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miércoles, 10 de junio de 2026

Un Papa en las Cortes


El Papa León XIV dirigiéndose el pasado lunes 8 de junio a los diputados y diputadas en las Cortes española. Foto de público.es

 

El calor abrasa físicamente la península mientras se consumen los días para que comience el nuevo mundial de fútbol, desarrollado a la limón entre Estados Unidos, Canadá y México, cómplices de una FIFA que paga sus favores en forma de clasificaciones a las federaciones aliadas. La intrínseca corrupción del ente futbolístico mundial nos lega un torneo hiperbólico. Gigantesco. De 48 selecciones, y de las que cuyo nivel, me atrevo a suponer porque estoy absolutamente fuera de la cotidianidad futbolera actual, menos de una decena da para ser candidatos a jugar los cuartos. Sin embargo, la última semana de la primavera y el primer mes del verano se van a agotar despistando a la opinión pública de sus problemas y soliviantando las tertulias, los debates y las charlas en todas las redes y barras de bar.

Como telonero de este evento fastuoso de dinero, poder y relaciones oligárquicas, y ya si eso, después de todo esto, de deporte, en Españistán hemos tenido la visita del papa León XIV. La primera visita de un sumo pontífice en 15 años, que vista en comparación con otros países de nuestro entorno no es tanto tiempo. Pero puesta en perspectiva de lo que supone España para el Vaticano y el Catolicismo hacia mucho tiempo que el papa-móvil no se deslizaba por las calles entre millones de creyentes, miles de banderitas y cientos de guardaespaldas en traje y corbata.

Esta semana León XIV recorre Madrid, Barcelona y las Islas Canarias en el cuarto viaje internacional de su papado. Lo hace acompañado “de cientos de miles de feligreses” venidos de cualquier parte del estado a misas y besamanos en estadios de fútbol y en plazas públicas consagradas a la exaltación católica, apostólica y romana. Las televisiones privadas, incluidas las reaccionarias y las de emporios mediáticos de derecha, ultraderecha y clericales, tratan de rascar los aledaños de la audiencia de una radio televisión pública que una vez más, confunde el servicio público con el servilismo. Y es que la cobertura de la visita papal pasa del mero interés informativo por un acontecimiento señalado a tratar de construir y consolidar después, la imagen de una España única a nivel moral, donde no caben las alternativas, los disensos y ni mucho menos la voz crítica con la Iglesia, tanto desde dentro de la propia masa creyente, como de los que nos consideramos de otras confesiones, agnósticos o ateos.

La realidad es bien distinta. Como atestiguan con menos periodicidad de la necesaria, tanto las encuestas privadas como las públicas, el sentir religioso de la España actual no tiene nada que ver con esa imagen de España católica que huele a cerrao y a blanco y negro. Según la última encuesta del CIS (recogida en laicismo.org porque desde la propia web del CIS es imposible de encontrar), y pese a las toneladas de promoción por tierra, mar y aire, es decir, por medios de comunicación tradicionales, digitales y emblemas culturales que procuran re-introducir la idea de un resurgir cristiano, el seguimiento religioso de las españolas y españoles está en mínimos y continua un inexorable retroceso. Ni siquiera la población migrante, especialmente latinoamericana, impide la caída de la religión católica en el estado español, puesto que esta población está favoreciendo la llegada a Europa de otras sectas cristianas, como el Evangelismo, que es de un peligro atroz y al que si fuéramos inteligentes y estuviéramos a lo que tenemos que estar tendríamos que estar ya dando batalla.

Sin embargo, tampoco podemos clamar al cielo de la laicidad por el espectáculo montado y los costos repercutidos al conjunto del estado y de la sociedad, puesto que España sigue siendo un puntal fundamental en el estatus que tiene el Vaticano, tanto como faro del catolicismo, emblema de la cristiandad (mucho más poliédrica de lo que el común de los españolitos piensa), como mucho más importante, marca de negocio y nación-estado con unas peculiaridades muy concretas.

España, AKA Españistán, es un estado aconfesional. Qué quiere decir esto. Pues que en España no hay una religión oficial de estado. Difiere con el estado laico o irreligioso, umbral al que desde la izquierda se debe desear llegar, en que un estado laico niega e impide cualquier injerencia de los poderes religiosos en la política o el gobierno del país. En el caso del estado aconfesional se abre la posibilidad de establecer convenios, acuerdos o relaciones formales con las instituciones religiosas tanto nacionales como internacionales. Concretamente en España, en el propio artículo 16.3 de la Constitución, abre esta posibilidad directamente con la Iglesia Católica, sacralizando de este modo el concordato que el franquismo firmó con el Vaticano en 1953. De este modo se construye un híbrido (otro más) entre el estado aconfesional “clásico” como pueda ser los casos de Suiza o Francia, con el estado confesional católico, apostólico y romano del franquismo o de otros países donde la fuerza política de la religión es defendida y promocionada desde el propio estado. Por ejemplo, son los casos de Reino Unido con la religión Anglicana, Grecia con la Ortodoxa, o Argelia con el Islam, entre otros.

Por lo tanto, Españistán se presenta como hija de su tiempo y de la negociación durante la transición entre izquierda y extrema derecha, quedando en materia de religión y moral está peculiaridad legislativa que nos deja una iglesia todavía hoy con mucho poder, tanto político, social, económico y cultural como para seguir determinando la vida de las españolas y españoles. En este sentido, se sigue validando la posición de España como un país aliado, quizás el principal sostén del Estado Vaticano, como así ha sido desde la época Moderna, con una relación simbiótica muy potente que permite una injerencia intolerable del catolicismo como religión y del vaticano como símbolo, y con sus representantes en España, la Conferencia Episcopal como altavoz y ariete.

Si este contexto no fuera suficientemente problemático para un sentir laico y progresista, el sainete semanal se ha complementado con una homilía televisada en las Cortes. El sermón del sumo pontífice en el Congreso de los Diputados, en el territorio de la soberanía popular, es decir, de todas y todos los españoles, fue el momento culmen de la visita oficial. Incluso superando la sacralización de la Sagrada Familia de Barcelona porque con el discurso ante sus señorías una vez más se toleró y favoreció la injerencia eclesiástica en el día a día de la sociedad española.

Antes de oír las palabras del Papa en el Congreso hay quien pecando de inocencia, pudiera esperar que se tratarán temas que si que tienen que ver con la institución que representa. Por ejemplo, y sobretodo, todo lo que tiene que ver con los abusos a menores en el seno de la Iglesia, donde la propia pederastia es coronada con el espino del silencio y la impunidad de los criminales. No se trata solo de que, atendiendo al informe del Defensor del Pueblo de 2025, haya habido más de 400.000 víctimas en España, o que haya investigaciones internacionales que muestran como entre el 6 y el 12% de los sacerdotes han estado involucrados en casos de violaciones a menores. El drama y la gravedad del problema es que la jerarquía eclesiástica católica favorece la impunidad y defensa de los suyos, impide la investigación formal tanto policial como judicial. Vilipendia de entrada a las víctimas y sus familias, y sólo cuando la prensa libertaria y las asociaciones que trabajan en defensa de estas personas consiguen las pruebas se presta a no torpedear las indagaciones.

Pero de esto el Papa apenas soltó unas manidas y cuantas frases hechas, que no atacan las bases de esta depredación sexual y moral, y ni mucho menos emplaza a sus embajadores en España, la Conferencia Episcopal, a tomarse este tema en serio, a colaborar con las investigaciones y los gobiernos para erradicarlo y hacer justicia.

Tampoco ejerció su monopolio del perdón para exhortizar la culpa y la intencionalidad que tuvieron comportamientos de la Iglesia española en el pasado como puedan ser las tramas de bebes robados, la colaboración con el franquismo y la opresión sistemática sobre la mujer.

El Papa si habló algo de ecologismo o contra “el rearme internacional”, pero sin atacar las bases capitalistas que son la causa del deterioro acusado y ya casi irresoluble del medio ambiente, con las deplorables y dolorosas consecuencias que traen para el conjunto de la humanidad. Tampoco dijo nada especialmente contra la ola fascista y reaccionaria que alientan un mundo desquiciado de conflictos armados.

Pero por supuesto, lo que hizo fue atacar a quienes la Iglesia Católica ha atacado desde siempre: A los colectivos LGTBi, a los que sabedor de que se mueve en un país especialmente protector con este grupo, paso de soslayo; y fundamentalmente a las mujeres reafirmando la postura del Vaticano contra el aborto (en plena ola de ataque fascista a este derecho), el uso de anticonceptivos u otras cuestiones que atañen a la sexualidad y la intimidad femenina. Una vez más y como siempre, la Iglesia y el Papa entraban en los dormitorios y en las bragas de las mujeres, para atarla al patriarcado y a que estén por debajo del hombre.

Especialmente sangrante cuando esa "defensa de la vida desde la concepción hasta el ocaso" se salta la voluntad popular expresada en reformas legislativas que garantizan el aborto y la eutanasia como derechos cívicos. Una ofensa en la sede de soberanía pública donde precisamente se ha trabajado para garantizar estos derechos individuales ante las apetencias y voluntades de otros. Habría que recordar al Papa y a su séquito, a la curia, a la Conferencia Episcopal y sus altavoces, a sus señorías de la extrema derecha y a millones de católicos que no tienen ningún derecho, ni ninguna legitimidad para imponer su visión moral a los demás. Que el resto hemos acordado medidas garantistas para la mayoría. De hecho para todos. Incluidos católicos que berrean contra el aborto o la eutanasia, pero que cuando lo necesitan bien que han ejercido el privilegio para abortar en el extranjero o para que les apliquen paliativos. Parece que también hay que recordárselo a las señorías del PSOE y de la izquierda posmo y cuqui tan corporativista con el gobierno de coalición que olvida sus propios compromisos, tradiciones e ideales.

Incluso se permitió poner en duda el papel de la mujer fuera del hogar y de la familia, institución a la que vuelve a señalar como atacada, cuando realmente lo que ocurre es que el capitalismo ultraliberal la ha despojado de utilidad y de valor. Animaba León XIV a los jóvenes a formar familias y tener hijos sin entrar a valorar la crisis sistémica mundial de la Vivienda, que en España ya es colosal, y donde su propia casa, la Iglesia con la Conferencia Episcopal y las órdenes religiosas al frente poseen decenas de miles de viviendas en este país y especulan y desahucian con más brío que los propios bancos. Un hipócrita vestido de blanco.

Me cabrea especialmente que el Papa pasará olímpicamente de hablar del incontable patrimonio que su delegación en el estado tiene. Las inmatriculaciones, esa suerte de corruptela inmoral e ilegal perpetrada por Aznar, que no sólo favorece el negocio inmobiliario de una organización privada como la iglesia, que prácticamente no paga impuestos y encima se lleva subvenciones estatales y las “donacionesvía IRPF de algunos incautos. Ni siquiera tienen a bien hacerse cargo del mantenimiento de sus iglesias, que pasan al conjunto del patrimonio estatal, pero bien que esas iglesias, catedrales, monasterios, palacios y museos aparecen cerrados para todo aquel que no pase por caja. Una peculiaridad española que es una aberración en Europa y que debería impedirse hoy mismo.

También me insulta que en la sede de la soberanía popular venga un sujeto a loar la libertad religiosa o “de elección de los padres sobre la educación que quieren para sus hijos” poniendo de manera provocadora al catolicismo en primera posición y sacralizando la intromisión de la religión en la educación pública, vía colegios concertados y universidades privadas. Un país aconfesional debe de poner la educación pública y libre de injerencias dogmáticas de la religión, de cualquier religión, fuera de los ámbitos públicos, quedando en el sentir privado de las familias.

Tampoco llamó a capítulo a sus señorías a que acaben con la corrupción, especialmente de aquellos que venían a "regenerar" el invento. A evitar las discriminaciones y la aporafobia. A ceder poder y favorecer que la gente, especialmente la joven, tomé su lugar en el mundo y lo cambie y actualice acorde a unos valores más progresistas y de futuro. A acabar con tanto fascismo, a abrazar, defender y promocionar como merece por necesario el antifascismo, tanta falta de conciencia, de vergüenza. A luchar contra la catadura moral del que no tiene escrúpulos, y en esencia, a construir un mundo más colaborativo, fraterno y humano.

La “izquierda” o las “izquierdas” o esos representantes sentados en el Congreso si que celebraron las palabras del pontífice sobre la cuestión migratoria y “los más desfavorecidos” para en el fondo volver a pecar de lo anterior: El Papa estuvo casi 2 horas hablando a sus señorías y no puso sobre la mesa ni una sola medida que solucionará los problemas, que llamará al orden a los representantes para que enmendarán los fallos y las injusticias. Y mucho menos para hacer una crítica seria a su Institución y anunciará los cambios que fueran necesarios. Eso sí, sus señorías sin distinción de partidos (salvo BNG y Podemos que esta vez decidieron no asistir) se levantaron prestos a loar la oratoria con 7 minutos de ovación.

Después de esta misa en las Cortes, y tras pasar por Barcelona, la visita va acabar en las Canarias, uno de los puntos claves de la entrada de inmigrantes en Europa. De gente pobre y desfavorecida por los siglos de los siglos, entre otras cosas, por las propias dinámicas que la Iglesia católica ha alentado todo este tiempo. León XIV podía haber aprovechado el Congreso para leer el catecismo a las huestes de las ultraderechas patrias, con Vox y su “prioridad nacional” a la cabeza, pero con el PP, Junts o el PNV tan solícitos a soliviantar la cuestión migratoria y comprar los marcos fascistas de la teoría del recambio, pero especialmente prestas a favorecer la laminación de las clases trabajadoras y su competencia interna para gusto de la avaricia de las patronales.

El drama internacional que tenemos hoy es el de una ola reaccionaria, neoconservadora y neo-fascista que amenaza con dolor y miedo a todas y todos. Que destruye la ilusión y el trabajo por planteamientos progresistas y la salud de las organizaciones de izquierda. Estamos tan mal que es paradójico que el representante de una de las instituciones más arcaicas, retrógradas, misóginas y alienantes de la Historia de la humanidad nos parezca que es “de izquierdas”. Que hace unas declaraciones que defiende la diversidad, el progresismo o el ecologismo. Mal, muy mal, hacemos en caer en este absurdo porque el Papa no es portavoz de ninguna visión progresista. Ni siquiera humanista.

El Papa, el Vaticano, la Iglesia Católica y sus representantes no son defensores de la “socialdemocracia” ni de los trabajadores, ni tampoco los migrantes. No van a “vender su arte para dar de comer a esa gente”, y ni mucho menos, van a alentar una distribución de la riqueza más justa e igualitaria que impida la opresión del hombre por el hombre. Por mucho que las escrituras y sus grandilocuentes encíclicas o sermones pastorales clamen contra el dolor y el desamparo en el mundo.

Por ello me ofende profundamente, como ateo y como demócrata, como libertario y comunista, que el representante de “Dios en la Tierra” ponga los pies en los símbolos políticos que se supone son de todas y todos, que nos ordene cómo tenemos que obrar y que nos insulte directamente “por haber abandonado las enseñanzas de Jesús en la Cruz”. Como si la Iglesia no hubiera garantizado la pobreza, patrocinado el dolor y lucrado de la venta de esperanza. A otro perro con estos huesos.

sábado, 2 de mayo de 2026

La coyuntura del nuevo ciclo electoral


El año 2025 acabó con denuncias por acoso sexual en varias de las federaciones regionales del PSOE. Se sumaban a las investigaciones por corrupción abiertas desde el verano que por un lado, tensionaban las relaciones en el seno del gobierno de coalición, y por el otro, catapultaban aún más, a la extrema derecha que desgraciadamente no van a tener problema en ganar una mayoría absoluta para formar gobierno con un acuerdo PP+Vox. El drama de una izquierda en perpetua desunión y disputa, sumado a un PSOE agotado, del que ya parece ni siquiera la pujanza internacional de Pedro Sánchez como enemigo nº1 de Trump y Netanyahu pueda revertir la situación, provocan mayor desazón al trabajador y trabajadora que ven como sus derechos y condiciones de vida, ya difíciles per se, y también, por qué no decirlo, por la tibieza en materia económica de un PSOE entregado sin remisión al neoliberalismo, se pueden poner en peligro de forma irremediable.

Por si esto no fuera poco, que no lo es, se añade la crisis social vigente desde 2002, y que ha ido a más cada año y cada crisis económica capitalista, de la vivienda, tanto en alquiler como en propiedad. Son varias generaciones ya las que tenemos tremendas dificultades, cuando no imposibilidades, para adquirir un lugar donde vivir. Y ante esta reclamación social e intergeneracional, que ni siquiera sirve para poner en orden a todos los partidos para encontrar una solución, la legislatura amenaza con cerrarse de forma abrupta y abrir un espacio que no va a ser mejor para España, ni para su ciudadanía, su patrimonio y sus derechos.

En cualquier caso si en este contexto de bloqueo político, le añadimos la ofensiva trumpista de las élites expresada a través de los medios de comunicación, tanto de masas, como por las redes sociales, y la absoluta laminación de la conciencia de clase y la activación política y social en el conflicto de las clases bajas y sus teóricos representantes, nos encontramos en una situación lamentable y donde la ilusión no aparece por ninguna parte.

Y todo esto con un nuevo ciclo electoral en marcha que tiene que acabar en las elecciones generales, en teoría si no hay un adelanto o más remedio, en junio del año que viene. Extremadura, Aragón y Castilla y León han abierto la veda al dinamitarse los tibios pactos entre ultraderechas donde se repartían los recursos de todos. Al no llegar a acuerdos, o directamente, bajo cálculos partidistas tremendamente errados, se llamó al voto en estas Comunidades Autónomas con el mismo resultado: Mayoría absoluta de la extrema derecha, con auge de Vox incluido, lo que ha debilitado a los líderes del PP que aunque revalidan mandato lo hacen atados con más fuerzas por los ultras y descalabro general de la izquierda. Sólo en Extremadura la confluencia electoral entre Podemos, IU y Sumar consiguió parar el golpe, pero teniendo en cuenta el batacazo histórico del PSOE. La cosa no pinta bien para los siguientes comicios, en Andalucía a mediados de mes de mayo, y ni siquiera candidaturas con ministros del gobierno garantizan, ya no la victoria, sino simplemente no perder más diputados autonómicos. Un desastre sin paliativos.

Explicar las causas es complicado cuando las tendencias que se apuntan se están marcando en regiones concretas. Estas de momento son las más extensas, con fuerte presencia del sector primario y del ámbito rural. Poblaciones envejecidas y una fortísima emigración de las personas jóvenes y más preparadas. En todas ellas, como digo y hasta el momento la derecha extrema ha arrasado. Sin duda, su presencia en el mundo rural de caciques (sin olvidar a los periódicos regionales) y su disputa contra todo lo que suena a woke, Agenda2030 o Unión Europea que limita a los agricultores y añade burocracia, explica buena parte del resultado, pero no en su totalidad. Como tampoco lo hace el desgaste en la labor de gobierno central. Tiene que haber algo más.

Hablamos del desgaste de gobierno como parte importante, y aquí entra la construcción del actual PSOE dominado sin discrepancia (desde 2017) por Pedro Sánchez. Quizás esta estructura se encuentra ya lo suficientemente debilitada como para no responder a las necesidades de cada territorio. Otra buena parte del actual estado de descalabro es la desmovilización colosal de la sociedad, absolutamente atomizada, individualizada, e incapaz primero de reconocer sus propios problemas, y después, de plantear reclamaciones y soluciones a los mismos. De hecho, si se moviliza, lo hace hacia la derecha escorada por la opinión de un supuesto ataque a todo lo español, lo identitario o lo que nos define. El problema resulta ser los inmigrantes, los musulmanes, las mujeres, los maricas, y no la cada vez más ancha desigualdad social, la pérdida de dignidad y derechos de los trabajadores, el machismo, la xenofobia, la corrupción y la tendencia más acusada a malvender el patrimonio de todos a los buitres de aquí o allí.

Sin embargo, con los escrutinios ya hechos, los parlamentos autonómicos reconfigurándose y nombrando presidentas y presidentes regionales más atados por los ultras lo que tenemos es una vuelta de tuerca más a la ofensiva reaccionaria. Celebran acuerdos donde quieren poner en valor una prioridad nacional, que haga frente a las teorías de reemplazo y de según ellos, desmontaje de lo tradicional, lo católico y lo español.

A mi me gustaría saber qué prioridad nacional es la que quieren:

Habrá prioridad nacional cuando norte europeos se quieran comprar una casa “a tocateja” en el Mediterráneo español o en las islas, tensionando el mercado inmobiliario, subiendo los precios una barbaridad para las personas que trabajan, cotizan y habitan esos lugares. Y qué decir, de los fondos buitres especuladores, algunos también son patrios claro pero la mayoría son o se radican en el extranjero, que adquieren viviendas al por mayor, echando a los vecinos de los pisos, de los bloques y de los barrios, pero eso sí, inflamando la ganancias especulativas.

También estaría bien si esa prioridad nacional se tendrá en cuenta cuando los jubilados blancos norte-europeos aparezcan por las consultas y urgencias de la sanidad pública a operarse de sus achaques, en un sistema en el que no han cotizado y del que se aprovechan. A veces aprovechando para traerse a sus familiares, y casi siempre, sin hablar “ni un poquito de españolo”.

Qué va a pasar por esas plataforma de tecnócratas basadas en el neo-feudalismo cibernético. Que trampean la legislación nacional en materia laboral, de derechos de los consumidores o en sostenibilidad ambiental. Que cotizan fuera de este país extrayendo capital y dejando consecuencias que tarde o temprano se tendrán que subsanar y pagar con los recursos de todos.

Que una pareja que el año pasado tenía intención de comprar una casa, para arraigarse en un territorio, y al final, veían como sus ilusiones se desvanecían ante los problemas legales de la vivienda, incluida su manifiesta ilegalidad comprobada a posteriori, y que ahora, un año después, ven como la misma propiedad sigue siendo manifiestamente ilegal y vuelve a salir “al mercado” con un precio de un 15% superior. ¿Qué prioridad nacional nos queda a nosotros?



Sin embargo, y volviendo a la conyuntura actual, mal haríamos en lamentarnos continuamente y dar el partido por perdido. Hay partido. Aunque los resultados en estas regiones, y el que se aventura para Andalucía, es horrendo y un ataque a la dignidad y el futuro de las personas y de los territorios, ni Extremadura es España, ni tampoco lo son Aragón o Andalucía. Tampoco Madrid, eh, y ni mucho menos, Galicia, Euskadi o Catalunya. Cada región de este país tiene un pasado, una realidad y unas expectativas propias y separadas, y por eso mismo, pensar que porque los aragoneses hayan dado una mayoría absoluta a la extrema derecha para seguir teniendo un presidente autonómico impresentable y faltón, vaya a suceder lo mismo en Asturias, Canarias o en Madrid. Incluso ante unas elecciones generales, con sus propias condiciones, el escrutinio en una misma región puede ser muy distinto. Los factores de la propia consulta y de la reflexión y decisión del electorado darán resultados distintos. Sobretodo si se reacciona y desde la izquierda se decide cerrar ese proceso de candidaturas comunes o de frente popular que nos defienda, a toda la clase trabajador en su conjunto, y a las mujeres, los inmigrantes y otros colectivos en sus propias especificidades.

Primero porque esa estructura de Pedro Sánchez en el PSOE se basa en la premisa de haber demolido las tradicionales baronías territoriales, precisamente en estas regiones “pobres” agrarias y de carne de migración que hace no tanto condicionaban el discurso del partido socialista. Hace ya mucho que el PSOE perdió Andalucía, “nunca” ha tenido acceso a Castilla y León y en 2023 volvió a ceder Extremadura y Aragón, llevando con ello a la irrelevancia a personajes como Ibarra o Lamban y dejando solo a Page como una anomalía interna casi del tipo de una mascota.

Sin embargo, al mismo tiempo que perdía poder territorial en el sur, el PSOE se ha fortalecido en Euskadi donde es imprescindible. Y ha ganado Catalunya. Regiones o naciones donde la derecha españolista es residual ante la fuerza de las derechas nacionalistas.

Y por encima de todo, muy mal haríamos si extrapolásemos los resultados de estos comicios parciales y autonómicos a lo que vaya a suceder en Madrid, donde, nos guste o no, está la batalla. Y el dinero.

Si nos ceñimos a los resultados España camina de la mano de la ola reaccionaria global hacia un fascismo y un ultraliberalismo radical y anti-humano. Además, se afianza el bipartidismo tras la crisis que vivió entre 2014 y 2018, pero un bipartidismo nuevo. Con un PSOE que ido ha capturado progresivamente a los votantes de las formaciones a su izquierda (que no sus planteamientos o programa), pero que ha perdido los votantes “bisagra” de centro que pueden votar a derecha o izquierda. Y el PP ha perdido su poder, fundamentalmente por su lado más extremo, donde se hace cada vez más fuerte una formación ultra y fascista que radicaliza los mensajes y las prácticas de los populares. Enhorabuena a los premiados.

Además, los ultras han tenido el acierto o la suerte de no verse afectados por los descalabros en gobierno que ha afectado a sus teóricos aliados del PP. En Valencia, en Extremadura o incluso en Madrid, mientras que por su parte, la izquierda, también se ve afectada por formar parte del gobierno de coalición.

Al final, el desgaste y el achicarramiento de líderes y propuestas de izquerda se lo han llevado estos partidos, y Sánchez y el PSOE han mantenido mal que bien su situación, recolectando las cenizas de estos en un renovado llamamiento al voto útil. Y en la derecha extrema, Vox parasita al PP, le acorrala, le lleva a discursos reaccionarios y abiertamente fascistas como todo lo que tenga que ver con cuestiones identitarias, y estos tienen que blanquearlos para poder gobernar, con lo que consiguen es afianzar las posturas más radicales. Y eso que Vox lleva ya casi un año de escándalo interno en escándalo interno, saltando las disputas y miserias cuando no se ponen de acuerdo en repartirse las arcas públicas, debilitando ese mismo estado país que dicen defender y a las clases trabajadoras, que deberían haber llevado a un deterioro fuerte de su poder electoral. Solo basta con recordar lo que ha sucedido con partidos como Podemos, por ejemplo, con lo cual habría que también valorar el factor social y el sentir por lo menos tradicional o conservador de buena parte de la población, por no decir, abiertamente fascista. Desde luego, los lamentos y denuncias de “falta de democracia interna” suenan a choteo si no fuera, porque al final lo que están haciendo es usurpar la política, llevarla a un terreno insidioso y alejado de los problemas de la gente, y dar un espectáculo lamentable.

Todo ello porque arrastrado por los bulos y las mentiras propias de la ofensiva ultraderechista, así como, los marcos neoliberales impuestos por el sistema, la izquierda se siente atada y sin capacidad de respuesta, para hacer ver a la sociedad la realidad de los problemas. Quién y por qué se beneficia. Quién sale perjudicado y cuáles son las políticas efectivas que hagan un país mejor, una sociedad más justa y con mayor futuro.

Seguimos teniendo semanas de crónicas judiciales por casos de corrupción del bipartidismo y sus agentes de renovación. Volvemos a estar presos de una cotidianidad falsa y manipulada que ya ni siquiera permite una transformación reformista del estado y sus diversas disfunciones. Contra más para plantear y aspirar a cambios revolucionarios de amplio calado que hablen de las condiciones de vida y de trabajo de al gente. Una vez más es necesario que como sociedad nos activemos, desde lo individual hasta lo colectivo y sectorial. Y esto se tiene que hacer tanto autónomamente, como de la mano de partidos y movimientos a la izquierda del PSOE, que recojan todas las demandas, que fortalezcan las comunidades, las protejan y aporten espacios de discusión, socialización y movilización colectiva que puedan plantear alternativas a esta ola reaccionaria e identitaria, que lo que hace, es que no cambien las políticas económicas que esclavizan al pueblo.

Se trata por lo tanto de propuestas radicales que desde el conflicto, en la calle, en los trabajos y en las instituciones, pueda ser resistente ante este auge fascista. Ser más radicales con ellos, porque ellos defienden este mal-estado de las cosas distrayendo la atención. Porque no debemos permitir que mientras se convierte en “normal” o en “tolerable” la laminación del diferente o políticas económicas ultraliberales, y que al mismo tiempo se presenten como “radicales” o “utópicas” medidas exitosas más que desmotradas por la justicia social o el estado de bienestar. Y porque no podemos renunciar a transformaciones radicales del sistema económico, para hacerlo más humano, más justo, más garantista, más sostenible y con más futuro y dignidad.

 

martes, 7 de abril de 2026

RTVE y el servicio público


Ya se ve cómo no vimos a Pogacar, al resto de ciclistas y a los míticos muros de pavé el pasado domingo

 

La semana pasada escribía sobre el estreno de la nueva temporada de MasterChef en RTVE. Además, aprovechaba para despotricar y diseccionar el fenómeno de la Alta Cocina, además del propio programa o propuesta televisiva, y como en general todo el universo gastronómico de élite sirve para apuntalar una ideología neoliberal que va en contra de todo lo que ha supuesto a lo largo de la Historia sentarse en una mesa a comer o entrar en una cocina ante unos fogones a preparar el alimento. En el texto ya dejaba entrever la preocupación que tengo ante la deriva que ha tomado RTVE en los últimos meses. Lo que no sabía es que el domingo el cabreo iba a crecer exponencialmente al comprobar con sorpresa que por primera vez desde que yo recuerdo, RTVE no iba a retransmitir el Tour de Flandes, la clásica de ciclismo más icónica y una de las carreras más espectaculares de toda la temporada.

No me parece mal que el consejo de RTVE haya decidido, junto al gobierno de coalición liderado por el PSOE, disputar las audiencias con La1 y sobretodo el relato que los emporios privados, Antena3Mierda y MierdaSet, tratan de construir para derruir las mayorías de izquierdas y apuntalar un estado de oposición absoluta contra todo lo que venga o huela a progresismo. Me parece fundamental y unas de las lecciones a extraer en todo momento de estos últimos años: Ejecutar políticas activas que desmonten los mantras y lugares comunes de la derecha y la ultra-derecha. Hacerlo con el BOE en la mano, sin cortapisas, ni moralidades de mercadillo. Lástima que con todos los demás temas importantes como la reducción de la jornada laboral, la intervención en el mercado de la vivienda, contra la corrupción política, la precariedad laboral y los accidentes en el trabajo, o contra la violencia machista no sean tan decididos y valientes.

En esta disputa mediática el consejo de RTVE y especialmente el consejo de informativos de la cadena pública han salteado la programación con varios programas clones a las propuestas de las cadenas privadas. Esto es, programas de opinión que surfean la actualidad informativa (política, social, económica) a base de titulares con gancho, músicas de estrés e intriga y rótulos luminosos que destacan la última hora. Los vídeos grabados con el móvil por la gente se ponen en antena. Se repiten una y otra vez. Y los tertulianos, auténticos expertos en nada, opinan y discuten sobre la mesa buscando la chanza y el zasca, sobre quién tiene la culpa y quién no facilita las soluciones oportunas y evidentes.

Propuestas que lobotomizan a la gente y que no profundizan en la esencia de los problemas, y ni mucho menos discuten o descifran la realidad de las cosas tan ligada en su deterioro a la ideología dominante neoliberal y a las severas disfunciones que el sistema político español y europeo tienen.

No es que vea mucho la tele porque no tengo tiempo realmente, pero sé que a primera hora de la mañana, a mediodía, a la hora de la siesta y hacia las 7 de la tarde, RTVE repite el mismo programa, con otros nombres, otros grafismos y otros presentadores (a veces reciclando el mismo día a los mismos tertulianos, los mismos temas y los mismos videos puestos en bucle). A mi hasta ahí, pues me da bastante igual la verdad, aunque desde luego es muy triste que para construir una sociedad informada con veracidad, rigor y donde se propongan alternativas que expliquen causas, desarrollos, consecuencias y planteen soluciones, haya que bajar una y otra vez al barro.

Lo que me cabrea es que para hacer esta programación descifrada en la doctrina del shock, la gerencia de la cadena pública haya decidido violar la2 como canal cultural. Una referencia que no se aferraba al tema de las audiencias, porque su finalidad, su cometido es alojar y enseñar contenidos culturales que no tienen cabida en el resto de televisiones. Un servicio público bien necesario y valorado, porque aunque es verdad y es un drama, que casi nadie ve la2, no deja de ser imprescindible contar con un espacio donde el arte, el saber, la literatura, el teatro, la música o cualquier cosa que no está tan abierta al negocio tengan su espacio. Aunque perduren aberraciones flagrantes como misas y programas taurinos. Y aunque los asaltos con publicidad de la casa corten sin misericordia los programas.

Esto no va de unos documentales de Naturaleza y el SaberyGanar, qué también, sino sobretodo en cómo han desaparecido programas culturales de la parrilla (toca buscarlos por la plataforma de rtve en la smarttv) y son sustituidos por avances de programas como los que describía hace un par de párrafos y de otros que abiertamente son una aberración y más propios de los depósitos de miserias humanas como puedan ser A3 y Tele5.

¿Dónde están Órbita Laika y el Condensador de Fluzo? ¿Y qué pasa con los programas de viajes y cocina como Las recetas de Julie, Viajar por Italia con Stanley Tucci o Las Recetas de Ambrosio? ¿Por qué ya no aparecen y hay que búscarlos ya que cada semana cambian los horarios clásicos como Pagina2 o Días de Cine? ¿La oferta de música en TV va a quedar en unos Cachitos y nada más?

De hecho la desaparición de contenidos y la falta de programación estable es lo que me lleva al cabreo con el otro canal que sigo como es Teledeporte. Al mismo tiempo que celebran y alardean de unos muy buenos números de audiciencia cuando se retransmiten campeonatos como los mundiales de Atletismo, de Natación o unos JJOO, como los últimos de Invierno, incluidos los paralímpicos, más destrozan el modelo de servicio público para echar, una y otra vez, resúmenes de los partidos de la liga de fútbol masculino. Incluso han replicado esa abominación de programas televisivos de gente random comentando un partido de fútbol. Una vez más, yo me siento a ver algo; no me pongo a ver a gente comentándome lo que no puedo ver. Por mucho twich y muy bien que nos caiga Ibai, eso ya existía y con el fútbol era la radio de carrusel de partidos del domingo la que daba ese servicio. Con lo cual, su interés para mi, y para muchos con los que he comentado la jugada, es cero.

Lo que si nos gustaría es tener una programación polideportiva estable. Un tablero con horas fijas cada semana para las competiciones nacionales de las que tienen derechos (porque no cuestan una pasta básicamente) y que sepas que vas a encontrar un viernes a las 8 de la tarde, o un sábado a las 4, o un domingo a las 18 horas, si es que quieres ver la tv a esas horas. Echar fuera de teledeporte las tertulias salvamizadas del fútbol tampoco estaría de más y potenciar formatos de programas fijos como el que recupera acontecimientos deportivos del Archivo de RTVE, de deportes como ciclismo, baloncesto, motor o el propio fútbol, con invitados, información y contenido. Y potenciar la información (cuánto echo de menos el MásDeporte de Canal+), o con investigación propia incluso cuando esta no sea tan agradable. O incluso programas de ejercicio destinados a las personas que están en su casa y quieren llevar una vida más saludable. Por supuesto, y en último término se trata de generar un derecho al deporte, en este caso, en el disfrute y seguimiento de disciplinas deportivas variadas, que alienten la participación, el conocimiento y su desarrollo.

Lo que está claro es que RTVE debe de mantener su función como servicio público, y facilitar contenidos, tanto de tipo cultural, como deportivo, que aunque no sean los más vistos, tienen interés y enriquecen nuestro acervo y nuestro día a día. Es mi opinión. Y teniendo en cuenta lo que puede pasar si los extremistas asaltan el poder -solo basta ver las protestas durante ya años en los que los trabajadores de las tvs autonómicas llevan inmersos frente a la provocación, la manipulación informativa y sinvergoncería a capazos-, se deberían aprovechar mayorías progresistas para afianzar los servicios públicos. Todos los servicios públicos.

 

viernes, 6 de marzo de 2026

La Generación Z


Puede que no lo sepas o que no te hayas dado cuenta. Quizás hayas oído algo, como un eco muy lejano, por alguna notificación random de las redes sociales, un teletipo que se ha escapado de la censura capitalista de los medios de disuasión de masas o por un comentario de algún conocido o conocida más ducho en eso de estar informado fuera del sistema. O es posible que realmente sepas de lo que estoy hablando y seas capaz -te lo agradezco mucho-, de comentar esta entrada y añadirle más datos, más contexto y si, también más periodismo.

Desde hace unos años, y ante un silencio interesado y buscado en Occidente, numerosas manifestaciones han ido salpicando multitud de países por todo el mundo. Lo que a mediados de 2021 comenzó en el sudeste asiático, se ha ido extendiendo por todo el planeta, vertebrando protestas y movimientos sociales que, aún surgiendo con diferencias temáticas por los distintos países, comparten mucho.

En primer lugar, un mismo malestar ante la falta de oportunidades que se identifica como generacional, y que es fruto no sólo de una crisis económica concreta, o de las consecuencias de la pandemia de covid-19 en 2020. Sino que se muestran como descalabros cíclicos del sistema económico capitalista, que provoca una cada vez mayor desigualdad social (y entre géneros, entre clases y entre regiones o países), y donde la corrupción y la inoperancia de los sistemas políticos vigentes son tanto causas como ingredientes que empeoran la situación.

En segundo lugar, son protagonizadas, cuando no surgidas, por grupos de jóvenes pertenecientes a la llamada Generación Z. Es decir, aquellas personas, hombres, y también mujeres, aunque dadas las características sociales y culturales de los países en donde han empezado estas movilizaciones los protagonistas son mayoritariamente masculinos, nacidas desde finales de los años 90, hasta 2010. Por lo tanto, una generación marcada por la predominancia de Internet como escenario de las relaciones sociales, y cuya inmediatez acrecenta la sensación de rapidez e insatisfacción. El paso durante la adolescencia por el trauma que supuso la pandemia de covid y los distintos confinamientos, también han marcado profundamente la madurez y expectativas de estas generaciones.

Esa falta de oportunidades y el sentimiento de pertenencia a una misma generación, acostumbrada como digo a “vivir” en las redes sociales e Internet, han tomado cuerpo en una clara posición de hartazgo ante la situación actual. No sólo se trata de la insatisfacción por las esperanzas de futuro, la perenne crisis económica, la falta de respuestas y voluntades ante el cambio climático y los efectos que provoca, la colosal y mundial crisis habitacional o crisis de vivienda que vivimos, la corrupción y un escenario global que se encuentra en la antesala a un conflicto bélico de escala mundial.

Lo más novedoso de estas protestas en comparación con las de los anteriores ciclos de rebeldía juvenil, es que la falta de alternativas tangibles, así como el deterioro continuado de las condiciones de vida y de futuro, se han hecho en oposición a una gerontocracia y un nepotismo que tiene los rostros septuagenarios (¡por lo menos!) de una ristra de dirigentes que pertenecen a lo que se conoce como generación boomer (los nacidos entre 1946 y 1965) o a la anterior, la generación silenciosa (aquella nacida en el período de entreguerras y hasta 1945). No es casualidad que todas las protestas se hayan materializado ante los escándalos gubernamentales, políticos o económicos, protagonizados por dirigentes que peinan más que canas y ostentan mandatos desde hace más de 25 años en muchos casos. El autoritarismo, cuando no directamente el totalitarismo, de muchos países choca de frente con las ansias de libertad de las nuevas generaciones abiertas al mundo como nunca lo habían estado antes. El militarismo y la represión política, con los abusos de los derechos humanos y la laminación de la democracia efectiva han sido el estado latente de muchas de las protestas de la Generación Z, y son causas directas del descontento y de la desigualdad social, política y económica contra la que se levantan.

No es casualidad revisar muchas de las élites políticas y representativas de los distintos países y ver a los mismos personajes ostentan el poder sin haber dado el testigo a las nuevas generaciones. Enclaustrados, pisoteando a los que vienen, ahogándolos y dejándolos sin poder aportar, cercionando de raíz cualquier tipo de progreso (económico, social, cultural, tecnológico, etc.), al tiempo en que se convierten en parásitos y las organizaciones que “lideran” las dejan inútiles e indefensas ante los retos del mundo actual. Por cierto, esto es lo que muchas personas de mi generación hablamos y vemos en nuestro día a día, en las empresas, en los trabajos, en las organizaciones. A veces, es verdad, los boomers no encuentran relevo. Otras las más, y por desgracia, son ellos los que se anquilosan e impiden un correcto y necesario paso de testigo.

Hasta en Occidente siguen dominado los países y domado el poder líderes que llevan diciendo lo que tenemos todos que hacer desde hace más de 25 años. Lo de Trump y Biden, pero también muchos personajes que ya pasaron su época y se siguen atreviendo a dar lecciones como nos ocurre en España con Felipe y Aznar. Pero, sobretodo en los demás países, que además tienen democracias menos consolidadas, cuando no regímenes autoritarios directamente, los mismos rostros, las mismas familias y un ecosistema general, de crisis sistémica.

Todo esto provoca, naturalmente, que las generaciones cuanto más jóvenes de manera más grave, nos sintamos decepcionados, sin ser tenidos en cuenta como agentes políticos o cívicos, y ni nuestras necesidades, ni intereses, ni propuestas sean tomadas en consideración, ni tenidas en cuenta. Nos sentimos abandonados y desgraciados, lo que lleva en buena parte, y parece más en el hemisferio Occidental, que en el Oriental, a la desafección democrática-liberal y al nuevo alzamiento del fascismo, pero que en Asia o África toma la forma de poblaciones jóvenes que quieren participar y que tienen iniciativas e ideas para llevar a cabo en eso de hacer del mundo un lugar donde vivir.

  • La lista de países y movimientos revolucionarios juveniles tuvieron un primer conato en Myanmar en 2021 como respuesta a un golpe de estado militar, que amenazaba con romper las escasas medidas democráticas y progresistas que tenía la ex colonia francesa.

  • Rápidamente, se extendieron a Tailandia o Sri Lanka. En Irán a mediados de 2021 apareció una nueva oleada que tuvo el símbolo de Mahsa Amini, una joven de origen kurdo, que murió asesinada y torturada por la policía religiosa islámica por no llevar el hiyab “correctamente”. Las protestas se extendieron por todo el país y con ellas, la represión y la violencia del estado teocrático.

  • También Pakistán tuvo una oleada de protestas, así como Corea del Sur, donde el golpe de estado perpetrado por el presidente trataba de limitar la democracia en aras de un gobierno autoritario con fuerte presencia militar, en el contexto de una crisis económica gravísima, las amenazas del hermano del Norte y un sistema cultural-social perverso.

  • El siguiente episodio, y quizás donde el movimiento ha tomado sus símbolos y mayor impulso, fue en Bangladesh, que terminaron en la Revolución de Julio (de 2024) como una serie de protestas juveniles y universitarias ante el incremento de un mayor autoritarismo en el país y de las masacres que sucedieron a la primera oleada de protestas en junio.

  • Nepal fue el punto de inflexión. Allí los jóvenes de la Generación Z tomaron partido para protestar contra el bloqueo de las redes sociales determinado por el gobierno del partido comunista nepalí. La brutalidad de la respuesta gubernamental se saldó con varias decenas de muertos, lo que unido a la corrupción y el autoritarismo, llevó a los jóvenes a asaltar diversos centros de poder, incluidas las residencias del gabinete e incendiando el parlamento. El sistema cayó y está a la espera de unas próximas elecciones democráticas que deberán dotar al país de una nueva constitución. El tiempo dirá si este cambio es tan productivo y espontáneo como quiero creer.

  • Las protestas saltaron a África. Nigeria, Kenia y Mozambique vieron movimientos juveniles que protestaban por la falta de porvenir, la perversión de la democracia, la corrupción y el nepotismo, así como la insoportable desigualdad económica.

  • Marruecos ha sido un punto importante, donde las protestas contra la dictadura monárquica de Mohamed VI han venido a reclamar mayor democracia, mayor futuro económico para una población mayoritariamente joven y condenada a emigrar al Norte. El catalizador fue la noticia de la altísima mortalidad femenina en los paritorios marroquíes fruto de la intrínseca corrupción del régimen, así de su nulo respeto por los derechos humanos y de la mujer, y el sobre-coste de las instalaciones del futuro Mundial de Fútbol que buscan blanquear al régimen, que provoca la falta de recursos en los servicios sociales del país.

  • También en América Latina ha habido brotes de esta serie de protestas revolucionarias en República Dominicana por protestas por la corrupción y los pucherazos electorales. O en Perú, donde el golpe de estado de 2021 que sacó el presidente democrático Pedro Castillo, ha derivado en una sucesión de presidentes y una inestabilidad política y económica notable. También Colombia, Chile o ya Argentina, donde la gestión fascista y liberticida de Milei viene siendo contestada con manifestaciones y huelgas. Punto importante fue Puerto Rico en 2024 donde las injerencias norteamericanas amenazan la coexistencia del país como estado libre.

  • Y Europa no podía quedar atrás. Primero las protestas en los Balcanes: Bulgaria, Serbia, Grecia, en ambos casos por la corrupta e inmoral gestión de sendos accidentes ferroviarios. También en Hungría. O en Macedonia del Norte tras el incendio de una discoteca. Y en Georgia, dónde el gobierno pro-ruso se ve cuestionado por una oleada popular que proclama una mayor democracia, un acercamiento a la UE y una mejora general de las condiciones de vida. No puede tampoco obviarse Francia, donde las protestas el pasado septiembre, tomaron forma en una huelga general, el movimiento Bloquons tout (bloqueemos todo), de indudable éxito, convocada a través de las redes sociales y donde tomaba parte muy importante el llamamiento a cesar todo consumsimo.

  • Y otros muchos más países y lugares como Filipinas, Malasya, Timor Oriental, Maldivas, Madagascar, Paraguay, Italia, Suiza, San Marino, Bolivia, Camerún, Tanzania, Uganda, México, de nuevo en Irán, está vez por el incremento del costo de la vida y la falta de democracia, y que ha derivado de aquella manera, en lo que está pasando actualmente.

Internet y las redes sociales, han sido el lugar donde se han alumbrado las protestas y el movimiento, que desde lo nacional o regional, ha derivado en una protesta global. En Internet se han puesto de acuerdo problemas y agendas. Se han organizado quedadas y coordinado protestas, así como se han dado noticias sobre la represión y las salidas políticas y mediáticas que cada contexto exigía. Y por supuesto, ha traído una interconexión entre diversos grupos de jóvenes de muchos países que identifican los mismos problemas y las mismas necesarias soluciones.

Si hace 15 años fue facebook, y sobretodo twitter, el arma que encendió el movimiento del 15M y Occupy Wall Street, ahora han sido Telegram, TikTok y la plataforma de mensajería en entornos de juegos online, Discord. En todos los casos las protestas y movimientos han sido pacíficos, y sólo ante el silencio, cuando no la opresión de los regímenes en el poder, es cuando las protestas han ido a más, respondiendo con disturbios y violencia, a la violencia de las fuerzas gubernamentales.

Sin duda, es bienvenido y bien necesario esta activación global, generacional y aspiracional por hacer del mundo un lugar mejor. Acabar con las crisis capitalistas, revertir o si como parece ya no es posible, aminorar en la medida de lo posible las consecuencias del cambio climático. Terminar con la desigualdad social, con el sufrimiento humano. Garantizar los derechos humanos y la vida en dignidad. Eliminar la corrupción, la censura, la represión y el autoritarismo. Avanzar en la igualdad entre géneros, entre razas y etnias, entre clases. Derrumbar desde abajo desde las poblaciones civiles (más cuando las generaciones jóvenes se supone serán “enviadas” a la picadora de carne que es la guerra) los conflictos internacionales y mundiales, la deriva al fascismo y a la violencia y al confrontación armada como única salida a la disputa. Acabar ya de una vez con la industria militar, y su gigantesco peso. Cerrar para siempre la amenaza a la extinción nuclear.

Todo esto, y mucho más, se tiene que hacer con activación política, cívica y social. Con un músculo contestatario fuerte, que precisa de estar informado y fortalecido por redes de apoyo mutuo, que por supuesto, no deben estar cerradas a otras personas, de otras generaciones, razas o clases. No. Al contrario, somos más fuertes cuanto más mejor, y cuando aprovechamos y nos enriquecemos de la experiencia de unos y de la fortaleza y rebeldía de otros.

La bandera de El Jolly Roger de los Piratas de Sombrero de Paja de la serie de manga One Piece se ha convertido en el símbolo de toda esta serie de protestas. También aparecen referencias a otras sagas como Los Juegos del Hambre o Harry Potter. Son manifestaciones culturales apropiadas a las generaciones más jóvenes. Símbolos naturales de identidad y pertenencia. Si los ves, no tengas miedo. Infórmate. Súmate y participa. Lo que se está dirimiendo en todo el mundo es mucho más allá que el acceso a las redes sociales. De hecho, hay que recordar que la génesis del 15M, no fueron las protestas de la llamada Primavera Árabe, sino la intención del gobierno socialista de imponer la Ley Sinde para acabar con la compartición de archivos peer-to-peer y el internet “gratuito”. De ahí se engranó una activación política que pretendía cambiar lo necesario para hacer del mundo, y de España, un lugar mejor.

Existe un clamor popular y social por un nuevo rumbo en el mundo. Probablemente ya no esté ligado a las ideologías de clase, pero si que es la protesta de unas generaciones que han sufrido las consecuencias de un sistema fallido: el neoliberalismo. Pobreza, desigualdad, privatizaciones, colapso de los estados de bienestar, derrumbe de las certezas de igualdad y libertad que alentaban el progreso generacional (lo de vivir peor que nuestros padres), frenazo a los planes de vida, incomprensión, hartazgo,… crisis económicas, crisis de valores, crisis ambientales… derechos humanos pisoteados, mayor autoritarismo, mayor militarismo y belicismo. Auge del fascismo.



miércoles, 25 de febrero de 2026

Obituario Susan George. Pensadora, activista, ejemplo y dignidad

  

El pasado 14 de febrero fallecía a los 91 años, en su residencia de París y rodeada por su familia, la filósofa y activista Susan George.

Valgan estas pocas palabras, juntadas a prisa y corriendo, como un homenaje sentido, de gratitud y recuerdo para una de las grandes pensadoras, en femenino y sin atender a géneros, del siglo XX y el primer cuarto del XXI.

Susan George ha sido un constante ejemplo de reflexión y crítica socio-política que ha transmitido con una enorme pasión y atino en su multitud de artículos, ensayos y conferencias, y especialmente a través de una prosa lúcida y fluida plasmada en casi una veintena de obras de politología, sociología, filosofía y feminismo.

Particularmente, llegué a Susan George en los 2006 y 2007 a través de varias referencias que me llegaron por estar vinculado a Monde Diplomatique y a ATTAC. Y sin duda, El Pensamiento Secuestrado (2007) y El Informe Lugano (2001) que se convirtieron en obras de consulta y de pilares para construir mi propio pensamiento. En ambas obras, así como en otras muchas de su extensa bibliografía, Susan George ejecuta un análisis crítico del neoliberalismo y del capitalismo ultraliberal, con una forma de escribir muy incisiva, muy directa en presentar los hechos, con el trabajo previo de contextualizarlos. Los argumentos se solidifican basándose en el periodismo, en la Historia y en la lectura calmada y compartimentada de las estadísticas, las causas y consecuencias de las políticas de extremo “liberalismo” de los últimos 50 años.

Temas como la desigualdad, el imperialismo y el neo-imperialismo americano, la globalización, el desarrollo humano, las derivadas de las intervenciones políticas y económicas en las comunidades, los individuos, en las culturas o en el medio ambiente se muestran tal y como son. Se convierten en denuncia y van más allá: al planteamiento de alternativas, reales y factibles, la primera de ellas la toma de conciencia colectiva de la humanidad en favor de los derechos humanos.

En El Informe Lugano, Susan George examina el impacto del neoliberalismo en la economía global y sus efectos devastadores en las comunidades vulnerables. Particularmente estimulante resulta su consulta y el dar voz a los pueblos indígenas de América Latina y poner el foco en las consecuencias sociales sobre la salud de las personas, en especial de las mujeres y también de las consecuencias medioambientales. Uno de los temas centrales es el cuestionamiento del modelo de desarrollo impuesto por instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. George argumenta que estas entidades, lejos de ser agentes de progreso, han perpetuado ciclos de pobreza y dependencia en muchos países en desarrollo. Este enfoque crítico no solo resalta la falta de eficacia de ciertas políticas económicas, sino que también invita a una reflexión profunda sobre la justicia social y la necesidad de alternativas viables al capitalismo desenfrenado.

Por su parte, en El Pensamiento Secuestrado, Susan George profundiza en la manipulación del pensamiento crítico en las sociedades contemporáneas. La autora sostiene que las élites políticas y económicas han logrado dominar el discurso público, limitando así las posibilidades de un debate genuino sobre alternativas al modelo neoliberal. Este secuestro del pensamiento no solo afecta a la política, sino que también influye en la forma en que se perciben realidades como la desigualdad, la pobreza o el cambio climático. Al poner de relieve esta problemática, George invita a los lectores a tomar conciencia de la importancia de cuestionar las narrativas dominantes y a involucrarse activamente en la construcción de un futuro más justo.

Ambas obras comparten la premisa de que el cambio es posible, pero enfatizan que requiere un esfuerzo colectivo y un cambio de mentalidad. Susan George, como siempre a lo largo de su vida y su carrera, no se limita a establecer una critica, por supuesto acertada y reveladora; también plantea la urgencia de desarrollar un pensamiento crítico que permita a las sociedades resistir y reinventar el modelo hegemónico actual. En este sentido, su trabajo se convierte en un llamado a la acción, instando a las personas a no convertirse en meras espectadoras de su realidad, sino a participar activamente en la creación de nuevas formas de vida social y económica.

La profundidad de la obra de Susan George radica en su capacidad para conectar lo macroeconómico con lo micro-social. Por ejemplo, al analizar las políticas neoliberales desde la perspectiva de los afectados, logra humanizar estadísticas frías y demostrar cómo estas medidas impactan directamente en la vida cotidiana de las personas. Su enfoque empático es un recordatorio de que detrás de cada cifra hay historias, luchas y esperanzas. Hay vidas humanas que hay que dignificar y respetar.

En conclusión, Susan George, a través de su aguda crítica y su enfoque inclusivo, no solo ilumina las sombras del neoliberalismo, sino que también ofrece una plataforma para repensar las estructuras sociales actuales. Sus obras son un recurso invaluable para cualquier profesional interesado en comprender las dinámicas del poder y la lucha por un mundo más equitativo.


Susan George, reconocida intelectual y activista estadounidense, ha dejado un legado imborrable en el campo de la crítica social y económica. Su vida estuvo marcada por un compromiso inquebrantable con las causas sociales y una profunda indignación ante las injusticias del mundo. Su obra trascendió el ámbito académico y se convirtió en una poderosa herramienta de cambio. Su enfoque accesible y provocador no solo iluminó los problemas globales, sino que también inspiró a múltiples generaciones a involucrarse en la lucha por un mundo más justo.

Pero no sólo se quedo ahí. En el análisis académico o en la publicación literaria, sino que además su indignación se hizo carne. Se convirtió en lucha y participación en movimientos sociales y foros internacionales, posicionándola como una voz respetada y escuchada en debates cruciales sobre el desarrollo y el neoliberalismo. Sus planteamientos brillantes tomaron constancia de la realidad y su impulso fue el de la propuesta de alterantivas reales y tangibles. La capacidad de Susan George para combinar teoría y práctica hizo que sus ideas resonaran en distintos contextos, convirtiéndola en una figura fundamental en la discusión contemporánea sobre justicia social.

Aunque su partida deja un vacío significativo en el ámbito de la crítica social, el impacto de su trabajo perdurará. Susan George nos enseñó que la crítica es un acto propio de la realidad humana, y que además, es un deber intransferible en el afán por mejorar la vida y el futuro de todas las personas. Su legado invita a reflexionar y actuar, recordándonos que la lucha por la equidad y por la justicia continúa.

Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas...