lunes, 3 de agosto de 2026

Adolescencia, rebeldía y nostalgía: The Offspring


The Offspring es un grupo californiano de punk rock con casi 40 años de trayectoria. Surgido a mediados de los 80 de la amistad entre los fundadores Dexter Holland guitarra y voz y el bajista Greg K Kriesel. Pronto sumaron a Noodles, quien era dos años mayor (y podía comprar alcohol) y lo conocían porque era el conserje del instituto en el estudiaban y a Ron Welty un batería prometedor que estaba un par de cursos por debajo. Elenco tan ecléctico tomo el nombre The Offspring para la banda y en torno a la música punk encontraron la estética para expresar sus ideas y sentimientos. La huella del hard rock y el heavy metal es evidente en las primeras composiciones de la banda. Metallica como con tantas bandas desde los años 90, puede considerarse una influencia directa. Y también, por supuesto el punk americano viéndose una línea directa entre la propuesta de The Offspring y la música de Bad Religion o Dead Kennedys.

Y por supuesto, tampoco puede obviarse la influencia del grunge y el sonido de Seattle. Aquel Smash! que The Offspring publicó en 1994 tiene una influencia notable del Come As You Are de Nirvana. Y todo el disco, y las propuestas que le siguieron, siguen temas y composiciones cercanas al legado de bandas como Soundgarden, Pearl Jam, Alice in Chains o Jane’s Addition.

 


En Smash!, The Offspring aborda principalmente temas relacionados con la alienación juvenil, la rebeldía y la crítica a las estructuras sociales opresivas. Canciones como Self Esteem expresan el conflicto interno y la inseguridad personal, mientras que otros temas abordan el descontento hacia las normas establecidas y la lucha por la identidad. El ritmo marcial de la batería dejaba espacio para que las guitarras sonaran duras y rebeldes, y el sonido en conjunto de la canción teje un hilo directo al grounge más puro. En general todo el disco se caracteriza por un enfoque crudo y directo que conecta con las inquietudes de la juventud de los años 90.

 


Con Americana, la banda amplía su crítica para incluir una mirada satírica a la cultura estadounidense contemporánea. Temas como “Pretty Fly (for a White Guy)” ridiculizan la adopción superficial de modas y comportamientos ajenos, evidenciando una preocupación por la pérdida de autenticidad cultural. Al mismo tiempo, canciones como “The Kids Aren’t Alright” reflejan la desilusión y las dificultades sociales que enfrentan las generaciones jóvenes, abordando problemas como la drogadicción, la violencia y la pobreza. En general, la falta de oportunidades de todo tipo (vitales, laborales, culturales, estudiantiles, en las relaciones de pareja, en el consumo de drogas,..) son expresadas por The Offspring en este disco, que salió a la venta cuando sus miembros ya habían estrenado la treintena y habían vivido junto a su generación (parejas, familias, amigos) los primeros desastres que el neoliberalismo perpretaba en la juventud americana. 

 

Conspiracy of One mantiene esta tradición de crítica social, pero incorpora un tono más desafiante contra las autoridades y medios de comunicación, denunciando la manipulación y el control. Musicalmente, eso sí, sin dejar de sonar a The Offspring con los toques melódicos tan identificativos en su punk, ciertas composiciones sonaron más simples y comerciales, aunque por lo menos no cortaron la expresividad de la banda en cuanto a los temas que les afectaban e interesaban. Y es que en todo el álbum, se percibe una postura más combativa y consciente, reflejando el desencanto hacia las conspiraciones políticas y la falta de transparencia en el manejo del poder. De hecho, parte importante de la concepción, y fundamentalmente producción del disco, estuvo alterada por la polémica creada con el servidor de distribución de archivos P2P, Napster.

Abogando por la distribución libre de cultura, la banda The Offspring decidió que su siguiente trabajo sería distribuido por internet de forma gratuita. Además, comenzaron una activa campaña en medios de comunicación como la radio y la televisión en favor de Napster y de este formato de compartición de la música entre el público. Tal apoyo coincidió con el enfrentamiento que Naspter tenía en aquel momento con Metallica quienes les habían puesto una denuncia mil millonaria por distribuir archivos con copyright, es decir, con propiedad intelectual, de manera libre y gratuita. Aquella demanda buscaba marcar un antes y un después en la forma de distribuir música y productos culturales en la era de internet. Quería cerrar las puertas antes de que estas estuvieran demasiado abiertas, y aunque, la parte demandante ganó y Napster se vio obligado a retirar los contenidos de Metallica de sus servidores (y posteriormente de otros cientos de grupos y artistas que así se lo exigieron), lo cierto es que la música gracias a Internet y a estos servicios se había hecho más grande. Más universal.

 

 

Con el tiempo los autores entendieron que no pasaba nada porque su música se distribuyera por la red, que ganaban más dinero (mucho más dinero) si la música y su trabajo se daba a conocer. Y que se podrían dar más conciertos, vender más merchandising e incluso, elaborar versiones físicas más trabajadas y especiales para unos fans cada vez más incondicionales y dispuestos a atesorar momentos en torno a su música favorita.

Al acabar la gira de este disco el elenco fundador del grupo se resquebrajó y Ron Welty abandono la banda. Esto causó una conmoción en el resto del grupo, y durante varios años los aficionados vimos un período largo de inactividad que se rompió con la publicación de Rise and Fall, Rage and Grace a comienzos de 2008 y que llevo a la banda por una gira mundial durante los siguientes años (aquí los vi por primera vez en Madrid).

Después ha seguido generando material, grabando discos y llenando conciertos donde siguen imponiendo un ritmo rebelde y divertido donde no fallan sus clásicos ni tampoco las canciones nuevas, conjugándose así tanto el espíritu juvenil y adolescente, con la nostalgia de quienes ya vivimos esos años, hace ya un tiempo. Incluidos los propios miembros de la banda.

 

En cuanto a sus discos más recientes, The Offspring continúa explorando temas de relevancia social y personal, adaptándose a los contextos actuales. Abordan cuestiones como la polarización política, las crisis medioambientales y la salud mental, manteniendo ese espíritu crítico pero con una perspectiva que refleja las complejidades del siglo XXI. Su lírica sigue siendo una herramienta para cuestionar, provocar reflexión y conectar con diferentes generaciones.


La esencia de The Offspring radica en su conexión con la adolescencia. Sus letras, cargadas de inquietudes sobre la identidad, la frustración social y la búsqueda de pertenencia, resuenan con los jóvenes en una etapa crítica de autodescubrimiento. Canciones como “Self Esteem” y “Come Out and Play” reflejan conflictos universales de inseguridad y rebelión, convirtiéndose en himnos para un público que se enfrenta a las complejas emociones propias de esa etapa vital. La banda logra equilibrar mensajes explícitos con melodías pegajosas, facilitando una identificación inmediata con su audiencia adolescente.

Por otro lado, y con el paso de los años y experiencias, la nostalgia desempeña un papel fundamental en la perdurabilidad de The Offspring. Para muchos, su música está inextricablemente vinculada a recuerdos personales y culturales de los años noventa, una década marcada por cambios sociales y tecnológicos significativos. El sonido característico de la banda —una mezcla de punk rápido, melodías pop y letras provocativas— funciona como un puente hacia tiempos pasados, evocando sensaciones de juventud y libertad. Esta carga nostálgica no solo revive momentos personales, sino que también promueve la conservación de un legado cultural que define una era.

 

 

En mi caso, The Offspring supusieron un chute de aire fresco y abrió las puertas a que me interesara por la música de los grupos nuevos de finales de los 90 y los primeros 2000. Recuerdo que con mis 13 y 14 años estaba todo el día pegado a Heroes, a Extremoduro y a mi añorado casette del And Justice For All de Metallica. Tenía 3 o 4 cassettes más perpretados por mi con grabaciones de la radio comercial y de la sintonía del pirata. En ninguno de ellos acababa de incorporarse el grunge de Nirvana, que lo admito nunca me llegó como para sentirme identificado. Y por lo que fuera, algún conjuro, o alguna alarma de mi subconsciente que ya me alertaba de lo intrascendente del glam, mi bagaje musical se reducía a muy poquitas cosas.

Pero con The Offspring la cosa cambió. Self Esteem me sonaba auténtica y genuina. No tenía ni puñetera idea de lo que decía la letra pero sabía que estaba dedicada a mi y a tantas y tantos como yo. La composición, los riffs, el ritmo de la batería y el desgarro de la voz del cantante Dexter Holland me estaba interpelando a mi. Nos estaba diciendo que no estamos solos. Que esa rabia, esa incertidumbre y esa melancolía tienen causas y que nos fuéramos rebelando y no acostumbrando al papel de perdedores.

Tenía que adquirir ese disco como fuera y aprovechando que en mi casa se compró una cadena musical adquirí el cd ahorrando de mi escuálida paga 4 o 5 meses... Y cómo sonaba todo el disco. Y suena. Me habían ganado para su causa. Y todavía hoy me pongo de vez en cuando a The Offspring, el Smash! o el Americana que también adquirí. Y ahora que tengo algunas canas y la cabeza más despejada de cabello, veo que es parte de mi. De la construcción personal que empezaba en aquella época. De como soy. De que la rebeldía sigue vigente. De que muchas de las cosas que la banda exponía siguen ahí doliendo e hiriendo. De que más allá de la nostalgia o echar de menos tiempos a priori, más sencillos, menos complicados, la raíz del asunto está en que nada se ha hecho por remediar lo que con menos de 20 años ya nos frustraba, oprimía y aterraba. En cualquier contexto y en cualquier lugar.

Si en los 90 su música capturaba la energía y rebeldía propias de la adolescencia, hoy en día es capaz de evocar una profunda sensación de nostalgia para quienes crecieron en los años noventa y continúa vigente para nuevas generaciones. Su música, ya sea en directo o el lanzamiento de sus discos siguen siendo un punto de encuentro intergeneracional donde cabe la rebeldía juvenil, la protesta social y la perspectiva que aporta la madurez personal.

No se pierdan a The Offspring. Descúbranlos si se da el caso. Recuérdeles si es lo que hay que hacer.


 

lunes, 27 de julio de 2026

Volver a arder por no querer aprender

 

Imagen de publico.es. Una columna de humo gigantesca cerca del paraje de El Castañar de el Tiemblo el 25 de julio de 2026. 

 

Parece mentira que haya que escribir esto una y otra vez. Parece irreal que año a año, verano tras verano a quienes nos duele este país de verdad, quienes amamos con honestidad esta tierra, sus gentes y su maravilloso patrimonio natural y cultural tengamos que enfadarnos y desde el dolor reclamar qué se cuiden y protejan los bosques. Qué se haga lo que tenga que hacer para dar dignidad al territorio. Qué se contraten las personas necesarias para mantener los montes y el territorio todo el año y que puedan instalarse en los pueblos.

Parece mentira que haya que recordar que el fuego, o el agua en inundaciones, que la Naturaleza en general no entiende de jurisdicciones. No tienen fronteras, ni separaciones administrativas territoriales artificiales. Al fuego no lo corta las ideologías, los partidos, ni las acusaciones. Pero, si que unas u otras acciones políticas, conscientes o inconscientes, interesadas o colaterales, si que le afectan en su desarrollo, propagación y peligrosidad.

Llevamos menos de la mitad del verano y ya han ardido las mismas hectáreas que el año pasado en incendios forestales de colosales magnitudes, tanto por la duración, la intensidad, la extensión y la peligrosidad de las llamas. De hecho, en esta comparativa el grueso del terreno calcinado en 2025 se produjo entre la segunda quincena de agosto y primera de septiembre, cuando el Oeste peninsular, la España Olvidada, ardió de Norte a Sur, sin control, y parece ser, sin aprendizajes ni responsabilidades por los que deberían haber tomado nota.

En este mes y medio se han quemado extensiones de terreno tremendas: En Aragón, en Guadalajara, en la Sierra de Huelva, otra vez en Galicia o el Bierzo y en Almería donde un incendió accidental coincidió con unas condiciones climáticas extremas que se saldaron con la muerte de 13, 14 personas.

Desde el pasado jueves tres incendios simultáneos atacaron a derecha e izquierda la carretera nacional 403, que une Ávila con Toledo, a la altura de la Sierra Oeste de Madrid. Primero un incendio en la localidad toledana de Almorox. Posteriormente otro incontrolable desde el primer momento en los montes de San Martín de Valdeiglesias en Madrid. Un tercero se desataba en la localidad abulense de Navaluenga. Y para rematar, las llamas volvían al de Almorox, probablemente fruto de las ascuas de este último. En cuanto a las causas, se desconocen en el incendio de San Martín y en el primer conato de Almorox. En cuanto a Navaluenga, ya ha sido detenido un garrulo que se puso a trabajar con maquinaria pesada, pese a que estaba expresamente prohibido por las peligrosas condiciones metereológicas de la jornada (ya se sabe, más de 30 grados de temperatura, menos del 30 por ciento de humedad, viento de más de 30 kilómetros por hora).

Por si esto no fuera poco, en la tarde del sábado unos desalmados iniciaban varios focos de fuego en Castellón, en la Vall d’Uxo, en el entorno de la Sierra de Espadán, un paisaje precioso que corre peligro de quedar totalmente arrasado. Qué caiga sobre ellos todo el peso de la ley, pero también del odio del pueblo.

El resultado sobre el territorio tras 4 días ardiendo es el del mayor fuego de la Historia de España en cuanto a superficie quemada. Van por las 50.000 hectáreas en torno al valle del Alberche y el salto al valle vecino del Tiétar. Parajes de especial belleza y significación ambiental. Más de 30.000 personas desalojadas de sus lugares de residencia habitual o vacacional, y al menos otras 50.000 confinadas debido al humo que colmata el aire y lo hace irrespirable, a menos de 60 kilómetros de la ciudad de Madrid, y del espacio más densamente poblado del estado español. Miles de millones de euros en pérdidas materiales, y como os podéis imaginar, como nos imaginamos todos, un paisaje desolador.

En toda esta emergencia la batalla política vino porque la presidenta de la Comunidad de Madrid, desde el primer momento, es que no llevaba ni 3 horas ardiendo el incendio, delegó su responsabilidad en el Gobierno Central, ante la imposibilidad de controlar la situación en su fuego de la Sierra Oeste de Madrid. Y a parte de ciertos reproches políticos de uno y otro lado, que la verdad tampoco ayudan, ha vuelto a quedar manifiesta su absoluta incompetencia, su total deslealtad tanto para la nación como para sus votantes (y dolientes que son menos). El gobierno central ha asumido el mando de los tres incendios y los ha tratado como uno solo para poder gestionar mejor la emergencia, que ha catalogado como emergencia nacional, con mayor seguiridad y optimización de los recursos. Ha aportado sus propias brigadas, así como la UME (ese capricho de Zapatero, pero que se la pone muy dura a los peperos con eso de ver al ejército por las calles, y que tiene mucho de propaganda de la imagen del ejército). También ha solicitado y recibido la ayuda desde la Unión Europea con aviones y personal de Portugal, Grecia o Italia. En Francia también tienen una ola terrible de incendios forestales, sobretodo el que asola las Landas acercándose peligrosamente a la cuarta ciudad por tamaño del país, Burdeos.

Llegados a este punto toca, primero recordar:

  1. Las competencias en materia de montes y aprovechamiento forestal, en gestión del territorio, en protección del medio ambiente y en la gestión de emergencias están en las Comunidades Autónomas, y es responsabilidad directa de estas administraciones y de quienes detentan el poder político dotarse de los recursos (materiales, humanos, administrativos, etc.,) para poder afrontar con garantías estas responsabilidades. La delegación de responsabilidad hacia el gobierno central se tiene que hacer de acuerdo a unos protocolos que también están estipulados.

  2. España tiene una superficie forestal del 55% del territorio nacional. Esto son unos 300.000 kilómetros cuadrados. De ellos, el 70% tiene propietarios privados, por lo general, en propiedades pequeñas. En el pasado, antes del éxodo rural de finales de los 50, el mantenimiento del bosque corría a cargo de los agricultores, ganaderos y los aprovechamientos forestales que residían en el territorio. Después mientras las gentes humildes iban abandonando los pueblos y estas actividades desaparecían, cientos de miles de hectáreas del territorio peninsular cambiaban del bosque tradicional y auctóctono (encinas, alcornoques, castaños, etc.) por bosque de aprovechamiento forestal directo (pinos básicamente, que son muy rentables, pero arden con extrema facilidad y es precisamente lo que está ardiendo mayoritariamente en el Sistema Central). El franquismo, una vez más, hacía negocio con el patrimonio nacional y usurpaba rentabilidad comunal por beneficio privativo. Al mismo tiempo, el bosque y sotobosque ha ido creciendo, acercándose a los núcleos urbanos de pueblos y ciudades. Y las construcciones, viviendas, urbanizaciones, polígonos o equipamientos se han ido alejando de los núcleos urbanos para inmiscuirse en el territorio forestal. La separación entre bosque y viviendas, o entre "campo" o monte y "ciudad" se ha vuelto difusa y difícilmente catalogable. Por lo tanto, ahora un fuego forestal tiene mucho impacto en la seguridad de las personas.

  3. El propietario (individual o colectivo) es el responsable del mantenimiento del bosque. Las administraciones, desde la local hasta la autonómica, pero también la nacional, deben proporcionar respaldo para poder hacer estas tareas. Ya llegamos tarde a generar plantillas con personal para trabajar todo el año en estas tareas de gestión del monte que deben de ir de la prevención a la extinción en la emergencia. La delegación de responsabilidad en este punto es total tanto de los propietarios como de las administraciones que tienen que velar porque la legislación se cumpla.

  4. Desde abril el colectivo de bomberos forestales de Madrid están en huelga denunciando sus condiciones laborales, que van desde mantener un convenio particularmente denigrante a que no se hayan contratado, ni asentado las plantillas para que permanezcan durante todo el año. En materia profesional, también denuncian los bomberos de Madrid, y otras Comunidades, una falta de medios adecuados, y en especial, la presencia de destacamentos en las inmediaciones de las zonas forestales. Sin embargo, desde la CAM les obligan a permanecer en Las Rozas a 50 kilómetros de las zonas arboladas de la Sierra.

  5. Otro hecho incontestable es la política del PP en Madrid: Años de bajadas de impuestos a los más ricos, de dumping fiscal es decir de una competencia con otras administraciones limítrofes ofreciendo impuestos más bajos que han desarbolado a estas regiones hermanas, con lo que los recursos de la Comunidad no se han reducido, pero si que han limitado y denigrado a las regiones adyacentes. Y además, están las decisiones conscientes en materia presupuestaria. En qué se han invertido los presupuestos: En educación y sanidad privada, en mantener chiringuitos especuladores, eclesiásticos o taurinos o en construir circuitos de F1. No en los procesos de reforzamiento y estabilización de plantillas de emergencias y bomberos forestales, ni en mantenimiento del territorio.
    Por otro lado, me cuesta mucho no entrar en el personaje Isabel Díaz Ayuso. Con su modelito, con su cartel de “presidenta” como si no tuviéramos claro que es ella y que es ella quien tenía la responsabilidad máxima de cuidar la región y sus habitantes. Harto, una vez más, de ver cómo ante la desgracia ajena aprovecha para hacerse un book de fotos oficiales. Con su desaparición absoluta desde la mediodía del sábado. Qué sin vergüenza. La que no ha hecho más que insultar y gastar a discreción de sus amigos y amigotes los recursos públicos no asume su responsabilidad. En fin, aquí lo dejo porque no se pueden dedicar más palabras a semejante incompetente e inmoral.

  6. La zona que está ardiendo la conozco perfectamente. De hecho he utilizado la carretera 403 más de un centenar de veces en los últimos 12 años. Y hemos hecho rutas y salidas de senderismo por el valle del Tiétar, el Castañar del Tiemblo, el Valle de Iruelas y el Pantano de San Juan en varias ocasiones. Sobre este último, nuestra ruta en 2019 fue muy desilusionante porque pese a la belleza del paisaje, éste estaba totalmente salpicado de construcciones. Algunas abandonadas, otras no, pero todas con sus aledaños totalmente descuidados. La frondosidad del bosque tapaba unos caminos y sendas totalmente cegados por vegetación baja, y la basura, desde pequeños restos de botellas y envoltorios a varias escombreras, aparecían por el camino y entre los árboles con dolorosa periodicidad. Nos fuimos de allí pensado: El día que esto se ponga a arder, no lo controla nadie.

  7. El otoño y sobretodo el invierno en el Oeste y centro peninsular ha sido extremadamente lluvioso y ha provocado un aumento de la masa vegetal, del combustible que puede arder un incendio. Lamentablemente no había una planificación previa de la gestión del monte, y tampoco se ha reaccionado para ante esta meteorología concreta poder retirar la mayor parte de combustible.

  8. Después de los incendios de 2022 se hizo ya evidente la idea de un gran pacto de estado contra la emergencia climática. Sistemáticamente y dentro de la batalla política constante de este país no se ha llevado a cabo. El cierre de posiciones entre derecha y PSOE lo imposibilita con sinsentidos colosales como el de los nacionalistas catalanes o el de los populares que gobiernan en la mayoría de regiones del estado español. Por si esto fuera poco, encima hay que “tolerar” el negacionismo climático de la ultra derecha montana que intenta ganar votos en el mundo rural, negando las evidencias científicas y la responsabilidad para mejorar la vida y el futuro de la gente. De hecho, la I Convención del Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática celebrada en diciembre pasado en Ponferrada reunió a más de 600 expertos científicos y técnicos en gestión del territorio y del monte, no contó con la participación de ningún político de la derecha extrema, cutre y estúpida, ni tampoco del PP que se supone que debería gobiernar para todos.

    Quizás después de que estos incendios forestales, esta emergencia colosal nacional hayan sucedido tan cerca de Madrid -pero tan lejos de lo que se cuece dentro de la M-30-, haga a todos, incluidos los representantes políticos de la derecha y los que les ponen ahí, darse cuenta de la necesidad absoluta de acometer este gran pacto de estado contra la emergencia climática y en defensa del patrimonio natural.

    En esta situación de cambio climático, fundamentalmente de calentamiento global, hay que tener en cuenta la salud y seguridad de las personas. Hacer ver la realidad: que hay miles de personas muriendo por el extremo calor de veranos cada vez más tórridos e insoportables. Y que ese riesgo, ese peligro, lo es para todos sin distinción de ningún tipo.

  9. Es desolador y un peligro tener que soportar este hedor político, y además, saber que es una desgracia tener a los políticos inútiles del PP al mando de las administraciones cuando hay una catástrofe de cualquier tipo. No puede ser anecdótico. No es cuestión de suerte. Es un modus operandi de quienes vienen a la política a lucrarse y a garantizar los negocios de sus amigos. Pónganse de una vez las pilas y asuman la responsabilidad que supone gobernar y querer gobernar cualquier administración.


Y ahora hay que exigir: 

 

Hay mucho que hacer. Pero ya no se puede seguir mirando para otro lado. Ha llegado el momento de ese gran pacto de estado contra la emergencia climática, de amplio calado por la cantidad de acuerdos entre distintas partes a consolidar y por el diverso espectro que se tiene que aplicar. Hablamos de conservación y de aprovechamiento de los recursos naturales. De protección y también de garantías a los modos de vida tradicionales. Desde la autosuficiencia hasta revertir las políticas de éxodo rural. De educación pública en torno a la gestión de emergencias y el cuidado de la seguridad personal, hasta las cuestiones de gestión del territorio y ordenación urbana y vial. De modelos energéticos sostenibles y ecológicos, sin obviar el decrecimiento o las políticas de ahorro, a reflexionar sobre la movilidad de las personas y las mercancías. Del cuidado de ecosistemas y especies animales y vegetales a las legislaciones en torno a los parques naturales y las zonas de especial protección. De trabajos de recuperación del bosque autóctono y su protección, tanto en especies vegetales como animales, dotándolas de los recursos humanos, técnicos y administrativos necesarios. De políticas activas de cuidados de todas las personas a garantías presupuestarias para que todas las administraciones, hasta las más pequeñas, puedan hacer frente a estas responsabilidades y necesidades, incluyendo protocolos de actuación y colaboración transversal. De la consolidación de plantillas de trabajadores en el medio rural tanto para la gestión de los montes, el sector primario como en los trabajos de emergencia. De los cambios administrativos y legales necesarios para impedir los fuegos provocados, muchas veces por la inconsciencia y el garrulismo españistaní, pero también por los intereses económicos (crear pastizales, destrozar montes para hacer instalaciones energéticas, abrir cotos de caza, para construir urbanizaciones,...). De utilizar la categoría terrorismo para quienes atentan contra el medio ambiente, el entorno natural y la salud y el bienestar de las personas. Etcétera, Etcétera, Etcétera …



Pero hay que hacerlo ya. Lo exigimos millones de personas (podéis firmar aquí para que se visualice esta necesidad y exigencia nacional) y no puede acabar el futuro curso político sin este compromiso de los poderes públicos para llevarlo a cabo. Esto no puede estar en la batalla electoral.

Qué se apaguen los incendios. Qué no haya más. Qué no haya heridos, ni muertos. Qué las personas vuelvan a sus casas. Qué los árboles vuelvan. Qué el verde apague el negro. Qué nos queramos más y nos protejamos todos juntos.

 

viernes, 24 de julio de 2026

La Gran Aventura Dogmática de la Lengua Española


 

La Gran Aventura de la Lengua Española ha sido la serie documental de producción “propia” con la que RTVE ha querido posicionarse en el mercado televisivo de productos culturales en esta temporada de emisiones. Para su creación se ha asociado con la Real Academia de la Lengua Española (RAE), y ambas parece, delegaron la realización de la obra a una productora privada. Habría que investigar mucho más que lo que puedo y a lo que se atreve este humilde blogger sobre quién encargó, quién pagó y a quién los trabajos que han dado a luz este producto final. Fue anunciada por primera vez a mediados de enero para ser finalmente estrenada a finales de mayo. Esta larga espera nos creó una urgencia y unas expectativas que la serie documental no ha cumplido en casi ninguno de sus objetivos y partes.

Sólo el trabajo y solvencia de Iñaki Gabilondo como presentador y del equipo de doblaje, liderado por la actriz hispano-colombiana Juana Costa como narradora han salvado un guion, que pese a ciertos claroscuros que comentare a continuación, se puede presentar como solvente y relativamente acertado. Hago un inciso para aprovechar a celebrar y exigir las mínimas condiciones laborales y profesionales que el colectivo de actores y profesionales del doblaje insisten en reclamar. Gracias a los actores y actrices de doblaje, enhorabuena por vuestra labor y a por ellos.

Entramos en materia.

Mira que habrá en este país, y concretamente empiezo pensando en la propia sede de la RAE, salones y espacios sobre los que grabar directamente el contenido del documental. Me acuerdo ahora de bibliotecas, librerías, cuando no teatros, monasterios o museos, lugares públicos o privados sobre los que se podría haber hecho la localización y grabación de las intervenciones que jalonan el documental. Sin embargo, se tiro de croma y pos producción para alojar los insertos sobre escenarios de trampantojo digital que simulaban precisamente eso mismo: salones de lectura y bibliotecas. También las presentaciones de los distintos temas hechas por Iñaki Gabilondo simulaban las vistas nocturnas desde una especie de azotea madrileña. El resultado totalmente ridículo y una pérdida de oportunidad para enseñar paisajes reales, bien bonitos y trascendentales en la Historia de la lengua española. Que de eso va el documental.

La Inteligencia Artificial (IA) ha entrado como elefante en chatarrería en nuestras vidas alterando los ritmos de producción y re-producción cultural valiéndose de la vaguería y la pereza, pero fundamentalmente de la racanería, de la que además se hace impresentable propaganda haciéndola pasar como ahorro. Si me horrenda ver que un trabajo de instituto, una redacción para una nota de prensa o un informe técnico profesional es vomitado por la IA (menos mal que todavía hay alguno que lo lee y lo enmienda antes de entregarlo) qué pensar de un producto cultural producido por la RAE que ha permitido el uso y abuso de la Inteligencia Artificial en la realización de su documental.

Porque además, en el caso de la generación de imágenes a través de la IA el canteo es bochornoso y te revuelve incómodo en el sofá hasta que te saca totalmente de lo que quieres ver y entender. Empezando por los propios tonos, siempre oscuros o azulados, con una saturación de color estridente, con fallos de iluminación y encuadre, y con siluetas y sombras que se superponen o desaparecen según el algoritmo haya tenido mayor o menor respiro en el refresco de píxeles y cambios de tomas. Y encima con toda esta pos-producción colaborando insensiblemente en el calentamiento global provocado por los centros de datos instalados en el suelo rural que hace ya mucho se despojo de paisanos.

Como digo visionar cada capítulo ha sido una tortura visual, no ha ayudado en absoluto en mantener la atención sobre el contenido expuesto y encima nos ha hecho pensar si tan difícil era haber rodado, qué se yo, en la biblioteca histórica de la USAL, en el Ateneo de Madrid, o en el claustro histórico de la UVA, entre otros cientos de lugares más apropiados y bonitos. Por otro lado este descalabro estético ha decorado para mal otro de los aspectos más cutres de La Gran Aventura de la Lengua Española: la falta de preparación de los “especialistas” de la RAE.

Como decía al principio, el guion del documental es relativamente bueno. Con las limitaciones y posibilidades que brinda el medio el guion cuenta la Historia de la lengua española, desde su origen, con las influencias latinas, griegas, fenicias, íberas, celtas o árabes y sefardíes; su constitución como lengua romance, su asentamiento como castellano en los monasterios medievales al norte del rio Ebro; su desarrollo hasta alcanzar un predominio en los albores del Renacimiento; el salto a América a través del descubrimiento de Colón y la Conquista; la imbricación con las lenguas nativas de allí y su evolución hacia una lengua española moderna compartida por centenares de millones de personas, y que no impidió la emancipación política y cultural de las colonias hispánicas de la metrópoli a partir del siglo XIX. Además, a modo ilustrativo se hace un buen repaso (aunque con algunas imperdonables lagunas) de la Historia de la Literatura hispana, tanto en Latinoamérica como en España, y como los distintos autores, obras, géneros y estilos van construyendo el acervo cultural de la lengua española.

Por último, se hace un ejercicio de prospectiva en cuanto al futuro del español, en especial con la relación con el inglés en los Estados Unidos, mientras que ese misma tarea se obviaba en cuanto a las otras lenguas de la península ibérica: gallego, euskera y catalán, y por supuesto, el portugués. Tampoco y aquí saltó la polémica política de la semana con la demanda de los nacionalistas catalanes al obviarse la opresión del centralismo castellano y franquista sobre la lengua catalana (y las otras) durante buena parte del siglo XX. Imposición que por otro lado, y como es lógico se entiende, fue dura para someter también a los pueblos amerindios a la dominación castellana a través del conocimiento y uso de lengua española.

De hecho, personalmente me chirría tanto el alegato de sometimiento del castellano hacia el inglés que alegremente presenta la RAE, que la ausencia de esta convivencia (o conflicto) entre lenguas ibéricas. Y sin embargo, esta idea no ha recibido la atención que creo se merece.

Pero más allá de este disenso argumental y narrativo el verdadero drama de la serie documental La Gran Aventura de la Lengua Española radica en las intervenciones de supuestos especialistas, prácticamente todos, académicos de la RAE hechas para glosar la propia narración. Empezando por el propio presidente de la RAE, Santiago Muñoz Machado, cuya lectura del teleprompter ha sido desternillante, pero sin olvidar a algunos literatos de renombre o al presidente emérito Victor García de la Concha.

Ha sido un despropósito total ver a personajes públicos que se suponen están capacitados para comunicar sus conocimientos, balbucear ante la cámara, atascarse leyendo el teleprompter, mover mucho las manos para taparse la cara y la boca (haciendo ningún favor a las personas sordas o con problemas de audición), y por lo general, construyendo narraciones inconexas y descohesionadas que caían en absurdos y contradicciones. La sensación con estas intervenciones, y algunas me las he ido repitiendo durante los visionados, es que se grabaron a toma única, probablemente porque como vas tú, seguramente el becario de una productora, a decirle a un académico de la RAE que hay que repetir la secuencia porque a titubeao y farfullao mucho más de la cuenta. El resultado ya os lo cuento yo: giros discursivos incongruentes con lo que tratan de explicar, minutos de metraje que se pierden en el barboteo mental de un académico octogenario, y anécdotas inapropiadas para el formato o que no tienen nada que ver con el tema que se estaba tratando.

Y es que todas estas intervenciones han sido un despropósito que nos han revuelto en el sofá y nos han sacado completamente del interés legitimo en la materia que la serie procuraba explicar y difundir. Solo se salvan las aportaciones de la catedrática de la Universidad de Sevilla en Lingüística y Teoría de la Literatura, Lola Pons Rodríguez, curiosamente las de la persona más joven de todo el elenco. Y es que cuando Pons Rodríguez ha aparecido en el metraje ha expuesto su contenido con claridad, ejemplaridad y convencimiento didáctico. Estoy convencido que ella trabajó el contenido que quería explicar, se lo preparó y puede que hasta por propia petición repitiera tomas para quedarse con la mejor exposición. Si ella se hubiera ocupado de todos estos insertos estoy seguro que el resultado habría sido mucho mejor.

Me vendrán ahora con el edadismo pero lo cierto es que toda la producción tiene el tufo a que los académicos, pagados de sí mismos, no han visto la necesidad de prepararse sus alocuciones y poder grabarlas con la claridad y el carácter pedagógico que el programa cultural requería. Ellos y ellas han olvidado -pero eso no quiere decir que el resto lo hagamos-, que la televisión generalista es un medio de comunicación de amplio espectro cuyo mayor beneficio es que un contenido puede llegar a cualquier persona, por lo que la exposición de contenidos debe tener en cuenta el amplío carácter de las audiencias y por supuesto, los propios códigos comunicativos del medio en cuestión. Y esto, lo quieran o no, se empeñen en verlo o no, es lo que toda persona que se ve en la necesidad o gusto de trabajar con las academias tiene que vivir. Al tufo reaccionario, se le añade un elitismo de baratillo de quienes ni han querido, y mucho menos sabido, adaptarse a los nuevos tiempos (y los nuevos formatos y códigos de comunicación) y hacerlo, sobretodo desde una posición humilde y de servicio ciudadano, que para eso es una institución cultural del estado que recibe buenos dineros públicos.

En lugar de estas participaciones tan deshilachadas y titubeantes bien podrían haber entrado la de especialistas en otras lenguas íberas o indígenas. O incluso personas más jóvenes y preparadas y actualizadas a los modos de comunicación actuales ¿Por qué no haber recurrido a una especialista joven y con éxito como Linguriosa que además, ya está "en la casa"? Por qué no se ha contado con la figura de hispanistas, es decir, estudiosos de la lengua y cultura españolas o hispanas, que acceden a nuestro patrimonio cultural desde sus idiomas nativos, ya fuera el inglés, el francés o el alemán. Y qué decir de la ausencia de especialistas en catalán, gallego, euskera (o valenciano, menorquín, aranés, mirandés, bable, o incluso el caló) o portugués o en lenguas indígenas para contarnos como ven la relación entre aquellas y el español.

La RAE ha ideado una narrativa, un relato que venga a loar “al español” de una manera muy concreta en la que no tienen cabida ni la crítica, ni las realidades subalternas, ni la hegemonía cultural amparada bajo el dominio político, militar y económico. Muchos académicos y académicas aparecen en los capítulos del documental y mientras destacan sus balbuceos y desconexiones, se echa en falta una reflexión crítica que permita al espectador comprender que la lengua española es un fenómeno vivo y dinámico, moldeado no solo por normas y academias, sino sobretodo por los hablantes y sus usos y sus contextos sociales diversos. Qué era necesario y de total actualidad en las corrientes historiográficas y de pensamiento actuales, explicar las relaciones con otras realidades lingüísticas con las que ha compartido el tiempo y el espacio. Estas ausencias limitan la mirada del documental y perpetuan estereotipos sobre el español "correcto" versus las variantes consideradas periféricas o informales, ya sea en la propia América como en España.

Además, se supone que la propia RAE ha pagado o cuando menos promocionado y promovido este producto audiovisual para acercar la Historia de la Lengua Española a cuantas más personas mejor. RTVE ha colaborado poniendo el medio de difusión y supongo, participando en mayor o menor grado en el ideario y la ejecución de la serie documental. Por desgracia, para mi el resultado final es pobre y la convierte en totalmente prescindible. Si se quiere profundizar en la lengua española, su literatura y sus futuros posibles y retos, seguro estoy de que hay una buena cantidad de manuales y estudios rigurosos y adecuados a disposición de todos nosotros. Probablemente en las propias bibliotecas públicas ya los tengamos, y puede incluso, que alguno firmado por estos académicos. Los más actualizados seguro que ya procuran evitar estos errores, utilizan un lenguaje más adecuado y dinámico y toman perspectivas diversas para difundir el contenido de forma completa e integradora.

Si bien la idea me parece necesaria y acertada, y el guion, aún con matices a mejorar e incluir (especialmente la voz de las realidades lingüísticas y culturales subalternas que han quedado o están por debajo del dominio del español) el producto final es muy deficiente. Estéticamente la producción me parece inadecuada, una oportunidad pérdida, y en general miserable y escasa. Y como vengo comentando, lo peor las intervenciones de los académicos que demuestran una vez más lo lejos del mundo real, y lo pagados de si mismo que están, los académicos y las Academias de la realidad de los millones de personas que ejercitan la lengua y la cultura cada día.

La función divulgativa del documental se queda a menos de medio camino, gratificada de si misma por su carácter elitista y dogmático. La predominancia de las intervenciones de los académicos de la RAE, con su enfoque normativo, la escasa preparación que subyace, sus silencios interesados y su nula autocrítica, limita la amplitud y profundidad del mensaje. Para futuras producciones, La Gran Aventura de la Lengua Española servirá como ejemplo de cómo no hay que hacer un documental en pleno siglo XXI, por lo que resultaría fundamental incorporar un abanico más amplio de voces y perspectivas que reflejen la naturaleza plural y dinámica de la lengua española, superando así una visión monocromática y excluyente que no hace justicia a la verdadera aventura del idioma y cultura españoles.

 

 

lunes, 20 de julio de 2026

Una segunda estrella


El capitán Rodrigo Hernández eleva la Copa del Mundo ganada por España en el Mundial 2026. Destaca la celebración con las banderas regionales de algunos jugadores. Una celebración de la España tal cual como es: diversa. Y una imagen editada por la RFEF, y que se ha convertido en oficial de la Fifa, tras el bochorno de Trump intentando colarse en celebración ajena.
Fuente Wikicommons.

 

La selección española de fútbol en su categoría absoluta masculina anoche se proclamaba por segunda vez Campeona del Mundo. El segundo título mundial se suma al de 2010, y para la generación actual supone el cierre a los éxitos de estos años (Eurocopa 2024 y otros torneos menores), así como varios títulos en categorías inferiores donde brilla el Oro olímpico en París. También, como no, se presenta con el título de Campeonas del Mundo de la selección femenina, también jalonada con no pocos títulos en torneos propios de edades de formación. Por primera vez en la Historia, una misma federación es la vigente campeona del mundo de fútbol tanto masculina, como femenina.

El colosal, por lo ilógico, mastodóntico e insostenible, Mundial de fútbol 2026, celebrado a la limón entre Estados Unidos, Canadá y México terminó con la selección alzando la Copa del Mundo al cielo por segunda vez en su historia. Y aunque no sigo, para nada, el fútbol profesional es justo dejar unas cuantas frases escritas:

  • El Mundial 2026 ha sido el resultado de la amoralidad y la corrupción de la Fifa. Sus mandamases no tienen ningún interés en la promoción del deporte, o de los valores saludables o éticos que puedan venir con su práctica y disfrute. De hecho la secuencia de actos y decisiones tomados por la empresa FIFA S.L. han ido sistemáticamente encaminados a despojar de todos estos sentidos al fútbol y centrarse unicamente en aumentar, más si cabe, los beneficios económicos que se extraen de éste, y sobretodo de la pasión desaforada de miles de millones de personas por todo el globo. Las pérdidas del evento quedan para los organizadores. Concretamente para sus sociedades civiles. Los promotores, patrocinadores y grandes empresas no pierden dinero.

    Solo bajo este prisma que no debe de perderse de vista, se entiende tanto la configuración de un torneo de 48 equipos, como que se celebre para mayor gloria en Estados Unidos (si, si, a parte de México y Canadá). Si se ha llevado allí es por la aspiración por convertir el fútbol, el soccer, en una opción de ocio para los norteamericanos. Viendo las audiencias dentro del propio país parece que como en el 94 las cosas han quedado a medio camino. Además, los intereses del negocio futbolístico han hecho que todo el torneo se haya disputado bajo unas condiciones climáticas extremas debido a un calor sofocante que se esperaba y que parece no ha importado a nadie. La salud de los futbolistas y de los espectadores (y mucho menos de los trabajadores para atender todo lo relacionado con el mundial) no son tenidas en cuenta, pero esto ya es algo que estamos viendo en otras competiciones deportivas. Siguen empeñados en ganar dinero y en mirar para otro lado en cuanto al calentamiento global, el cambio climático y las condiciones de vida de la gente.

  • Además, el torneo ha sido aprovechado para loar la figura de Donald Trump. Qué semejante mamarracho sea el presidente de un país ya es una desgracia. Qué organismos, se supone ecuánimes e interesados en otros asuntos se plieguen a alimentar el afán de protagonismo y el narcisismo de este mastuerzo debería hacernos huir de tal evento. Y de hecho, la llamada al boicot ha tenido notable éxito hasta la fases finales del evento, donde no pocos, hemos encontrado en el fútbol y en el Mundial un lugar donde tener una victoria ante el mundo reaccionario y ultraliberal que representa éste imbécil.

    Estados Unidos se encuentra inmerso bajo la dictadura de un ególatra de manual. Un amoral, misógino, racista, clasista e incompetente que es incapaz, como por otro lado parecía evidente, de resarcir a las clases trabajadoras estadounidenses, y mucho menos de garantizar un ecosistema mundial más seguro y pacífico. Desde luego también haríamos mal si perdonáramos a la Fifa su conveniencia una vez más con sátrapas y dictadores. Ya lo vimos en Qatar, cuya proclamación como sede se saldó con la dimisión, juicio y encarcelamiento de todo un presidente de la República francesa, con el Brasil pos-golpe de estado contra Lula en 2014, o más atrás en el tiempo con el Mundial del 78 en la Argentina de Videla. Conviene no olvidar.

    En otra arista de este mundo reaccionario, el éxito de la selección es además la muestra de que España es mucho más que la visión centralizadora que las derechas ultras y extremas quieren imponernos. El equipo tiene jugadores de casi todas las regiones o autonomías. De hecho varios celebraron el título con su bandera regional atada a la cintura. Tienen distintos orígenes, incluidos los que vienen de la más pura clase trabajadora (hijos de kellys, de conductores, de profesores), y también de ex-futbolistas o vinculados a negocios (ya sabéis el mito de salir del arroyo no es tan prolijo como se hace vender). Están jugadores posicionados claramente en la izquierda, como Borja Iglesias, hoy campeón del Mundo, ayer uno de los escasos futbolistas hombres que se solidarizó con Jeni Hermoso. Por contra, los hay, también, claramente fachas. Y también hay futbolistas cuyos padres son inmigrantes que vinieron a España a trabajar y a vivir. Frente a una España cutre, de blanco y negro y abrazada a conceptos como la "furia", tenemos una España moderna, multicolor, diversa y llena de talento y convencimiento en una idea de victoria a través del juego propositivo y vistoso de ver.
    En general, y con la pasta que ganan, la selección de fútbol masculina no es de izquierdas precisamente, pero por lo menos ha ayudado a rebajar la tensión entre "españas". Y eso que las calles se han llenado de camisetas de la selección, pese a sus prohibitivos y amorales precios. Pero no de "la roja" como bautizó Luis Aragonés, sino esa camiseta beige que parece conseguir hinchar el orgullo patrio y futbolero sin provocar la urticaria de todo lo que huela a "rojo". Aunque sea el color en una camiseta.

  • A titulo personal tengo que admitir que solo he visto tres partidos y no enteros: Cuartos y semis del equipo español y la final. Si lo he hecho ha sido por un lado abrazado por el patriotismo que un evento como un mundial de fútbol henchida y hechiza al pueblo. Y por el otro, por las ganas de ganar el mundial para pasárselo por la cara a Trump, a Milei y a los fachas de allí y de aquí. Qué Trump se haya inmiscuido en la política española (ojo que es lo mismo que han hecho todos los presidentes americanos, incluidos los que nos han caído más simpáticos), afeada nuestra soberanía y practicando chantajes y exigencias a mi no solo me ha puesto en contra, sino que además he deseado que nuestros triunfos le escocieran en su naranja culo. Qué dices, que hay que subir el gasto anual en defensa de España, ¿seguro? En 8 partidos, un solo gol en contra. Me parece que no hay que subir para nada, el presupuesto nacional en defensa, ni en ejércitos, ni en pistolistas… mamarracho.

    Como comento he visto 3 partidos, cuando probablemente desde 2010, en total haya visto como mucho 10 partidos en todos estos años (2 o 3 de Unionistas, contra Rusia en el mundial 2018, y 4 o 5 de la selección absoluta femenina). Pero sé mucho de fútbol puesto que lo he jugado a cierto nivel y he visto y seguido, y estudiado, bastante este deporte. Hace mucho ya que el negocio del fútbol híper profesionalizado nos ha echado a muchos aficionados. Y no me arrepiento de haber podido aprender, practicar y disfrutar otros deportes u otras aficiones. Lo volvería a hacer y en esta época lo estoy haciendo con por ejemplo, el baloncesto que ha sido muy importante en mi vida, y del que ya me encuentro totalmente alejado en su vertiente masculina.

  • El desarrollo del partido de ayer fue el previsible: dominio de España absoluto y Argentina encerrada atrás, y encomendada a tres factores: El talento y la genialidad de Messi; su control del fútbol canchero o barriobajero incluida cierta violencia innecesaria; y por último, la confianza en que el árbitro no iba a castigar el anti-fútbol. Y todo ello se cumplió. De hecho, la Fifa debería de preocuparse más por hacer valer el espectáculo deportivo y un afán loable y voluntarioso por buscar el gol y la victoria, antes que permitir las patadas, los empujones, los encontronazos, las protestas y los fingimientos para mantener artificialmente una supuesta igualdad que no lo es. Parece que desde 2010 no han hecho nada por ello.

  • España, como digo, llevo el control del juego con un jugador, Rodrigo Hernández que me parece sobresaliente. De hecho, lo admito, no lo conocía y hasta anoche que lo dijo mi mujer, no sabía que había sido Balón de Oro. Quizás el único jugador que a mi modo de ver sería titular en la selección de 2010, y que me recuerda al mejor Fernando Redondo con un despliegue físico sobresaliente para la recuperación y el achique y una claridad para la construcción del juego ofensivo certera (aunque quizás con menos capacidad para sumarse al ataque de como hacia el “6”). Pero aún con todo el dominio, el gol se retrasaba porque fallaba el último pase o el remate, y por lo general, la claridad en la resolución de la jugada, de las más de 25 veces que la selección pisó el área rival, por sólo 1 de Argentina (de hecho sus 3 acercamientos ya son en la segunda parte de la prórroga con 1-0 en contra).

    Ese gol llegó a comienzos de la segunda parte de la prórroga gracias a la genialidad de Nico Williams que salvaba un centro defectuoso para dejársela propuesta a Ferrán López para que empalase el gol de la victoria definitiva. España con algunos apuros cerraba un partido que en circunstancias normales (un arbitraje garantista del fútbol y no de la pelea, más tranquilidad en metros finales, y parece ser un terreno de juego más propicio con quien quiere proponer y no destruir) debería de haber ganado en el tiempo reglamentario.

  • Pero sí, y hay que decirlo y felicitarles y felicitarnos y sentirnos orgullosos: España Campeona del Mundo. Es que no podía haber otra.

  • Se añade así una segunda estrella al emblema del fútbol nacional (medalla que se impone por cada título mundial). En este momento España es campeona del Mundo de fútbol tanto en su selección masculina, como femenina. Es un gran resultado y también lo es coherente con el ecosistema deportivo patrio: El monocultivo del fútbol.

    Mientras otros países como Italia, Alemania, Países Bajos o incluso Brasil, viven que su tradicional preponderancia en el fútbol ha desaparecido, ocasionando ciertas crisis internas, sus deportistas, hombres y mujeres, en otras disciplinas se han aupado a ganar y ampliar el interes en sus respectivos países con nuevos deportes. Visto como nos desenvolvemos unos y otros en los JJOO quizás haya que pensar en cómo crecer en todos los deportes, sin perder nuestra capacidad en fútbol. Todo esto no pensando únicamente en los éxitos del deporte de élite, sino sobretodo, en facilitar a cuantas más personas la más diversa práctica deportiva.

  • RTVE se ha volcado con el torneo haciendo un despliegue monumental que ha trastocado los intereses y compromisos con el conjunto de la sociedad. Espero que montados en la ola de este éxito no les dé por tirar por la borda lo que tiene que ser un servicio público. Porque no sólo de fútbol vive el hombre.

Pues eso, que “somos” por segunda vez Campeones del Mundo de fútbol en categoría absoluta masculina. Enhorabuena a todas las españolas y a todos los españoles que celebran nuestro juego y el tener un equipo diverso y que se une por un objetivo común. Un ejemplo.

Y sí, qué rabien los fachas.

Viva esta España. Viva este país.

 

 

sábado, 18 de julio de 2026

90 años de un Golpe de Estado

Un grupo de milicianos republicanos son conducidos por sublevados armados tras rendirse.

 

 

Hoy 18 de julio de 2026 se cumplen 90 años del golpe de estado que provocó el estallido de la Guerra Civil española. Aquel sábado una parte significativa del ejército español, y más concreto los principales generales acantonados en las guarniciones de los protectorados españoles en el Norte de África (los “africanistas”) se saltaron su juramento de fidelidad al pueblo y la patria y se sublevaron contra el orden establecido y el gobierno legítimo de la Segunda República Española. Detrás como auspiciadores los prohombres de la derecha española (monárquicos, carlistas, falangistas, etc.,), que ya se habían asegurado el favor de las potencias fascistas del Eje, y en especial los jerarcas de la iglesia católica española que había perdido su monopolio en la educación para adoctrinar a los españoles y españolas. Y por supuesto, la financiación del golpe y posterior guerra llevada a cabo por las principales familias de banqueros y hombres de negocios del estado español, con fundamental énfasis en la figura de Juan March.

El golpe de estado que debía llevar a una usurpación rápida del poder en favor de los promotores y golpistas para elevar un gobierno militar de talante fascista fracasó por la resistencia interna del estado republicano, que aunque joven había podido desarrollar algunas contra medidas que resultaron eficaces. Y sobretodo, por la actitud de las clases trabajadoras urbanas españolas, de los mineros asturianos y de varios oficiales militares que mantuvieron leales a la república a sus subordinados y cuarteles que impidieron la consecución de los planes de control militar del territorio nacional.

Como resultado se abrió una contienda civil entre ideologías en España que supuso una guerra cruenta y de extrema violencia durante 3 años, en los que la eliminación absoluta del enemigo era el objetivo íntimo a la victoria militar y el dominio político y social. La victoria franquista trajo una “eterna” dictadura fascista, que supuso en conjunto con el total de la guerra, más de un millón de muertos, de los que todavía hoy hay al menos 150.000 desaparecidos del bando republicano, además de un exilio de entre medio millón y 700.000 españoles (según fuentes) entre 1937 y 1942. Entre las consecuencias políticas y económicas del conflicto y la posterior dictadura están el anclaje a un conservadurismo fascista, un sobre-dimensionado de la estructura centralizada del estado y un afianzamiento del dominio jerárquico de los vencedores de la guerra sobre las clases trabajadoras e identidades subalternas del estado español.

Escribir hoy, noventa años después, del 18 de julio, la Guerra Civil y la criminal dictadura franquista (sin olvidar la transición “democrática”) no supone un simple ejercicio de nostalgia o de inmovilismo que provoque tanto las divisiones del pasado, no satisfechas en el presente, ni tampoco la absolución de los perpetradores de tanto dolor, tanto de un bando como de otro. Recordar y estudiar todo lo que gira en torno al 18 de julio implica comprometerse en la veracidad histórica, con capacidad crítica. Explicar quienes y por qué abrieron el conflicto, cómo se desarrolló, qué fases lo secuenciaron, y sobretodo, qué consecuencias legó, cómo han ido imbricándose en cada momento histórico (desde la propia posguerra, hasta hoy en día) y por qué cuesta, nos cuesta tanto, hablar sobre nuestro pasado.

Quizás buena parte de estas preguntas se respondan con un hecho evidente que sin embargo los “escribientes” del bando vencedor (sublevado o mal llamado nacional) se empeñan en saltarse: La Guerra Civil no fue ni un hecho natural, ni una catástrofe imposible de evitar. La Guerra Civil, todo lo acontecido desde el advenimiento de la Segunda República fue una suma de decisiones de carácter político e ideológico, alimentado por los intereses económicos de las élites con el fin último de seguir explotando a las clases pobres y clases trabajadoras españolas. Incluso si había que derribar un régimen democrático (incipiente), provocar un enfrentamiento armado o abrir un estado perenne de violencia política.

Hoy cuando se pone en discusión los valores propios de la democracia, y aunque sea liberal, los principios más elementales del antifascismo, es un deber de una sociedad seria y responsable explicar con rigor los procesos históricos que nos han llevado hasta donde estamos hoy. Cuando se habla de violencia política, de deshumanización del adversario ideológico o de la persona distinta (en raza, género, capacidad adquisitiva, opinión política, religiosa, etc.,), de desacreditar las instituciones y al tiempo se banalizan los hechos del franquismo y se loan unas falsarias y supuestas bondades (totalmente desacreditadas por la documentación, los relatos de quienes vivieron bajo tales yugos, y por la propia Historia) más convencimiento hay que poner en trabajar las fuentes, analizar los hechos y poner el contexto necesario para explicar nuestro pasado de manera clara, que no lleve a equívocos y que desmienta las opiniones interesadas.

Pese a la lentitud a la hora de abrir archivos oficiales y frente al apagado de la voz de los protagonistas, tanto quienes ejecutaron y se beneficiaron, y quienes sufrieron y vivieron la Segunda República, la posterior Guerra Civil y la siguiente dictadura, las y los historiadores han hecho un trabajo encomiable por reconstruir lo acontecido y darlo a conocer. Y en esto contra los intereses de algunas instituciones educativas o culturales que parecen empeñadas en esconder los hechos que no les conviene. Por lo que sea.

A través de archivos judiciales, expedientes militares, consejos sumarísimos y de guerra, los registros civiles, parroquiales, de partidos y sindicatos, los testimonios directos, tanto orales o escritos, las excavaciones arqueológicas, y en conjunto, la puesta en común de toda esta documentación y el trabajo desarrollado en torno a ella se han podido esclarecer y asentar los sucesos que promovieron el golpe, la evolución de la Guerra, la violencia ejercida tanto en los frentes como en las retaguardias, las condiciones de vida durante el conflicto, la represión institucionalizada por los vencedores y el desarrollo de una dictadura que ató al país y a sus gentes a 40 años de dolor y lastrado de su vida y su futuro.

Por lo tanto poseemos una historiografía sólida y contundente ante la verdad histórica de la España del siglo XX, que hoy, en pleno siglo XXI, resulta imposible de trasladarse al conjunto de la sociedad para su aprovechamiento y conocimiento. Esta paradoja corresponde a los intereses de quienes se lucraron con la guerra y la dictadura, y a sus firmes herederos. No es que se intente silenciar lo que ya sabemos y está plenamente confirmado sobre la Guerra Civil y el franquismo sino que además se presenta una tendencia historicista empeñada en blanquear el fascismo, relativizarlo y maquillarlo, cuando no mentir abiertamente y “vender” los supuestos éxitos que las políticas del caudillo dejaron para España y los españoles. Basta con leer un poco para conocer la verdad y la realidad de todos estos embustes, y profundizar un poco, a veces en las biografías de quienes vender estas mentiras, para derribar los intereses que hay por detrás.

Frente a la verdad histórica y el profesionalismo de las y los historiadores o de los propios profesores de Historia, se popularizan con mucha fuerza (es decir, con mucho dinero detrás) una versión del franquismo que obvia todo aquello que no les conviene: las cárceles, el exilio, la explotación cuando no esclavitud de las huestes trabajadoras, los genocidios de españoles a manos de españoles, la opresión, el miedo, las torturas, los “paseos”, las “sacas”, las condenas morales, el hambre, las atrocidades, los bombardeos indiscriminados sobre población civil (Gernika, Eibar, Benicarló, Alcoy, la desbandá, etc.,).

Y es que, pese a esta manipulación interesada de la Historia, la verdad es que con la guerra perdió España. Sobretodo su clase trabajadora que aspiraba a construir un país más moderno, más justo y por fin con capacidad en aquel momento de desembarazarse de los largos brazos del conservadurismo y la cerrazón clerical católica, y de la opresión de unas clases parasitarias, aristocrática y burguesa, para abrir un futuro donde la razón, la ciencia y el progreso entrarán con fuerza. Una generación irrepetible de intelectuales (científicos, literatos, filósofos, artistas) desapareció. Pero también una generación de trabajadores que empezaron a comprender las causas de su situación y a imaginar las soluciones para revertirla que pasaban por su toma de conciencia, primero individual y luego colectiva, de su situación, a la organización y la puesta en práctica.

Por ello el 18 de julio hay que recordar. Y hay que recordar a las víctimas. Esas víctimas que son incómodas para las derechas de este país (incluidas la extrema castellana, o madrileña, pero también la vasca o catalana). Esas víctimas que yacen en cunetas o exiliadas. A sus familias que permanecieron silenciadas durante la dictadura y la transición y sólo en los últimos años gracias al trabajo de historiadores y documentalistas alguien les ha escuchado y su relato no queda sepultado. Por ello las leyes de memoria son tan necesarias, imprescindibles. Como es un acto de justicia devolver la nacionalidad española a quienes tuvieron que exiliarse para preservar su vida. Una devolución que se hace a quienes abandonaron España a veces ni con una maleta, y que se hace, como natural, extensible a sus descendientes. Es la mejor manera de que la ignorancia y los intereses de quienes nos quieren hacer permanecer ignorantes no gane de nuevo. La manipulación de la Historia, la ocultación de la verdad y también la indiferencia hacia nuestro pasado no son inocuos. Buscan un objetivo que es que el autoritarismo, aunque sea distinto o disfrazado, se siga imponiendo. Explicar la Historia es la mejor forma de proteger la vida. La democracia y la justicia social se deben defender entendiendo la Historia, explicando por qué y cómo fue destruida en el pasado, quiénes lo provocaron, con qué fines, y cuáles fueron las consecuencias de todo aquello.

La Revolución Francesa de 1789

 Prise de la Bastille (1789), de Jean-Pierre Houël   La Revolución Francesa es el acontecimiento que originó el mundo tal y como lo c...