Mostrando entradas con la etiqueta feminismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta feminismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de febrero de 2026

Obituario Susan George. Pensadora, activista, ejemplo y dignidad

  

El pasado 14 de febrero fallecía a los 91 años, en su residencia de París y rodeada por su familia, la filósofa y activista Susan George.

Valgan estas pocas palabras, juntadas a prisa y corriendo, como un homenaje sentido, de gratitud y recuerdo para una de las grandes pensadoras, en femenino y sin atender a géneros, del siglo XX y el primer cuarto del XXI.

Susan George ha sido un constante ejemplo de reflexión y crítica socio-política que ha transmitido con una enorme pasión y atino en su multitud de artículos, ensayos y conferencias, y especialmente a través de una prosa lúcida y fluida plasmada en casi una veintena de obras de politología, sociología, filosofía y feminismo.

Particularmente, llegué a Susan George en los 2006 y 2007 a través de varias referencias que me llegaron por estar vinculado a Monde Diplomatique y a ATTAC. Y sin duda, El Pensamiento Secuestrado (2007) y El Informe Lugano (2001) que se convirtieron en obras de consulta y de pilares para construir mi propio pensamiento. En ambas obras, así como en otras muchas de su extensa bibliografía, Susan George ejecuta un análisis crítico del neoliberalismo y del capitalismo ultraliberal, con una forma de escribir muy incisiva, muy directa en presentar los hechos, con el trabajo previo de contextualizarlos. Los argumentos se solidifican basándose en el periodismo, en la Historia y en la lectura calmada y compartimentada de las estadísticas, las causas y consecuencias de las políticas de extremo “liberalismo” de los últimos 50 años.

Temas como la desigualdad, el imperialismo y el neo-imperialismo americano, la globalización, el desarrollo humano, las derivadas de las intervenciones políticas y económicas en las comunidades, los individuos, en las culturas o en el medio ambiente se muestran tal y como son. Se convierten en denuncia y van más allá: al planteamiento de alternativas, reales y factibles, la primera de ellas la toma de conciencia colectiva de la humanidad en favor de los derechos humanos.

En El Informe Lugano, Susan George examina el impacto del neoliberalismo en la economía global y sus efectos devastadores en las comunidades vulnerables. Particularmente estimulante resulta su consulta y el dar voz a los pueblos indígenas de América Latina y poner el foco en las consecuencias sociales sobre la salud de las personas, en especial de las mujeres y también de las consecuencias medioambientales. Uno de los temas centrales es el cuestionamiento del modelo de desarrollo impuesto por instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. George argumenta que estas entidades, lejos de ser agentes de progreso, han perpetuado ciclos de pobreza y dependencia en muchos países en desarrollo. Este enfoque crítico no solo resalta la falta de eficacia de ciertas políticas económicas, sino que también invita a una reflexión profunda sobre la justicia social y la necesidad de alternativas viables al capitalismo desenfrenado.

Por su parte, en El Pensamiento Secuestrado, Susan George profundiza en la manipulación del pensamiento crítico en las sociedades contemporáneas. La autora sostiene que las élites políticas y económicas han logrado dominar el discurso público, limitando así las posibilidades de un debate genuino sobre alternativas al modelo neoliberal. Este secuestro del pensamiento no solo afecta a la política, sino que también influye en la forma en que se perciben realidades como la desigualdad, la pobreza o el cambio climático. Al poner de relieve esta problemática, George invita a los lectores a tomar conciencia de la importancia de cuestionar las narrativas dominantes y a involucrarse activamente en la construcción de un futuro más justo.

Ambas obras comparten la premisa de que el cambio es posible, pero enfatizan que requiere un esfuerzo colectivo y un cambio de mentalidad. Susan George, como siempre a lo largo de su vida y su carrera, no se limita a establecer una critica, por supuesto acertada y reveladora; también plantea la urgencia de desarrollar un pensamiento crítico que permita a las sociedades resistir y reinventar el modelo hegemónico actual. En este sentido, su trabajo se convierte en un llamado a la acción, instando a las personas a no convertirse en meras espectadoras de su realidad, sino a participar activamente en la creación de nuevas formas de vida social y económica.

La profundidad de la obra de Susan George radica en su capacidad para conectar lo macroeconómico con lo micro-social. Por ejemplo, al analizar las políticas neoliberales desde la perspectiva de los afectados, logra humanizar estadísticas frías y demostrar cómo estas medidas impactan directamente en la vida cotidiana de las personas. Su enfoque empático es un recordatorio de que detrás de cada cifra hay historias, luchas y esperanzas. Hay vidas humanas que hay que dignificar y respetar.

En conclusión, Susan George, a través de su aguda crítica y su enfoque inclusivo, no solo ilumina las sombras del neoliberalismo, sino que también ofrece una plataforma para repensar las estructuras sociales actuales. Sus obras son un recurso invaluable para cualquier profesional interesado en comprender las dinámicas del poder y la lucha por un mundo más equitativo.


Susan George, reconocida intelectual y activista estadounidense, ha dejado un legado imborrable en el campo de la crítica social y económica. Su vida estuvo marcada por un compromiso inquebrantable con las causas sociales y una profunda indignación ante las injusticias del mundo. Su obra trascendió el ámbito académico y se convirtió en una poderosa herramienta de cambio. Su enfoque accesible y provocador no solo iluminó los problemas globales, sino que también inspiró a múltiples generaciones a involucrarse en la lucha por un mundo más justo.

Pero no sólo se quedo ahí. En el análisis académico o en la publicación literaria, sino que además su indignación se hizo carne. Se convirtió en lucha y participación en movimientos sociales y foros internacionales, posicionándola como una voz respetada y escuchada en debates cruciales sobre el desarrollo y el neoliberalismo. Sus planteamientos brillantes tomaron constancia de la realidad y su impulso fue el de la propuesta de alterantivas reales y tangibles. La capacidad de Susan George para combinar teoría y práctica hizo que sus ideas resonaran en distintos contextos, convirtiéndola en una figura fundamental en la discusión contemporánea sobre justicia social.

Aunque su partida deja un vacío significativo en el ámbito de la crítica social, el impacto de su trabajo perdurará. Susan George nos enseñó que la crítica es un acto propio de la realidad humana, y que además, es un deber intransferible en el afán por mejorar la vida y el futuro de todas las personas. Su legado invita a reflexionar y actuar, recordándonos que la lucha por la equidad y por la justicia continúa.

martes, 17 de febrero de 2026

A Boy Named Sue

 

La música siempre ha sido un medio poderoso para expresar emociones, contar historias y explorar temas sociales. Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta triple capacidad se encuentra en "A Boy Named Sue", una canción escrita por el poeta y cantautor Shel Silverstein e interpretada magistralmente por Johnny Cash. La canción fue lanzada en 1969, dentro del emblemático recital que Cash dio en la prisión estatal de San Quintin (California), donde la estrenó. El concierto, no sólo era un regalo y oportunidad para los reclusos, sino que fue televisado en directo para todos Estados Unidos y Reino Unido, en un hecho que visto hoy en día, nos parecería alucinante. A Boy Named Sue no solo se destaca por su narrativa intrigante y humorística, sino que también ofrece un contexto cultural que merece ser examinado en profundidad.

La letra de "A Boy Named Sue" cuenta la historia de un hombre que, desde su infancia, ha llevado el peso de un nombre inusual; el nombre de una chica. Esto le provoca una serie de eventos que moldean su carácter y su vida. El protagonista relata cómo su padre, al nombrarlo Sue, lo dejó en una desventaja social, enfrentándose al desprecio y la burla de sus compañeros, ya fueran chicos o chicas. Esta situación genera en él un profundo resentimiento hacia su padre, quien se alejó de la familia, dejando al joven a luchar por su identidad en un mundo hostil.

Desde una perspectiva literaria, la canción se estructura como una narrativa en primera persona con un enfoque claro en el desarrollo del personaje. Cash interpreta, con la maestría y el talento que tenía, al narrador y, el oyente puede percibir las crudas emociones que atraviesan su vida; desde la frustración de ser objeto de burlas hasta la ira acumulada por la ausencia paterna. Johnny Cash tomó la decisión de interpretar la canción en un tono cómico a pesar del trasfondo serio resalta su habilidad para mezclar humor y tragedia, una característica distintiva de su estilo musical.

El contexto sociocultural de finales de los años 60 es fundamental para entender la resonancia de la canción. Esta era estuvo marcada por movimientos de contracultura, cuestionamientos de normas sociales, gracias en buena medida al crecimiento del feminismo, lo que llevó a una redefinición de la masculinidad. En un tiempo donde la imagen del hombre fuerte y autosuficiente predominaba, y era frecuentemente loada y exhibida por el Western y otras acepciones culturales, la vulnerabilidad del protagonista de "A Boy Named Sue" desafía este estereotipo. Hacerlo a través de la música country tan ligada a ese espíritu de hombre fuerte, insensible y rudo una muestra más del atrevimiento de Cash. La lucha del personaje con su identidad y su eventual confrontación con su padre simboliza un viaje de autodescubrimiento y reivindicación personal, que puede ser visto como un reflejo de las tensiones sociales de aquella época.

La confrontación entre el narrador y su padre, donde finalmente se encuentran, es la parte central de la trama. Este momento no solo ofrece una resolución a la historia, sino que también provoca una reflexión sobre los lazos familiares y el impacto de las decisiones parentales en la vida de los hijos. La violencia en su encuentro puede interpretarse como una metáfora de cómo las heridas emocionales pueden llevar a la agresión física, subrayando el ciclo de dolor y sufrimiento que puede perpetuarse entre generaciones.

Por lo tanto, "A Boy Named Sue" es mucho más que una simple balada; es una obra que encapsula una experiencia humana universal: la búsqueda de identidad y la confrontación con el pasado. Johnny Cash logra, a través de su interpretación apasionada y auténtica, conectar con la audiencia que ha sentido el peso del nombre que llevan o las expectativas impuestas por la sociedad. Y de este modo hacerla reflexionar. Así, la canción gana atemporalidad, mantiene vigencia y sigue siendo relevante, recordándonos la importancia de aceptar nuestras diferencias y entender la complejidad de nuestras relaciones familiares.

En conclusión, "A Boy Named Sue" es un testimonio del ingenio lírico de Shel Silverstein y la maestría interpretativa de Johnny Cash. La mítica voz grave del de Arkansas, con su juego en tonos y énfasis le concede una riqueza que la convierte en imperecedera. Su análisis revela no solo una historia conmovedora, sino también un espejo de las dinámicas sociales y culturales de su tiempo, resonando con aquellos que buscan encontrar su propio lugar en el mundo a pesar de los desafíos que puedan enfrentar.

lunes, 11 de agosto de 2025

De música y marketing: Monjas sexualizadas

Una de las cosas más chulas e interesantes de los festivales de música, y particularmente satisfactoria en los de Heavy Metal, es la posibilidad de descubrir a grupos y artistas nuevos, o poco conocidos por estos lares, que te los encuentras en un cartel o directamente sobre el escenario y se convierten de repente en parte de tus gustos musicales. Desde entonces los tienes en cuenta y de esta manera te involucras con esa banda nueva o recién descubierta. Te compras en el stand del festival la camiseta del grupo y/o un cd. Les sigues, buscas sus videos en youtube y su agenda de próximos conciertos. Y ahí estarás con tu acervo musical incrementado y probablemente, a menos a mi no me ha pasado todavía con este tipo de descubrimientos, para siempre. Será muy difícil que te defrauden.

Esta vez no he acudido al Leyendas del Rock en Villena por diferentes motivos como trabajo, un calor que se esperaba, y ha resultado desgraciadamente, abrasador e insufrible hasta lo peligroso, y fundamentalmente, por unos precios muy altos. Más de 100€ (con los gastos de gestión) por la entrada de un día son una absoluta pasada, por más que el abono de los 4 días de festival (para el que pueda aguantar ya 4 días seguidos) quede en unos abultados también 167€. No hablemos del despropósito de los precios de la bebida en este festival con el añadido del calor excesivo que se padece. Lo siento, me ha parecido mucho dinero, pese a que había buena materia en el cartel el miércoles como volver a ver a Fear Factory, a Dunedain o a la nueva banda simultánea de mi amado Mikael Stanne, Cementery Skyline (al día siguiente repitió con The Halo Effect).

Pero el caso es que revisando las crónicas me asaltó una imagen que automáticamente me motivo y me hizo ir a la red social de videos, -y cada vez más anuncios-, a ver de qué se trataba.

 


Y sí. Así es. Lo que me llamó la atención fue la imagen y atuendo de las componentes del grupo “Dogma”, ataviadas con atrevidos hábitos de monja, abiertos y sugerentes, calzando botas altas hasta la rodillas y maquilladas. No puedo negarlo. Me atrajo esta estética absolutamente sexualizada de las artistas e interpretes, por lo que debo incluirme, en cierto grado a mi pesar, en el club de MetalPacos y cuñaos que se pusieron cachondos.

Afortunadamente en el Heavy Metal, después de los años nefastos del Glam, hay que saber tocar y ofrecer buena música y mejor desempeño en vivo para perdurar, y en ese sentido hay que decir que Dogma es un grupazo. Que tocan de maravilla y por lo que he podido rastrear, en directo funcionan e impresionan.

Dogma son una banda compuesta por 5 mujeres ataviadas como monjas de clausura, pero cuyos ropajes abiertos muestran sus carnes, muslos y escotes, así como su maquillaje facial, a parte de ocultar su identidad, las presentan como “malditas”, cercanas al diablo o al averno. Su actitud y su disposición es la de discutir y derribar todos los dogmas con los que convivimos día a día en las sociedades donde la religión, y particularmente la católica-cristiana, tiene tanta fuerza. Esto subyace de su origen, América Latina, probablemente Brasil o México, aunque no he encontrado noticia o anuncio que lo certifique. En cualquier caso provienen de una zona donde la presencia cultural y social, y también la influencia política, del catolicismo y de la iglesia es muy poderosa y ha servido tradicionalmente para imponer una moral retrógrada y castigadora con respecto a la sexualidad, y en especial, a la vida y la presencia de la mujer. En este sentido, radica la esencia del grupo que persigue la liberación de todos los dogmas, especialmente religiosos que nos limitan, y concretamente a las mujeres y en América Latina, derribándolos para así liberar y acabar con la represión.

Musicalmente a Dogma los clasificó dentro del Hard rock con reminiscencias melódicas y duras al estilo del que practican bandas como Hellacopters, Architects o Spiritual Beggars. Pero también se incluyen referencias heavies a los temas de la primera época de Iron Maiden, y de los últimos trabajos de Arch Enemy en las melodías y transiciones con voz clara de Alissa White-Guz. Para ello se valen de la pericia de las tres intérpretes de guitarra, bajo y batería. Lamia, Nixe y Abrahel aparecen sobradas de talento y si bien las composiciones y solos a veces pecan de sencillez, no carecen de ritmo, presencia y continuidad. Todo ello coronado con la voz de Lilith (todos estos seudónimos tienen reminiscencias a personajes religiosos que presentaban la feminidad como algo “malo”, “peligroso” o “pernicioso”), que navega sobre las olas generadas por sus compañeras con una sugerente mezcla entre sensualidad y dureza. Su timbre me recuerda al de Simone Simons, pero también al trabajo de Sirenia con la voz de Ailyn, no puedo dejar de lado una presencia muy de música pop, muy fabricada para gustar y ser fácilmente recordada y coreada. Y no digo que esto sea malo, pero es lo que hay.

Los temas de las letras de las canciones, como decía anteriormente, abogan por la liberación sexual, pero también moral y mental, de las personas, y en especial de la mujer, que tiene que volar libre y explorar su cuerpo, su sensualidad y su espíritu. Conjugan en general con una presentación muy estudiada, con una gran teatralidad, lo que no le resta ningún mérito sino más bien al contrario, por lo que he podido conversar con algún conocido que estuvo en Villena y por lo que he visto en unos videos de youtube.

En el Heavy Metal ya tenemos costumbre, y cada vez parece que más, de tener bandas cuyos integrantes se presentan con máscaras y nombres alegóricos que ocultan su identidad. Lo que empezó con Kiss, continuó con Gwar o King Diamond y siguió con las bandas del Black Metal, Turisas, Wes Borland en Limp Bizkit, Slipknot, Lordi, Ghost, El Altar del Holocausto, Heilung, etc., etc., casi una lista interminable. Por eso anudar esta estética tan concreta, pero a la vez tan sexualizada, generada para llamar la atención y convertir a las integrantes en carne de medios sociales virales, junto a una música, que aún enraizando con el rock duro, es “fácil”, digamos consumible, levantan las sospechas sobre el origen del grupo.

Si a esto le añadimos una presencia mediática potente y el acompañamiento desde el primer momento de una de las grandes compañías discográficas, que no ha escatimado esfuerzos en realizar producciones y videos llenos de imágenes sexuales y potentes composiciones visuales (y que estos aparecierán sin filtro en las plataformas), nos lleva inexorablemente a estar ante un producto de marketing.

 


 

 

  

Ojo, que esto tampoco es malo porque si. Es lo que hay. Y aunque le pueda restar originalidad, o si se quiere hasta trascendencia, seria injusto no mencionar la calidad de la propuesta sobretodo si funciona bien a nivel estudio, y fundamentalmente en el directo. Porque Dogma es un muy buen grupo musical del que ya vamos a estar pendientes. Si a esto le sumamos la virialidad de las plataformas y del streaming (quizás motivada su magnanimidad para con Dogma por los intereses de quien ha generado este producto) ante imágenes de sexo, pues el éxito ya está fraguado.




El Heavy Metal es un género en el que la presencia masculina es predominante, pese a la significativa aparición de mujeres al frente de bandas, y también, cada vez más, tocando instrumentos y aportando en todas las facetas. Es bienvenido y necesario. Y con el caso de “Dogma” ganamos una banda más a este movimiento, que en esencia, busca incorporar plenamente a la mujer en las actividades de toda índole (económicas, sociales, culturales) de la vida común. Así que en ese sentido, logro conseguido y meta en la que seguir trabajando por parte del grupo, y todos los que tienen presencia femenina (ya sea completa o parcial).



miércoles, 26 de marzo de 2025

El trabajo doméstico: Dignidad, derechos y necesidad

Una imagen muy común en nuestras ciudades en la actualidad: Una mujer joven inmigrante, de origen latinoamericano, asistiendo a una persona mayor.

 

Según datos estadísticos recogidos por diversas instituciones (desde el INE hasta los Institutos autonómicos de estadística, Universidades, sindicatos y fundaciones, tanto privadas como públicas) y cruzados por investigadores o periodistas en 2016 existían en torno a 800.000 trabajadores dedicados a las tareas de cuidados, incluyendo tanto la asistencia a personas mayores, a menores, como al mantenimiento de los hogares domésticos. Una mayoría abrumadora, prácticamente del total, son mujeres, trabajadoras, de las que en un porcentaje del hasta 80% son inmigrantes. Estos datos, claramente, se han incrementado tras la pandemia de Covid de 2020 y 2021.

Es decir, la sociedad y la economía española se basan en el trabajo de estas mujeres, como digo muchas extranjeras que se ocupan de nuestros hijos, nuestros mayores y nuestras casas. Muchas lo hacen sin contrato, sin seguridad laboral ni social, por salarios de miseria y con horarios y condiciones abusivas. Estigmatizadas y discriminadas por asistentas, por pobres, por mujeres y por extranjeras.

Me parece muy importante el verbo “basar” porque la economía española (pero también cualquier economía), ese gigante o ese crucero que siempre marcha a buen ritmo según los distintos gobiernos, está cimentada sobre los hombros de mujeres que llevan a cabo las tareas cotidianas, de cuidados, limpieza y mantenimiento de personas y hogares, facilitando, cuando no haciendo posible, que otras fuerzas productivas puedan dedicarse a jornada completa en las excelencias de la economía regulada, monetizada y con valor.

Es evidente, que tras 50 años de democracia (pseudo), los últimos ya 7 (cuidado) con el gobierno más progresista de la Historia, con Ministerios de la igualdad y políticas feministas, el estado español, ningún gobierno de ningún partido ha tenido interés en regular las condiciones de trabajo de este sector, investigando, denunciando y multando los abusos de la patronal. Los desmanes diocechescos de señores y señoras sobre las chachas.

Quizás en esto tenga que ver el hecho de que se trata de un sector productivo y profesional extremadamente disperso, con un asociacionismo y activismo sindical prácticamente nulo en el que influyen tanto las propias condiciones de trabajo (jornadas eternas, duras, de personas que se ven solas frente a sus “empleadores” y sin contacto con “compañeras”). Para mi mucho más evidente es que los sindicatos mayoritarios (otros si que pueden levantar la cabeza con orgullo por estar en esta lucha) no han mirado a quienes han preparado desayunos, atendido a los abuelos y a los hijos, o limpiado la cocina del chalet, las escaleras del bloque o la oficina.

También me escuece, y mucho, la actitud en este tema de los partidos de la nueva izquierda, y también de la vieja, que jamás han planteado estas más que legítimas reclamaciones. Pareciera que desde los departamentos universitarios de sociología y ciencias políticas la vida y el trabajo de las asistentas y limpiadoras no importaba.

Se trata de un sector fundamental, básico, pero que como no genera una creación directa de riqueza y de valor monetario no son tenidas en cuenta sus condiciones de trabajo y vida. No se entiende, o mejor dicho, no se quiere entender que sin el trabajo de estas profesionales, otros, fundamentalmente hombres, no han podido crear la riqueza en los puestos de trabajo regulados y cotizados.

Lo cierto es que el sector de los cuidadosy el de la asistencia y limpieza doméstica, insisto, mal pagado, sin apenas protección y condenado a los abusos, el machismo, la xenofobia y la aporofobia, suple la falta del estado en la materia de cuidados. Si las distintas administraciones tienen la obligación constitucional de garantizar la igualdad entre ciudadanos, son estas mujeres las que cumplen ese mandato, y ni siquiera reciben una cotización que mejore sus condiciones llegada la jubiliación. Suplen y escamotean la responsabilidad de la sociedad, y en particular de las instituciones, en materia de guarderías (apenas el 8% de los niños de entre 0 y 3 años tienen plaza en una guardería pública), residencias y cuidado de mayores y dependientes (Según el Observatorio Estatal para la Dependencia a 30 de junio de 2017, el número de dependientes reconocidos por el Sistema de Autonomía personal y Atención a la Dependencia (SAAD) es de 1.217.355 y las personas atendidas son 898.243, por lo que 319.112 están a la espera de recibir las prestaciones a las que tienen derecho) y cientos de miles de estas mujeres se ocupan del bienestar en muchos domicilios españoles.

De hecho, si estas mujeres decidieran una huelga del servicio doméstico, más de la mitad de los trabajadores en el sector que si produce a ojos del estado español, no podrían acudir a su puesto de trabajo ese día.

Pongo el foco ahora en las trabajadores que asisten diariamente a las personas mayores, muchas de ellas dependientes y/o con enfermedades crónicas. España es uno de los países del mundo con una mayor esperanza de vida. Y también es uno de los que tiene unas tasas de fecundidad y nacimientos más bajos. Es así, bajo estos parámetros estadísticos con los que se fundamenta las abominables ampliaciones de la edad de jubilación. Sin embargo, en ningún momento se plantea que el trabajo de mujeres en el sector de los cuidados mejore en sus condiciones. Que pueda cotizar y tengan derecho a pensiones de jubilación dignas, esté regulado y asistido y sume en el conjunto de la riqueza del estado, cuando no cabe duda, son quienes están sujetando el manido estado del bienestar. Que las mujeres trabajadoras en este sector ganen los derechos, la dignidad y el reconocimiento que merecen, como parte imprescindible de la sociedad.

Lo que se hace desde partidos políticos, patronal y los medios de comunicación de masas es poner en el disparadero a los jubilados (que también tienen lo suyo, eh, porque van a dejar un mundo peor del que recibieron, y van a disfrutar de unos servicios que los demás ni vamos a oler). El problema del envejecimiento en España, y si, lo ponen como un problema el que “vivamos más” (no sé qué dirían si resultase que viviésemos menos…, bueno sí, ahí los tenemos con la escalada belicista y en armamento pa'alante), es el mantenimiento del sistema público de pensiones, porque cada vez hay menos trabajadores, menos cotizantes y sí, más beneficiarios con pensiones más altas. Este mensaje va calando en la población, poco a poco, cual gota malaya, para al final ofrecer en los seguros privados de pensiones la panacea.

Qué casualidad. La solución pasa por ser esa, pero no que lleguen más inmigrantes, ocupando nichos de producción que no satisfacen por diversos motivos los nacionales, como el sector de los cuidados, por ejemplo. Tampoco se ponen en cuestión el adelgazamiento hasta lo raquítico del sector público, pre-jubilando a los boomers, y amortizando todas sus plazas para que no accedan más trabajadores de recambio. Desmontando de esta manera todos los servicios públicos, impidiendo una mejor atención ciudadana, desde la administración local hasta la general del estado. No se discute la lucha contra el fraude laboral y las rebajas efectivas de las jornadas laborales, no vaya a ser que se pierda el volumen del “ejército laboral de reserva” con más gente trabajando, con un reparto de las horas cobradas y cotizadas, no vaya a ser que se acabe la amenaza del despido en el sector privado. Y por supuesto, queda fuera de todo tema el reconocimiento y la puesta como sector productivo fundamental el sector precarizado, feminizado, de los cuidados, añadiéndole de manera formal, impositiva y cotizante a los índices de productividad del estado.

Pero el problema son las pensiones y la sostenibilidad del sector público, apelando a las pasiones de los trabajadores, enfrentando a las clases trabajadoras entre si, para que no discutan la supremacía de las élites cleptómanas y neoliberales. Pensando en qué malos y egoístas son los jubilados, no entramos en los costes que tiene para el estado del bienestar prácticas como la corrupción, el fraude fiscal y laboral, o el tomar por productivos sectores como la industria militar, y no el sector de los cuidados.

No nos damos cuenta de que la pensión “moda”, la pensión más común en el estado español, es la mínima, inferior al salario mínimo interprofesional (SMI) y que ahora está en 765, 60 euros al mes, y que la cobran masivamente mujeres que durante años han trabajado en sectores como el de la limpieza o el de los cuidados. Pero el problema son los jubilados españoles (por cierto, no los jubilados blancos europeos que si que hacen un abuso del sistema sanitario patrio), los inmigrantes “que quitan puestos” de trabajo a los nacionales o las mujeres que han tenido la desfachatez de salir de casa a trabajar.

Por poner en perspectiva, los jubilados de hoy reciben su pensión a través de las cotizaciones de los que trabajamos hoy. Por eso es tan importante ampliar la base cotizante incluyendo más personas trabajando y repartiendo las horas de trabajo y ganando más productividad. Y por ello son tan reacios los gobiernos y bancos centrales a hacerlo. Para laminar esa solidaridad intergeneracional y para convertir este derecho en un privilegio.

Y en segundo lugar, las pensiones de las clases trabajadoras están exentas de tributación porque en su momento, trabajando, sus salarios ya estuvieron gravadas por el IRPF. Eso no quiere decir que hoy en día un jubilado no pague su IVA al adquirir un producto o un servicio, o no tenga que hacer frente a impuestos como el de sucesiones o plusvalías. Pero lo que no puede ser es que se les aplique una doble imposición del IRPF por lo que la pensión queda excluida.

Ni que decir tiene que hay muchos jubilados que se han ganado su derecho y siguen siendo productivos a día de hoy, precisamente en el sector de los cuidados, atendiendo a los nietos, mientras los padres trabajan multitud de horas al día, o haciéndose cargo de las personas más mayores debido al aumento de la esperanza de vida. Normalmente estas labores, sobretodo si son más penosas, las acaban asumiendo las mujeres. Nuevamente.

En general, ya sean mujeres mayores que dan a comer a sus nietos o limpian a sus padres ancianos, mujeres inmigrantes que acompañan y asisten como internas a personas mayores o dependientes, mujeres que limpian los domicilios, preparan comidas y supervisan a los menores en ausencia de los padres, o trabajadoras que ponen a punto espacios públicos y privados (como las kellys, camareras de hotel que cimentan con su esfuerzo malpagado la excelencia del sector turístico patrío), ejerciendo labores de limpieza estamos hablando de un sector básico en la economía y en la sociedad. Sin su labor nos pararíamos. Tendríamos que hacer frente a un problema nacional de una magnitud colosal. Solo pensemos en cuando a un compañero o compañera de trabajo le han fallado los abuelos o la chacha. O cuando la inmigrante que cuida a su padre ha enfermado o ha perdido el transporte público.

Y ni siquiera somos capaces, como sociedad, de exigir y respaldar su salud y dignidad reconociendo las durísimas condiciones vitales y laborales a las que se someten las mujeres, ya sean trabajando en el sector de los cuidados, de la limpieza o incluso en sus propios domicilios en las tareas domésticas.

Se pierde un trabajo efectivo y positivo, que no entra en la productividad nacional, pero que sin él, ésta no podría ponerse en marcha. Por ello, es imprescindible y un deber inexorable de toda persona decente promover una mejora de las condiciones laborales y de vida de estas trabajadoras.

 

 

Hace unas semanas leí, y lo recomiendo de manera activísima, el ensayo Nunca delante de los criados de Frank Victor Dawes. La obra aparecida en versión original en 1973 fue traducida al castellano hace unos pocos años, pese a que desde su publicación fue un éxito de ventas. Dawes fue un periodista inglés con amplía experiencia en medios locales, antes de trabajar en el Daily Herald o en la radio de la BBC. Pero nunca olvidó sus modestos orígenes y cómo su madre se ganaba la vida sirviendo en casas hasta bien entrados los años 30. De hecho, en 1972 publicó un anuncio en el Daily Telegraph solicitando a cualquier persona que hubiese trabajado como personal doméstico que le enviase por correo sus experiencias. La avalancha de misivas fue impresionante y dieron forma a una obra fundamental de Historia Social y de Historia del trabajo.

Las experiencias de doncellas, mayordomos, cocineras, lacayos, institutrices, y también de algunos de los empleadores, así como el estudio de las normas, convenciones sociales y reglas nos dan el contexto del sector profesional de la asistencia doméstica en Inglaterra, desde la época Victoriana hasta los años 70 del siglo XX, y en como fueron cambiando las circunstancias debido a diversos factores.

De manera mucho más modesta, me veo reflejado en la situación del autor, puesto que mi madre, toda su vida, desde los 11 años, hasta hace apenas 5 años, ya con 60, ha trabajado en el sector de la asistencia doméstica, siempre sin contrato. Sin seguridad social, ni cotizaciones, ni derechos a prestaciones. Sujeta a los caprichos de los patrones y sin más recompensa que las “buenas palabras” y un falso cariño hacia ella que tenía más de propiedad sobre la servidumbre que otra cosa.

Por ello considero que sería un muy buen ejercicio y una labor muy interesante recopilar las experiencias de trabajadoras de ayer y de hoy en el sector de los cuidados y la asistencia domiciliaria. Qué temores tienen. Qué situaciones han vivido. Qué cambios han visto. Cuáles son los problemas y las posibles soluciones. Qué necesidades tienen estas trabajadoras.

 

miércoles, 7 de febrero de 2024

Qué no lo llameís feminismo

 


El día a día de la actualidad en Españistán suele estar salpicado de polémicas artificiales generadas desde arriba y que nada (o apenas un poco) tienen que ver con la realidad de la vida de las personas y de la dinámica social. El continuo teatrillo de la alta política con partidos, líderes y medios cumpliendo su papel para mantener alejada a la plebe de la toma de decisiones, y que estas, nunca atenten contra los privilegios establecidos. Cualquier declaración o proyecto es susceptible de ser atacada por el rival político, merced a sus sicarios mediáticos y por las respectivas turbas en las redes sociales que la vilipendian o defienden sin crítica según corresponda. Ocupa horas de televisión y radio (supongo que algunas páginas en periódicos también) vertiéndose toneladas de contaminante opinión sesgada, parcial e indocumentada, vomitada por tertulianos y todólogos.

A escala, desde lo nacional hasta lo local, se reproduce el patrón, y los temas planteados siempre desde arriba permean la capa freática de la opinión pública relegando al ostracismo las noticias y hechos que si que tienen que ver con la vida de las clases populares, la calidad democrática, el sentido ético de la sociedad o la conservación de todo tipo de patrimonio común.

A veces estos temas, e insisto, lanzados por las élites, son esporádicos y solamente una vez cada 4 o 5 años atentan la santa tranquilidad del ciudadano medio. Las más de las veces son acontecimientos que periódicamente vuelven y revuelven para mantenernos a todos ocupados discutiendo lo que a estas alturas de la película debería estar ya bien claro.

Estos temas recurrentes pueden ser de todo tipo. Políticos y sociales, también económicos, pero sin duda, los más polémicos son aquellos que cuestionan los convencionalismos y patrones culturales. Por ejemplo, están las discusiones en torno al balón, en cuanto a la selección española o la polémica semanal entre farsa y mandril. Cada español era un seleccionador nacional y una espada en los ejércitos de las dos españas futboleras, pero gracias a los dineros de las televisiones se ha alejado el fútbol a muchos que no pueden pagar estos empeños, y el ruido sobre la pelotita rodando ha ido bajado bastantes escalas. O al menos eso me parece a mi.

Luego hay acontecimientos culturales como las galas de los Goya, los premios literarios o algunas fiestas populares que asaltan la tranquilidad, merced a la más torcitera manipulación mediática cuando lo que en esos eventos se expresa no es precisamente lo que quieren que se diga por parte de las élites.

Pero si existe un evento que marca la polémica es todo lo que tiene que ver con Eurovisión. El competir en un contexto europeo (bueno más o menos) con una canción pop, que sea más o menos representativa y del buen gusto lo más generalizado posible, hace enervar las más bajas pasiones hispanas, volviendo a configurarse las dos, o más, españas.

No es poca cosa y no me parece, de entrada, negativo, puesto que una de las funciones de la cultura y el arte (si una canción pop enlatada y perpetrada desde parámetros de negocio puede considerarse arte) es cuestionar los rigores ideológicos y los marcos de convivencia, haciéndonos pensar, reflexionar, sentirnos incómodos para así, por medio de esa reflexión, ser mejores. Si esto se produjera sin más pues hasta el negocio estaría bien inventado.

Y digo negocio porque ya hace mucho que el ente público, RTVE, lo convirtió en un modo de facturar a través de las audiencias, patrocinios y productos varios.

Cuando surgió Operación Triunfo se abrió la veda para generar un microcosmos que comprendiera todo lo que tiene que ver con el concurso internacional, y al tiempo que automáticamente se acabó la música en vivo en RTVE (repasen los cachitos y cuenten cuantos pedacitos salen después de 2001) se generó un negocio y una acaparación de atención que periódicamente sublevaba a las audiencias.

Este año no ha sido una excepción. En los últimos años y tras la troleada mítica del Chikilicuatre, RTVE controló mucho más uno de sus productos estrella y montó una suerte de festival en Benidorm, al que en teoría podía llegar cualquiera que reuniera los votos populares necesarios. Primera falsedad porque en realidad todo queda planteado y producido por los gigantes de la música de este país. Así está siendo estos últimos años. Y para completar todo el guiso y que éste no se salga de los parámetros que requiere RTVE entre un jurado “profesional” y un recuento del voto telemático algo sospechoso ya van tres años que colocan al producto en forma de canción y voz femenina que va a representar a España en Eurovisión.

Este cóctel resulta explosivo por naturaleza y el resultado siempre es polémico. Si hace dos años se desechó a las favoritas del público Txantxugueiras y a Rigoberta Bandini por una canción interpretada por una mujer semidesnuda, que encima canta en spanglish, en lugar de mandar una canción en gallego a Eurovisión. El año pasado se apostó por la clásica canción de flamenco pop en vez de otras propuestas que tenían mucha más aceptación del fan eurovisivo español. Y este año, la polémica no ha sido menor y ya está aquí.

Los representantes de España en Eurovisión será el dúo de electropop Nebulossa con la canción “Zorra”. Un pastiche facilón y perfectamente olvidable que pone el acento en que una mujer, y especialmente las mujeres de más de 50 años (la intérprete femenina tiene 55) pueden hacer lo que quieran. Faltaría más. Todos los que somos demócratas, anti-fascistas, feministas y con sentido común, estamos de acuerdo.

La cuestión es si es apropiado la apropiación del término “Zorra” para la causa feminista a través de una canción que va a recibir toneladas de promoción.

El apelativo tomado del precioso y pequeño cánido silvestre de frondosa cola y alargada boca y nariz, tiene un matiz distinto si se lo ponemos a un hombre o a una mujer. Lo que para el hombre es sinónimo de “listo, astuto, atento o vivaz”, para la mujer lo es de “promiscua, ligera, insolente o facilona”. Lo que para uno tiene una connotación positiva que emana inteligencia, para la otra es negativa y provoca escarnio por la falta de moralidad y por la pulsión sexual. Es evidente que muchos, erróneamente y a veces dejados por la costumbre, hemos usado este término de estas formas. Pero es que es el insulto, junto al de puta, fácil y asiduo en la boca del machista cuando regaña a una mujer que no le hace caso, o que quiere unas iguales condiciones laborales, reclama sus derechos, o incluso cuando la tortura y la mata. Por lo tanto, estamos ante un término con una connotación violenta y opresora. O es que se os ha olvidado lo que ha pasado con la selección femenina de fútbol.

En este sentido, el apropiarse del término “Zorra” podría ser positivo. Pero hay que comprender que esto no se hace de la noche a la mañana y tienen que pasar generaciones para que se pueda dejar atrás el uso maniqueo del vocablo y que se sume a un diccionario de igualdad. Por ejemplo, y esto lo sé gracias a un amigo afroamericano de ascendencia caribeña que trabajó en Estados Unidos antes de venir a España, la apropiación del término despectivo “Negro” (Nigga en inglés) por parte de los afroamericanos ha terminado en fracaso. Porque usar entre ellos el apelativo que emplean los blancos cuando hablan despectivamente de la población afroamericana, no se ha traducido, por más que hayan pasado treinta años, en que se le quite la connotación racial y de clase, y siguen siendo asociados a los bajos fondos, la delincuencia, la marginalidad o la drogadicción.

Por lo tanto, si bien puede ser interesante el poner el énfasis en el uso que hacemos del lenguaje, pero de ahí a validarlo porque es la canción de Eurovisión, va un trecho.

No conozco a ninguna mujer que le guste que le llamen “Zorra”, y creo que oír a todas horas como se avecina la cancioncita de marras es un martirio innecesario. Pero es que es más que eso, puesto que la representación nacional en Eurovisión sea “Zorra” puede que mande un mensaje a fuera de nuestras fronteras, pero también dentro, bastante perverso. No creo necesario explicarlo, salta a la vista.

Llegados aquí hay que hablar del contexto en el que se pretende la canción funcione como campaña: El festival de Eurovisión.

En primer lugar, por la propia puesta en escena que se replicará en Suecia. Bailarines ligeros de ropa, una cantante sexy que reproduce una vez más el ideal de sexualización de la mujer, y contoneos de índole sexual. Es decir, una vez más estamos ante una cosificación de la mujer, entendida como objeto sexual, a la que coyunturalmente se suma el hombre representados por los bailarines, que por otro lado no dejan tampoco de cumplir con el estereotipo queer. Por lo que son las apetencias sexuales del hombre, sea hetero o no, las que se satisfacen a través de las personas cosificadas en pantalla. Todo eso con el mensaje machacón de que “y qué si soy una zorra”, por lo que si de lo que se trata es de retirar la connotación negativa a la palabra “Zorra” y romper con los estereotipos impuestos por el heteropatriarcado y la opresión machista me parece que estaremos, como mínimo, ante un intento fracasado.

Por otra parte es preciso completar el cuadro del contexto. Eurovisión se ha convertido en un evento de amplio calado reivindicativo de los colectivos LGTBI, y es algo bien positivo, y que no tiene que ser sentido como excluyente. Y estos colectivos no deberían dejar que las mujeres se sintieran menospreciadas o incluso insultadas por una canción porque se le quiera dar una patina rompedora a una cosa que por lo de más, es bastante pro-sistema. Fundamentalmente, porque en esa barricada de sufrir la opresión del machito ambos colectivos están juntos. Y porque pareciera como si no fuera suficiente el machismo ejercido por los heterosexuales, también tuvieran que soportar el machismo ejercido por homosexuales o transgénero. Mucho cuidado con esto, porque esto laminó muchísimo la labor del Ministerio de Igualdad la anterior legislatura. Vuelvo a insistir en que dotar de derechos a un colectivo, no tiene que significar impedir que otro los obtenga, o que incluso los pierda.

Volviendo al propio festival de Eurovisión, al fin y al cabo estamos ante una verbena musical televisada en el que la parafernalia de la puesta en escena, los mecanismos y códigos aparecidos y las músicas, indumentarias, actitudes y temáticas expresadas no son más que la agenda heteropatriarcal, que huele a cerrao y que saca muchas de las peores cosas del país. Parece mentira que corriendo ya el siglo XXI tengamos que conformarnos con unas actuaciones musicales televisadas (no sólo la de “Zorra”) como las del evento del pasado sábado. Pero quizás si, sea por esto mismo por lo que cada año todo lo que rodea a Eurovisión es sinónimo de polémica.

Más si cabe en una edición como la que se avecina, con la presencia de Israel inmersa en una Guerra de ocupación y exterminio de la población palestina. La invitación israelí no se discute, porque claro, todos sabemos que “Eurovisión es un festival apolítico”, pero esto choca y mucho si recordamos el caso de Rusia vetada (al igual que en las competiciones deportivas) por su guerra y ocupación de los territorios rusófilos de Ucrania.

Me da mucha pereza tener que escribir esto para ordenar mis ideas, porque Eurovisión y el trato que RTVE da a la música me decepciona bastante o directamente no me interesa. Pero lo que no hay quien pueda comprender son las severas taras e hipocresías con las que tenemos que desayunarnos cada día. Más si cabe cuando estas lastiman o dañan a las mujeres.

jueves, 24 de agosto de 2023

Campeonas del Mundo en dignidad

Las Campeonas del Mundo, si con A, celebrando su éxito, que será el de todas las mujeres
 

La selección femenina de fútbol se ha proclamado Campeona del Mundo. Un éxito incomparable, puesto que reciben una ínfima atención mediática y económica por parte de toda la sociedad en contraste con sus “compañeros” masculinos, y que abre en categoría absoluta la vitrina ante la llegada de nuevas generaciones de talentosas futbolistas que ya dominan internacionalmente en sus respectivas categorías.

No he seguido el mundial, como espectáculo deportivo, porque el fútbol hace ya mucho que me ha echado. Sobretodo en su vertiente híper profesionalizada y volcada al dinero y a los “valores” neoliberales que la jalonan. Ya he hablado en este blog de eso varias veces. Siempre con el fútbol popular.

No puedo hablar ni de lo merecido o justo e injusto del resultado en el terreno de juego. No niego, ni mucho menos, el esfuerzo y el talento, y como digo, el tremendo éxito que supone y que debe abrir la puerta para la mejora de las condiciones laborales y sociales de estas deportistas y ser un ejemplo para las luchas por la igualdad de las mujeres.

Sin embargo, es muy triste tener que sentarse a escribir sobre lo que ha trascendido al trabajo y el éxito deportivo por las constantes actitudes machistas y patriarcales de señoros que no entienden que el mundo ha cambiado y lo ha hecho por la lucha infatigable de las mujeres. De las de ahora y de las de siempre, que han trabajado para legar un mundo mejor a la siguiente generación en la que los derechos y la dignidad se vayan ganando en un camino eterno hacia la igualdad entre géneros.

El presidente de la federación española daba un espectáculo dantesco, bochornoso y avergonzante para quienes amamos este país (Sí lo amo, con todo lo que lleva dentro y aunque me desespere. El amor a la patria no es una propiedad exclusiva de los patrioteros de derechas). Sus gestos en el palco, con su testiculina por las nubes -a mi me parecía hasta dopada por estupefacientes-, ya eran inapropiados para un cargo público, -si de una entidad privada, pero que lleva a cabo una función pública, por la que recibe jugosos fondos públicos, y que ejerce una representación pública de la manida Marca España-, y denotaban una falta absoluta de decoro y respeto por su país, por el evento y por los presentes y quienes lo veían todo por televisión.

Pero el remate vino cuando en entrega de medallas y copa a las verdaderas protagonistas, las jugadoras, le plantaba un beso en la boca a una de las jugadoras de la selección que aturdida se tragaba su orgullo y dignidad.

La escena ya está mil veces vista en televisión y las redes (pese al infructuoso intento de boicot por parte de la federación). Y también muchos las tenemos en nuestra memoria cuando hemos visto a los jefes y encargados, a muchos hombres que ejercen autoridad y ostentan una relación de poder sobre las mujeres, comportarse de manera deleznable. Agresiones físicas, morales y a la sexualidad de la mujer que son una constante. Comportamientos retrógrados anclados por el costumbrismo de un machismo rancio y trasnochado, que apesta a esmegma caduco, que no se corresponde con lo que debe ser ya un mundo de igualdad de géneros y respeto a la diversidad y a la propia sexualidad de las féminas. Tanto en su cuerpo físico, como en su moral y su mente.

Este acoso sexual injustificado, ni por el éxtasis del momento y ni por nada, constituye un delito y debería acarrear la suspensión de por vida del sujeto que responde al nombre de Luis Rubiales. Si tuviera algo de dignidad (la de veces que toca escribir esto en este país) habría pedido perdón, dimitido e ido a su casa, a curarse ese machismo repugnante. Pero no. La patada hacia adelante es el único recurso que tienen por mucho tiki-taka con el que quieren identificar el estilo de las selecciones españolas.

Llegados a este punto es preciso recordar el camino que está selección, al fin y al cabo, este grupo humano ha recorrido. Hace aproximadamente un año y medio, las mejores jugadoras nacionales denunciaban la situación vivida en el seno de las concentraciones del equipo nacional, con comportamientos que atentaban contra la intimidad y profesionalidad de las jugadoras, que ponían en peligro su integridad física y moral y que se sumaban a un estado amateur en el que no se garantizan los derechos laborales, en especial los que tienen que ver con los derechos sexuales y reproductivos. Esa inseguridad se sumaba, evidentemente, a unas condiciones en salarios, seguridad de los contratos y atención mediática totalmente opuestas a las que disfruta el fútbol profesional masculino.

En cuanto empezó a viralizarse el comportamiento del presidente de la Federación, comenzó a tratar de salvar la papeleta. Todo el proceso es una retahíla de los mejores momentos del machismo. Desde la primera reacción tomándoselo a guasa y de compadreo con otros machistas como las estrellas del periodismo deportivo patrio (los Lama, Castaño, Morata, auténticos mafiosos y cenutrios). Hasta el procedimiento de disculpas al que se ha visto obligado, por la reacción: primero en redes sociales de toda persona digna que quiere un mundo más igualitario y nos hemos escandalizado ante esta actitud tan machista y asquerosa, y después, de los medios extranjeros que se han hecho eco de todo lo sucedido. Estas disculpas también han destilado su buena dosis de machismo haciendo partícipe a la víctima, Jeni Hermoso, en una nueva versión de “la culpa es de las mujeres”. Sólo le falto decir que es que las visten como putas.

Con el tiempo, y gracias a las propias jugadoras que han ido contando a medios afines y más democráticos y éticos la sucesión de acontecimientos, la opinión pública ha conocido las maniobras que desde la federación se han llevado a cabo para acallar la polémica y que esta no manché la ya oscura, tramposa, corrupta y misoginia gestión que este señor está haciendo del fútbol patrio. Así, hemos sabido que ya en el avión de vuelta se ejercieron presiones, incluidas las del seleccionador nacional de fútbol femenino, que también tiene lo suyo, buscando un comunicado conjunto. Se presionó a la familia de la futbolista y a su agencia de representación. Se lanzaba en la escala en el aeropuerto, un vídeo de disculpas ante el revuelo causado en el que se ponía en boca de la víctima declaraciones totalmente falsas (otro delito a sumar, mientras que la agencia EFE, vocero habitual de las instituciones copadas por la derecha, debería hacérselo mirar). Al tiempo, los medios futboleros clásicos, que se apuntaban al tanto de la celebración y el éxito de unas futbolistas que llevan años ninguneando, ocultaban lo acontecido pese al clamor social ya provocado siguiendo la estrategia de la RFEF. Defendiendo lo indefendible, un acto violento y un comportamiento delictivo, en realidad varios, y ninguneando a la víctima, a toda persona a quien escandaliza estos comportamientos, y a toda mujer.

Pero llegaron las portadas de los medios extranjeros y continuaba la repulsa popular expresada en redes sociales y foros, lo que ha llevado a una fase en la defensa de lo injustificable por parte de la federación y su presidente, y de puesta en marcha de mecanismos para su inhabilitación, e incluso las posibles consecuencias penales que todos estos comportamientos están acarreando. Se sumarían a las ya sospechas de continua corrupción y latrocinio personal que ya se estaban investigando y que removían la tranquilidad institucional de la federación y el fútbol patrio. No faltan quienes tienen ganas a este sujeto y a su caterva, de la que forman parte el presidente de la Liga o a Florentino Pérez, auténticos manda-mases que están por detrás, y que ejercen una dictadura de facto que ha hecho del fútbol español, un negocio, robando todo el caudal popular a la afición que día a día pierde. Sólo ver como las redacciones de los medios deportivos clásicos se comportan ya denota un rancio machismo, con el uso de titulares erróneos y falsos que buscan mediatizar al personal, evidentemente masculino, consumidor mayoritario de estos medios.

Se hace necesaria la depuración de estos fulanos y el mensaje inquebrantable de una sociedad igualitaria que no va a tolerar estos comportamientos sexistas y retrógrados que menosprecian a las mujeres y solo las quieren para aprovecharse, en todos los sentidos, y especialmente, de forma sexual.

Al final el éxito deportivo de la selección femenina de fútbol no va a quedar empañado. No va a perder su trascendencia, sino que va a ganar más impulso hacia una sociedad más justa, libre e igualitaria. Una denuncia para terminar ya de una vez, con todo acoso, de todo tipo, pero especialmente el de índole sexual, que se produce en entornos de jerarquía como en el trabajo. Al fin y al cabo, la celebración de unas futbolistas con un presidente de la federación presente, no deja de ser un escenario laboral con unas trabajadoras y su jefe.

Por todo esto, y pese a los rebuznos reaccionarios de los machistas que no quieren perder el “privilegio” de aprovecharse de las mujeres, el mundo está cambiando a mejor en este tema y va a ser algo provechoso para toda la sociedad, para nuestro país, y sobretodo, para todas las mujeres, en todos los ámbitos de su vida.

El Sí es sólo Sí que tanto ha mediatizado la vida política española los últimos 3 años y que ha sido una grieta por la que han intentado hacer naufragar el barco del gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos, al final se ha demostrado como imprescindible y un ejercicio de empoderamiento femenino necesario. Un muro a defender por todas las mujeres, y por los hombres que nos avergonzamos de nuestros comportamientos machistas y que queremos cambiar. Nuestro papel aquí es apoyar a las mujeres y facilitar su liderazgo para que sean ellas quienes cambien a mejor la sociedad y ganen mayor libertad, dignidad y seguridad, para ellas mismas y para las generaciones futuras.

Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas...