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martes, 7 de abril de 2026

RTVE y el servicio público


Ya se ve cómo no vimos a Pogacar, al resto de ciclistas y a los míticos muros de pavé el pasado domingo

 

La semana pasada escribía sobre el estreno de la nueva temporada de MasterChef en RTVE. Además, aprovechaba para despotricar y diseccionar el fenómeno de la Alta Cocina, además del propio programa o propuesta televisiva, y como en general todo el universo gastronómico de élite sirve para apuntalar una ideología neoliberal que va en contra de todo lo que ha supuesto a lo largo de la Historia sentarse en una mesa a comer o entrar en una cocina ante unos fogones a preparar el alimento. En el texto ya dejaba entrever la preocupación que tengo ante la deriva que ha tomado RTVE en los últimos meses. Lo que no sabía es que el domingo el cabreo iba a crecer exponencialmente al comprobar con sorpresa que por primera vez desde que yo recuerdo, RTVE no iba a retransmitir el Tour de Flandes, la clásica de ciclismo más icónica y una de las carreras más espectaculares de toda la temporada.

No me parece mal que el consejo de RTVE haya decidido, junto al gobierno de coalición liderado por el PSOE, disputar las audiencias con La1 y sobretodo el relato que los emporios privados, Antena3Mierda y MierdaSet, tratan de construir para derruir las mayorías de izquierdas y apuntalar un estado de oposición absoluta contra todo lo que venga o huela a progresismo. Me parece fundamental y unas de las lecciones a extraer en todo momento de estos últimos años: Ejecutar políticas activas que desmonten los mantras y lugares comunes de la derecha y la ultra-derecha. Hacerlo con el BOE en la mano, sin cortapisas, ni moralidades de mercadillo. Lástima que con todos los demás temas importantes como la reducción de la jornada laboral, la intervención en el mercado de la vivienda, contra la corrupción política, la precariedad laboral y los accidentes en el trabajo, o contra la violencia machista no sean tan decididos y valientes.

En esta disputa mediática el consejo de RTVE y especialmente el consejo de informativos de la cadena pública han salteado la programación con varios programas clones a las propuestas de las cadenas privadas. Esto es, programas de opinión que surfean la actualidad informativa (política, social, económica) a base de titulares con gancho, músicas de estrés e intriga y rótulos luminosos que destacan la última hora. Los vídeos grabados con el móvil por la gente se ponen en antena. Se repiten una y otra vez. Y los tertulianos, auténticos expertos en nada, opinan y discuten sobre la mesa buscando la chanza y el zasca, sobre quién tiene la culpa y quién no facilita las soluciones oportunas y evidentes.

Propuestas que lobotomizan a la gente y que no profundizan en la esencia de los problemas, y ni mucho menos discuten o descifran la realidad de las cosas tan ligada en su deterioro a la ideología dominante neoliberal y a las severas disfunciones que el sistema político español y europeo tienen.

No es que vea mucho la tele porque no tengo tiempo realmente, pero sé que a primera hora de la mañana, a mediodía, a la hora de la siesta y hacia las 7 de la tarde, RTVE repite el mismo programa, con otros nombres, otros grafismos y otros presentadores (a veces reciclando el mismo día a los mismos tertulianos, los mismos temas y los mismos videos puestos en bucle). A mi hasta ahí, pues me da bastante igual la verdad, aunque desde luego es muy triste que para construir una sociedad informada con veracidad, rigor y donde se propongan alternativas que expliquen causas, desarrollos, consecuencias y planteen soluciones, haya que bajar una y otra vez al barro.

Lo que me cabrea es que para hacer esta programación descifrada en la doctrina del shock, la gerencia de la cadena pública haya decidido violar la2 como canal cultural. Una referencia que no se aferraba al tema de las audiencias, porque su finalidad, su cometido es alojar y enseñar contenidos culturales que no tienen cabida en el resto de televisiones. Un servicio público bien necesario y valorado, porque aunque es verdad y es un drama, que casi nadie ve la2, no deja de ser imprescindible contar con un espacio donde el arte, el saber, la literatura, el teatro, la música o cualquier cosa que no está tan abierta al negocio tengan su espacio. Aunque perduren aberraciones flagrantes como misas y programas taurinos. Y aunque los asaltos con publicidad de la casa corten sin misericordia los programas.

Esto no va de unos documentales de Naturaleza y el SaberyGanar, qué también, sino sobretodo en cómo han desaparecido programas culturales de la parrilla (toca buscarlos por la plataforma de rtve en la smarttv) y son sustituidos por avances de programas como los que describía hace un par de párrafos y de otros que abiertamente son una aberración y más propios de los depósitos de miserias humanas como puedan ser A3 y Tele5.

¿Dónde están Órbita Laika y el Condensador de Fluzo? ¿Y qué pasa con los programas de viajes y cocina como Las recetas de Julie, Viajar por Italia con Stanley Tucci o Las Recetas de Ambrosio? ¿Por qué ya no aparecen y hay que búscarlos ya que cada semana cambian los horarios clásicos como Pagina2 o Días de Cine? ¿La oferta de música en TV va a quedar en unos Cachitos y nada más?

De hecho la desaparición de contenidos y la falta de programación estable es lo que me lleva al cabreo con el otro canal que sigo como es Teledeporte. Al mismo tiempo que celebran y alardean de unos muy buenos números de audiciencia cuando se retransmiten campeonatos como los mundiales de Atletismo, de Natación o unos JJOO, como los últimos de Invierno, incluidos los paralímpicos, más destrozan el modelo de servicio público para echar, una y otra vez, resúmenes de los partidos de la liga de fútbol masculino. Incluso han replicado esa abominación de programas televisivos de gente random comentando un partido de fútbol. Una vez más, yo me siento a ver algo; no me pongo a ver a gente comentándome lo que no puedo ver. Por mucho twich y muy bien que nos caiga Ibai, eso ya existía y con el fútbol era la radio de carrusel de partidos del domingo la que daba ese servicio. Con lo cual, su interés para mi, y para muchos con los que he comentado la jugada, es cero.

Lo que si nos gustaría es tener una programación polideportiva estable. Un tablero con horas fijas cada semana para las competiciones nacionales de las que tienen derechos (porque no cuestan una pasta básicamente) y que sepas que vas a encontrar un viernes a las 8 de la tarde, o un sábado a las 4, o un domingo a las 18 horas, si es que quieres ver la tv a esas horas. Echar fuera de teledeporte las tertulias salvamizadas del fútbol tampoco estaría de más y potenciar formatos de programas fijos como el que recupera acontecimientos deportivos del Archivo de RTVE, de deportes como ciclismo, baloncesto, motor o el propio fútbol, con invitados, información y contenido. Y potenciar la información (cuánto echo de menos el MásDeporte de Canal+), o con investigación propia incluso cuando esta no sea tan agradable. O incluso programas de ejercicio destinados a las personas que están en su casa y quieren llevar una vida más saludable. Por supuesto, y en último término se trata de generar un derecho al deporte, en este caso, en el disfrute y seguimiento de disciplinas deportivas variadas, que alienten la participación, el conocimiento y su desarrollo.

Lo que está claro es que RTVE debe de mantener su función como servicio público, y facilitar contenidos, tanto de tipo cultural, como deportivo, que aunque no sean los más vistos, tienen interés y enriquecen nuestro acervo y nuestro día a día. Es mi opinión. Y teniendo en cuenta lo que puede pasar si los extremistas asaltan el poder -solo basta ver las protestas durante ya años en los que los trabajadores de las tvs autonómicas llevan inmersos frente a la provocación, la manipulación informativa y sinvergoncería a capazos-, se deberían aprovechar mayorías progresistas para afianzar los servicios públicos. Todos los servicios públicos.

 

sábado, 18 de enero de 2020

Recuperemos RTVE



Ya está en marcha el nuevo gobierno tras el primer Consejo de Ministras y Ministros del martes pasado. Confío en una legislatura completa, no exenta de trabas, ruidos y soflamas, y que a de afrontar una agenda de resolución de problemas inmensa. El país está roto y no por las banderas, ni por los nacionalistas periféricos. Han sido los patriotas de banderita los que han provocado la casi consideración de Estado fallido a España: Existe una quiebra social inquietante, con cada vez más personas entrando en el umbral de la pobreza. Incluso trabajando no consiguen salir de la indignidad. La corrupción sigue siendo inherente a la clase política nacional. La vivienda es prohibitiva hasta el disparate en Españistan. Y el centralismo de Madrid todo lo ahoga hasta que a la España vaciada no le queda más remedio que gritar.
Y estos son unos pocos temas que exigen la máxima concentración, ímpetu, coordinación y capacidades técnicas del nuevo gobierno, el primero de coalición desde la Segunda República. Pero hoy voy a centrarme en un problema concreto. Uno de esos que como la justicia o las fuerzas de seguridad es utilizado por el partido en el poder (particularmente por la derecha heredera de los usos y costumbres del franquismo). Y que además en la odiosa comparación con sus análogos europeos nos vuelve a colocar al sur de una genuina frontera europea en los Pirineos.
Hablo de RTVE, una empresa pública en la que muchos ciudadanos tenemos por referencia y que consideramos su valor ético y social -desde la rigurosidad e imparcialidad de sus informativos, su funcionamiento como servicio público acercando eventos culturales o deportivos al grueso de la ciudadanía, hasta la marca de calidad para los estándares televisivos patrios-, como garantía del progreso y la buena salud de nuestra sociedad y democracia.
Esto sería lo ideal. La realidad es, por desgracia, bien distinta.
Como en otros tantos temas el nuevo gobierno tiene atadas las manos a la hora de realizar cambios profundos en la institución. La derecha bloqueará de todas las formas posibles cualquier intento de dotar de herramientas directivas y de una propia gerencia responsable, técnica y auditable al ente público.
Que en España hubiera, como en el resto de Europa, una televisión pública con la calidad como seña y con unos informativos serios, rigurosos y en los que la verdad fuera la máxima ayudaría a construir una democracia real. Y esto es absolutamente incompatible con unas derechas herederas de la dictadura fascista que ven en las empresas públicas las herramientas en las que seguir siendo ricos y particularmente en RTVE la clave de bóveda para legitimar todo su discurso, uniéndolo así al resto del espectro catódico de empresas privadas que mantiene un único mensaje.
No les interesa ni que se acercase a la RTVE de los gobiernos de Zapatero. Sin ser ideal y pese a toda la bilis que echa la derecha sobre aquel período, podías sentarte a ver un telediario convencido de equidad, veracidad y ética. De hecho toda la población lo reconocía así. Cuando el PP llegó al poder en 2011, RTVE lideraba los telediarios, tanto en audiencia (24,5% octubre 2011), como en expectativa y se recibían premios internacionales por la labor periodística desempeñada en la casa. La cadena era la más vista del país. Y en la radio, RNE cosechaba sus mejores datos de audiencia en los últimos 10 años.
Un año después, se había perdido un 40% de audiencia (más de un 45% en el telediario de la noche que da al prime time) y a menos que quisieras recibir muestra del masaje frío-calor a las huestes de Rajoy huías como de la peste en cuanto oías la sintonía. El comisario político hacía de las suyas y la manipulación y el sectarismo eran señas de identidad que abonaron el descrédito a la televisión pública. Es decir, el perjuicio económico, social y ético era para todo el conjunto de la población. No lo olvidemos.
Entonces empezaron a aparecer los primeros informes de la insostenibilidad de la empresa pública. La excusa era perfecta: la eliminación de la publicidad privada en RTVE.
Con ello se tapaba el cambio en la gerencia del ente, promovido bajo la mayoría absolutísima de Rajoy que colocó a otro hombre del partido que tras casi desmontar Paradores Nacionales se proponía derruir RTVE. Además, quedaban de tapadillo los recortes de los que tampoco se libraba el ente público y mucho menos sus trabajadores.
La experiencia ya venía en la marca del PP. Las televisiones públicas de Valencia y Madrid se habían deteriorado, desmontado, hundido y vendida a los amiguetes. Y con la radio-televisión nacional buscaban (y buscarán en un futuro) hacer lo mismo.
La pérdida de valor de los bienes inmuebles de la corporación, así como los gastos en personal fueron la excusa perfecta para desmontar casi completamente los imprescindibles centros territoriales. Al tiempo las apuestas de la casa en materia de programas eran más que ineficaces, retrógradas, más propias de los años 90 que del pleno siglo XXI. Lo que unido a la continua tergiversación de la labor periodística en la casa, por no hablar directamente de la manipulación mediática y la indignidad para los periodistas y el periodismo, hacían que la audiencia diera la espalda a su televisión pública.
Hoy trata de recuperar la credibilidad, estabilidad y buen funcionamiento para asegurar su estabilidad y futuro económico y con ello el buen hacer en la labor social de entretener, informar y enseñar que tiene una radio-televisión pública. Y una parte importante para hacerlo es dotarla de una administración rigurosa, con los mecanismos de control y elección necesarios por parte del ejecutivo y del Parlamento, pero a la vez independiente del poder, sin miedo y decidida a ayudar a crecer nuestra democracia desde las televisiones, las radios e internet.
Para el nuevo gobierno este va a ser un tema escabroso (otro más) y con muy poco margen de maniobra. Pero es necesario que RTVE salga del tiempo de descuento y en funciones del que lleva desde hace casi 5 años. El proceso para elección de una nueva gerencia sigue abierto (y hoy ha tenido la triste noticia del fallecimiento de Alicia Gómez Montano, una de las personas mejor posicionadas y con mayor respaldo). Así podrá dar carpetazo definitivamente al uso partidista por parte de la derecha, depurando responsabilidades, poniendo negro sobre blanco lo sucedido y garantizando de forma legislativa y también desde el punto de vista societario y judicial la independencia y la propiedad efectiva de RTVE, que no es ni de este gobierno, ni del anterior. Ni de un partido, ni de otro. Es de todos y todas nosotros.
No podemos dejar de reconocer el valor que tiene una cadena como la2 en nuestras vidas. O teledeporte y clan para dos nichos tan concretos como puedan ser los aficionados al deporte y el público infantil.
Para mi la2 espacio del saber y del servicio público desde el momento de la moción de censura de 2018 volvió a construir una programación donde la cultura, su acceso y acercamiento al grueso de la población y el saber priman sobre cualquier otro interés. No va solo de documentales y SaberyGanar sino que espacios como la2Noticias, LaNocheTemática, DocumentosTV, Pagina2, DiasDeCine, AquiHayTrabajo, Cachitos, JaraySedal o ElEscarbajoVerde, suponen presentarme y también a toda la ciudadanía la realidad poliédrica de nuestro mundo, acercando la cultura hasta hacerla accesible y sobretodo parte importante de nuestras vidas.
Teledeporte es un tema aparte.
Hoy en el día del deporte hiper-profesionalizado al canal de deportes de RTVE le está costando mucho ganar su espacio en las preferencias de los televidentes. Sin poder acceder a las monstruosidades que se pagan por los derechos de emisión del fútbol, trata de mantener esa referencia con los resúmenes de los partidos de liga -por los que paga ya una buena pasta- y con debates salvamizados de fútbol que no aportan nada, salvo opinión. No está de más en este punto recordar la máxima del periodismo de informar y no tanto de opinar.
Teledeporte debe acercarse más a la labor de servicio público tratando de retransmitir de forma periódica (importante también hacerlo con una hora y día fijados) eventos deportivos, primero nacionales (jornadas de liga de los deportes de equipo, por supuesto también femenino, campeonatos de España), con programas propios y ganando el espacio informativo. Si de mi dependiera la gestión de Teledeporte, la primera medida sería recuperar el formato de aquel MásDeporte, del canal+ de principios de siglo y colocarlo como informativo polideportivo diario.
Desde luego este año para Teledeporte supone un momento critico en su historia. Con rumores cada vez más amenazantes para convertirlo en un canal de streaming, integrando el deporte en directo en la2 (a la que robarían parte de su tiempo dedicado a la propagación de la cultura) ahora va a tener que lidiar con los primeros JJOO que no va a poder retransmitir (salvo giro de última hora) y de los que aún con todo no debería ser ajeno.
En cualquier caso, valgan estas líneas, para celebrar una Radio Televisión Pública de calidad, veraz en la que información, cultura y deporte se conviertan en patrimonio de todas y todos, donde encontrarnos, donde crecer y reconocerse. Por una RTVE sostenible, autónoma, independiente y útil.


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