Mostrando entradas con la etiqueta ultraderecha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ultraderecha. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de agosto de 2026

Crisis migratoria en Ceuta: A un mes vista

Presencia policial para evitar que continúen los incendios en las chozas constituidas por los migrantes en la playa del Trampolín este jueves en Ceuta.Reduan / EFE. Visto en Público.es

 

La crisis migratoria en Ceuta es desde el primer momento, una crisis humanitaria. Carecemos de un cálculo exacto del número de personas que entró, del que salió en los días siguientes, y de las que todavía hoy, un mes después, permanece en la ciudad autónoma. Tampoco sabemos el desglose de esas vidas humanas. Cuántas mujeres. Cuántos menores. Cuántos han pedido asilo. Cuál es la situación de esas solicitudes de haberse producido. ¿Hay ciudadanos de otras nacionalidades y en qué número, más allá de la marroquí?

Todas estas cuestiones añaden incertidumbre a una situación de emergencia en la que Ceuta, su administración, y el estado no están sabiendo, o queriendo, actuar de manera conjunta y coordinada. No ha habido disposición de espacios municipales para campamentos organizados. Tampoco se han reforzado los servicios públicos (sanitarios, asistentes sociales, personal consular, administrativos) o de seguridad. Si en la primera de estas cuestiones cabe ahondar en la actitud del gobierno autónomo para hacerle el caldo a su jefe Feijoo y al resto de ultraderechas patrias, en la segunda cuestión, si que hay que hablar críticamente de la labor de gobierno, incapaz en esta crisis -y aquí radica la novedad con respecto a estos 8 años de gobierno-, de acertar más que fallar. De ofrecer garantías, certezas y acción resolutiva a una situación que ha empeorado por momentos.

Ni siquiera en la labor comunicativa se encuentra un acierto gubernamental puesto parece claro que ha prevalecido una labor de apaciguar al enemigo marroquí, de llevar un perfil bajo para frenar la escalada entre ambos países en este conflicto difuso o informal, mientras que desde Rabat, envalentonados han seguido lanzando proclamas para afear las actitudes del gobierno español. Pero es que hay más.

Tampoco sabemos, y no existe una versión oficial, qué pasó el día 30 y 31 de julio, y muy especialmente, los días anteriores en los que parece ciertos elementos tanto en Ceuta, como en Madrid, sabían que se estaba preparando algo gordo. Las versiones divergentes de la ministra de Defensa y del ministro de Interior en cuanto a la labor del CNI han añadido un clamor insoportable a ese perfil bajo que comentaba hace un momento. Mientras el ruido de los bulos y la matraca de la ultraderecha trumpista y fascista desdibujaba el sentido de estado a esta cuestión de emergencia nacional, para añadido a la falta de rotundidad del ejecutivo y de acción por paliar la situación excepcional y la crisis humanitaria ir volviendo a la normalidad.

Esto explica en una parte que la población ceutí haya pasado en cuatro semanas de echar a los fascistas que fueron a Ceuta a soliviantar y encender las hogueras, a manifestarse con unas violencias cada vez mayores contra las personas migrantes que mantienen precarios campamentos en las playas. En la otra parte, no se puede obviar que todo el ruido mediático y político centrado en poco más de 80.000 vecinos (y en torno a 10 o 12.000 personas migrantes) en un espacio de menos de 20 km², ha encendido la indignación popular en un contexto de grave conflicto geoestratégico entre dos países, España y Marruecos, donde se discute la soberanía de Ceuta y Melilla (y las Canarias).

Me avergüenza como español y como ser humano, con todo lo que hemos pasado los españoles a lo largo de la Historia, el trato que estamos dispensando a estos seres humanos desamparados y desesperados. Tanto el gobierno de la nación, su alta clase política (aquí incluyo a todos los gobiernos autonómicos saltándose sus propios acuerdos para acoger a los menores y socorrer a esa Ceuta que “tanto nos preocupa”), los medios de comunicación, el gobierno ceutí y parte de su ciudadanía están maltratando y atemorizando a las personas que aprovecharon la coyuntura para salir de un país miserable, empobrecido, corrupto e inmoral como Marruecos. Los infraseres de la ultraderecha que aprovechan cualquier situación para esparcir odio y miedo a la vez merecen mi asco y beligerancia. Ver a la policía nacional respondiendo sin hacer nada ante esta escalada violenta cuando a profesores y sanitarios que se manifiestan sus derechos laborales y el bienestar de la sociedad los aporrean y denuncian. Lamentable.

Que no seamos capaces de darles una muda limpia, un techo, aunque sea una lona, un camastro, y algo que comer. Un mínima asistencia sanitaria. Que no se agilicen los trámites para acoger o si hay que devolver a las personas que entraron “ilegalmente” -ningún ser humano es ilegal-. Que no podamos dar una respuesta rotunda, cohesionada y alunísono en este país ante cualquier situación (una pandemia, un volcán, unas inundaciones, unos fuegos o un asalto geopolítico de una nación rival). En definitiva, que unos desalmados quemen sus campamentos y las pocas pertenencias, una manta, un colchón roído con el que pasan los días, toda esta muestra de inoperancia generalizada, y crueldad de unos cuantos, me apena y cabrea a la vez.

Exijo, y como yo la mayoría de este país, un trato digno a estas personas. El refuerzo a la sociedad ceutí para que pueda hacer frente a esta situación y las que puedan venir. Una preparación y una respuesta más efectiva, que aprenda de los errores, para prevenir el caos y el dolor. Una labor gubernamental cohesionada. Una respuesta política y de todos los sectores unida en le interés nacional y el bien común. Una defensa clara e ineludible por el antifascismo y en favor de los derechos humanos.

sábado, 1 de agosto de 2026

Crisis migratoria en Ceuta: Unos pocos párrafos


Imagen tomada por público.es del pasado jueves 30 de julio en torno al espigón que separa Ceuta de Marruecos.

 

Los hechos

  • En la mañana del jueves 30 de julio entre 50.000 y 70.000 personas se agolparon en la valla fronteriza entre Ceuta y Marruecos. Aprovechando las buenas condiciones de la mar intentaron cruzar los espigones que separan el área marina de ambas naciones para entrar ilegalmente en España. Se estima que en varias oleadas pudieron hacerlo hasta 70.000 personas. Del lado marroquí hubo una importante aglomeración de personas que la policía trató de dispersar con su habitual desprecio por la dignidad humana. Del lado español, bien por los cuerpos de seguridad del estado como por los de salvamento se han contabilizado de momento hasta 72 fallecidos, a parte de un millar de heridos de diversa consideración. También al mismo tiempo se produjeron altercados y una concentración “anormal” de personas en la ciudad autónoma de Melilla. 

    --- Actualización del 6 de agosto: 72.000 migrantes. 141 muertos. 1.098 menores en situación de desamparo en las calles de Ceuta. Refuerzo institucional, presupuestario y administrativo del gobierno para ayudar a Ceuta a recobrar la normalidad. Negativa de las CC.AA. regidas por el PP para acogerlos, mostrando su nula solidaridad y empatía por esa Ceuta que tanto decían defender hace una semana, a parte de un mínimo sentido común y decencia humanista.---

  • Esta entrada masiva ha puesto al límite la capacidad de acogida de Ceuta que ha recibido el apoyo gubernamental desde la misma tarde del 30. La ciudad quedó bloqueada y se cerraron los establecimientos ante la avalancha humana y al especial problemática planteada, recuperándose la actividad a partir del día 31.

  • Esto supone por un lado una crisis migratoria, pero también un episodio significativo dentro de las relaciones entre España y Marruecos, con un asalto de la frontera y del territorio español no autorizado que supone una agresión. Una vez más Marruecos activa la presión migratoria para provocar problemas en España, cuestionar nuestra iniciativa y política tanto exterior con el resto de África, como interior.

  • Ceuta es frontera física española con Marruecos, por lo tanto de Europa con África. De hecho, es la frontera física de la UE con mayor desigualdad a un lado y otro de una raya dibujada por el hombre hace muchos siglos. En cualquier caso hay que saber que ni Ceuta ni Melilla (al igual que ciertas islas griegas, los territorios de ultramar franceses u holandeses) están acogidos al espacio Schengen, precisamente por esta presión demográfica y migratoria, y por lo tanto, no hay una libre circulación entre personas.

  • En cualquier caso, España sufrió una agresión directa a su soberanía territorial. Y con ella la Unión Europea, es decir, los otros 26 países que la conforman actualmente, también sufrieron una agresión a su territorio. No olvidar esto.



Los antecedentes

  • Ya en 2021 Marruecos utilizó la misma estrategia miserable, el mismo desprecio por sus ciudadanos para utilizarlos con la intención de provocar una crisis en España y que está cambiará sus políticas en beneficio de los intereses del reino alauita. En aquel momento se debió a la asistencia sanitaria que se daba en un hospital español al secretario general del Frente Polisario. En la actualidad, tanto el reciente decreto para devolver la nacionalidad española a las personas del Sáhara Occidental que la perdieron a partir de 1976, como el acercamiento diplomático entre Argelia y España, y que entre otros factores garantizan un suministro de gas privilegiado para España sin pasar por los peajes que pretende imponer Marruecos, han activado esta palanca de intervención política que hay que remarcar no es tolerable ni admisible, y que compone, en mi opinión, un delito de lesa humanidad y un ataque a la dignidad humana.

    En este contexto volátil de relaciones diplomáticas entre España y Marruecos subyace una disputa geo-estratégica de amplio calado. Marruecos busca una posición hegemónica en toda África, y en especial en el cuadrante Noroeste dominando el Sáhara y la entrada occidental al Mediterráneo, para lo que es indispensable dinamitar las relaciones políticas, económicas y culturales que España tiene con el Magreb y el Sahel, en especial con países como Senegal, Mauritania y fundamentalmente el Sáhara Occidental. Sólo así se explica el caso nunca aclarado sobre el espionaje marroquí de políticos y otras miles de personas españolas a través de sus móviles con la tecnología israelí Pegasus. O las presiones e injerencias en materia comercial y pesquera, sin descartar, por último la conveniencia y apoyo del régimen marroquí para con el islamismo radical y terrorista instalado en España.

    Por otro lado, la regularización de inmigrantes que ya estaban en suelo español llevada a cabo en el pasado mes ha puesto sobre la mesa el colosal volumen que la economía sumergida tiene en España, en especial en sectores como la agricultura, la construcción y los cuidados domésticos. Quien quiera ver "efecto llamada" o "teorías de reemplazo" que se de una vuelta por los campos españoles o pregunte a las inmigrantes que acompañan a personas si tienen o no papeles.

    Por su parte, en Marruecos se vive un estado de opresión constante con una falta de libertades, seguridad y progreso económico intolerable. Su juventud y sus clases trabajadoras viven en condiciones penosas, con unos servicios públicos raquíticos y que encima se han ido recortando en favor de inversiones militares, que favorecieran la importación de hidrocarburos y de blanqueamiento del régimen a través del fútbol. Las protestas son constantes y la represión del régimen muy intensa. Normal que cualquier persona quiera salir de ahí ante la más mínima oportunidad. 

  • Por lo tanto, parece evidente la intencionalidad política y las maniobras administrativas y comunicativas necesarias por parte de Marruecos para activar esta avalancha sobre la frontera de Ceuta. Una suerte de nueva "Marcha Verde" esta vez contra Ceuta y usando la desesperación de su propio pueblo. Pero esta intención requiere en el mundo actual de apoyos geoestratégicos y aquí entra sin duda la figura de Trump y la administración estadounidense. No puede ser casualidad que el día siguiente a que se reúnan en Washington Trump y Nethanyahu, uno de sus principales aliados inicie una acción contra el país más beligerante con la política autoritaria, militarista y genocida de estos vejestorios. Desde luego tendrían que demostrar que no sabían nada. Por otro lado no está de más recordar que Estados Unidos ha avalado los planes marroquíes para con el Sáhara Occidental, a los que el gobierno español ha tenido que plegarse (con mayor o menor sintonía), al tiempo que desde Washington no se ha cortado las ansías hegemónicas de Marruecos para todo el área del Magreb y el Mediterráneo Occidental. Más bien al contrario. 

  • Del mismo modo tampoco me parece casualidad que tras los incendios forestales tremebundos, y en especial, el de la Sierra Oeste de Madrid que ha demostrado la incapacidad y la amoralidad de Díaz Ayuso, añadido al caso del ático que huele a corrupción y a apropiación indebida desde California, se provoque esta crisis migratoria para sacar el foco mediático y político de Ayuso y su entorno. Se está disparando con personas como balas y para ver las pistolas hay que seguir el rastro del dinero y de quienes se benefician de las consecuencias. De toda clase de beneficio y de todo tipo de consecuencias. 


Las consecuencias directas

  • Sin que sirva de precedente, y frente a la actitud que las mismas fuerzas de seguridad tomaron en 2021 o lo que bajo gobierno del PP sucedió en el Tarajal en 2014, España esta vez, a través de su diplomacia, sus equipos de salvamento y acogida y de las fuerzas de seguridad auxilió a las personas que estaban en peligro, independientemente del color de su piel, y de si un papel, o un juez o un cafre desde su casa los cataloga como ilegales o no. España ha dado una vez más una demostración de cómo hay que tratar una crisis migratoria como la acontecida el jueves. Es para estar orgulloso.

  • Si como dijo el líder de la oposición, Feijoo, “desde principios de semana ya se tenía conocimiento de esta acción premeditada”, ¿por qué no fue a las autoridades a denunciarlo? ¿por qué permitió que ocurriera esta avalancha humana, con victimas mortales y peligro para esa población ceutí que tanto “le preocupa”? ¿Dónde está su patriotismo? ¿Está capacitado con esta amoralidad y sin vergoncería para gobernar un país? Y ya que no hizo nada, ¿a qué espera el gobierno a denunciarlo a él por traidor y por no cumplir su deber ciudadano de avisar a las autoridades cuando se conoce que va a cometerse un delito?

  • Si esta información existía, ¿la conocía el CNI? ¿se filtró a la oposición? Las repuestas a estas preguntas requieren un análisis e investigación profundos que se escapan a mi labor y preocupación ciudadana. Pero es indignante tener a altas instancias del aparato del estado trabajando con felonía, nocturnidad y agosticidad contra el gobierno elegido democráticamente, aunque no les guste, y sobretodo, en contra de la ciudadanía española.

  • La reacción del Rey a través de un comunicado oficial salido de la residencia vacacional en el palacio de Marivent es de nuevo una muestra más de la actitud reaccionaria de este sujeto que afea al gobierno la responsabilidad directa que debe recaer en “su hermano” el rey alauita que sale de este embrollo sin reprimenda real. Hay que tener la cara de cemento para desde un palacio y en vacaciones sacar una respuesta oficial de tan miserable calaña. Deberíamos ir afilando las guillotinas.

  • Para terminar, el domingo aparecieron varios ultras nacionales por Ceuta con la idea de manifestarse y “sacar ilegales” del territorio nacional. Estos miserables, estos "cantamañanas" como los califica acertadamente el ministro Óscar Puente siempre están dispuestos a sembrar odio y que las tempestades las recogan otros. Tienen en la discriminación y el racismo su caceticismo político e inmoral. Por contra, se encontraron con la hostilidad de la ciudadanía ceutí que vive en un clima de concordia entre razas y confesiones, como bien sabe, por otro lado el PP ceutí que lleva 20 años gobernando con fuerte apoyo del colectivo musulmán, e incluso miembros en la junta de gobierno que profesan el Islam. La policía una vez más defendió a los ultras para abandonarán Ceuta escoltados ante la indignación y el rechazo de un pueblo que nos ha demostrado que juntos somos más, y fundamentalmente, mejores. Gracias Ceuta por mostrar el camino.

  • La Unión Europea se ha vuelto a mostrar incapaz de dar un mensaje coherente y cohesionado. Y sobretodo de garantía internacional de los derechos humanos. Mientras Irlanda, Francia, Portugal o incluso el Reino Unido han mostrado su apoyo, solidaridad y ofrecida ayuda directa, Italia, Dinamarca y Finlandia, los regidos directamente por coaliciones de extrema derecha, o Marine Le Pen que aspira a hacer lo mismo en Francia, han salido a criticar a España, a Pedro Sánchez, y a clamar como la ultraderecha patria por teorías de remplazo, invasiones inventadas (que quieren que les diga pero yo salgo con la bici y por los campos solo veo a magrebíes recogiendo la fruta. Curiosa invasión). Demostrando primero que no conocen el funcionamiento de Schengen, ni de toda la administración de la UE en materia demográfica y de migraciones. Pero fundamentalmente incumpliendo sus compromisos por formar parte de la Unión. Nada se puede esperar de quienes han llegado ahí para desmontar precisamente la Unión como emblema cultural y político.

 

Los aprendizajes a extraer

  • Quizás es el momento de preguntarnos cómo tiene que ser de dictatorial, pobre y sin futuro un país para que sus ciudadanos, de cualquier edad o condición salten vallas, intenten escapar de él a través del mar sin saber nadar o se expongan a la violencia de las policías de un lado y otro de la valla, a las concertinas, y después, si lo consiguen, al odio y el rechazo de casi todos en las sociedades de acogida y la violencia racista de la ultraderecha.

  • También es el momento de que como país entendamos que tenemos un grave conflicto internacional con un vecino que no es aliado, no es buen vecino, y que fundamentalmente, ya ha hecho declaraciones públicas de que su espacio nacional no estará logrado hasta que reconquisten Ceuta, Melilla y las Canarias. Me consta que el pueblo español no sabe nada de esto y quizás ha llegado el momento de explicarlo.

  • De hecho, lejos de confluir en intereses económicos (los de los de arriba, evidentemente, que han usado Marruecos para abaratar costes y deslocalizar empresas en España) y culturales por cientos de años de relación colonial desde ambos lados, sería el momento de favorecer una revolución política en Marruecos que permita a su pueblo librarse de la familia real, del sátrapa de Mohamed VI y de su camarilla de élite (el majzen) que niega la democracia, y domina un gobierno títere y un parlamento de atrezo.

  • Alguien me tiene que explicar por qué demonios nos hemos metido a organizar un Mundial de Fútbol de la mano de semejante régimen, que utiliza el fútbol para blanquearse internacionalmente, mientras masacra a su población, en especial a los laicos y a las mujeres. No todo vale.

  • En cuanto a la situación política interior, lo que ya sabíamos. No se puede esperar nada de la ultra derecha de este país. PP, Vox y el resto de grupúsculos de tarados han tratado de sacar tajada de una crisis, que lo que requería era su suma al gobierno, aunque no les guste, y la defensa de la acción política y diplomática. Esto es un ataque a Ceuta y a toda España y no caben cortoplacismos y ni mucho menos intereses particulares. Es una desgracia tener a esta caterva de inmorales dictando lo que tenemos que hacer todos. Menos mal que la sociedad civil ceutí nos ha dado una lección de como tratarlos y mandarlos a un cubo de mierda. Mismo cubo donde quiere ir por lo visto el Rey.

  • Si vemos la reacción internacional de nuestros aliados en la Unión Europea también da grima: Los regidos por la ultraderecha salieron rápido a criticar a España y a su gobierno. Italia que tiene más de 700.000 inmigrantes ilegales en el Sur sin saber qué hacer con ellos, o Finlandia que tiene un problema con Rusia por Karelia o Dinamarca con Trump por Groenlandia se pusieron de parte de Marruecos, y no de la Unión Europea. Cuando en sus conflictos necesiten apoyo unánime de la UE, ¿qué hacemos? Habrá que demostrar que sabemos estar en el mundo mucho más que la ultraderecha.

  • Por último es el momento ya como Unión Europea, pero dentro también de la ONU, de abrir un debate serio, profundo y proactivo para analizar los fenómenos migratorios y sobretodo, para levantar un marco legal que ampare a las personas que se ven en la necesidad, ya sean refugiados políticos, económicos, geográficos, climáticos, o de cualquier índole de tener que abandonar su hogar para sobrevivir. Y si este marco legal no se respeta debe de abrir los procesos de condena y aislamiento de los países, empresas, instituciones, partidos, políticos y personas que amparan el racismo, el odio y la indignidad. Es imperecedero y no se puede tolerar que esta agenda la marque la ultraderecha y quienes han decidido que les interesa que entre todos, entre todas las clases trabajadoras y entre todos los pueblos y todas las culturas no tengamos más relación que una competencia insana. Frente a esto solidaridad, empatía, fraternidad y exigencia por el cumplimiento de los derechos humanos.

martes, 26 de mayo de 2026

La caída del símbolo y el falso dilema de la izquierda

 

En la siempre desechable y prescindible actualidad política mediática, generada ex profeso por los dueños del capital y de esos emporios comunicativos, solo hay una noticia sobre la que girar: la imputación del ex-presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

La actuación como lobbista de Zapatero en el caso del rescate de la aerolínea Plus Ultra, tiene varias ópticas y ninguna buena para el ciudadano y ciudadana “normal”, que cree en la democracia y no se encuentra idiotizado por la derecha o el frentismo del PSOE. Si finalmente existió el delito de tráfico de influencias y enriquecimiento y el expresidente es culpable, se habrá acabado con una figura trascendente de la historia política del país. Que la acusación de las asociaciones ultras haya ido ya más allá de la mera instrucción policial ya causa un daño tremendo a la imagen pública de Zapatero y al legado e inspiración que tienen en una parte de la sociedad. No hay nada más que conjeturas y suposiciones en los informes de la UDEF que avalen la imputación del ex-presidente, simplemente por el hecho de recibir "cajas de vino" o "facturar trabajos de maquetación en la empresa" de sus hijas. Evidentemente, hay cosas raras, no voy a decir que no. La primera de ellas y quizás más trascendente, el desparrame ético del Zapatero ex-presidente, actuando como mediador o lobbista entre una aerolínea en dificultades extremas y un gobierno. Pero si finalmente, las acusaciones son rechazadas tras las instrucciones judiciales, tendremos un nuevo caso de lawfare, y puesta en marcha de toda la fuerza del aparato del estado para acabar con un gobierno legítimo y más aún con posiciones ideológicas y de compromiso políticas. Como si eso nos sorprendiera, por otro lado.

En cualquier caso hay dos hechos evidentes. El primero que no puede haber democracia si no se atiende a acabar y condenar las presiones que los ricos y poderosos ejercen sobre los representantes políticos, ya sean instituciones, partidos o personas. El lobbismo es una gangrena grave de la democracia que no se debe tolerar, sino combatir, porque pervierte la función política y dinamita la supuesta igualdad entre ciudadanos.

El segundo de los hechos evidentes es la caída del símbolo. La destrucción de Zapatero, un político que aparentemente había pasado por la Moncloa, sin acusar un desgaste personal y a su imagen grande, y donde la corrupción, parecía, no se había instalado bajo su gestión.

Desde luego Rodríguez Zapatero era una pieza de caza mayor para las ultraderechas españolas, toda vez de que lo acusen de ilegítimo, traidor y todos los males de su “españa”, donde entran sin ambages tácticas de deshumanización de la persona, y como se está escribiendo, la puesta en funcionamiento de los resortes del estado en forma de policías, investigadores y jueces, todos ellos empleados a sueldo de los poderosos, y donde su ideología prevalece a unas supuestas lealtades institucionales y a las de los ciudadanos y ciudadanas. Aznar dijoQue quien pueda hacer algo, que lo haga” y bajo esta orden periodistas, jueces, policías y ultras de todo pelaje y condición se han empeñado en derruir la democracia, pervertir sus instituciones y emplear todo lo que tienen a su alcance para acabar con el gobierno de coalición. El poder y el dinero son los objetivos y prevalecen a todo lo demás.

La dicotomía entre la culpabilidad, ya hecha carne y escarnio del acusado, su familia y su partido, y la inocencia, todavía formalmente como presunción, se convierte en secundaria. Si es inocente es un caso más de lawfare, es decir la instrumentalización de la Justicia o la judicialización de la polítca en forma de acoso judicial y mediático, como fueron los cientos de casos que ya ha habido contra miembros de Podemos, IU o Monica Oltra, por decir unos pocos, y que han ido sistemáticamente archivándose por falta de pruebas. Si es culpable, teniéndome a lo especificado en los informes de la UDEF y de fiscalía, sus cuitas parecen poca cosa ante las mentiras de Aznar tras el 11M, el GAL del señor X, o la incógnita de M. Rajoy. Y esto sólo en cuanto a los expresidentes, puesto que ya conocemos los tejemanejes de dinero e intereses en el juego de puertas giratorias entre la empresa privada y los partidos políticos. Sin olvidar la Gurtel y otras tramas, qué decir de la impunidad manifiesta de personajes como Mazón con la tragedia de la Dana, o de Ayuso con los 7291 ancianos muertos durante la pandemia por su homicida y neoliberal gestión. O las labores personales de Montoro y su “gabinete económico”. O de decenas de ex-ministros del PP condenados por mucho menos de lo que se acusa ahora a ZP.

En todo caso, y desde el punto de vista de la izquierda, y de quienes tenemos un sentir patriótico y progresista por el futuro y el bien de este país y sus gentes, el daño ya está hecho. Y no porque Zapatero se hubiera convertido en un emblema o un símbolo, que lo era, sino más bien porque su acusación apuntala la sensación de hastío, de abandono y de derrota general en la que estamos sumidos. Más si cabe, cuando pese a la incompetencia de los líderes regionales que buscaban revalidación y a la nefasta estrategia electoral del botarate de Feijoo que ha provocado el fortalecimiento de la extrema derecha, la izquierda, y fundamentalmente el PSOE, ha ido fracasando elección autonómica por elección autonómica.

No quiero que el lector confunda este sentimiento derrotista ante las previsibles futuras elecciones y al resultado nefasto para la mayoría social que salga de ellas, con una supuesta lealtad o simpatía para con Zapatero.

No. Sin entrar en su inocencia o culpabilidad literalmente Zapatero me importa una mierda. Quienes salimos a las calles el 15 de mayo de 2011, o quienes antes también hicimos la Huelga General de septiembre de 2010, lo hicimos contra su gobierno y su política económica que habría abrazado el neolberalismo, y con él la desposesión de las clases trabajadoras.

Y sí. Yo voté a Zapatero el 14 de marzo de 2004 en unas condiciones muy concretas y dolorosas, pero con una doble esperanza. La primera era recuperar la política para la gente, y evidentemente con lo acontecido aquellos días y el revanchismo de los franquistas del PP, era muy difícil. Pero sobretodo, y aún reconociendo las tremendas dificultades que había, para que se parase en seco la burbuja inmobiliaria, la especulación financiera salvaje sobre la vivienda y el deterioro de las condiciones de trabajo y de vida de las clases populares. Aquellos gritos de “Zapatero no nos falles” en la noche electoral eran el mensaje de que el apoyo electoral, era concreto y determinado de unas personas muy definidas: Cientos de miles de ciudadanos de izquierdas, los más veteranos, desengañados del tacticismo y el coorporativsmo del PSOE, y todos hastiados tanto de las mayorías absolutas del PP y sus acompañantes (las derechas nacionalistas vasca y catalana), como de la intrínseca corrupción de todos.

La memoria, la hemeroteca y este blog atestiguan que Zapatero y el PSOE nos fallaron, y que con el futuro, el esfuerzo y los sueños de varias generaciones se pagaron los destrozos de la orgía ultra liberal.

Por lo tanto, y sin querer caer en la venganza, y mucho menos en la deshumanización del personaje, vaya por delante que se investiga lo que se tenga que investigar, que se judicialice y se condene si es necesario. En todo caso, lo fundamental, es de una vez por todas, que la democracia y sus sujetos, es decir “nosotros” el pueblo, exijamos una prohibición total de los lobbys y los grupos de poder que presionan a los representantes para que legislen a su favor. Que se persigan y también enjuicien y condenen (evidentemente para ello se hace necesario una real y probada separación de poderes, y una judicatura democrática).

Por último, y no menos importante, hacer lectura política del momento. Mientras el PSOE va cayendo en barrena en las elecciones autonómicas, deberíamos trabajar en una configuración de izquierdas estatal, con unas medidas claras, tanto en defensa de los trabajadores como de los derechos humanos. El último escrutinio, el de Andalucía, vislumbra la posibilidad: La suma de las dos candidaturas de izquierdas (Adelante Andalucía, es decir, anti-capitalistas ex de podemos entre otros, y Por Andalucía, confluencia con IU y Sumar) ha sumado más de 100.000 votos que Vox, pero 2 diputados menos por esa fragmentación. Aún teniendo en cuenta la especial configuración de la región del sur español, se sigue mostrando como evidente que hay un espacio a la izquierda del PSOE enorme. Que ese espacio es ideológico basado en una política de izquierdas clara, ecologista, igualitaria, anti machista, anti fascista y anti imperialista. Democrática y socialista que garantiza los derechos sociales (sanidad y educación), así como mejores condiciones de vida y de trabajo y una clara voluntad por acabar con el problema de la vivienda. Un espacio que además está abierto a quien quiera un mejor país y a quien esté desencantado de la corrupción y el bipartidismo.

Sólo hace falta ponerse de acuerdo. El programa no es un problema. Y lo que lo impide, que son los intereses particulares de quienes son o se han auto proclamado portavoces de los demás, debe ser erradicado por esos mismos colectivos que reclamamos la unidad electoral, política y de acción.

Porque mientras esto escribo los conflictos sociales y sectoriales continúan y se agudizan (por la vivienda, trabajadores de la educación y sanitarios, agricultores, mundo rural, mujeres, etc., etc.) y antes que después nos daremos cuenta de que juntos es posible articular una fuerza que los trata y empuja a solucionar.

Y mientras tanto lo que ocurra con Zapatero y con Sánchez o el PSOE es lo de menos. Porque lo importante es que las buenas personas que creen en la democracia y en este país luchen por mejorarlo.

martes, 12 de agosto de 2025

Discriminaciones no. Pero sobretodo no a las discriminaciones materiales

 


La conjunción en Españistan de la alta política y los medios de comunicación de masas acostumbran a poner en la palestra toda suerte de problemas irrelevantes y dónde no los hay, tratando de hacer desaparecer de la opinión pública los problemas materiales. Los verdaderamente importantes y trascendentales cuya resolución implicaría que esas mismas instancias de la élite se ocuparan, implicarán y se pusieran a trabajar. Esto no es nuevo. Como tampoco lo es el tener una izquierda institucional entregada de buen gusto a debatir sobre estas situaciones sin atajar nunca el problema de raíz, y soterrando directamente los que su solución provocarían pérdidas en riqueza y poder a las élites cleptómanas del estado españistaní.

La polémica artificial de esta semana es la decisión del pleno del Ayuntamiento de Jumilla, en la región de Murcia, regido por PP y Vox, de prohibir las celebraciones musulmanas en espacios municipales públicos, como venían permitiéndose hasta ahora.

Bien. Aquí hay muchas aristas y agentes involucrados y antes de diseccionarlas voy al final, a lo que me ha puesto de mala leche. Porque encima, aunque uno intente pasar de todo esto, e incluso huir de los informativos, al final llegas a ellos porque te quieres enterar de el tiempo o de la sucesión de incendios forestales. La decisión de que el gobierno, a través de la fiscalía general y el Defensor del Pueblo, entren en tal cuestión con el ánimo de mantener los derechos (supuestos) de la comunidad musulmana, compone en mi opinión, otra más de las traiciones a las clases trabajadoras de este país. Y mientras la extrema derecha a sentarse a esperar el apoyo de las mismas.

Porque yo no he visto a ninguno de estos entes ponerse en marcha, ni en agosto, ni en ningún momento, por acabar de una vez con la especulación inmobiliaria, con los accidentes laborales o con la defenestración de los derechos públicos. Cómo queremos convencer a unas bases electorales que ven una y otra vez sus problemas tratados como irrelevantes, arrinconados en la pila de situaciones “imposibles de solucionar”, y mientras, estas administraciones “corren” a satisfacer las demandas culturales y de identidad de una comunidad (también parte de la clase trabajadora con especial significación en el campo murciano), pero que poco tienen que ver con la identidad predominante dentro de la clase trabajadora del estado español. En vez de ir a los problemas de la gente común, que son todos los mismos independientemente de la religión particular que profese cada uno, o la población en la que viva, nos quedamos en la superficie de lo simbólico.

Es que seguimos sin aprender, y para mi es desesperante, que no debemos entrar en los campos de discusión ideológica que plantea la derecha. Qué le hacéis el juego. Qué entráis en su campo minado. En su terreno de falacias y medias verdades. Qué os convertís en parte colaboradora de la laminación de las condiciones de vida de las clases trabajadoras, bajas o populares como queráis llamarla.

Porque sí. Aquí se plantea una discriminación para con la comunidad religiosa islámica, pero esto no se puede dirimir con herramientas que permanecen permanente calladas cuando se trata de los problemas materiales de la gente. Qué no se levanta cuando se incrementan el precio de la luz, el azúcar, el café o el aceite de oliva. Qué no se indigna cuando trabajadoras y trabajadores tienen que vivir en campos de caravanas como una distopía, o como la realidad norteamericana. Qué permanece desaparecida mientras los trabajadores mueren de golpes de calor o extenuados por la presión oligarca y neoliberal.

E insisto. En Jumilla quieren practicar una discriminación. De acuerdo. Pero a lo mejor se soluciona quitando la sobre-protección que tiene la religión católica en un estado aconfesional, según su constitución, cada vez más navegando a un estado laico, o cuando menos en el que los temas de espiritualidad quedan en el ámbito privado de las personas, si atendemos a las encuestas oficiales.

Evidentemente “se compranlos relatos y marcos de discusión que maneja la ultra derecha. Porque esto no va de “nuevas cruzadas” o “re-conquistas”. No van a replicar a Felipe III quien expulsó a los moriscos (últimos descendientes de la ocupación islámica que mantenían su credo) en 1613. España no va a ser “católica” porque su sociedad ya no lo es y no lo será ya más, fundamentalmente porque lo doctrinario de lo católico choca con lo esencial de lo democrático. Y también porque la globalización es un cambio de paradigma de tal amplio calado que ha roto hasta lo irreversible los condicionantes económicos, sociales y culturales de las sociedades. Igual que por mucho que se empeñen no van a desaparecer la influencia musulmana o sefardí de la cultura española. Ni vamos a recuperar las supuestas bondades del Imperio (que no fue como tal, ni tampoco benefició a las clases bajas peninsulares de los siglos XV al XVIII). A la ultra derecha se la trae floja no conocer la propia Historia del territorio del que quieren adueñarse. Su interés radica en adoctrinar, en presentarse como supuestos defensores de la pureza de unas bases identitarias culturales basadas en la religión, la raza o el idioma. Y encuentran la colaboración interesada de los medios, y la necesaria de una izquierda desnortada que ha perdido el rumbo.

Mientras los ultras persiguen mezquitas, incluso puede que hasta las incendien, y lanzan cacerías en pueblos donde la mano de obra inmigrante magrebí es fundamental, lo que deberíamos aprovechar es a poner en solfa todos los privilegios que la religión católica, la malvada Conferencia Episcopal, tiene, y así, profundizar en un estado laico. También, la propia comunidad islámica de Jumilla o Murcia se verán atacados al no poder disponer de un espacio para sus credos, pero a lo mejor les debería importar más la situación de las mujeres en su seno, y las condiciones de la educación y sanidad en sus comunidades, que por cierto, son compartidas con otros grupos étnicos que conforman las clases más bajas dentro del sistema productivo del agro murciano.

De acuerdo. No habrá rituales islámicos en el polideportivo de Jumilla. Tampoco los debería haber católicos, ni evangélicos, ni de ningún tipo de confesión. Discutamos seriamente qué tiene de religión, qué de identidad cultural y qué de negocio turístico mil millonario las procesiones de Semana Santa. No digo que se prohíban directamente, pero si que reflexionemos sobre si el estado aconfesional es otra licencia más de la transición (como el estado de las autonomías frente al centralismo o el federalismo). Pero a lo mejor si se podría aprovechar esto para reclamar y conseguir que paguen el IBI y sus impuestos. Y estos se dedicasen a los servicios sociales de todas y todos. O por lo menos a mantener con dignidad y seguridad el patrimonio de todas y todos, y que hasta ahora mantienen en usufructo perpetuo.

En Jumilla, donde la base trabajadora inmigrante y magrebí es fundamental para mantener su sistema productivo y económico, con la manipulación más torticera posible (de hecho la que habitualmente destila la derecha, absoluta y dolorosamente incapaz, irresponsable e ignorante) han promovido una legislación que prohíbe la celebración de los ritos de esta comunidad en los edificios públicos. Si, a lo mejor hay que poner en movimiento la maquinaria del estado por aquello de la convivencia entre religiones y comunidades, escenarios verdaderamente falaces porque todo aquel que haya convivido y vivido en los barrios trabajadores sabe que cada uno permanece aislado del resto. Pero se atreven desde la izquierda buen rollista a plantearlos como líneas a defender, cuando no se han movido o incluso han promovido todo tipo de ataques y pérdida de las condiciones materiales y de la identidad de las clases trabajadoras. Incapaces de defender el derecho al trabajo digno y seguro, a la vivienda, a la conciliación familiar o a la educación y salud públicas, desde el círculo interior de la M30 se levantan escandalizados porque no se va a poder hacer “el rito del cordero en el pabellón polideportivo”.

Por otro lado, me hace mucha gracia que la ultraderecha lancé estas ideas desnortadas y de la época de la Inquisición, cuando la realidad es mucho más compleja. Cuando también hay españoles y familias que son musulmanas. Cuando presentan un privilegio para esta comunidad magrebí, y no discuten la presencia hasta el hartazgo de los modos de vida americana yankee, en nuestras ciudades. Cuando todos los días y en todos los lugares se reproducen patrones culturales que no tienen nada que ver con lo español, o con lo de esta tierra si te escandaliza la palabra. Cuando no seguimos nuestro propio urbanismo, nuestra propia Historia, Geografía o Arte. Cuando ignoramos u olvidamos la gastronomía, la música, el baile o las formas de relacionarse tradicionales y que han sido siempre nuestra esencia.

No son malas las interrelaciones e intercambios culturales. Ni mucho menos. Son necesarias y hasta saludables, pero es de broma que se pongan en ristra de defensa de la pureza hispánica, los que nos han metido con calzador las bases norteamericanas, sus restaurantes de comida rápida (busquen los apellidos de los “dueños” en España de estos templos de la bazofia y el consumismo), la música alienante moderna o los usos de reproducción o comunicación social.

Desde luego, me parece mal que no dejen a la comunidad islámica de un pueblo murciano hacer sus celebraciones en un espacio público. Como también me parece mal que se persiga a una asociación cultural o medio-ambientalista por hacer sus actividades y por reclamar mejoras y concienciación en la defensa del patrimonio natural. También me parece lamentable que se persiga cualquier otro tipo de disidencia, incluso infiltrando policías durante años en esas organizaciones, y ahí tampoco se ha levantado de su sillón el Defensor del Pueblo.

Pero me cabrea sobremanera que aceptemos como válidos cualquier salida trasnochada de la ultraderecha y seamos incapaces, bueno en realidad lo es la élite de la “izquierda”, de salir de sus marcos. De hecho, a las bases nos quedan tener que licuar esas incongruencias y seguir.

No a la discriminación por religión, raza, etnia y clase social. Si a la resolución de los problemas de la gente. Atrás hasta el olvido a los rancios y caducos fachas que quieren generar odio y problemas donde no los había. Harto ya de la continua e in crescendo crispación del estado español.

viernes, 12 de julio de 2024

Golazo al racismo y la xenofobia

Lamine Yamal, haciendo con las manos el 304 relativo al código postal de su barrio de nacimiento y crianza, Rocafonda en Barcelona.

 

Existe un relato malicioso, manipulador y embustero basado en traspasar a las clases populares una cierta nostalgia beatificadora sobre las negras décadas de los 80 y 90 en España. Los embaucadores y manipuladores de la memoria son las voces de la cultura de aquella época. Niños y niñas pijos, descendientes directos de los regidores políticos, económicos y culturales de la dictadura y la transición. En la Movida casi nadie provenía del Arroyo. Hoy se quejan de que “no puede decirse nada”, como si no estuviera en prime time de televisión soltando sus desvaríos ideológicos, y no fueran los demás, desde obreros, raperos, humoristas o tirititeros a los que se les aplican censuras. También alegan que en los 80 y 90 existía un ambiente cultural de progreso y dinamismo basado en un clima de "absoluta libertad", y otras sandeces de tomo y lomo, imbricando estos mensajes con la visión ultraliberal de la libertad que proclaman personajes como Ayuso. Como si no hubiera habido en aquella época inseguridad ciudadana y terrorismo de uno y otro bando. Especialmente, ¡oh casualidad! del de extrema derecha que ha quedado, igual que con los crímenes de la dictadura, sin esclarecer y judicializar.

Lo cierto es que en los barrios obreros de las ciudades españolas durante los años 80 y 90 lo que existía era pobreza, drogadicción y marginalidad. Empezaban a verse las costuras de un tiempo nuevo que iba a romper, o incluso ya había roto, los encajes sociales del tardofranquismo y de la respuesta antifascista. La desindustrialización, demanda inflexible de la Comunidad Económica Europea para con España ante su entrada en selecto club, era ya un hecho, y el paro era una amenaza constante para los hijos de la clase trabajadora que se quedaban sin acceso al sustento tras haberse constituido como la generación mejor preparada de nuestra historia. Las jóvenes y las mujeres también habían participado con éxito en tal proceso pero su situación seguía (sigue hoy en día por los abusos de los retrógrados) amenazada por un machismo social, alineante e intrínseco a la esencia de la España de aquellos tiempos. Su incorporación al mercado laboral no había acabado de producirse de manera efectiva y asentada y ya eran víctimas de despidos, traslados, precariedad y heteropatriarcado.

Al tiempo que salían los puestos de trabajo de la industria, sustituidos por menos en cantidad y calidad de un esquelético sector servicios, a los barrios obreros llegaba la droga. Sobretodo la vertiente más económica y más depredadora de la heroína. Siempre se ha sabido que esnifar coca era cosa de pijos y yuppies y para el lumpen quedaban las jeringuillas, los mecheros y el papel de plata. Las enfermedades de transmisión sexual, así como las tuberculosis y hepatitis, por prácticas insalubres durante el consumo de drogas o las relaciones sexuales, se hicieron pronto comunes en los consultorios de barrio de las periferias de las grandes ciudades, por parte de jóvenes a los que les habían robado sus expectativas de futuro y dignidad. La marginalidad y la delincuencia eran el siguiente paso, junto a la degradación de la convivencia, la desconfianza para con los iguales, así como la laminación del tejido social de aquellas ciudades de los 90 y 80.

De hecho, antes de que llegasen los millones de ayudas a la convergencia de la Comunidad Económica Europea, o mejor dicho, después de que esas ayudas las filtrarán para su lucro incesante las élites cleptómanas del estado españistaní, las ciudades españolas eran una porquería. Feas, sucias, escasamente acondicionadas para los desplazamientos del vecino (mucho menos para el turista que ni se soñaba en aquella época) y peor dotadas de servicios como escuelas, bibliotecas, centros sociales o parques de juegos infantiles. Animo al lector a buscar cómo eran estas ciudades a través de los programas de memoria de las televisiones autonómicas. Muchos están en youtube.

Otra de las realidades del estado español en aquella época, y sobre la que pasan de soslayo los indigentes mentales que se han alzado como portavoz de la ensoñación, era el racismo y la xenofobia. Sigue siéndolo hoy, y sobre eso voy a entrar a hablar, pero en aquella época, en Españistan se juntaban grupos de jovenzuelos neonazis y de talluditos nostálgicos del franquismo que acosaban, atacaban e incluso mataban a todo el que pensara y a los diferentes de colectivos LGTB, personas y colectivos de izquierdas y sindicales, y fundamentalmente a las personas racializadas. Esto lo conozco gracias a las charlas con compañeros más veteranos que corrieron delante y detrás de las basuras humanas fascistas durante sus cacerías.

De hecho, especialmente crudos en esta vertiente de xenofobia y odio fueron los primeros años 90. Mientras el país se abría internacionalmente, con las Olimpiadas de Barcelona, la Expo de Sevilla o la siempre olvidada capitalidad cultural europea de Madrid (qué gusto que esto se haya olvidado y pueda contarse como un fracaso del madrileñismo) en el año 92, grupos de extrema derecha acosaban a los colectivos de extranjeros. Migrantes y refugiados que malvivían en chabolas y edificios abandonados pero con su sudor y esfuerzo ya empezaban a lubricar la terciaria economía españistaní basada en el turismo, el sector servicios y la especulación inmobiliaria.

Una de las primeras víctimas fue Lucrecia Pérez, joven dominicana asesinada por neonazis en Aravaca en el año 92 tras una campaña pública de señalamiento y acoso. Pero no fue la única y hubo más víctimas mortales, así que se puede decir abiertamente, que no hubo colectivo racializado que no fuera denigrado y marginado en aquellas, tan “plácidos años” según los amnésicos de la movida madrileña.

Aquel acoso y campañas, con la parte imprescindible de deshumanización de los objetivos ha vuelto en nuestros días con fuerza. En un contexto de clara crisis total del modelo capitalista y liberal, las voces del fascismo han crecido en número y resonancia con el objetivo de aplacar las alternativas más sociales, solidarias y sostenibles. Se han financiado a partidos ultras, panfletos reaccionarios y personajes canallas para que calienten las débiles mentes y generen polémicas artificiales que sirvan a sus intereses. Se han buscado objetivos fáciles contra los que desviar la atención y cargar las culpas, exonerando a los verdaderos responsables de la tragedia económica y social de Occidente tras la crisis de 2007, la Gran Recesión y la salida de la crisis que ha llevado a mayores desigualdades, opresiones y dolor.

Nuevamente, y sin haber dejado de serlo en todos estos años desde los 90, son los inmigrantes quienes reciben el odio y el racismo, de otras clases trabajadoras, igual de degradadas y usurpadas. Y es que, ¿qué trabajador español no tiene un familiar o un conocido que ha tenido que emigrar fuera de nuestras fronteras por la lacerante falta de oportunidades y perspectiva de bienestar en este estado fallido?.

Pues aquí tienes de nuevo a la ultra derecha poniendo las dianas y esperando a que sus huestes ejecuten las acciones contra el diferente, por su color de piel, pero fundamentalmente por ser pobre.

Para que estas cacerías tengan éxito y solivianten a las masas que puedan auparles a base de votos desnaturalizados, son necesarios cómplices. Por supuesto, y en primer lugar, quienes han financiado a tales sanguijuelas. Alguien ha puesto los recursos y dado los altavoces para que los discursos de odio se normalicen, tolerando la xenofobia y presentando a los intransigentes como sujetos normales en el estado derecho, con los que hay que ser tolerantes. Los propios medios de comunicación de masas tienen mucho que ver. Primero porque, salvo honrosas excepciones, no han cortado estas declaraciones fascistas y violentas. Y después, porque las han asimilado como parte del transcurrir cotidiano al mismo nivel que las propuestas que pueda hacer la tibia socialdemocracia que es representada en los medios. En su afán por obedecer los designios del patrón, han dejado como extremismos a la ultra derecha y a una timorata centro-izquierda que apenas discute los mecanismos socio-económicos de un estado que funciona como una profunda maquina extractora de riqueza y porvenir de las clases trabajadoras y de los territorios que sufren al agujero negro que es la región de Madrid.

No voy a obviar la responsabilidad de las policías y cuerpos de opresión del estado, tan prestos a castigar y aplicar violencia institucional sobre las gentes de izquierdas y los trabajadores que piden dignidad, techo, comida y futuro, y tan panchos y dóciles con cayetanos y pijos, ultras del fútbol, y fascistas de todo pelaje que envueltos en banderas (tanto en las adornadas con pollo, como con la que se supone, es de todas y todos) que se dedican con ahínco a insultar la inteligencia, laminar la democracia y querer oprimir a las clases trabajadoras.

Por supuesto, los votantes de estos disparates xenófobos y fascistas tienen que hacérselo mirar. Y no me vale lo de la falta de perspectiva de los partidos de izquierda y cosas así. Porque antes que votar a racistas, machistas y vagos redomados como todos estos mequetrefes ultras se corta uno la mano. Como decía unos párrafos más arriba todos tenemos a conocidos muy cercanos trabajando o viviendo fuera, y comportarse así de la mano de esta gentuza de la ultraderecha, es alentar que en los países de destino de nuestros allegados también se articulen cacerías contra el extranjero “qué nos roba el trabajo”. Por cierto, esta frase absurda es absolutamente irreal, puesto que los trabajos a los que se dedican los migrantes son rechazados por los nacionales.

Y por último, esa derecha institucional, del PP, que si bien al menos es en algo coherente al mantener ese apego a sus raíces franquistas, toda vez que desligados de ellos, si los han necesitado para usurpar instituciones al pueblo, se han lanzado a brazos de los fascistas sin titubeo alguno.

Por lo tanto, en la normalización de los discursos de odio existen muchos responsables directos. Algunos aducen su racismo natural y genético fruto de estulticia profunda y falta de luces. Otros exprimen el mantra dividiendo las clases trabajadoras para seguir oprimiéndolas sin que se trastoquen sus plusvalías.

Pero es curioso cómo funciona esto del racismo y la xenofobia. Cómo de enfermas están las mentes y espíritus de quien comulga con semejantes ruedas de molino.

Se quejan de los inmigrantes racializados, magrebíes, latinoamericanas, africanos, etc., pero eran bienvenidas las mujeres jóvenes ucranianas, así como las jóvenes latinoamericanas que acaban en prostíbulos. Los negros que recogen fruta en la huerta murciana, o en los invernaderos de Almería o Lleida nos roban el trabajo. Las mujeres de Marruecos o Polonia que doblan el espinazo para sacar fresas en Huelva destruyen el país. Quizás las kellys, mujeres invisibles que limpian a la carrera decenas de habitaciones de hotel, oficinas o escaleras de propietarios, muchas de ellas en situación de vulnerabilidad (por mujeres, por acosadas, por extranjeras, por pobres) no se esfuerzan demasiado. Los obreros de la construcción provenientes de Europa del Este, África o Perú, que conocen el oficio y son obligados a jornadas extenuantes de trabajo por salarios de subsistencia con los claros culpables de las burbujas inmobiliarias. Esto es una invasión, una teoría del gran remplazo, de la que aviones diarios llenos de MENAS (acrónimo referente a los menores extranjeros no acompañados ya normalizado en tono despectivo) impiden que tu abuela tenga una pensión digna. Hacen campaña con ello, se niegan a asumir sus responsabilidades legales y la más mínima humanidad. La ultraderecha hace chantaje por unos cuantos chavales y amenaza tumbar gobiernos. Ojo, que esta actitud y falta de humanidad y altura de miras lamentablemente les daría más votos.

Pero es que todos estos son trabajadores. Son pobres. No como los millones de turistas que llegan sin control ni regulación alguno, gentrifican los centros de las ciudades, expulsan a los vecinos y a los negocios locales que son sustituidos por pisos turísticos y franquicias de comida rápida donde trabajan mayoritariamente gente joven y descendientes de inmigrantes. Se desahucian a ancianas o se cierran espacios culturales para que haya más pisos turísticos y franquicias extranjeras. Es que hay manifestaciones de vecinos ya hartos de verse expulsados del centro de sus ciudades que hay que castigar y reprimir con esa aberración democrática de la Ley Mordaza en la mano (imperdonable que esto no llevé derogado 6 añazos ya).

Los trabajadores que llegan de Marruecos, Ecuador, Bolivia, Nigeria, Moldavia o Senegal son tan extranjeros como los jubilados de Inglaterra, Países Bajos o Noruega que compran urbanizaciones enteras en pueblos de Málaga, Alicante o las Baleares. Se pasan años en nuestro país pero no aprenden ni una sola palabra de castellano, ni siquiera cuando les van a operar de cataratas, de prótesis de rodilla o de cadera en la sanidad pública española donde no han cotizado en su puta vida. Pero el problema es que a un mena se le haga una prueba óptica y se le donen unas gafas.

El que te ha llevado una basura de hamburguesa a casa con una mochila amarilla, o la señora que ha limpiado la oficina esta mañana es inmigrante y trabajadora en nuestro país, como el futbolista mil milmillonario que jaleas cada miércoles-domingo.

De hecho el fútbol profesional es un muestrario clarísimo de las profundas inconsistencias mentales de quienes se niegan a admitir la realidad de un mundo construido a base de movimientos de personas que buscan un mejor lugar para vivir.

En plena Eurocopa, con lo que supone de exaltación patriotética del rojo y gualda (vaya lavados de cerebro se ven por estos días, con gente envuelta en la bandera) la máxima estrella de la selección nacional es Lamine Yamal, un adolescente de 16 años, de ascendía africana (marroquí por parte de padre, ecuatoguineana por parte de madre), nacido y criando en un pueblo obrero de la periferia de Barcelona. Su desempeño y maestría en el campo se plasma en el magnífico gol con el que firmó el pase de la roja a la gran final. Pero su mejor contribución a mvp es sin duda, es demostrar la incoherencia de un mundo que nos separa por razas y el color de nuestra piel, pero fundamentalmente por la cantidad de dinero que tenemos, o nuestro código postal.

Un caso similar al de la atleta Ana Peleteiro también objetivo de las huestes fascistas por su posicionamiento abiertamente de izquierdas y antifascista, y contra la que se postulan por ser mujer, por tener éxito, por ser gallega, de izquierdas, madre y persona racializada. Otro ejemplo.

Celebrar con las manos, acordándose de su origen, de su clase social, de cómo el código postal nos determina mucho más que el código genético y por qué es tan importante no perder esa perspectiva. Su ejemplo, junto al de otros afro-descendientes en esta Eurocopa, que dan talento y emoción al fútbol, y que se han posicionado contra el racismo, la xenofobia, el odio y la ultraderecha es muy valioso. En primer lugar porque se alejan de la impostada neutralidad, cuando no del abierto clasismo y pertenencia a la ultra derecha con los que otros futbolistas funcionan en su día a día. Aunque no lo parezca en una actividad que practica todo el mundo y donde el talento tendría tanta importancia, y al igual que con muchos de los "artistas", la procedencia social dictamina en gran medida las posibilidades de llegar a ser futbolista profesional. Otra vez salir del Arroyo se hace imposible. Después, porque en un contexto donde la banalidad y el individualismo de las megaestrellas y los galácticos que a tantos nos ha alejado del fútbol, un recién llegado se acuerda de sus orígenes, de su barrio y de su clase social. Con honor y con orgullo.

De hecho, en estos días, la selección y Lamine Yamal comparte espacio en primera plana, con uno de esos pijos asquerosos de la movida madrileña. El tal Nacho Cano, perpetrador de esa abominación musical llamada "mecano" hoy ha salido como noticia porque ha sido acusado y detenido por tener sin contrato y sin las más mínimas condiciones legales a trabajadores extranjeros que utilizaba en un supuesto espectáculo escénico, alojado en un solar regalado por la Comunidad de Madrid. De hecho, la tarada de su presidenta ya ha hecho causa común con su amigo y alimenta la maquina de fango y bulos.

La inmoralidad del racismo y la xenofobia es un problema muy grave dentro de una sociedad occidental en una crisis muy seria a todos los niveles. Una crisis política, social, económica y cultural que adelanta un tiempo nuevo, que no acaba de llegar como decía Gramsci, y que produce terribles monstruos que hay que afanarse en vencer y erradicar. Por ello el antifascismo es una obligación moral y una posición justa y de porvenir frente a quienes solo ven odio y opresión. Un ingrediente básico e imprescindible para transformar esta realidad de débil democracia en un país con dignidad, futuro e igualdad de oportunidades.


La Revolución Francesa de 1789

 Prise de la Bastille (1789), de Jean-Pierre Houël   La Revolución Francesa es el acontecimiento que originó el mundo tal y como lo c...