El
año 2025 acabó con denuncias por acoso sexual en varias de las
federaciones regionales del PSOE. Se sumaban a las investigaciones por corrupción abiertas desde el verano que por un lado, tensionaban
las relaciones en el seno del gobierno de coalición, y por el otro,
catapultaban aún más, a la extrema derecha que desgraciadamente no
van a tener problema en ganar una mayoría absoluta para formar
gobierno con un acuerdo PP+Vox. El drama de una izquierda en perpetua
desunión y disputa, sumado a un PSOE agotado, del que ya parece ni
siquiera la pujanza internacional de Pedro Sánchez como enemigo nº1 de Trump y Netanyahu pueda revertir la situación, provocan mayor
desazón al trabajador y trabajadora que ven como sus derechos y
condiciones de vida, ya difíciles per se, y también, por qué no
decirlo, por la tibieza en materia económica de un PSOE entregado
sin remisión al neoliberalismo, se pueden poner en peligro de forma
irremediable.
Por
si esto no fuera poco, que no lo es, se añade la crisis social
vigente desde 2002, y que ha ido a más cada año y cada crisis
económica capitalista, de la vivienda, tanto en alquiler como en
propiedad. Son varias generaciones ya las que tenemos tremendas
dificultades, cuando no imposibilidades, para adquirir un lugar donde
vivir. Y ante esta reclamación social e intergeneracional, que ni
siquiera sirve para poner en orden a todos los partidos para
encontrar una solución, la legislatura amenaza con cerrarse de forma
abrupta y abrir un espacio que no va a ser mejor para España, ni
para su ciudadanía, su patrimonio y sus derechos.
En
cualquier caso si en este contexto de bloqueo político, le añadimos
la ofensiva trumpista de las élites expresada a través de los
medios de comunicación, tanto de masas, como por las redes sociales,
y la absoluta laminación de la conciencia de clase y la activación
política y social en el conflicto de las clases bajas y sus teóricos
representantes, nos encontramos en una situación lamentable y donde
la ilusión no aparece por ninguna parte.
Y
todo esto con un nuevo ciclo electoral en marcha que tiene que acabar
en las elecciones generales, en teoría si no hay un adelanto o más remedio, en junio del año que viene. Extremadura, Aragón y Castilla y León han abierto la veda al dinamitarse los tibios pactos entre
ultraderechas donde se repartían los recursos de todos. Al no llegar
a acuerdos, o directamente, bajo cálculos partidistas tremendamente
errados, se llamó al voto en estas Comunidades Autónomas con el
mismo resultado: Mayoría absoluta de la extrema derecha, con auge de
Vox incluido, lo que ha debilitado a los líderes del PP que aunque revalidan mandato lo hacen atados con más fuerzas por los ultras y
descalabro general de la izquierda. Sólo en Extremadura la
confluencia electoral entre Podemos, IU y Sumar consiguió parar el
golpe, pero teniendo en cuenta el batacazo histórico del PSOE. La
cosa no pinta bien para los siguientes comicios, en Andalucía a
mediados de mes de mayo, y ni siquiera candidaturas con ministros del
gobierno garantizan, ya no la victoria, sino simplemente no perder
más diputados autonómicos. Un desastre sin paliativos.
Explicar
las causas es complicado cuando las tendencias que se apuntan se
están marcando en regiones concretas. Estas de momento son las más
extensas, con fuerte presencia del sector primario y del ámbito rural. Poblaciones envejecidas y una fortísima emigración de las
personas jóvenes y más preparadas. En todas ellas, como digo y
hasta el momento la derecha extrema ha arrasado. Sin duda, su
presencia en el mundo rural de caciques (sin olvidar a los
periódicos regionales) y su disputa contra todo lo que suena a woke,
Agenda2030 o Unión Europea que limita a los agricultores y añade
burocracia, explica buena parte del resultado, pero no en su
totalidad. Como tampoco lo hace el desgaste en la labor de gobierno
central. Tiene que haber algo más.
Hablamos
del desgaste de gobierno como parte importante, y aquí entra la
construcción del actual PSOE dominado sin discrepancia (desde 2017)
por Pedro Sánchez. Quizás esta estructura se encuentra ya lo
suficientemente debilitada como para no responder a las necesidades
de cada territorio. Otra buena parte del actual estado de descalabro
es la desmovilización colosal de la sociedad, absolutamente
atomizada, individualizada, e incapaz primero de reconocer sus
propios problemas, y después, de plantear reclamaciones y soluciones
a los mismos. De hecho, si se moviliza, lo hace hacia la derecha
escorada por la opinión de un supuesto ataque a todo lo español, lo
identitario o lo que nos define. El problema resulta ser los
inmigrantes, los musulmanes, las mujeres, los maricas, y no la cada
vez más ancha desigualdad social, la pérdida de dignidad y derechos de los trabajadores, el machismo, la xenofobia, la corrupción y la
tendencia más acusada a malvender el patrimonio de todos a los
buitres de aquí o allí.
Sin
embargo, con los escrutinios ya hechos, los parlamentos autonómicos
reconfigurándose y nombrando presidentas y presidentes regionales
más atados por los ultras lo que tenemos es una vuelta de tuerca más
a la ofensiva reaccionaria. Celebran acuerdos donde quieren poner en
valor una prioridad nacional, que haga frente a las teorías de
reemplazo y de según ellos, desmontaje de lo tradicional, lo
católico y lo español.
A
mi me gustaría saber qué prioridad nacional es la que quieren:
Habrá
prioridad nacional cuando norte europeos se quieran comprar una casa
“a tocateja” en el Mediterráneo español o en las islas,
tensionando el mercado inmobiliario, subiendo los precios una
barbaridad para las personas que trabajan, cotizan y habitan esos
lugares. Y qué decir, de los fondos buitres especuladores, algunos
también son patrios claro pero la mayoría son o se radican en el
extranjero, que adquieren viviendas al por mayor, echando a los
vecinos de los pisos, de los bloques y de los barrios, pero eso sí,
inflamando la ganancias especulativas.
También
estaría bien si esa prioridad nacional se tendrá en cuenta cuando
los jubilados blancos norte-europeos aparezcan por las consultas y
urgencias de la sanidad pública a operarse de sus achaques, en un
sistema en el que no han cotizado y del que se aprovechan. A veces
aprovechando para traerse a sus familiares, y casi siempre, sin
hablar “ni un poquito de españolo”.
Qué
va a pasar por esas plataforma de tecnócratas basadas en el
neo-feudalismo cibernético. Que trampean la legislación nacional en
materia laboral, de derechos de los consumidores o en sostenibilidad
ambiental. Que cotizan fuera de este país extrayendo capital y
dejando consecuencias que tarde o temprano se tendrán que subsanar y
pagar con los recursos de todos.
Que
una pareja que el año pasado tenía intención de comprar una casa,
para arraigarse en un territorio, y al final, veían como sus
ilusiones se desvanecían ante los problemas legales de la vivienda,
incluida su manifiesta ilegalidad comprobada a posteriori, y que
ahora, un año después, ven como la misma propiedad sigue siendo manifiestamente ilegal y vuelve a salir
“al mercado” con un precio de un 15% superior. ¿Qué prioridad
nacional nos queda a nosotros?
Sin
embargo, y volviendo a la conyuntura actual, mal haríamos en
lamentarnos continuamente y dar el partido por perdido. Hay partido.
Aunque los resultados en estas regiones, y el que se aventura para
Andalucía, es horrendo y un ataque a la dignidad y el futuro de las
personas y de los territorios, ni Extremadura es España, ni tampoco
lo son Aragón o Andalucía. Tampoco Madrid, eh, y ni mucho menos,
Galicia, Euskadi o Catalunya. Cada región de este país tiene un
pasado, una realidad y unas expectativas propias y separadas, y por
eso mismo, pensar que porque los aragoneses hayan dado una mayoría
absoluta a la extrema derecha para seguir teniendo un presidente
autonómico impresentable y faltón, vaya a suceder lo mismo en
Asturias, Canarias o en Madrid. Incluso ante unas elecciones
generales, con sus propias condiciones, el escrutinio en una misma
región puede ser muy distinto. Los factores de la propia consulta y
de la reflexión y decisión del electorado darán resultados
distintos. Sobretodo si se reacciona y desde la izquierda se decide
cerrar ese proceso de candidaturas comunes o de frente popular que
nos defienda, a toda la clase trabajador en su conjunto, y a las
mujeres, los inmigrantes y otros colectivos en sus propias
especificidades.
Primero
porque esa estructura de Pedro Sánchez en el PSOE se basa en la
premisa de haber demolido las tradicionales baronías territoriales,
precisamente en estas regiones “pobres” agrarias y de carne de
migración que hace no tanto condicionaban el discurso del partido
socialista. Hace ya mucho que el PSOE perdió Andalucía, “nunca”
ha tenido acceso a Castilla y León y en 2023 volvió a ceder Extremadura y Aragón, llevando con ello a la irrelevancia a
personajes como Ibarra o Lamban y dejando solo a Page como una
anomalía interna casi del tipo de una mascota.
Sin
embargo, al mismo tiempo que perdía poder territorial en el sur, el
PSOE se ha fortalecido en Euskadi donde es imprescindible. Y ha
ganado Catalunya. Regiones o naciones donde la derecha españolista
es residual ante la fuerza de las derechas nacionalistas.
Y
por encima de todo, muy mal haríamos si extrapolásemos los
resultados de estos comicios parciales y autonómicos a lo que vaya a
suceder en Madrid, donde, nos guste o no, está la batalla. Y el
dinero.
Si
nos ceñimos a los resultados España camina de la mano de la ola
reaccionaria global hacia un fascismo y un ultraliberalismo radical y
anti-humano. Además, se afianza el bipartidismo tras la crisis que
vivió entre 2014 y 2018, pero un bipartidismo nuevo. Con un PSOE que
ido ha capturado progresivamente a los votantes de las formaciones a
su izquierda (que no sus planteamientos o programa), pero que ha
perdido los votantes “bisagra” de centro que pueden votar a
derecha o izquierda. Y el PP ha perdido su poder, fundamentalmente
por su lado más extremo, donde se hace cada vez más fuerte una
formación ultra y fascista que radicaliza los mensajes y las
prácticas de los populares. Enhorabuena a los premiados.
Además,
los ultras han tenido el acierto o la suerte de no verse afectados
por los descalabros en gobierno que ha afectado a sus teóricos
aliados del PP. En Valencia, en Extremadura o incluso en Madrid,
mientras que por su parte, la izquierda, también se ve afectada por
formar parte del gobierno de coalición.
Al
final, el desgaste y el achicarramiento de líderes y propuestas de
izquerda se lo han llevado estos partidos, y Sánchez y el PSOE han
mantenido mal que bien su situación, recolectando las cenizas de
estos en un renovado llamamiento al voto útil. Y en la derecha
extrema, Vox parasita al PP, le acorrala, le lleva a discursos
reaccionarios y abiertamente fascistas como todo lo que tenga que ver
con cuestiones identitarias, y estos tienen que blanquearlos para
poder gobernar, con lo que consiguen es afianzar las posturas más
radicales. Y eso que Vox lleva ya casi un año de escándalo interno
en escándalo interno, saltando las disputas y miserias cuando no se
ponen de acuerdo en repartirse las arcas públicas, debilitando ese mismo estado país que dicen defender y a las clases trabajadoras, que deberían
haber llevado a un deterioro fuerte de su poder electoral. Solo basta
con recordar lo que ha sucedido con partidos como Podemos, por
ejemplo, con lo cual habría que también valorar el factor social y
el sentir por lo menos tradicional o conservador de buena parte de la
población, por no decir, abiertamente fascista. Desde luego, los
lamentos y denuncias de “falta de democracia interna” suenan a
choteo si no fuera, porque al final lo que están haciendo es usurpar
la política, llevarla a un terreno insidioso y alejado de los problemas de la gente, y dar un espectáculo lamentable.
Todo
ello porque arrastrado por los bulos y las mentiras propias de la
ofensiva ultraderechista, así como, los marcos neoliberales
impuestos por el sistema, la izquierda se siente atada y sin
capacidad de respuesta, para hacer ver a la sociedad la realidad de
los problemas. Quién y por qué se beneficia. Quién sale
perjudicado y cuáles son las políticas efectivas que hagan un país
mejor, una sociedad más justa y con mayor futuro.
Seguimos teniendo semanas de crónicas judiciales por casos de corrupción del bipartidismo y sus agentes de renovación. Volvemos
a estar presos de una cotidianidad falsa y manipulada que ya ni
siquiera permite una transformación reformista del estado y sus
diversas disfunciones. Contra más para plantear y aspirar a cambios
revolucionarios de amplio calado que hablen de las condiciones de
vida y de trabajo de al gente. Una vez más es necesario que como
sociedad nos activemos, desde lo individual hasta lo colectivo y
sectorial. Y esto se tiene que hacer tanto autónomamente, como de la
mano de partidos y movimientos a la izquierda del PSOE, que recojan todas las demandas, que fortalezcan las comunidades, las protejan y
aporten espacios de discusión, socialización y movilización
colectiva que puedan plantear alternativas a esta ola reaccionaria e
identitaria, que lo que hace, es que no cambien las políticas
económicas que esclavizan al pueblo.
Se
trata por lo tanto de propuestas radicales que desde el conflicto, en
la calle, en los trabajos y en las instituciones, pueda ser
resistente ante este auge fascista. Ser más radicales con ellos,
porque ellos defienden este mal-estado de las cosas distrayendo la
atención. Porque no debemos permitir que mientras se convierte en
“normal” o en “tolerable” la laminación del diferente o
políticas económicas ultraliberales, y que al mismo tiempo se presenten como “radicales”
o “utópicas” medidas exitosas más que desmotradas por la
justicia social o el estado de bienestar. Y porque no podemos
renunciar a transformaciones radicales del sistema económico, para
hacerlo más humano, más justo, más garantista, más sostenible y
con más futuro y dignidad.