En la siempre desechable y prescindible actualidad política mediática, generada ex profeso por los dueños del capital y de esos emporios comunicativos, solo hay una noticia sobre la que girar: la imputación del ex-presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
La actuación como lobbista de Zapatero en el caso del rescate de la aerolínea Plus Ultra, tiene varias ópticas y ninguna buena para el ciudadano y ciudadana “normal”, que cree en la democracia y no se encuentra idiotizado por la derecha o el frentismo del PSOE. Si finalmente existió el delito de tráfico de influencias y enriquecimiento y el expresidente es culpable, se habrá acabado con una figura trascendente de la historia política del país. Que la acusación de las asociaciones ultras haya ido ya más allá de la mera instrucción policial ya causa un daño tremendo a la imagen pública de Zapatero y al legado e inspiración que tienen en una parte de la sociedad. No hay nada más que conjeturas y suposiciones en los informes de la UDEF que avalen la imputación del ex-presidente, simplemente por el hecho de recibir "cajas de vino" o "facturar trabajos de maquetación en la empresa" de sus hijas. Evidentemente, hay cosas raras, no voy a decir que no. La primera de ellas y quizás más trascendente, el desparrame ético del Zapatero ex-presidente, actuando como mediador o lobbista entre una aerolínea en dificultades extremas y un gobierno. Pero si finalmente, las acusaciones son rechazadas tras las instrucciones judiciales, tendremos un nuevo caso de lawfare, y puesta en marcha de toda la fuerza del aparato del estado para acabar con un gobierno legítimo y más aún con posiciones ideológicas y de compromiso políticas. Como si eso nos sorprendiera, por otro lado.
En cualquier caso hay dos hechos evidentes. El primero que no puede haber democracia si no se atiende a acabar y condenar las presiones que los ricos y poderosos ejercen sobre los representantes políticos, ya sean instituciones, partidos o personas. El lobbismo es una gangrena grave de la democracia que no se debe tolerar, sino combatir, porque pervierte la función política y dinamita la supuesta igualdad entre ciudadanos.
El segundo de los hechos evidentes es la caída del símbolo. La destrucción de Zapatero, un político que aparentemente había pasado por la Moncloa, sin acusar un desgaste personal y a su imagen grande, y donde la corrupción, parecía, no se había instalado bajo su gestión.
Desde luego Rodríguez Zapatero era una pieza de caza mayor para las ultraderechas españolas, toda vez de que lo acusen de ilegítimo, traidor y todos los males de su “españa”, donde entran sin ambages tácticas de deshumanización de la persona, y como se está escribiendo, la puesta en funcionamiento de los resortes del estado en forma de policías, investigadores y jueces, todos ellos empleados a sueldo de los poderosos, y donde su ideología prevalece a unas supuestas lealtades institucionales y a las de los ciudadanos y ciudadanas. Aznar dijo “Que quien pueda hacer algo, que lo haga” y bajo esta orden periodistas, jueces, policías y ultras de todo pelaje y condición se han empeñado en derruir la democracia, pervertir sus instituciones y emplear todo lo que tienen a su alcance para acabar con el gobierno de coalición. El poder y el dinero son los objetivos y prevalecen a todo lo demás.
La dicotomía entre la culpabilidad, ya hecha carne y escarnio del acusado, su familia y su partido, y la inocencia, todavía formalmente como presunción, se convierte en secundaria. Si es inocente es un caso más de lawfare, es decir la instrumentalización de la Justicia o la judicialización de la polítca en forma de acoso judicial y mediático, como fueron los cientos de casos que ya ha habido contra miembros de Podemos, IU o Monica Oltra, por decir unos pocos, y que han ido sistemáticamente archivándose por falta de pruebas. Si es culpable, teniéndome a lo especificado en los informes de la UDEF y de fiscalía, sus cuitas parecen poca cosa ante las mentiras de Aznar tras el 11M, el GAL del señor X, o la incógnita de M. Rajoy. Y esto sólo en cuanto a los expresidentes, puesto que ya conocemos los tejemanejes de dinero e intereses en el juego de puertas giratorias entre la empresa privada y los partidos políticos. Sin olvidar la Gurtel y otras tramas, qué decir de la impunidad manifiesta de personajes como Mazón con la tragedia de la Dana, o de Ayuso con los 7291 ancianos muertos durante la pandemia por su homicida y neoliberal gestión. O las labores personales de Montoro y su “gabinete económico”. O de decenas de ex-ministros del PP condenados por mucho menos de lo que se acusa ahora a ZP.
En todo caso, y desde el punto de vista de la izquierda, y de quienes tenemos un sentir patriótico y progresista por el futuro y el bien de este país y sus gentes, el daño ya está hecho. Y no porque Zapatero se hubiera convertido en un emblema o un símbolo, que lo era, sino más bien porque su acusación apuntala la sensación de hastío, de abandono y de derrota general en la que estamos sumidos. Más si cabe, cuando pese a la incompetencia de los líderes regionales que buscaban revalidación y a la nefasta estrategia electoral del botarate de Feijoo que ha provocado el fortalecimiento de la extrema derecha, la izquierda, y fundamentalmente el PSOE, ha ido fracasando elección autonómica por elección autonómica.
No quiero que el lector confunda este sentimiento derrotista ante las previsibles futuras elecciones y al resultado nefasto para la mayoría social que salga de ellas, con una supuesta lealtad o simpatía para con Zapatero.
No. Sin entrar en su inocencia o culpabilidad literalmente Zapatero me importa una mierda. Quienes salimos a las calles el 15 de mayo de 2011, o quienes antes también hicimos la Huelga General de septiembre de 2010, lo hicimos contra su gobierno y su política económica que habría abrazado el neolberalismo, y con él la desposesión de las clases trabajadoras.
Y sí. Yo voté a Zapatero el 14 de marzo de 2004 en unas condiciones muy concretas y dolorosas, pero con una doble esperanza. La primera era recuperar la política para la gente, y evidentemente con lo acontecido aquellos días y el revanchismo de los franquistas del PP, era muy difícil. Pero sobretodo, y aún reconociendo las tremendas dificultades que había, para que se parase en seco la burbuja inmobiliaria, la especulación financiera salvaje sobre la vivienda y el deterioro de las condiciones de trabajo y de vida de las clases populares. Aquellos gritos de “Zapatero no nos falles” en la noche electoral eran el mensaje de que el apoyo electoral, era concreto y determinado de unas personas muy definidas: Cientos de miles de ciudadanos de izquierdas, los más veteranos, desengañados del tacticismo y el coorporativsmo del PSOE, y todos hastiados tanto de las mayorías absolutas del PP y sus acompañantes (las derechas nacionalistas vasca y catalana), como de la intrínseca corrupción de todos.
La memoria, la hemeroteca y este blog atestiguan que Zapatero y el PSOE nos fallaron, y que con el futuro, el esfuerzo y los sueños de varias generaciones se pagaron los destrozos de la orgía ultra liberal.
Por lo tanto, y sin querer caer en la venganza, y mucho menos en la deshumanización del personaje, vaya por delante que se investiga lo que se tenga que investigar, que se judicialice y se condene si es necesario. En todo caso, lo fundamental, es de una vez por todas, que la democracia y sus sujetos, es decir “nosotros” el pueblo, exijamos una prohibición total de los lobbys y los grupos de poder que presionan a los representantes para que legislen a su favor. Que se persigan y también enjuicien y condenen (evidentemente para ello se hace necesario una real y probada separación de poderes, y una judicatura democrática).
Por último, y no menos importante, hacer lectura política del momento. Mientras el PSOE va cayendo en barrena en las elecciones autonómicas, deberíamos trabajar en una configuración de izquierdas estatal, con unas medidas claras, tanto en defensa de los trabajadores como de los derechos humanos. El último escrutinio, el de Andalucía, vislumbra la posibilidad: La suma de las dos candidaturas de izquierdas (Adelante Andalucía, es decir, anti-capitalistas ex de podemos entre otros, y Por Andalucía, confluencia con IU y Sumar) ha sumado más de 100.000 votos que Vox, pero 2 diputados menos por esa fragmentación. Aún teniendo en cuenta la especial configuración de la región del sur español, se sigue mostrando como evidente que hay un espacio a la izquierda del PSOE enorme. Que ese espacio es ideológico basado en una política de izquierdas clara, ecologista, igualitaria, anti machista, anti fascista y anti imperialista. Democrática y socialista que garantiza los derechos sociales (sanidad y educación), así como mejores condiciones de vida y de trabajo y una clara voluntad por acabar con el problema de la vivienda. Un espacio que además está abierto a quien quiera un mejor país y a quien esté desencantado de la corrupción y el bipartidismo.
Sólo hace falta ponerse de acuerdo. El programa no es un problema. Y lo que lo impide, que son los intereses particulares de quienes son o se han auto proclamado portavoces de los demás, debe ser erradicado por esos mismos colectivos que reclamamos la unidad electoral, política y de acción.
Porque mientras esto escribo los conflictos sociales y sectoriales continúan y se agudizan (por la vivienda, trabajadores de la educación y sanitarios, agricultores, mundo rural, mujeres, etc., etc.) y antes que después nos daremos cuenta de que juntos es posible articular una fuerza que los trata y empuja a solucionar.
Y mientras tanto lo que ocurra con Zapatero y con Sánchez o el PSOE es lo de menos. Porque lo importante es que las buenas personas que creen en la democracia y en este país luchen por mejorarlo.
