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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Inicio del curso político para los ciudadanos y ciudadanas


 

Arranca en estas fechas el curso político 2026-2027 en España que acabará con las elecciones generales en julio del año que viene. Con ellas se cierra la XV Legislatura de la democracia del reino de España tras la transición española que siguió a la dictadura franquista.

A estas elecciones generales o de ámbito nacional -a las Cortes Generales, es decir Congreso de los Diputados y Senado-, le anticiparán en un par de meses las elecciones municipales y autonómicas en varias de las autonomías del Estado. Por importancia Madrid, Comunitat Valenciana, Canarias, Baleares, Murcia, Asturias, Cantabria, La Rioja y Castilla La Mancha también pondrán en liza a sus representantes y con ellos a sus gobiernos, por lo que prácticamente la mitad del estado estará llamada a las urnas hasta en 3 ocasiones en uno o dos meses.

Por lo tanto, este curso político se antoja decisivo en el futuro del estado. A saber, si España se suma a la ola reaccionaria que asalta los gobiernos democráticos en buena parte del globo, esencialmente en el hemisferio Occidental (Estados Unidos y América Latina), así como también muchas de las naciones europeas. O si por el contrario, España se mantiene como un dique de la democracia liberal frente a un mayor autoritarismo y al dominio de los marcos de discusión, o mejor dicho de abuso, que la extrema derecha está logrando imponer.

Anticipar los resultados electorales a prácticamente un año vista es un ejercicio inútil y condenado al fracaso. Más si cabe en un caso como España, con una alta política volátil en extremo, muy condicionada a los estados de opinión inducidos desde arriba (habitualmente por la prensa escrita en Madrid y las direcciones empresariales, de los grandes bancos y de los partidos del bipartidismo; ahora dispersada a través de las redes sociales y los personajes que pululan alrededor) y en el que el hartazgo de los votantes tradicionales de la izquierda determinan tanto el voto. Si estos no votan uniendo en unas pocas papeletas el sentir de opiniones y voluntades diversas en torno al feminismo, las cuestiones identitarias o de clase, y las sensibilidades hacia temas tan trascendentes en este momento como la situación de la vivienda, la protección del medio ambiente o la posición internacional y geoestratégica en defensa de los derechos humanos y el anti-fascismo, la victoria para la derecha estará más cerca, porque estos últimos consiguen aunar sus votos sin discrepancia ni casi ausencias.

El ciclo de elecciones autonómicas de esta primavera ha reforzado una tendencia hacia fortalecer los gobiernos de la extrema derecha en coalición entre PP y Vox, y a castigar a los partidos en el gobierno central, en especial al PSOE al que se le presenta una crisis profunda en regiones que tradicionalmente habían votado socialista como puedan ser Andalucía, Extremadura o Aragón. Sin embargo, estos resultados no han tenido la amplitud que buscaba la dirección nacional del PP, sino más bien han demostrado su propia debilidad al tener que volver a ceder y por un margen bastante mayor a los postulados ultras de Vox, lo que a su vez, imposibilita a menos de momento, cualquier acercamiento entre las derechas nacionalistas y burguesas vascas y catalanas, con lo cual o asaltan el umbral de escaños de la mayoría absoluta sin contar con Euskadi o Cataluña, o el período que se abrirá será el de nuevo gobierno de coalición liderado por Pedro Sánchez.

Y es que en la capacidad de resistencia de Sánchez y en el papel central y vertebrador que el PSOE tiene entre las diversas sensibilidades en la política española radica el principal argumento que pueda tener una victoria de la España progresista -con notorios matices-, ante la avalancha ultra a la que, no olvidemos, mantiene y potencia la ola reaccionaria internacional de un capitalismo depredador y oligarca.

Desde luego el gobierno central tiene un desgaste colosal. Son 8 años desde que Pedro Sánchez asumió el poder y se convirtió en Presidente del Gobierno (el segundo más largo en duración de la democracia española). Ocho años de un ataque que no cesa. Que tiene un fuerte carácter personal hacia la deshumanización del personaje y de su familia. Que ha surgido desde la oposición, desde los medios de los emporios mediáticos de la derecha (incluidos los pseudo-medios patrocinados por estos emporios y financiados por las autonomías del PP), y con furibundos ataques de la justicia y los mandos anticorrupción policiales que ahondan en un cada vez mayor desprestigio de estas instituciones entre el pueblo. Y sí, también del goteo de casos de corrupción en torno al PSOE, a su figura o a la de Zapatero que han provocado un desgaste colosal y puesto en solfa la superioridad moral de la izquierda y la propia coherencia y legitimidad de los altos cargos del PSOE. Sean ciertos o no, sean manipulaciones, bulos o campañas orquestadas desde la oposición y de los enemigos internos y externos a la democracia y a un tibio reparto de la riqueza.

Tampoco se debe de olvidar en el período de análisis y reflexión durante este año, la situación de las fuerzas políticas y sociales de la izquierda. Partidos, sindicatos, organizaciones, asocaciones, colectivos y las consiguientes confluencias entre todos estos agentes deben ser puestos a consideración.

Pero lo cierto es que todo este descrédito, que queda por ver si se debe a unas causas concretas verídicas, y no a campañas orquestadas de “el que pueda hacer que haga” (el miserable de Aznar dixit) no ha acabado de abrir las puertas de la Moncloa a esta ola reaccionaria. Hay varias causas:

Una de las primeras es el propio fantochismo y la incapacidad absoluta, moral, política, comunicativa y funcional de quienes aspiran a gobernar el país. Feijoo y Abascal no son más que unos mamarrachos. Unos títeres que responden a las órdenes de los que mandan, y sus silencios y sus palabras dejan a la altura del betún el interés nacional. Sistemáticamente. Y eso, no es favorable para ganar unas elecciones por mucho dinero e interés que se ponga.

Las incongruencias, la inconsistencia mental y discursiva, las fotos con un narco, las asociaciones con ultras que insultan y menosprecian a una España, que aunque se empeñen, ya no es una única, centralizada y gloriosa, impiden, de momento, aunar la suma de apoyos electorales que requieren. Eso si, están cerca. Y además, no se debe olvidar que esta España también es esa Españistan de corrupción y chiringuito. Que no se pierda en perspectiva.

Pero también el gobierno de coalición ha hecho sus cosas buenas. Los datos macro-económicos son excelentes. El proceso de diálogo y Amnistía con Catalunya ha permitido cierta reconciliación entre Catalunya y España, con una normalización que ha rebajado en varios tonos la crispación que el tema identitario provoca entre los españoles. De hecho, sabedores de que este tema ya no funciona, ha quedado desactivado, las derechas apenas lo mencionan, y lo dejan todo a las negociaciones subterráneas que entre derechas burguesas y parasitarias estén llevándose a cabo. Y otro éxito incontestable del actual gobierno que desmorona el argumentario de la derecha en torno a la cohesión territorial está en el fin de los controles fronterizos en Gibraltar.

Y por supuesto, Pedro Sánchez y todo el gobierno han adquirido una notoria trascendencia internacional por su oposición a esta ola reaccionaria que representan personajes como Trump o Netanyahu, con especial énfasis en el genocidio del pueblo palestino. También no ha habido dudas en abrir conflictos diplomáticos con Italia o Dinamarca por las cuestiones migratorias. De hecho, la propia regularización de inmigrantes (más allá de que se abran las puertas a cientos de miles de ciudadanos latinoamericanos no muy proclives a votar izquierda, digámoslo así) no supone ni "una teoría de reemplazo", ni "un efecto llamada", sino que ha ayudado a mejorar las perspectivas económicas y salariales, al fortalecer los escudos sociales así como la hucha de la pensiones. Más allá estará por ver si la política y la sociedad española son capaces de tejer redes de colaboración y asimilación ante una composición demográfica mucho más diversa.

Evidentemente la labor de gobierno también es censurable en muchos temas. En materia laboral estos 8 años se han mejorado las condiciones empezando por una mejor equiparación entre los salarios mínimos españoles con los europeos. Sin embargo, seguimos lejos en las políticas de racionalización de horarios, reducciones de jornadas, mucha mayor beligerancia en torno a la seguridad laboral y los accidentes y enfermedades profesionales, y mejoras de la movilidad y la vida diaria de las clases trabajadoras.

El terrorismo machista sigue ejerciendo su violencia silenciosa con el beneplácito de unas derechas fascistas y machistas que componen todo ello una lacra social. Ha habido fallos en la protección policial y judicial a las mujeres y esto no se debe tolerar. Tampoco se pueden olvidar las polémicas con los socios de gobierno en torno al tema de la dignidad de la mujer y la igualdad entre géneros, pero es preciso recordar quienes amparan la desigualdad, la atacan y pretenden volver a un mundo talibán de dominio abosluto del hombre sobre la mujer. No lo olviden.

Por otro lado, el gasto militar ha seguido creciendo en un contexto de mayor volatidad internacional. Las guerras en Ucrania, Oriente Próximo, Irán y la situación en África han avalado estos impulsos militaristas que además, no discuten la permanencia en la OTAN, mientras sus aliados en el gobierno, y buena parte de la sociedad, está ya cansada y dispuesta a debatir sinceramente sobre la OTAN, la política de bloques y si esto es una estrategia de defensa como se presenta, o en realidad es un sistema de ataque propiciado por la ideología neoliberal y consolidación del imperialismo estadounidense con la complicidad de los países europeos.

Y por supuesto, la vivienda es el principal problema del estado sin atisbo de acuerdos entre las diversas partes y que sigue castigando inter-generacionalmente a las clases trabajadoras. Estas imposibilidades de acuerdo motivadas en buena parte por la cainita actitud de las derechas patrias impiden acuerdos de Estado en otras materias que por ejemplo permitan la defensa de los bienes públicos, en especial la educación y la sanidad (ambas con conflictos laborales y profesionales muy intensos y lejos de solucionar en la maraña de administraciones y competencias), o el más que recurrente e imprescindible Pacto contra el Cambio Climático y en defensa del medio ambiente y el patrimonio natural. De hecho, agosto tuvo la nefasta noticia de la prórroga de la central nuclear de Almaraz. Tampoco es positivo para el gobierno su poca implicación en la defensa de las libertades civiles, y en especial, la de pensamiento, opinión y prensa cuando estas voces han sido atacadas por la ultra derecha y no han encontrado ni la solidaridad, y ni mucho menos, la respuesta enérgica en su defensa por parte del Gobierno. No han hecho nada, y parece que la inacción ha favorecido un abuso creciente de brutalidad policial y la sensación de impunidad, para que las policías ejerzan su labor conforme a un estado de derecho democrático, y sin embargo, ahí los tenemos afianzando a la ultra derecha, anticipando un estado policial. La Ley Mordaza sigue vigente y tampoco en materia de memoria democrática se han dado todos los pasos imprescindibles. Pero aún queda otro factor que no puede pasarse por alto.

En la gestión de las múltiples y concatenadas emergencias que el gobierno de la nación ha tenido que afrontar en estos años radica otra potencia de movilización electoral que el PSOE y sus socios pueden y deben activar. Mientras que la gestión de la pandemia de covid, la situación en el Hierro tras la erupción volcánica de 2021, la de la DANA en Valencia tanto antes, como durante y después de la tragedia, el asalto de la frontera en Ceuta y las subsiguientes crisis migratoria y humanitaria (el episodio de emergencia nacional peor tratado y todavía no resuleto por el gobierno central en estos años), o los episodios de incendios forestales masivos han demostrado la incapacidad absoluta de los mandos políticos de la derecha, así como lo nefasta que resulta su ideología inmoral y reaccionaria con una estrategia de bajadas de impuestos, recortes en servicios públicos (sanitarios, educativos y sí también en emergencias) y asignación de presupuestos en chiringuitos de la derecha (como símbolo el taurino), ha sido el gobierno central los que han tenido que asumir el mando y dotar de eficacia a la respuesta institucional y administrativa que todas estas emergencias han ido reclamando. Aún con matices, críticas y propuestas para mejorar estas respuestas, el ciudadano debe extraer sus propias conclusiones y comparar cómo se ha sentido ante una catastrofe natural o humana cuando gobiernan unos u otros. Y la principal, es que mientras el gobierno central muestra capacidad resolutiva, implicación y voluntad de acuerdos y trabajo común por solucionar los problemas, la derecha regiendo administraciones o desde la oposición, solo se limita a poner palos en las ruedas, a mostrar su inoperancia y su sinvergoncería en vender el patrimonio de todos, y otras veces a tapar su incapacidad atacando a quien ha venido a salvarles el culo.

De hecho, en cuanto a las elecciones autonómicas y municipales en el horizonte es muy importante que el electorado analice y saque sus propias conclusiones para hacerse valer y defenderse de las agresiones que el capital perpetra con el consentimiento, cuando no, el enérgico apoyo de casi todos los ayuntamientos y autonomías que están en manos de la derecha.

No hay gran ciudad del estado español, ni área regional, que no estén siendo pasto de la degradación del entorno natural y de la propia convivencia. El turismo desatado, auspiciado por la economía del pelotazo ha convertido cualquier espacio en un lugar y un momento sobre el que extraer la riqueza económica denigrando los derechos y el bienestar de los habitantes, y de hecho convirtiéndolos en ciudadanos de tercera, totalmente prescindibles si a la ciudad (o al pueblo, o a la playa, o a la montaña) llegan turistas con dinero en el bolsillo. Especialmente si pensamos en ciudades como Málaga, Valencia, los archipiélagos, Galicia, y por supuesto, y dominando el debate público, Barcelona y Madrid.

Por lo tanto, todos estos ayuntamientos y los gobiernos regionales que caducan mandato en 8 meses deben ser puestos bajo el análisis racional, la crítica constructiva y la reflexión sobre qué modelo de sociedad queremos para nuestros municipios y autonomías.

Temas decisivos como las políticas de vivienda, de movilidad, de protección del medio ambiente y tratamiento de los residuos, de gestión de los espacios, los recursos naturales (especialmente el agua potable) y de las emergencias, las políticas públicas de empresa y sectores productivos (qué y cómo se produce en cada espacio), la defensa de los ciudadanos en su rol de consumidor o de vecinos de un lugar, la protección del patrimonio y de la cultura, entre otras, son políticas traspasadas a las Comunidades Autónomas y a los Ayuntamientos y sus organismos derivados (diputaciones, consejos comarcales, consejos insulares, mancomunidades, etc.) y son quienes las deben de ejercer para beneficio del pueblo. Es el momento de exigir una política municipal y autonómica centradas en el bien común.

Sería inabordable para mi hablar qué retos particulares tienen que afrontar cada una de estas autonomías y la miriada de ayuntamientos que serán elegidos en mayo de 2027. Además, convendría hacerlo con un mayor conocimiento del contexto actual y fundamentalmente, de los problemas y necesidades que van teniendo los vecinos y habitantes. Sin embargo, centrándose en los grandes temas expuestos en el párrafo anterior, y haciéndolo con un sentido público de gestión sincera y eficaz por el beneficio colectivo, buena parte de ellos podrían ir solucionándose para goce de toda la población.

Por todo esto, es un año muy importante y lo es, fundamentalmente, para las y los electores. Es la ciudadanía la que tiene ante sí una etapa trascendente de su vida y de su país. Y es sobre su acción política, simplificada en el acto de la votación donde debe ejercer su derecho y deber democráticos con una clara y sincera reflexión en el bien común y en la prosperidad del estado. Es a lo que se reduce el papel ciudadano en la democracia liberal, toda vez que se han desmontando las herramientas de conflicto colectivo y de expresión y actuación social, y que el propio sistema no iba a permitir que el pueblo, en bruto, tomará sus decisiones de acuerdo a sus necesidades, principios y posibilidades. Aún con todo, es el momento de preocuparse y de hacer los deberes que como ciudadano todos tenemos obligación y necesidad de acometer ante unas elecciones. Se trata de exigir y conseguir una información veraz, que aporte datos y que nos permita discernir el sentido de nuestras opiniones, el contraste de alternativas, el análisis de hechos, de causas y de consecuencias, y en definitiva, la decisión que hayamos de tomar. Hacerlo de forma sosegada y razonada, no dejándose llevar por impulsos, ni por los forofismos de partido sería lo ideal. Pero por desgracia, en España no funcionamos así.

viernes, 9 de noviembre de 2018

El Siglo de la Reacción




Como apasionado de la Historia que soy, estas dos últimas semanas las he dedicado en buena parte a leer, devorar, el voluminoso libro de Josep Fontana, titulado El Siglo de la Revolución. Una obra completa y rigurosa sobre la historia del siglo previo marcada inequívocamente por la expansión del capitalismo y las pasiones nacionalistas que lanzaron a Europa a la Guerra Mundial; la Revolución Rusa como respuesta a al imperante desigualdad y a un conflicto lejos de palacios y que enfrentaba a clases trabajadoras; ante el movimiento socialista vinieron la reacción que aupó a los fascismos y la primera época de “feliz” -y desregulado- capitalismo liberal que alentaron la Segunda Guerra Mundial como continuo de la Primera; la nueva política internacional de bloques marcada por la Guerra Fría y el ascenso y comienzo de la decadencia de Estados Unidos, alentado por la reacción de las élites en forma de neoliberalismo económico e hiper financiarización de una economía descontrolada que están volviendo a reescribir la historia.
Así tenemos ya 100 años de reacción de las élites capitalistas, del dinero, frente a la dignidad de la vida y la democracia de las clases populares. Un proceso que está aumentando la desigualdad entre países y regiones y dentro de las mismas sociedades, beneficiando cada vez de forma más abusiva a un 0’01% y degradando la vida, condiciones y expectativas del 99’99 restante.
El historiador barcelonés Josep Fontana (1931) mantiene inalterable su coherencia e identidad para contar la historia tal como la siente, pero con la rigurosidad suficiente para subrayar las tropelías y el dolor causado por cada uno de los protagonistas del orden mundial. Lo hace contando las causas y consecuencias de cada hecho y aportando una extensa y prolífica bibliografía (más de 100 páginas) para quien quiera comprobar datos y ampliar los horizontes de su comprensión sobre la historia del Siglo XX.
El desarrollo de la obra se traza a través de la historia política, con mucha atención a los aspectos económicos y sociales con el propósito de sintetizar lo ocurrido para tomar partido con un carácter transformador: conocer el pasado, explicarlo para contextualizarlo al presente, a lo qué pasa hoy en día, y conquistar el futuro.
Evidentemente, Fontana sigue sus convicciones marxistas demostrando su inequívoca vigencia, como “lucha de clases” y más aún como “lucha por la libertad, la igualdad y la dignidad, de revueltas contra los opresores” deseando construir “sociedades más justas”, pero siendo “aplastados por los defensores del orden establecido”.
La primera parte del libro (seis capítulos) acaparan lo ocurrido entre las dos Guerras Mundiales, para después (once capítulos) desarrollar los últimos 65 años (hasta 2016), con mucha mayor profusión e interés demostrando con certeza el “nuevo orden mundial” marcado por la hegemonía de Estados Unidos, primero en competencia con la URSS en la llamada Guerra Fría (de la que resultan esclarecedores todos los episodios de guerras secretas, privadas y movimientos reaccionarios que desde la CIA se lanzaron por todo el mundo, para salvar, única y exclusivamente, los beneficios e intereses económicos de las empresas americanas, muchas de ellas armamentísticas. Para que luego hablen de “los muertos del comunismo”), y luego ya como potencia única.
Josep Fontana denuncia a Estados Unidos como responsable de muchos de los males del mundo actual en el que el capitalismo deambula sin control ocasionando mayores desastres: crisis, burbujas, desmontaje de los servicios públicos y los derechos ciudadanos, desigualdad, corrupción, nepotismo,cambio climático, degradación del medio ambiente, catástrofes naturales,… terrorismo, violencia,… auge del fascismo.
Por eso, para mí, este fenomenal libro se titula más El Siglo de la Reacción como el Siglo de la Revolución. Porque a las revoluciones libertarias que jalonaron todo el Siglo XIX (desde la Revolución Francesa) y se culminaron con la proclamación de la URSS y la Dictadura del Proletariado, le ha seguido un mundo movido por la simple avaricia que promueve el capitalismo, culminado por su acepción más radical, el neoliberalismo que viene promoviendo una desregulación del capital, de las relaciones humanas, empezando por las laborales, y un individualismo superfluo que ha conseguido usurpar toda herramienta de cambio que tenían las clases trabajadoras con los sindicatos y los partidos políticos de clase.
Así, hoy, sucesos como Trump, Bolsonaro en Brasil, el Brexit, los populismos de extrema derecha en Europa ganan terreno aprovechando los problemas de representación de las democracias liberales, incapaces por sí solas de oponer el interés general y el progreso humano, por encima de los intereses de las élites y el capital. Una gestión de la economía injusta, perniciosa, corrupta y mafiosa que ha aumentado la desigualdad entre capas sociales de un mismo país o región a estándares que no se veían en la época entre guerras.
Como siempre, la derecha actual ha amplificado, exagerado y ya en este momento mentido sobre los problemas sociales, prometiendo resolverlos en cuanto llegarán al poder, para luego hacer lo que ya sabemos que hace. Su acierto y habilidad está en focalizar el colectivo más interesante (hombres blancos de mediana edad del medio este, en Estados Unidos, por ejemplo) y enfrentarlo a otra clase trabajadora, los inmigrantes, evitando por supuesto cualquier planteamiento de redistribución de la riqueza, lucha contra la corrupción, el dinero negro, los paraísos fiscales, etc.
Fenómenos como “los trabajadores pobres”, los desahucios, el paro, la precariedad, el hambre no lo crean las revoluciones de las clases populares. Son consecuencias de la guerra de clases liderada por la oligarquía que en esta fase trabaja con ahínco y convicción en hacer que los derechos y libertades de todas y todos, se conviertan en beneficios de muy pocos.
En esta guerra capitalista, esta lucha de clases, el nuevo campo de batalla es la democracia, sobretodo la liberal, en la que el imperio busca sobrevivir a la emergencia de China, asegurando su estatus como máxima potencia tecnológica y sobretodo como motor financiero del mundo. Frente a estos planteamientos en los que todo, absolutamente todo, está supeditado al dinero, sobran los parlamentos, las votaciones y las organizaciones supranacionales, tipo UE, a la que ya han empezado a desnudar con los tratados comerciales.
El escenario está claro. Ante el matrimonio de conveniencia entre fascismo y ultra liberalismo (y antes de que éste explote) para deshacerse de la democracia, se hace necesario volver a plantear políticas multilaterales que devuelvan y otorguen futuro y privilegios de clase para la mayoría de la población. Parece poca cosa, pero esto sólo se puede revertir si se da techo, suministros, comida, trabajo, educación y sanidad a la gente. Y esta agresión al sistema imperante sólo se podrá hacer con unas ciudadanías unidas por su clase social, no separadas por banderas u otros ornamentos, que defiendan en la calle, con lucha, empeño e inteligencia la batalla que ofrecerán las élites.
Así por todo esto, no puedo hacer más que recomendar de manera entusiasta la lectura de El Siglo de la Revolución, de Josep Fontana, así como su extensa e interesante obra. En El Siglo de la Revolución y como el propio autor expresa, y yo os puedo garantizar que experimentareis, la intención ha sido recuperar la política como factor histórico para explicar el mundo en el que vivimos, con la convicción de que otros sistema es posible y es necesario pero que sólo se llegará a él sabiendo de donde venimos y con activación social. Es evidente, que si no conocemos la historia, estamos condenados a repetirla. Y desgraciadamente, no tenemos una historia que celebrar.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Un día cualquiera



Otras ocasiones ya he escrito sobre el insoportable hedor de la cotidianidad, la rutina mugrienta, de este país, llamado España. Estos son sólo algunos comentarios sobre las noticias de hoy, un día cualquiera (o no), en #Españistan:
Anoche el Tribunal Supremo completaba su traición a los valores democráticos más elementales, y fallaba, de forma reñida, a favor de la banca en el tema de las hipotecas y ver quien pagaba los tributos de su constitución, si los ciudadanos como avaló la instancia superior, o las entidades bancarias que son las que hacen el negocio. Así se desdecía del auto expresado por la sala creada técnicamente para dirimir este asunto. La bolsa bajaba y empezaron los movimientos en la sombra para frenar tal tropelía a los que mandan. No está de más recordar que la banca ha hecho negocio especulativo con las hipotecas firmadas por sus clientes, por lo cual recibieron un beneficio económico no sólo por el funcionamiento normal de un contrato hipotecario, sino también en los mercados de especulación financieros. De ahí partía la necesidad de pasarles a ellos el pago de este impuesto. Pero la injerencia de los poderes económicos es real y evidente sin importar el desprestigio a la máxima institución de la Justicia en Españistán, justo ahora, que va a tener que juzgar lo ocurrido en octubre del año pasado en Catalunya, lo que puede marcar el rumbo del país en el corto y medio plazo.
Unas horas antes el Tribunal de Derechos Humanos de la Unión Europea con sede en Estrasburgo desautorizaba al estado español al fallar que el juicio contra Arnaldo Otegui había carecido de las más mínimas garantías legales y democráticas, lo que había llevado a una sentencia condenatoria, marcada de antemano. Un prejuicio lanzado por los poderes fácticos del estado y la derecha franquista que lleva al post juicio en toda Europa de que seguimos siendo un estado autoritario y con poca o ninguna, decencia.
A los cínicos dirigentes de la derecha española (Casado, Rivera o Abascal) no les veo indignados porque no se respeten los Derechos Humanos en España, o porque el Tribunal Supremo juzgue en favor de la banca y en contra del beneficio ciudadano. Estarán inaugurando el ático de lujo que se ha comprado en pleno centro de Madrid, la familia del opositor venezolano y condenado por homicidio, Capriles. Este es el nivel de la derecha tan “nuestra”.
Españistan es ese país en el que un personaje que responde al alias de “Comisario Villarejo” guarda en cajas de zapatos horas y horas grabadas de conversaciones privadas con altos estandartes del estado, desde la corona, a la judicatura pasando por los partidos políticos. A todos ellos los tiene cogidos por los huevos en un chantaje, parte de lo que llamamos las cloacas del Estado, que es impropio de un estado moderno de derecho, pero que aquí tenemos como una eventualidad propia de un pasado no resuelto, en el que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, siguen considerándose en un espacio de la realidad superior, con plenos poderes para amedrentar y castigar a todos.
Somos un país escandalizado porque un humorista se suena los mocos con una bandera. Le pedimos tanta responsabilidad a los artistas que hacen humor o canciones y pasamos por alto todo el rastro de fechorías y corrupciones que han laminado por siempre el futuro de las y los trabajadores.
El presupuesto en Defensa se dispará mientras no se le sube la pensión al IPC a los jubilados, no se aplican subidas de convenio y aumenta la precariedad laboral a niveles insoportables. Todo ello mientras nos inundan los falsos autónomos de las multinacionales “colaborativas” que se llevan sus beneficios a paraísos fiscales.
Pagamos por la luz, el gas y las telecomunicaciones muy por encima de su valor real y de los estándares europeos, porque lo que en realidad ponemos es la plusvalía otorgada al sistema de las puertas giratorias que retro alimenta la conveniencia entre la alta política y la alta empresa a costa del sudor y las necesidades de los trabajadores.
Mientras tenemos que pagarle sin saber por qué un viaje a Bangkok (destino turístico predilecto para el sexo y la pedrastía) a un senador del PP y a un diputado de Ciudadanos. También hay que acoquinar la dieta a Pablo Casado por ser diputado, pese a tener casa en Madrid. Y seguir aguantando a gentuza como Celia Villalobos, Jesús Posadas y otro montón de caraduras que no sólo viven de nuestros impuestos sin haber aportado nada a nuestra sociedad, sino que además, pervierten y convierten la democracia en algo manoseado, turbio y en un lucrativo y provechoso método de vida.
Crecen cada día las víctimas en la carretera, por el deplorable estado de abandono que tienen (y también porque conducimos peor). Crecen cada día las víctimas en el tajo por las políticas de des regulación de las relaciones laborales, sobretodo en lo que afecta a la salud y seguridad del trabajador, mientras se lucha contra la disidencia sindical. Crecen las víctimas de violencia machista. Crecen las víctimas por haber perdido una Sanidad y unos Servicios Sociales (y también una educación) de calidad y garante de igualdad, cuando socializaron las perdidas y tuvimos que pagarlas con los derechos de todas y todos.
Esta mañana el Presidente de la Generalitat de Catalunya ha expresado en el Parlament la ruptura de negociación presupuestaria con el Gobierno de Pedro Sánchez. Los escritos desquiciados de fiscalía y abogacía del estado hacia las personas que lideraron desde arriba el Procès determinan la agenda política de los próximos meses que si no media rectificación acabarán en un adelanto electoral. Algunos deberían de recordar quienes han llevado la situación a dónde está, que no somos los ciudadanos que nos beneficiaríamos de unas pequeñas medidas sociales por primera vez en casi una década. Conviene no olvidar que la vieja guardia de la burguesía catalana es quien lleva la voz cantante en la situación y que más allá de banderitas y lacitos buscan perpetuar sus beneficios de clase.
Día si y día también siguen saliendo los escándalos con Hacienda de los ricos y poderosos, tan ocupados ellos de decirnos a todos los demás, a la clase trabajadora, cómo vivir y cómo votar, que les hace “no estar al corriente con Hacienda”. Ahora es Vargas Llosa el que tiene que regularizar su situación. Lo hará sin miedo a actuaciones de la fiscalía, tan ocupada en juzgar a quien roba un bocadillo “porque tenía hambre”, como para perseguir los miles de millones que roban los defraudadores y corruptos.
Para uno de esos canales de la TDT ayer fue un día perfecto para dedicarle su prime time a un narcotraficante que lejos de arrepentimientos y postureo por interés de no ser condenado, sigue viviendo como si tal cosa, dando una patina de normalidad y moralidad a su legado, que no es otro que el de arruinar a las familias obreras gallegas, envenenar a sus jóvenes y lastrar el futuro y la esencia de toda la región.
El cambio climático avanza sin que a nadie le importe. Perdemos biodiversidad a cada minuto y se degradan espacios naturales todo porque pusimos el Medio Ambiente como un bien más sobre el que el mercado pudiera maximizar su beneficio.
Y tenemos a un Gobierno legítimo, con mayoría en el Parlamento (recordemos, en un sistema parlamentario) manteniendo un pulso con la familia Franco y la iglesia católica española, para recuperar algo de dignidad y Memoria Histórica, y no acabar con un mausoleo celebrando el fascismo y el franquismo en pleno centro de Madrid.
Y podía seguir comentando noticias de un día cualquiera porque el estado de descomposición es tal que aún no muerto el régimen, nos sentimos sucios y desesperados, entre sollozos y gritos de rabia, por la desvergüenza continua de un poder oligárquico, cleptocrático, plutocrático, nauseabundo y descorazonador, que nos avergüenza a quienes pensamos, sabemos y deseamos un país mejor.
Con sus estertores previos a la muerte -y por lo tanto a su condena y construcción de algo mejor- envilece la situación general, provocando miedos y violencia a partes iguales. La radicalización de la derecha más rancia, cutre, homicida y caínita es un ejemplo de ello. Los que antes se ofendían si les llamabas fachas o franquistas, hoy se sienten legitimados a resaltar una herencia de odio, destrucción, muerte y atraso, porque enfrente no han tenido las respuestas institucionales, pero también colectivas, para contar la historia y restaurar la memoria de quienes lucharon por la libertad y la democracia.
La estafa llamada crisis y su respuesta desmontando el estado del bienestar de las socialdemocracias liberales ha causado tanto dolor que ha envalentonado y sacado los peores comportamientos. Se socializaron las pérdidas, se empeoró la vida y expectativas de varias generaciones y así muchos incautos no encuentran otra respuesta que les de consuelo y cierta ilusión de futura mejora que en el populismo de extrema derecha.
Y mientras todo esto pasaba, ayer fallecían 18 inmigrantes en Cádiz tratando de llegar a las costas españolas (y europeas).


La Revolución Francesa de 1789

 Prise de la Bastille (1789), de Jean-Pierre Houël   La Revolución Francesa es el acontecimiento que originó el mundo tal y como lo c...