la sociedad civil, por lo demás atomizada y enfrentada artificialmente entre sí, se ha sumado y con ellos sus reivindicaciones y propuestas particulares para plantear en conjunto, un marco revolucionario que dé respuesta a la situación de colapso social, político, económico y cultural del neoliberalismo y el capitalismo desregulado.


Y es que la verdadera potencia de los movimientos en Francia está en que saben donde poner el acento de lo que está sucediendo, sin distraerse, ni equivocarse aunque fuera lo fácil, con la presión y la amenaza de la extrema derecha. La unidad frente al fascismo se supone, pero lo trascendente es señalar las políticas, las ideologías y los nombres, partidos, medios y empresas que abren las puertas al fascismo, mientras se desmontan los valores sociales que entre todos se habían construido. La lucha contra el desempleo, la precariedad laboral, el precio de la vivienda, la especulación, el deterioro de los servicios básicos como la salud, la educación públicas, la crisis ecológica y la crisis humanitaria provocadas por el cambio climático, o la emergencia de la situación internacional con genocidios en marcha y con un mayor autoritarismo y belicismo en las relaciones internacionales no han sido provocados por la izquierda, o el comunismo o el feminismo. Tampoco la laminación de los derechos de colectivos discriminados como las personas racionalizadas, las mujeres, los mayores, los niños o las personas LGTBi. Por ello, recalco, es importante poner el foco y la acusación en quienes han favorecido las situaciones injustas que estamos viviendo y la ruptura, en general, de los pactos sociales que habíamos asumido. El neoliberalismo no se puede ir de rositas.

Si bien Macron llegó al poder como una medida de emergencia ante un auge incontrolado de la extrema derecha y una V República en crisis, va a acabar su era con un país completamente soliviantado, con el centro del discurso político entregado de facto a esa extrema derecha y con una conflictividad social enorme donde se pone la violencia policial contra el pueblo como respuesta institucional. No se asumen las responsabilidades por acción directa u omisión interesada en la laminación de la convivencia y en el deterioro de las condiciones de vida de las clases trabajadoras. Y mientras las élites económicas y la derecha conservadora tradicional abraza al fascismo de Le Pen como su mejor baza para mantener el estatus que no es otro que la destrucción de todo el programa social francés. El resultado vendrá en las elecciones presidenciales de 2027, y si no antes, pueden derivar en la disolución de la República y en la construcción de un nuevo modelo social y político para Francia.

 

En clave española, no somos pocos los que vemos en estas movilizaciones en Francia y en una izquierda unida y combativa, bajo la Francia Insumisa y el sindicato CGT -que además son generosos y amparan a los colectivos que reclaman mayor justicia social-, el ejemplo de cómo trabajar y luchar por una mejora colectiva de nuestra vida, nuestro entorno y nuestro futuro. En todos los frentes que tenemos abiertos. Pero hay que ser conscientes de que “nuestro frente popular” ya estaba operativo. Ya ejercía un gobierno, que aunque en minoría, tenía recursos para haber ejecutado acciones en beneficio de la mayoría, y no tanto del capital y de sus propietarios. Y sin embargo, una vez más, hemos sido traicionados por la dirección del psoe y su entrega al neoliberalismo; mientras las élites de los partidos de la izquierda a la izquierda del psoe han quedado desubicadas y retratadas, incapaces de llegar a acuerdos para lanzar esa candidatura única e inclusiva, esa España Insumisa, o esa España Indignada, que diera cabida a todas las sensibilidades bajo un programa común anti-fascista y anti neoliberal.


Si las próximas elecciones generales del 29 noviembre en España no se saldan con un gobierno de ultraderecha será por la movilización de la gente de izquierdas, y lo conseguirá contra otras cosas, frente a la incapacidad y la deshonestidad de unas élites partidistas egoístas, parasitarias y mentirosas. Por eso, el ejemplo de lo que acontece en Francia es significativo para quienes pensamos que todavía no hemos salido de la crisis-estafa de 2007, ya que seguimos siendo las clases trabajadoras las que fuimos derrotadas, en especial en el proceso revolucionario entre 2011 y 2016, y por lo tanto, las que seguimos pagando las facturas y la destrucción de todo el tejido político, económico y social que se ha venido eliminando con el neoliberalismo los últimos 30 años.

 

lunes, 12 de octubre de 2026

Día de la Hispanidad: La herencia española, la Leyenda Negra y el revisionismo histórico


Primer desembarco de Cristóbal Colón en América, tomando posesión de la isla de San Salvador para la Corona de Castilla. Pintura de Dióscoro Puebla (Exposición Nacional de 1862, 1.ª Medalla) (1).

 

El 12 de octubre es el Día de la Hispanidad. En España es una fiesta por y para los fachas. Para los retrógrados de ayer y de hoy y de siempre. Para quienes se jactan de que la bandera, las instituciones, el ejército y las calles son suyas, de su exclusividad. Lo que les permite poder abuchear al presidente del gobierno o a quien les de la real gana. Como antes -y si pueden lo volverán a hacer-, “paseaban” a quienes no comulgaban con sus gustos, sus ruedas de molino y a quienes no cabían en sus estrechas mentes. Se monta en Madrid un desfile militar que no es otra cosa que una horterada, anacrónica, inútil y encima carísima, para que los gruppies de los soldaditos, la bandera y la cabra de la legión se sientan henchidos de orgullo patriotérico. El ejército, la monarquía (bueno no están muy contentos con el “pusilánime”) y las extremas derechas celebran la hispanidad, sin mayúscula, porque para estos individuos no se trata de una cultura a respetar y promover, sino de una opresión sobre los distintos. Los latino americanos solo quedan para serviles en el servicio domestico o en los puticlubs. El resto, quienes no pensamos como ellos y repudiamos este país cainita, imbécil y abochornado, no estamos invitados a la fiesta y sólo nos queda pagarla.

Porque para ellos sigue siendo el Día de la Raza. El día de la superioridad española que sustenta las opresiones a todos los demás y que merece ser jalonado de rojo y gualda. Banderita en la pulserita, en la cinta del retrovisor interior del coche de lujo alemán, en los tirantes, en el cinturón, en el sombrero. Alguna cruz de borgoña en mochilas militares o en polos. También aguiluchos perdidos y en definitiva, una serie de energúmenos idiotizados por los rebuznos de los todólogos de la incultura y la barbarie, convencidos de sus crímenes, sus corrupciones, sus miserias, inmoralidades, mentiras y aberraciones.

Sin embargo, en el resto del mundo hispano el 12 de octubre es un día distinto. Se trata de una fecha de conmemoración, sí, pero no de las supuestas virtudes del Imperio español (o mejor dicho castellano) sino más bien para poner en su sitio las tropelías que se hicieron durante la conquista y el mantenimiento del supuesto Imperio. En Argentina es el Día del Respeto a la diversidad cultural. En Bolivía el Día de la Descolonización. En Colombia el Día de la Diversidad étnica y cultural de la nación colombiana. En Costa Rica el Día de las Culturas. En Ecuador el Día de la interculturalidad y la Plurinacionalidad. En México es el Día de la Nación Pluricultural. Y en Venezuela es el Día de la Resistencia Indígena.

Evidentemente, tal pléyade de percepciones sobre el propio día del Descubrimiento de América merece un análisis sosegado y una relectura de lo acontecido en el pasado, con el ánimo de no verse intoxicado y avanzar hacia una relación entre las naciones, los estados, las etnias y los pueblos hispanos sana, justa, pacífica y placentera.

Por eso mismo para hacer honor a la Historia, a la verdad y para dar ejemplo voy a dejar plasmadas algunas verdades sobre unos cuantos típicos tópicos de la conquista de América, la manida Leyenda Negra y las tendencias historicistas actuales para revestir las crónicas de una supuesta magmanimidad para con los “indios” y sus territorios.

La re-escritura de la Historia siempre es necesaria y además se encuentra al acecho. Cualquier descubrimiento arqueológico o archivístico tiene la capacidad de poder poner en cuestión los dogmas históricos y culturales que se tienen sobre el pasado. Y en la actualidad esa re-escritura tiene un componente de veracidad y justicia histórica al poder hacerse completando los relatos al involucrar a quienes han estado ausentes de los mismos hasta ahora. Los estudios subalternos cuentan los hechos y experiencias de grupos y colectivos que habían estado silenciados en la construcción del saber histórico, porque directamente vivían en unas condiciones penosas, subyugados por unas élites que además escribían el relato histórico que nos ha llegado hasta hoy. Incorporar a las mujeres y a los grupos étnicos distintos al “hombre blanco occidental” nos permite construir una Historia total, con más preguntas y respuestas, y por lo tanto, más veraz.

Sin embargo, frente a estos ejercicios inclusivos del saber histórico, resuenan las relecturas sesgadas que insisten en sostener ideas sobre el pasado que sirvan para afianzar lo que pensamos y creemos hoy en día. Eric Hobsbawn definió estos procesos como "tradiciones inventadas", esto es, la combinación de hechos reales, con omisiones interesadas, la recopilación estratégica de datos y la construcción de narrativas emocionales. La finalidad no es tanto construir una historia nueva desde cero que se acomode a nuestro interes particular. Su fuerza radica en que es capaz de reconstruir el pasado y la forma de contarlo para satisfacer la construcción del presente. A parte de la selección interesada de fuentes, sin contraste de hechos y con descarte de aquellas crónicas y edictos que venían a denunciar y buscar mayor dignidad en el trato a los indígenas, lo peor de esta tendencia que inunda las redes y asalta incluso las librerías y algún que otro articulillo, es la reinterpretación de los hechos históricos con los ojos y condicionantes que tenemos hoy en día.

Por ello vamos con unos cuantos mitos a derribar:

  • "En el Imperio español no hubo genocidio". A ver, lo primero de todo. Genocidio es un término moderno acuñado por los aliados ante las barbaridades que el Tercer Reich alemán ejecutó antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Es decir, se trata de un concepto que define una destrucción intencional de un pueblo o un grupo étnico. Si bien se ha empleado para sucesos históricos anteriores (por ejemplo el genocidio armenio o las conquistas musulmanas sobre Asia Menor o la India) hay que partir que en el caso español y durante el siglo XVI y XVII no había una idea o un sistema de exterminio de las poblaciones indígenas. Pero esto no quiere decir que no hubiera un impacto colosal a nivel demográfico sobre estos pueblos. La muerte y desaparición de individuos y colectivos fue real y dramática. Se estima que en torno a unos 100 millones de personas fallecieron durante los casi 3 siglos de dominación imperial europea en centro América, el Caribe y América del Sur (América del Norte queda excluida porque tras la Independencia de Estados Unidos de América a partir de 1776 se dieron otros acontecimientos concretos de ocupación y exterminio de los pueblos nativos). Estos 100 millones de habitantes supondrían entre un 85 y un 90% del total de la población indígena. Como digo no hubo un plan sistemático de eliminación de pueblos indígenas en los dominios de la Corona de Castilla y luego de la España Imperial, básicamente porque necesitaban a estas personas como mano de obra en los trabajos más duros. Los españoles movieron y cambiaron a las poblaciones a su antojo provocando la expansión de epidemias, lo que unido a crisis de alimentación y a la penosidad de los trabajos más duros a los que obligaban a los indígenas hizo que aumentará su morbilidad y mortalidad. Los misioneros, franciscanos o dominicos, sabían de esto mientras evangelizaban y aculturalizaban a los indígenas y dejaron constancia en sus testimonios y crónicas. Pero las reducciones, como se conocían estos movimientos forzados de población, continuaron hasta finales del siglo XVIII pese a los intentos de la Corona de otorgar un mejor trato a las poblaciones aborígenes. Al final el interes económico y de extracción de recursos prevalecía a las misiones moralizantes o civilizatorias.
 
  • "Los indígenas eran tratados muy bien y tenían consideración como españoles". Para empezar a uno de Teruel o a uno de Badajoz no los ponían forzadamente a extraer carbón de León o a hacer leña de los bosques murcianos para fabricar galeones. Se promulgaron leyes para proteger a los indios, sobretodo a partir de 1542 (Leyes Nuevas), con el fin de acabar con medio siglo de abusos como atestiguan las crónicas y los propios edictos hechos por la Corona. Sin embargo, estas normativas que buscaban preservar la dignidad de los indígenas fueron ignoradas constantemente y no pudieron impedir la esclavitud de las comunidades nativas, tanto por razones económicas (extracción de recursos, construcción de caminos, minas, plantaciones, etc.) como por causas de guerra y hostilidad hacia el aculturamiento (doctrina de la Guerra Justa). Si instituciones como la encomienda permitieron la disposición de los indígenas como mano de obra, otras como la Inquisición permitió favorecer una continuidad con el entramado social que quedaba en Castilla y formaron parte de la aculturización de las poblaciones nativas. Por lo tanto, considerar que los indígenas tuvieron una consideración similar a la de los españoles, tanto en la península o como los colonos, es poco menos que un reduccionismo.

    En general, me resulta muy curioso ver hoy como quienes lanzan estas ideas para salvaguardar su orgullo por el Imperialismo español, son los mismos que se niegan a garantizar unos derechos y una dignidad para los inmigrantes en especial los latinoamericanos. Se llenan la boca con la Escuela de Salamanca y la "magnanimidad" de la conquista por parte de la Iglesia y la Corona castellanas, pero al mismo tiempo, nos hablan de una "invasión", un "recambio cultural" y de la necesidad de una "prioridad nacional". Es todo tan burdo e incoherente que da miedo comprobar que millones de personas compren relatos tan inmorales y nefastos. De hecho, lo más fuerte de todo es que hoy se apropian para su privado beneficio de la Escuela de Salamanca, de los escritos de Francisco de Vitoria y de los alegatos durante la Junta de Valladolid de Bartolome de las Casas para loar al santo Imperio español para con los indígenas, cuando la realidad de todo el proceso es que quienes hoy tratan de limpiar la conciencia del Imperio, se habrían puesto en el bando de Ginés de Sepúlveda para no considerar "al indio como un cristiano", fundamentalmente, porque había mucha plata en juego.
 
  • "No eran colonias". Definición de colonia: "Territorio dominado y administrado por una potencia extranjera". Que los castellanos llamaran a sus territorios virreinatos o ya a finales del XIX provincias, no los hizo menos colonias. Su estatus jurídico era el de colonia. Y en el sentir español los territorios de ultramar eran referidos, tanto en la lengua escrita como hablada, como colonias. Solo basta con revisitar la literatura del Siglo de Oro en adelante. El objetivo del viaje de Colón era establecer una ruta alternativa, exclusiva para la Corona de Castilla, sobre el comercio de especias de Oriente. Al llegar a América y descubrir que allí había un continente nuevo, sin explotación europea mediante, los administradores de la Corona decidieron la extracción de recursos desde esos nuevos territorios descubiertos, las colonias, a la metropolí, de América a Castilla (posteriormente España).
 
  • "Pero los españoles civilizaban, los ingleses exterminaban". Para empezar qué es civilizar. Acaso los indígenas no tenían culturas propias, con estructuras sociales complejas, con un arte y un urbanismo propios, con lenguaje escrito y con una serie de comunidades autosuficientes. Nos pueden gustar o no sus culturas, parecernos más salvajes o menos, pero si se trataba de imponer la fe en la cruz para evitar que se matasen a machetazos de obsidiana, y sin embargo, lo que se hacía era perseguir y erradicar a los que se negaban no estabas vendiendo muy bien esa fe, no. Bueno en realidad para no ser unos xenófobos de mierda mejor respetar a otras personas por su cultura o identidad. Pero eso da para otro tema.

    Pero es que esta idea preconcebida parte de dos mentiras. La primera de ellas es que la comparación con el Imperio británico no da lugar, porque la escasa y dispersa población indígena que los ingleses y los franceses encontraron en Norte América impide construir una comparativa que sea justa y sobretodo, ilustrativa sobre el trato a las poblaciones nativas. Además, en esta idea se elude el hecho de que mientras en Castilla se discutía sobre “el alma de los nativos” en el Caribe, donde había una competencia entre dominios imperiales europeos, las expediciones castellanas (y portuguesas) hacían literalmente lo que querían con los indígenas, incluyendo eliminaciones en masa. La segunda de las mentiras es que los planes de exterminio de las poblaciones indígenas en las posesiones de Inglaterra y Francia en América del Norte empezaron con la independencia de las colonias, es decir, con la independencia y creación de los Estados Unidos de América como nación independiente, y su posterior expansión hacia el Oeste, tanto al Norte como al Sur de los Grandes Lagos. A partir del 4 de julio de 1776 la persecución y matanza de indígenas en Norte América tiene poco que ver con Inglaterra o Francia, y mucho con la expansión hacia el Oeste de los Estados Unidos de América.

    En general, estas comparaciones entre imperios resultan interesantes fundamentalmente porque ambos sistemas partían de una misma concreción: Tanto al Norte como al Sur, tanto ingleses como castellanos el objetivo es establecer un comercio lo más rentable posible para la metrópoli. Tal y como cuenta Elliott, se dan unas condiciones ideales para el comercio entre América y Europa. Los europeos necesitan productos de las colonias (en especial y en el caso de América oro y plata). Los colonos necesitan suministros hasta que son capaces de suministrarlos por si mismos. Incluido el reemplazo de recursos humanos. Esto propicia el desarrollo del comercio a través del Atlántico. Pero como digo, para que la comparación nos resulte útil hay que introducir todos los elementos y condicionantes que se dieron tanto al Sur como al Norte.

 

  • "No se pudo conquistar todo un continente sin la intervención de los indígenas" Pongamos contexto. Desde luego si hablamos de que en el siglo XVI, se estima “podía haber entre 60 y 80 millones de personas en el continente americano”, no cabría en la cabeza la ingente cantidad de soldados que tendrían que haber cruzado el Atlántico para posibilitar la conquista. Por lo tanto, es evidente que las expediciones que partían para explorar y sumar nuevos territorios se valían de alianzas y diplomacia para conseguir sus objetivos. También jugaron su papel tanto la superioridad tecnológica (los galeones, las hojas de acero templado y la pólvora maravillaron a los nativos), así como de “las mantas de viruela”. Desde luego la exposición a las enfermedades del viejo continente hicieron estragos en muchas poblaciones indígenas. Pero por supuesto hubo alianzas entre los españoles y algunos grupos indígenas. Hernán Cortés tomó el actual México a base de pactos con grupos que estaban en disputa con otros grupos indígenas, como en la alianza con los totonacas contra Tlaxcala, y en la posterior toma de Tenochtitlán aliado junto a los propios tlaxcaltecas frente a los mexicas. O Núñez de Balboa que aseguró el actual Panamá con un destacamento de “67 españoles y un número indefinido de indios".

    Desde luego cuando llegaron los españoles al Nuevo Mundo encontraron sociedades y grupos étnicos y tribales, en ocasiones enfrentados entre sí. Algunos eran más bárbaros y violentos que otros. Había guerras entre grupos de indígenas y dominación y opresión entre nativos. Por eso a la llegada de los españoles supuso un nuevo contendiente que podría ayudar en las luchas internas que tenían otras entidades unas contra otras.

     
  • "No había racismo en la dominación española. De hecho siempre hubo mestizaje". Vamos a partir de que en la época los matrimonios no se hacían “por amor” ni siquiera en el propio terreno de la corona de Castilla, y de que las mujeres castellanas no tenían ninguna capacidad para decir su futuro (salvo la reina y escasísimos casos y de aquellas maneras). Por su parte, en América las uniones entre mujeres indígenas y hombres españoles (soldados, comerciantes o funcionarios) se ejercían desde una posición de dominio y posesión de los segundos sobre las primeras. Por lo tanto, la moneda del mestizaje parte de una asimetría total y de brutal dominación, sin descartar por supuesto, las más que comunes violaciones o “los botines de guerra y conquista”.

    En cuanto al racismo, sucede algo similar a lo que pasa con el término genocidio. Si nos atenemos a una denominación moderna, lo que sucedía en las colonias americanas de la Corona española no es racismo en términos del racismo científico del siglo XIX. Pero desde luego, secuestrar y forzar a trabajos penosos hasta la muerte a los que no eran blancos o hijos de los blancos, si es racismo. Aunque venga disfrazado dentro del ecosistema social y económico que se instauró con la dominación española. Y aunque hubiera escándalo por las condiciones de vida y los abusos sobre los indígenas -que lo había como atestiguan las crónicas-, y hubiera una honda preocupación por "salvar las almas de los nativos" (obligándoles a adoptar una fe extranjera). Y si, sé que estoy aplicando conceptos modernos ("genocidio", "racismo") a situaciones del pasado pero es que no podemos engañarnos solo porque el nombre de una acepción, o de un comportamiento no estuviera señalado. No llamaban racismo a la dominación contra los que no eran blancos, ejercidos por las fuerzas de ocupación europea. Porque desde luego, las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que se construyeron durante la época de los Imperios en América estaban basadas en racismo. Puro y duro. Y el Imperio español, también.

    Pero es que es más, avanzados los años y los siglos los estamentos raciales seguían determinado la vida y el futuro de los habitantes, y debajo de las tipologías y mestizajes, si se era indígena, negro o mulato se pertenecía a las escala más baja de la pirámide, mientras que las élites estarían formadas por los oriundos europeos o sus descendientes (criollos). Esta estructura social es todavía hoy patente y determinante en las sociedades hispanoamericanas.

     
  • "Pero la corona española construyó ciudades, hospitales, escuelas y universidades". Esta es la típica frase que ejercida desde un tono moralista y actual no entiende que esas instituciones no eran tal y como las entendemos hoy. Ni tenían los mismos objetivos, ni siquiera similares formas. Y desde luego no partían de un acto ecuánime de solidaridad o bondad. Se trataban de instituciones necesarias para favorecer y mejorar la administración colonial, esto es, la extracción de recursos desde las colonias a las metropolís, de América a España. De hecho, los casos de indígenas que cursaran estudios superiores son muy pocos, y siempre eran de origen criollo o relacionados con la aristocracia y administración colonial. Pero sobretodo, e insisto, la inclusión de estas instituciones europeas en América y en el resto de territorios coloniales tenían como finalidad mejorar y ampliar el dominio de la metrópoli sobre la colonia, y con ello, el fin último del sistema colonial: extraer recursos de los territorios y pueblos dominados a favor de las élites dominantes. 
 
  • "No tiene sentido ahora pedir perdón por la conquista". Bueno, en primer lugar, si no tiene sentido ejercer una labor de crítica, de difusión de la verdad histórica y del conocimiento, tampoco debería tener valor el alabar la conquista de América y que nos sirva para hacernos sentir orgullosos. No se trata de ganar una “copa mundial de las colonias” y de que nuestro imperio fuera más o menos humano que otros. Ya os digo que salvaje e inhumano era un rato. Como todos los sistemas de dominación de unos hombres sobre otros. España, la Corona de Castilla, fue a las Indias, es decir a América, a explotar sus recursos y sus riquezas. Y a convertir a la fe cristiana a la población indígena. En ese orden. Y si para facilitar el primer objetivo había que obviar el segundo se hacía.

    E
    sta tendencia actual que se enmarca en la ola de neoconservadurismo y neofascismo de exaltar el pasado como algo grandioso, positivo o incluso “generador”, en oposición a otros imperios a los que se presenta como “depredadores” o “abusadores”. El tufo racista y al más bajo revanchismo te asalta cuando se proclama que los actuales estados latinoamericanos “si que deberían pedir perdón” por ser casi estados fallidos, presas de mafias y cárteles de la droga o ejemplos de la corrupción, el nepotismo, la desigualdad y las violaciones de los derechos humanos. Como si la realidad de hoy no se viera cimentada en las condiciones materiales del ayer, las que pusieron los imperios occidentales, ni que las propias relaciones socioeconómicas y culturales entre ambas orillas del Atlántico mantienen una asimetría a favor de Europa y sus herederos en Norte América, que han imposibilitado el desarrollo propio y soberano de los pueblos latinoamericanos.

    Porque para sorpresa de nadie (que sepa de Historia, política y sociología) las condiciones de los estados con pasado colonial han mantenido y permanecen hoy, infraestructuras y superestructuras (institucionales, legales, jurídicas, etc.) que mantienen la vigencia de la estructura económica vigente. Esta es la de la explotación económica de las naciones de Europa Occidental sobre el resto del globo. La inestabilidad y la desigualdad social son mantenidas y alentadas porque son beneficiosas para quienes hacen negocios desde las metrópolis. Ganaron la independencia política, si, pero a cambio, los antiguos imperios cedieron la soberanía con la garantía (velada o no) de mantener condiciones que favoreciesen sus negocios.

 

La Leyenda Negra es cierto que tiene un componente de relato construido por los tradicionales enemigos de la corona española como son Francia, Estados Unidos en 1898, y fundamentalmente, Inglaterra. El término fue ideado por Juan Juderías a principios del siglo XX, quien no sólo se dedicó a recopilar y contestar las críticas extranjeras contra España, sino que su objetivo fue unir todas esas voces diversas y simplificarlas para a través de su contestación consolidar la idea de la "nueva" nación española tras el Desastre del 98. Por lo tanto, quedarse en ese origen del relato para rechazarlo de plano es un error interesado y lamentable. Si no se profundiza en él, no se discierne con criterio qué es cierto, qué rematadamente falso y qué tiene matices a considerar y a hacer historia comparativa (añadiendo como dije, todos los matices para enriquecer lo contextos), lo que se hará es apartar la función de estudio y transmisión de una Historia veraz y crítica, y sólo se buscará afianzar las estructuras mentales predefinidas que uno trae de casa. Al final repetirás las mismas simplezas o tonterías del otro lado, desde donde se empeñan en justificar sus discursos de hoy (racistas, xenófobos, misóginos, aporafóbicos, etc.), a través de una versión manipulada a sus intereses de la Historia.

Esto no va de pedir perdón por que sí, de que sea una exigencia más o menos justa, o incluso útil o no. Tampoco de si justificas lo que hizo un antepasado tuyo o de si hay que devolver el oro y la plata. Esto va de reconocer y aprender cuál fue el papel que jugó el Imperio español en la construcción del mundo como fue en aquel momento. Y sobretodo entender cómo esas realidades materiales y filosóficas permitieron la explotación, la acumulación de capital, la primera globalización y la legitimidad colonial del poder. Es decir, el mundo actual que se organiza a través de una serie de valores europeos (occidentales o anglosajones) se valió de la disensión entre colonia e imperio como expresión máxima de una jerarquía que organizaba las comunidades, los territorios y los individuos a través de estamentos raciales que se subyugaron a los mecanismos propios del mercado por un lado, y por el otro a las instituciones propias del estado moderno. Y de esa génesis surgió la dominación tal y como la contemplamos hoy.

De hecho, cuidado con jerarquizar las concepciones del mundo a través de los valores propios. Esto es, de ver nuestros valores, los occidentales, como los mejores y únicos válidos. Puede que se esté en el lado correcto de la historia, y que no sea ético ni justo hacer sacrificios humanos, pero no conviene olvidar que bajo estos condicionantes también se ejerce la opresión sobre los mismos y sobre los distintos. Y tampoco conviene olvidar que los valores occidentales también favorecieron aberraciones como los sitios y ejecuciones sumarísimas en torno a las cruzadas, la expulsión de los moriscos o los judíos, la aniquilación contra otras sectas cristianas como los cátaros o los jusitas. O más tarde, durante la Revolución Industrial el trabajo infantil o la esclavitud en el comercio triangular. Por poner unos pocos ejemplos anteriores al horrible siglo XX.

Por lo tanto, mientras discutimos sobre las bondades y maldades del Imperio español, pasamos de lado de que sí, de que se cometieron atrocidades en las colonias, al igual que en el propio territorio nacional, cosa que por cierto, los defensores de la España Imperial, grande y libre, se permiten obviar. Tampoco el Imperio trajo riquezas para las clases populares en la península, sino que a través de la plata y el oro que llegaban a Sevilla, se cimentó una estructura material de dominación de las clases altas (aristocracia, alto clero y proto-burguesía comercial y financiera) ejercían sobre las clases populares. Del mismo modo igualito que lo que ocurrió en Inglaterra, Países Bajos o Francia. Unas bases de desigualdad que hoy en día siguen perdurando y condicionando la vida de millones de personas también en Occidente.

La tradición historiográfica relativa a loar el pasado colonial e imperial español ya es larga y lo peor de todo consistente en el imaginario colectivo. No se trató en origen, allá por las últimas décadas del siglo XIX dentro del regeneracionismo, de ampliar el estudio sobre la historia colonial española, sino mucho más de ayudar a construir una identidad propia que fuera capaz de sustentar la nación en un momento de crisis y derrumbe generalizado de lo que había sido España hasta entonces. Su éxito radica en que a lo largo del siglo XX y a través de distintos regímenes (liberal, republicano, dictadura franquista o democracia) ha construido un relato coherente y asentado, logrando que generaciones enteras se hayan educado bajo él, y olvidado precisamente su naturaleza como construcción narrativa, llena de sesgos e intenciones.

Por último, un consejo a los soliviantados por la revisión de la Historia del Imperio colonial. No sois especiales. Tampoco lo es el imperio español. La fase de crítica al relato histórico predominante es común a la que está viviendo multitud de realidades históricas y acontecimientos del pasado que están siendo estudiados y difundidos a través de nuevas y diversas ópticas. En cuanto a la Historia colonial, todas las sociedades occidentales que tuvieron o tienen un pasado histórico medido en colonias e imperios han visto como su enseñanza de la Historia y las propias realidades que perviven o son heredadas de aquella coyuntura son puestas a crítica a través de las nuevas tendencias historiográficas. Aquí se incluyen por supuesto los nuevos avances en investigación histórica en muchos campos (novedosas ideas sobre el arte o la filosofía, nuevos descubrimientos arqueológicos o documentales, introducción de nuevas técnicas científicas y archivísticas, etc.). Y sobretodo por la inclusión de nuevas voces sobre el hecho histórico. Unas ópticas diversas dispuestas a contar la historia de las comunidades subalternas, o subyugadas, como puedan ser las mujeres o las clases populares. En especial, en el caso de los estudios sobre Historia de los Imperios coloniales, la voz de las comunidades indígenas. Y no se trata de un revanchismo o una venganza, sino de ampliar la verdad histórica para tener más datos y más contexto, y poder de ese modo, construir un mundo para el día de hoy más comprensible, fraterno y justo.

 

Y una última cuestión: el mundo actual no se entiende sin la expansión moderna europea llevada a cabo desde el siglo XV hasta el XX, por todo el mundo. Sus consecuencias se palpan en todos los territorios y sociedades descendientes, y la marginación, la desigualdad y el racismo continúan siendo ingredientes importantes de los estados poscoloniales, como lo fueron en su momento en los imperios coloniales.

Para acabar, decir una vez más que hay que ser un pobre hombre para justificar tu españolismo en una conquista colonial, que como todas las conquistas coloniales e imperiales, se basaron en la violencia, la opresión, la explotación y el sufrimiento ajeno. Creo que la cultura española tiene muchos más méritos y contribuciones positivas al mundo por las que sentirse orgulloso antes que por el Imperio español, o la Conquista de América. He dicho.


(1) Esta grandiosa obra (más de 20 metros cuadrados) es un ejemplo magnífico de la pintura histórica y academicista de mediados del XIX, la época del romanticismo y el nacionalismo. El autor Dióscoro Puebla compone una alegoría que ha perdurado en las mentes del pueblo español: La llegada a América de Colón y los españoles, con el mandato de evangelizar a los indígenas. Pero la realidad fue algo distinta: No hubo ningún clérigo en la primera expedición de Colón y sólo 15 en el segundo viaje de un total de 4.000 efectivos.

 

 



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viernes, 9 de octubre de 2026

Huelga General por la vivienda

 

Imagen de la manifestación del sábado 3 de octubre en Madrid

 

14. Catorce años después de la última convocatoria de Huelga General esta herramienta de expresión del conflicto social ha sido de nuevo activada en el estado español. Se hace no directamente por las condiciones laborales, si bien motivos hay de sobra, sino que nace al calor del clamor indignado y popular por la situación de la vivienda que atenta a las condiciones de vida de la gente. Cuando la clase trabajadora queda sin acceso a la vivienda, a un hogar, en alquiler o en propiedad, tenemos que unirnos todos, las más diversas sensibilidades políticas y sociales, y desde la solidaridad obrera y el sentimiento de pertenencia e identidad colaborar para ejercer la presión necesaria para revertir la situación. Desde las movilizaciones y hasta las últimas consecuencias y hacia una Revolución bien necesaria que termine con un sistema económico capitalista de extracción abusiva de las condiciones de vida y bienestar de la clase trabajadora, y de una reacción fascista que aparecía como irremediable.

Si bien es el terrorismo que provoca el problema de la vivienda como elemento de especulación lo que ha llevado a la convocatoria de Huelga General para el próximo miércoles 11 de noviembre, amparada por los sindicatos mayoritarios quienes seguramente traten de manipularla a su favor, las condiciones laborales hoy en día no son nada halagüeñas, y pese a los avances sigue habiendo muchas cuestiones del mundo del trabajo que tienen que cambiarse.

La reducción de la jornada laboral es la primera de ellas, y no para quedarse en los tímidos 30 minutos diarios que planteó sin éxito hace un par de años la ministra. El recorte de tiempo de permanencia en el trabajo tiene que bajar lo primero de todo porque es ilógico en un contexto de avance de la automatización de los procesos productivos que deja en los trabajadores la penuria económica y la inseguridad laboral y personal, y en los directivos y en los empresarios unas mayores ganancias. Todo mientras lo material se sigue elaborando en el Tercer Mundo. Y de seguido, porque es de justicia social repartir las horas de trabajo entre más personas para no dejar a nadie atrás. Y por supuesto, sin pérdida de sueldo.

Y en segundo lugar, porque es una gran medida a nivel económico para facilitar un mayor consumo en las familias, al disponer de más tiempo y el mismo capital, para poder satisfacer las necesidades de toda índole, desde las básicas hasta las de auto-realización. Además, y pese a los esfuerzos hechos, bien se debe seguir avanzando en una equiparación salarial con Europa y que las plusvalías dejen de ser tan excesivas y haya un mayor reparto de la riqueza que generamos entre todos, porque eso hará más sostenible la vida y el territorio.

Otro tema que apuntaba claramente a una convocatoria de la Huelga General por sí solo era el tema de la seguridad en el trabajo. Los accidentes laborales y las enfermedades profesionales, lejos de reducirse se han incrementado desde las reformas canallas del gobierno de Rajoy. Buena parte de los incrementos en los rendimientos empresariales han venido de las condiciones de seguridad en el trabajo y por lo tanto, los beneficios tienen forma de vidas humanas consumidas y apagadas. Cada muerte y trastorno en la vida y la salud de las clases trabajadoras tienen que tratarse como terrorismo empresarial, y las administraciones (en especial inspección, pero también los juzgados), los sindicatos y los medios de comunicación han de tratarlas con rigor y poniendo el acento en la responsabilidad empresarial y en la necesidad vital de que todas y todos sigamos los reglamentos de seguridad.

No puede deteriorarse más el mundo del trabajo, porque nos jugamos la vida, y ésta tampoco puede ser precaria o desenvolverse de manera creciente en un estado de incertidumbre, porque eso afecta a la salud y al bienestar de las personas, y por ende, de toda la sociedad. Tiene que asegurarse el empleo, y otro tema en el que los sindicatos mayoritarios deberían hacer mayor hincapié es en reclamar y al final obligar a que las administraciones de toda condición, jerarquía y signo político recuperen y habiliten todas las plazas públicas que se necesitan.

Por lo tanto, y solo en unos minutos de reflexión salen temas del mundo del trabajo que ya avalaban la convocatoria de Huelga General. Si no se había hecho era porque, en teoría, “tenemos” un gobierno más afín, o más simpático para la causa de la izquierda y para la vida de la clase trabajadora. Si se lanza ahora es por el impulso que el tema de la vivienda ha tomado tras el desahucio de Mari Carmen para activar aún más a los trabajadores y a las izquierdas ante las elecciones generales del 29 de noviembre.

Pero con todo, lo que es evidente y palmario es que al final la Huelga General tiene toda la legitimidad del mundo. Aunque la lance la calle y el sindicato de inquilinas de lo que estamos hablando es de conflicto de las clases trabajadoras, porque la lucha de clases nunca se terminó sino que se redobló; y porque pese a que tuviéramos el triple de sueldo seguiría siendo un absoluto disparate, un atraco y una estafa el precio de la vivienda. Estamos hablando de que las y los trabajadores no pueden pagar su vivienda. Punto. Hay que intervenir el mercado y también el sistema económico capitalista. Hay que sacar la especulación de la ecuación de la vivienda y las políticas inmobiliarias (y de paso de la educación y la sanidad públicas). Hay que luchar y hacerlo todas y todos juntos por erradicar tanto fascismo y tanto neoliberalismo y volver a construir una sociedad más justa y fraterna.

Ya antes de la convocatoria oficial de la Huelga las derechas que votaron en contra contra los decretos por la vivienda, sistemáticamente y ya antes del día 2 de octubre (en enero, junio y julio de este año), salieron a reprochar y criticarla como una Huelga “contra la oposición y no contra el gobierno”. También la patronal la censuró a través de su presidente re-elegido recientemente por un sueldo anual de más de 400.000 euros (que sepamos). Evidentemente es a estos sujetos a la miseria humana que protegen a quienes no les conviene la huelga.

En España sigue habiendo, y los hay de base, casi 2 millones y medio de parados. Muchos de ellos expulsados de facto del “mercado” laboral. Se ha seguido desahuciando a un ritmo de más de 500 desalojos al día -la mayoría “pacíficos”, esto es, que los habitantes de la vivienda la abandonan tras la presión y la injusticia aplicada a favor del capital-. Cerca de 5 millones de personas tienen serias dificultades para llenar la cesta de la compra. Una crisis que nació en 2007 y no se ha resuelto para la clase trabajadora, sino que se salvó a la élite propietaria y especuladora con los servicios públicos de todos. Estos, salud, educación, servicios sociales e incluso las emergencias se han sacrificado para que no caiga la rentabilidad ni tampoco dejen de aumentar los privilegios de la minoría. Por lo tanto, hay razones de sobra para la Huelga General.

España, y casi toda Europa también, es un país des-cohesionado y con una desigualdad galopante. Con una minoría cada vez más elitista y más avariciosa que oprime a unas clases populares y trabajadoras desclasadas para las que quedan los recortes y la expulsión del bienestar, mientras se protegen las “inversiones” de los especuladores que malvendían el patrimonio de todos en los casinos bursátiles para su goce privado. De hecho, es muy buena noticia una convocatoria de Huelga General porque nos pone a todos, y especialmente a ellos, en aviso de lo que tiene que ocurrir si los reaccionarios, incompetentes, corruptos y fascistas llegan al poder.

Un país que mantiene y potencia una legislación autoritaria (la Ley Mordaza que eso si que es un debe del gobierno no haberla derogado), con la judicatura y las policías más fascistas de Europa (y mira que hay nivel), que es incapaz de llegar a consensos y pactos por el bien común (contra el cambio climático, para protegernos de la IA y los tecnócratas extranjeros, para garantizar la protección constitucional de la vivienda o el mundo del trabajo, para asegurar la educación y la sanidad públicas, o la organización de la gestión de emergencias, etc., etc.). Que amenazó y volverá a hacerlo a quien piense distinto (catalanes, vascos, anti-capitalistas, ecologistas, feministas,…). Qué potencia un hiper-centralismo en el estado mientras ahoga al mundo rural y a otras identidades culturales provocando dolor y un deterioro territorial colosal. Que es proclive a la corrupción y el latrocinio, y que finalmente echa a la gente de sus casas. Con una élite política, fundamentalmente de las derechas, con un apoyo mediático y empresarial firme, porque les conviene, que es manifiestamente incompetente e interesada en laminar la vida de las personas pobres. Por todo esto la Huelga General es necesaria y urgente.

No podemos olvidar que somos la Europa pobre (junto a Portugal, Grecia, Irlanda, pero también Italia). Los países periféricos castigados con la frugalidad y la austeridad mal ejercida. Y tampoco se debe perder en la perspectiva de que lo que está haciendo aguas a nivel global es el capitalismo ultra liberal. Que por eso lleva años sacando a pasear el fascismo más ultra para protegerse y perpetuarse porque para quienes lo dominan es muy rentable. Es el momento de luchas coordinadas y solidarias que atiendan a una respuesta global por una enmienda total del sistema. No vale con actualizaciones o re-fundaciones. Es necesario construir una economía y unas sociedades al servicio de todas y todos. Sin distinciones de ningún tipo. Un mundo globalizado exige una economía del bienestar global extendida a todas las sociedades. Y hacerlo de manera transversal a través de la situación de la vivienda, que en Europa y en casi todo el mundo, vive una burbuja perenne, es una oportunidad que no se debe dejar pasar.

Por esto mismo, la Huelga General del próximo día 11 de noviembre no puede quedarse en los centros de trabajo, ni tampoco en una mañana de paro antes de las manifestaciones en Madrid o en las capitales de provincia. Es perentorio parar todo. Empezando por todo y cualquier consumo. Tenemos que ir juntas a la huelga ciudadana donde todas las personas entiendan su importancia y la necesidad que tienen de expresarse y aportar. Incluidas las personas no productivas como estudiantes y jubiladas. También los precarios y los trabajadores de mierda, especialmente hoy los esclavos de los oligarcas tecnológicos. Falsos autónomos explotados inmisericordemente llueva, nieve o haga 40 grados. No pidáis que os lleven comida o transporte. No atendáis ninguno de estos “servicios” que son una esclavización contemporánea.

Por supuesto, de aquí hasta el día de la huelga, y seguro después, oiremos en las tertulias y declaraciones de la derecha y sus voceros, pedir la protección del “derecho al trabajo”. El día de huelga es el único día que importa el derecho constitucional al trabajo. Los otros 364 es prescindible. Porque esos 364 días, 365 si es bisiesto, los empresarios despiden. Los empresarios el resto de días no tienen problemas en deslocalizar sus negocios. En cambiar unilateralmente las condiciones de trabajo, en subcontratar tareas, automatizar funciones, en utilizar falsos autónomos, en precarizar las relaciones laborales,… Sus políticos y jueces no tienen reparos en darles cobertura, y las policías y guardias civiles acuden raudos a proteger la propiedad de los medios de producción y fundamentalmente la propiedad de exprimir más a la masa laboral. Los otros 364 días los medios de comunicación del sistema defienden el derecho de los patronos a hacer lo que les de la gana. Incluidos cagarse y mearse en el derecho al trabajo.

Y también los otros 364 días se sigue desahuciando.

Por eso esta Huelga General tiene que ser, necesariamente, la palanca de cambio que aúne todas las sensibilidades de izquierda, progresistas y por la dignidad de las personas. Tiene que ser la Huelga por la vivienda, pero por el trabajo. Y también la huelga por la igualdad de género y también de trato entre todas las personas. Tiene que ser la huelga para lanzar una lucha contra la pobreza y la desigualdad. Y ha de ser la huelga que les diga a las élites que no vamos a pagar sus facturas ni sus pérdidas. Qué se acabó jugar al casino con nuestras vidas. Y que no vamos a dejar que las administraciones paguen con nuestros servicios públicos, con nuestro futuro y nuestro bienestar sus malas decisiones. Qué no vamos a pagar, ni nosotros, ni los pueblos pobres, su responsabilidad en el cambio climático. Basta ya.

Esta Huelga General del 11 de noviembre es por la vivienda. Se hará 18 días antes de las elecciones Generales del 29 de noviembre (Día Internacional de Solidaridad con el pueblo Palestino). Y es también por el trabajo. Y es por supuesto, contra un sistema corrupto, inmoral y letal que nos hace menos humanos. Es por lo tanto, una huelga anti-capitalista. Y es una Huelga General por España, por un país más justo y fraterno. Qué tenga futuro. Y qué sepa quién tiene responsabilidad y culpabilidad en esta situación. Qué políticas son injustas, inmorales, anti-patrióticas y una estafa del caudal democrático. Qué progrese hacia la justicia social y hacia un bienestar mayor para todas y todos. Qué sea más fuerte para los retos que ya están aquí.



El miércoles 7 de octubre a las 9 de la noche, mientras se preparaba el anuncio de la convocatoria de Huelga General en una rueda de prensa conjunta entre el sindicato de inquilinas, CC.OO y UGT llegaba la noticia del fallecimiento de Mari Carmen Abascal.

El símbolo y detonante de esta revolución fallecía en el hospital Gregorio Marañón víctima del sistema y de la avaricia amparada de los especuladores. Un homicidio que cargará en las conciencias de quienes han permitido por acción, por omisión, por votos y por decisiones judiciales o policiales, que echarán de su casa a esta mujer tras un proceso de desahucio que como todos, dura muchos años y deja a las personas trabajadoras al filo de su aguante y con su salud más que deteriorada. Y una muerte que ha exacerbado aún más la rabia y la indignación de un país y unas clases trabajadoras hartas de ser secuestradas por la inmundicia humana propietaria.

Qué su muerte no caiga en el olvido. Qué su ejemplo de lucha siga siendo la espoleta de la activación social por la vivienda y por una mayor dignidad para las clases trabajadoras.

La Revolución Francesa de 1789

 Prise de la Bastille (1789), de Jean-Pierre Houël   La Revolución Francesa es el acontecimiento que originó el mundo tal y como lo c...