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viernes, 24 de julio de 2026

La Gran Aventura Dogmática de la Lengua Española


 

La Gran Aventura de la Lengua Española ha sido la serie documental de producción “propia” con la que RTVE ha querido posicionarse en el mercado televisivo de productos culturales en esta temporada de emisiones. Para su creación se ha asociado con la Real Academia de la Lengua Española (RAE), y ambas parece, delegaron la realización de la obra a una productora privada. Habría que investigar mucho más que lo que puedo y a lo que se atreve este humilde blogger sobre quién encargó, quién pagó y a quién los trabajos que han dado a luz este producto final. Fue anunciada por primera vez a mediados de enero para ser finalmente estrenada a finales de mayo. Esta larga espera nos creó una urgencia y unas expectativas que la serie documental no ha cumplido en casi ninguno de sus objetivos y partes.

Sólo el trabajo y solvencia de Iñaki Gabilondo como presentador y del equipo de doblaje, liderado por la actriz hispano-colombiana Juana Costa como narradora han salvado un guion, que pese a ciertos claroscuros que comentare a continuación, se puede presentar como solvente y relativamente acertado. Hago un inciso para aprovechar a celebrar y exigir las mínimas condiciones laborales y profesionales que el colectivo de actores y profesionales del doblaje insisten en reclamar. Gracias a los actores y actrices de doblaje, enhorabuena por vuestra labor y a por ellos.

Entramos en materia.

Mira que habrá en este país, y concretamente empiezo pensando en la propia sede de la RAE, salones y espacios sobre los que grabar directamente el contenido del documental. Me acuerdo ahora de bibliotecas, librerías, cuando no teatros, monasterios o museos, lugares públicos o privados sobre los que se podría haber hecho la localización y grabación de las intervenciones que jalonan el documental. Sin embargo, se tiro de croma y pos producción para alojar los insertos sobre escenarios de trampantojo digital que simulaban precisamente eso mismo: salones de lectura y bibliotecas. También las presentaciones de los distintos temas hechas por Iñaki Gabilondo simulaban las vistas nocturnas desde una especie de azotea madrileña. El resultado totalmente ridículo y una pérdida de oportunidad para enseñar paisajes reales, bien bonitos y trascendentales en la Historia de la lengua española. Que de eso va el documental.

La Inteligencia Artificial (IA) ha entrado en nuestras vidas como elefante en chatarrería alterando los ritmos de producción y re-producción cultural valiéndose de la vaguería y la pereza, pero fundamentalmente de la racanería, de la que además se hace impresentable propaganda haciéndola pasar como ahorro. Si me horrenda ver que un trabajo de instituto, una redacción para una nota de prensa o un informe técnico profesional es vomitado por la IA (menos mal que todavía hay alguno que lo lee y lo enmienda antes de entregarlo) qué pensar de un producto cultural producido por la RAE que ha permitido el uso y abuso de la Inteligencia Artificial en la realización de su documental.

Porque además, en el caso de la generación de imágenes a través de la IA el canteo es bochornoso y te revuelve incómodo en el sofá hasta que te saca totalmente de lo que quieres ver y entender. Empezando por los propios tonos, siempre oscuros o azulados, con una saturación de color estridente, con fallos de iluminación y encuadre, y con siluetas y sombras que se superponen o desaparecen según el algoritmo haya tenido mayor o menor respiro en el refresco de píxeles y cambios de tomas. Y encima con toda esta pos-producción colaborando insensiblemente en el calentamiento global provocado por los centros de datos instalados en el suelo rural que hace ya mucho se despojo de paisanos.

Como digo visionar cada capítulo ha sido una tortura visual, no ha ayudado en absoluto en mantener la atención sobre el contenido expuesto y encima nos ha hecho pensar si tan difícil era haber rodado, qué se yo, en la biblioteca histórica de la USAL, en el Ateneo de Madrid, o en el claustro histórico de la UVA, entre otros cientos de lugares más apropiados y bonitos. Por otro lado este descalabro estético ha decorado para mal otro de los aspectos más cutres de La Gran Aventura de la Lengua Española: la falta de preparación de los “especialistas” de la RAE.

Como decía al principio, el guion del documental es relativamente bueno. Con las limitaciones y posibilidades que brinda el medio el guion cuenta la Historia de la lengua española, desde su origen, con las influencias latinas, griegas, fenicias, íberas, celtas o árabes y sefardíes; su constitución como lengua romance, su asentamiento como castellano en los monasterios medievales al norte del rio Ebro; su desarrollo hasta alcanzar un predominio en los albores del Renacimiento; el salto a América a través del descubrimiento de Colón y la Conquista; la imbricación con las lenguas nativas de allí y su evolución hacia una lengua española moderna compartida por centenares de millones de personas, y que no impidió la emancipación política y cultural de las colonias hispánicas de la metrópoli a partir del siglo XIX. Además, a modo ilustrativo se hace un buen repaso (aunque con algunas imperdonables lagunas) de la Historia de la Literatura hispana, tanto en Latinoamérica como en España, y como los distintos autores, obras, géneros y estilos van construyendo el acervo cultural de la lengua española.

Por último, se hace un ejercicio de prospectiva en cuanto al futuro del español, en especial con la relación con el inglés en los Estados Unidos, mientras que ese misma tarea se obviaba en cuanto a las otras lenguas de la península ibérica: gallego, euskera y catalán, y por supuesto, el portugués. Tampoco y aquí saltó la polémica política de la semana con la demanda de los nacionalistas catalanes al obviarse la opresión del centralismo castellano y franquista sobre la lengua catalana (y las otras) durante buena parte del siglo XX. Imposición que por otro lado, y como es lógico se entiende, fue dura para someter también a los pueblos amerindios a la dominación castellana a través del conocimiento y uso de lengua española.

De hecho, personalmente me chirría tanto el alegato de sometimiento del castellano hacia el inglés que alegremente presenta la RAE, que la ausencia de esta convivencia (o conflicto) entre lenguas ibéricas. Y sin embargo, esta idea no ha recibido la atención que creo se merece.

Pero más allá de este disenso argumental y narrativo el verdadero drama de la serie documental La Gran Aventura de la Lengua Española radica en las intervenciones de supuestos especialistas, prácticamente todos, académicos de la RAE hechas para glosar la propia narración. Empezando por el propio presidente de la RAE, Santiago Muñoz Machado, cuya lectura del teleprompter ha sido desternillante, pero sin olvidar a algunos literatos de renombre o al presidente emérito Victor García de la Concha.

Ha sido un despropósito total ver a personajes públicos que se suponen están capacitados para comunicar sus conocimientos, balbucear ante la cámara, atascarse leyendo el teleprompter, mover mucho las manos para taparse la cara y la boca (haciendo ningún favor a las personas sordas o con problemas de audición), y por lo general, construyendo narraciones inconexas y descohesionadas que caían en absurdos y contradicciones. La sensación con estas intervenciones, y algunas me las he ido repitiendo durante los visionados, es que se grabaron a toma única, probablemente porque como vas tú, seguramente el becario de una productora, a decirle a un académico de la RAE que hay que repetir la secuencia porque a titubeao y farfullao mucho más de la cuenta. El resultado ya os lo cuento yo: giros discursivos incongruentes con lo que tratan de explicar, minutos de metraje que se pierden en el barboteo mental de un académico octogenario, y anécdotas inapropiadas para el formato o que no tienen nada que ver con el tema que se estaba tratando.

Y es que todas estas intervenciones han sido un despropósito que nos han revuelto en el sofá y nos han sacado completamente del interés legitimo en la materia que la serie procuraba explicar y difundir. Solo se salvan las aportaciones de la catedrática de la Universidad de Sevilla en Lingüística y Teoría de la Literatura, Lola Pons Rodríguez, curiosamente las de la persona más joven de todo el elenco. Y es que cuando Pons Rodríguez ha aparecido en el metraje ha expuesto su contenido con claridad, ejemplaridad y convencimiento didáctico. Estoy convencido que ella trabajó el contenido que quería explicar, se lo preparó y puede que hasta por propia petición repitiera tomas para quedarse con la mejor exposición. Si ella se hubiera ocupado de todos estos insertos estoy seguro que el resultado habría sido mucho mejor.

Me vendrán ahora con el edadismo pero lo cierto es que toda la producción tiene el tufo a que los académicos, pagados de sí mismos, no han visto la necesidad de prepararse sus alocuciones y poder grabarlas con la claridad y el carácter pedagógico que el programa cultural requería. Ellos y ellas han olvidado -pero eso no quiere decir que el resto lo hagamos-, que la televisión generalista es un medio de comunicación de amplio espectro cuyo mayor beneficio es que un contenido puede llegar a cualquier persona, por lo que la exposición de contenidos debe tener en cuenta el amplío carácter de las audiencias y por supuesto, los propios códigos comunicativos del medio en cuestión. Y esto, lo quieran o no, se empeñen en verlo o no, es lo que toda persona que se ve en la necesidad o gusto de trabajar con las academias tiene que vivir. Al tufo reaccionario, se le añade un elitismo de baratillo de quienes ni han querido, y mucho menos sabido, adaptarse a los nuevos tiempos (y los nuevos formatos y códigos de comunicación) y hacerlo, sobretodo desde una posición humilde y de servicio ciudadano, que para eso es una institución cultural del estado que recibe buenos dineros públicos.

En lugar de estas participaciones tan deshilachadas y titubeantes bien podrían haber entrado la de especialistas en otras lenguas íberas o indígenas. O incluso personas más jóvenes y preparadas y actualizadas a los modos de comunicación actuales ¿Por qué no haber recurrido a una especialista joven y con éxito como Linguriosa que además, ya está "en la casa"? Por qué no se ha contado con la figura de hispanistas, es decir, estudiosos de la lengua y cultura españolas o hispanas, que acceden a nuestro patrimonio cultural desde sus idiomas nativos, ya fuera el inglés, el francés o el alemán. Y qué decir de la ausencia de especialistas en catalán, gallego, euskera (o valenciano, menorquín, aranés, mirandés, bable, o incluso el caló) o portugués o en lenguas indígenas para contarnos como ven la relación entre aquellas y el español.

La RAE ha ideado una narrativa, un relato que venga a loar “al español” de una manera muy concreta en la que no tienen cabida ni la crítica, ni las realidades subalternas, ni la hegemonía cultural amparada bajo el dominio político, militar y económico. Muchos académicos y académicas aparecen en los capítulos del documental y mientras destacan sus balbuceos y desconexiones, se echa en falta una reflexión crítica que permita al espectador comprender que la lengua española es un fenómeno vivo y dinámico, moldeado no solo por normas y academias, sino sobretodo por los hablantes y sus usos y sus contextos sociales diversos. Qué era necesario y de total actualidad en las corrientes historiográficas y de pensamiento actuales, explicar las relaciones con otras realidades lingüísticas con las que ha compartido el tiempo y el espacio. Estas ausencias limitan la mirada del documental y perpetuan estereotipos sobre el español "correcto" versus las variantes consideradas periféricas o informales, ya sea en la propia América como en España.

Además, se supone que la propia RAE ha pagado o cuando menos promocionado y promovido este producto audiovisual para acercar la Historia de la Lengua Española a cuantas más personas mejor. RTVE ha colaborado poniendo el medio de difusión y supongo, participando en mayor o menor grado en el ideario y la ejecución de la serie documental. Por desgracia, para mi el resultado final es pobre y la convierte en totalmente prescindible. Si se quiere profundizar en la lengua española, su literatura y sus futuros posibles y retos, seguro estoy de que hay una buena cantidad de manuales y estudios rigurosos y adecuados a disposición de todos nosotros. Probablemente en las propias bibliotecas públicas ya los tengamos, y puede incluso, que alguno firmado por estos académicos. Los más actualizados seguro que ya procuran evitar estos errores, utilizan un lenguaje más adecuado y dinámico y toman perspectivas diversas para difundir el contenido de forma completa e integradora.

Si bien la idea me parece necesaria y acertada, y el guion, aún con matices a mejorar e incluir (especialmente la voz de las realidades lingüísticas y culturales subalternas que han quedado o están por debajo del dominio del español) el producto final es muy deficiente. Estéticamente la producción me parece inadecuada, una oportunidad pérdida, y en general miserable y escasa. Y como vengo comentando, lo peor las intervenciones de los académicos que demuestran una vez más lo lejos del mundo real, y lo pagados de si mismo que están, los académicos y las Academias de la realidad de los millones de personas que ejercitan la lengua y la cultura cada día.

La función divulgativa del documental se queda a menos de medio camino, gratificada de si misma por su carácter elitista y dogmático. La predominancia de las intervenciones de los académicos de la RAE, con su enfoque normativo, la escasa preparación que subyace, sus silencios interesados y su nula autocrítica, limita la amplitud y profundidad del mensaje. Para futuras producciones, La Gran Aventura de la Lengua Española servirá como ejemplo de cómo no hay que hacer un documental en pleno siglo XXI, por lo que resultaría fundamental incorporar un abanico más amplio de voces y perspectivas que reflejen la naturaleza plural y dinámica de la lengua española, superando así una visión monocromática y excluyente que no hace justicia a la verdadera aventura del idioma y cultura españoles.

 

 

lunes, 11 de agosto de 2025

De música y marketing: Monjas sexualizadas

Una de las cosas más chulas e interesantes de los festivales de música, y particularmente satisfactoria en los de Heavy Metal, es la posibilidad de descubrir a grupos y artistas nuevos, o poco conocidos por estos lares, que te los encuentras en un cartel o directamente sobre el escenario y se convierten de repente en parte de tus gustos musicales. Desde entonces los tienes en cuenta y de esta manera te involucras con esa banda nueva o recién descubierta. Te compras en el stand del festival la camiseta del grupo y/o un cd. Les sigues, buscas sus videos en youtube y su agenda de próximos conciertos. Y ahí estarás con tu acervo musical incrementado y probablemente, a menos a mi no me ha pasado todavía con este tipo de descubrimientos, para siempre. Será muy difícil que te defrauden.

Esta vez no he acudido al Leyendas del Rock en Villena por diferentes motivos como trabajo, un calor que se esperaba, y ha resultado desgraciadamente, abrasador e insufrible hasta lo peligroso, y fundamentalmente, por unos precios muy altos. Más de 100€ (con los gastos de gestión) por la entrada de un día son una absoluta pasada, por más que el abono de los 4 días de festival (para el que pueda aguantar ya 4 días seguidos) quede en unos abultados también 167€. No hablemos del despropósito de los precios de la bebida en este festival con el añadido del calor excesivo que se padece. Lo siento, me ha parecido mucho dinero, pese a que había buena materia en el cartel el miércoles como volver a ver a Fear Factory, a Dunedain o a la nueva banda simultánea de mi amado Mikael Stanne, Cementery Skyline (al día siguiente repitió con The Halo Effect).

Pero el caso es que revisando las crónicas me asaltó una imagen que automáticamente me motivo y me hizo ir a la red social de videos, -y cada vez más anuncios-, a ver de qué se trataba.

 


Y sí. Así es. Lo que me llamó la atención fue la imagen y atuendo de las componentes del grupo “Dogma”, ataviadas con atrevidos hábitos de monja, abiertos y sugerentes, calzando botas altas hasta la rodillas y maquilladas. No puedo negarlo. Me atrajo esta estética absolutamente sexualizada de las artistas e interpretes, por lo que debo incluirme, en cierto grado a mi pesar, en el club de MetalPacos y cuñaos que se pusieron cachondos.

Afortunadamente en el Heavy Metal, después de los años nefastos del Glam, hay que saber tocar y ofrecer buena música y mejor desempeño en vivo para perdurar, y en ese sentido hay que decir que Dogma es un grupazo. Que tocan de maravilla y por lo que he podido rastrear, en directo funcionan e impresionan.

Dogma son una banda compuesta por 5 mujeres ataviadas como monjas de clausura, pero cuyos ropajes abiertos muestran sus carnes, muslos y escotes, así como su maquillaje facial, a parte de ocultar su identidad, las presentan como “malditas”, cercanas al diablo o al averno. Su actitud y su disposición es la de discutir y derribar todos los dogmas con los que convivimos día a día en las sociedades donde la religión, y particularmente la católica-cristiana, tiene tanta fuerza. Esto subyace de su origen, América Latina, probablemente Brasil o México, aunque no he encontrado noticia o anuncio que lo certifique. En cualquier caso provienen de una zona donde la presencia cultural y social, y también la influencia política, del catolicismo y de la iglesia es muy poderosa y ha servido tradicionalmente para imponer una moral retrógrada y castigadora con respecto a la sexualidad, y en especial, a la vida y la presencia de la mujer. En este sentido, radica la esencia del grupo que persigue la liberación de todos los dogmas, especialmente religiosos que nos limitan, y concretamente a las mujeres y en América Latina, derribándolos para así liberar y acabar con la represión.

Musicalmente a Dogma los clasificó dentro del Hard rock con reminiscencias melódicas y duras al estilo del que practican bandas como Hellacopters, Architects o Spiritual Beggars. Pero también se incluyen referencias heavies a los temas de la primera época de Iron Maiden, y de los últimos trabajos de Arch Enemy en las melodías y transiciones con voz clara de Alissa White-Guz. Para ello se valen de la pericia de las tres intérpretes de guitarra, bajo y batería. Lamia, Nixe y Abrahel aparecen sobradas de talento y si bien las composiciones y solos a veces pecan de sencillez, no carecen de ritmo, presencia y continuidad. Todo ello coronado con la voz de Lilith (todos estos seudónimos tienen reminiscencias a personajes religiosos que presentaban la feminidad como algo “malo”, “peligroso” o “pernicioso”), que navega sobre las olas generadas por sus compañeras con una sugerente mezcla entre sensualidad y dureza. Su timbre me recuerda al de Simone Simons, pero también al trabajo de Sirenia con la voz de Ailyn, no puedo dejar de lado una presencia muy de música pop, muy fabricada para gustar y ser fácilmente recordada y coreada. Y no digo que esto sea malo, pero es lo que hay.

Los temas de las letras de las canciones, como decía anteriormente, abogan por la liberación sexual, pero también moral y mental, de las personas, y en especial de la mujer, que tiene que volar libre y explorar su cuerpo, su sensualidad y su espíritu. Conjugan en general con una presentación muy estudiada, con una gran teatralidad, lo que no le resta ningún mérito sino más bien al contrario, por lo que he podido conversar con algún conocido que estuvo en Villena y por lo que he visto en unos videos de youtube.

En el Heavy Metal ya tenemos costumbre, y cada vez parece que más, de tener bandas cuyos integrantes se presentan con máscaras y nombres alegóricos que ocultan su identidad. Lo que empezó con Kiss, continuó con Gwar o King Diamond y siguió con las bandas del Black Metal, Turisas, Wes Borland en Limp Bizkit, Slipknot, Lordi, Ghost, El Altar del Holocausto, Heilung, etc., etc., casi una lista interminable. Por eso anudar esta estética tan concreta, pero a la vez tan sexualizada, generada para llamar la atención y convertir a las integrantes en carne de medios sociales virales, junto a una música, que aún enraizando con el rock duro, es “fácil”, digamos consumible, levantan las sospechas sobre el origen del grupo.

Si a esto le añadimos una presencia mediática potente y el acompañamiento desde el primer momento de una de las grandes compañías discográficas, que no ha escatimado esfuerzos en realizar producciones y videos llenos de imágenes sexuales y potentes composiciones visuales (y que estos aparecierán sin filtro en las plataformas), nos lleva inexorablemente a estar ante un producto de marketing.

 


 

 

  

Ojo, que esto tampoco es malo porque si. Es lo que hay. Y aunque le pueda restar originalidad, o si se quiere hasta trascendencia, seria injusto no mencionar la calidad de la propuesta sobretodo si funciona bien a nivel estudio, y fundamentalmente en el directo. Porque Dogma es un muy buen grupo musical del que ya vamos a estar pendientes. Si a esto le sumamos la virialidad de las plataformas y del streaming (quizás motivada su magnanimidad para con Dogma por los intereses de quien ha generado este producto) ante imágenes de sexo, pues el éxito ya está fraguado.




El Heavy Metal es un género en el que la presencia masculina es predominante, pese a la significativa aparición de mujeres al frente de bandas, y también, cada vez más, tocando instrumentos y aportando en todas las facetas. Es bienvenido y necesario. Y con el caso de “Dogma” ganamos una banda más a este movimiento, que en esencia, busca incorporar plenamente a la mujer en las actividades de toda índole (económicas, sociales, culturales) de la vida común. Así que en ese sentido, logro conseguido y meta en la que seguir trabajando por parte del grupo, y todos los que tienen presencia femenina (ya sea completa o parcial).



La Revolución Francesa de 1789

 Prise de la Bastille (1789), de Jean-Pierre Houël   La Revolución Francesa es el acontecimiento que originó el mundo tal y como lo c...