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lunes, 27 de julio de 2026

Volver a arder por no querer aprender

 

Imagen de publico.es. Una columna de humo gigantesca cerca del paraje de El Castañar de el Tiemblo el 25 de julio de 2026. 

 

Parece mentira que haya que escribir esto una y otra vez. Parece irreal que año a año, verano tras verano a quienes nos duele este país de verdad, quienes amamos con honestidad esta tierra, sus gentes y su maravilloso patrimonio natural y cultural tengamos que enfadarnos y desde el dolor reclamar qué se cuiden y protejan los bosques. Qué se haga lo que tenga que hacer para dar dignidad al territorio. Qué se contraten las personas necesarias para mantener los montes y el territorio todo el año y que puedan instalarse en los pueblos.

Parece mentira que haya que recordar que el fuego, o el agua en inundaciones, que la Naturaleza en general no entiende de jurisdicciones. No tienen fronteras, ni separaciones administrativas territoriales artificiales. Al fuego no lo corta las ideologías, los partidos, ni las acusaciones. Pero, si que unas u otras acciones políticas, conscientes o inconscientes, interesadas o colaterales, si que le afectan en su desarrollo, propagación y peligrosidad.

Llevamos menos de la mitad del verano y ya han ardido las mismas hectáreas que el año pasado en incendios forestales de colosales magnitudes, tanto por la duración, la intensidad, la extensión y la peligrosidad de las llamas. De hecho, en esta comparativa el grueso del terreno calcinado en 2025 se produjo entre la segunda quincena de agosto y primera de septiembre, cuando el Oeste peninsular, la España Olvidada, ardió de Norte a Sur, sin control, y parece ser, sin aprendizajes ni responsabilidades por los que deberían haber tomado nota.

En este mes y medio se han quemado extensiones de terreno tremendas: En Aragón, en Guadalajara, en la Sierra de Huelva, otra vez en Galicia o el Bierzo y en Almería donde un incendió accidental coincidió con unas condiciones climáticas extremas que se saldaron con la muerte de 13, 14 personas.

Desde el pasado jueves tres incendios simultáneos atacaron a derecha e izquierda la carretera nacional 403, que une Ávila con Toledo, a la altura de la Sierra Oeste de Madrid. Primero un incendio en la localidad toledana de Almorox. Posteriormente otro incontrolable desde el primer momento en los montes de San Martín de Valdeiglesias en Madrid. Un tercero se desataba en la localidad abulense de Navaluenga. Y para rematar, las llamas volvían al de Almorox, probablemente fruto de las ascuas de este último. En cuanto a las causas, se desconocen en el incendio de San Martín y en el primer conato de Almorox. En cuanto a Navaluenga, ya ha sido detenido un garrulo que se puso a trabajar con maquinaria pesada, pese a que estaba expresamente prohibido por las peligrosas condiciones metereológicas de la jornada (ya se sabe, más de 30 grados de temperatura, menos del 30 por ciento de humedad, viento de más de 30 kilómetros por hora).

Por si esto no fuera poco, en la tarde del sábado unos desalmados iniciaban varios focos de fuego en Castellón, en la Vall d’Uxo, en el entorno de la Sierra de Espadán, un paisaje precioso que corre peligro de quedar totalmente arrasado. Qué caiga sobre ellos todo el peso de la ley, pero también del odio del pueblo.

El resultado sobre el territorio tras 4 días ardiendo es el del mayor fuego de la Historia de España en cuanto a superficie quemada. Van por las 50.000 hectáreas en torno al valle del Alberche y el salto al valle vecino del Tiétar. Parajes de especial belleza y significación ambiental. Más de 30.000 personas desalojadas de sus lugares de residencia habitual o vacacional, y al menos otras 50.000 confinadas debido al humo que colmata el aire y lo hace irrespirable, a menos de 60 kilómetros de la ciudad de Madrid, y del espacio más densamente poblado del estado español. Miles de millones de euros en pérdidas materiales, y como os podéis imaginar, como nos imaginamos todos, un paisaje desolador.

En toda esta emergencia la batalla política vino porque la presidenta de la Comunidad de Madrid, desde el primer momento, es que no llevaba ni 3 horas ardiendo el incendio, delegó su responsabilidad en el Gobierno Central, ante la imposibilidad de controlar la situación en su fuego de la Sierra Oeste de Madrid. Y a parte de ciertos reproches políticos de uno y otro lado, que la verdad tampoco ayudan, ha vuelto a quedar manifiesta su absoluta incompetencia, su total deslealtad tanto para la nación como para sus votantes (y dolientes que son menos). El gobierno central ha asumido el mando de los tres incendios y los ha tratado como uno solo para poder gestionar mejor la emergencia, que ha catalogado como emergencia nacional, con mayor seguiridad y optimización de los recursos. Ha aportado sus propias brigadas, así como la UME (ese capricho de Zapatero, pero que se la pone muy dura a los peperos con eso de ver al ejército por las calles, y que tiene mucho de propaganda de la imagen del ejército). También ha solicitado y recibido la ayuda desde la Unión Europea con aviones y personal de Portugal, Grecia o Italia. En Francia también tienen una ola terrible de incendios forestales, sobretodo el que asola las Landas acercándose peligrosamente a la cuarta ciudad por tamaño del país, Burdeos.

Llegados a este punto toca, primero recordar:

  1. Las competencias en materia de montes y aprovechamiento forestal, en gestión del territorio, en protección del medio ambiente y en la gestión de emergencias están en las Comunidades Autónomas, y es responsabilidad directa de estas administraciones y de quienes detentan el poder político dotarse de los recursos (materiales, humanos, administrativos, etc.,) para poder afrontar con garantías estas responsabilidades. La delegación de responsabilidad hacia el gobierno central se tiene que hacer de acuerdo a unos protocolos que también están estipulados.

  2. España tiene una superficie forestal del 55% del territorio nacional. Esto son unos 300.000 kilómetros cuadrados. De ellos, el 70% tiene propietarios privados, por lo general, en propiedades pequeñas. En el pasado, antes del éxodo rural de finales de los 50, el mantenimiento del bosque corría a cargo de los agricultores, ganaderos y los aprovechamientos forestales que residían en el territorio. Después mientras las gentes humildes iban abandonando los pueblos y estas actividades desaparecían, cientos de miles de hectáreas del territorio peninsular cambiaban del bosque tradicional y auctóctono (encinas, alcornoques, castaños, etc.) por bosque de aprovechamiento forestal directo (pinos básicamente, que son muy rentables, pero arden con extrema facilidad y es precisamente lo que está ardiendo mayoritariamente en el Sistema Central). El franquismo, una vez más, hacía negocio con el patrimonio nacional y usurpaba rentabilidad comunal por beneficio privativo. Al mismo tiempo, el bosque y sotobosque ha ido creciendo, acercándose a los núcleos urbanos de pueblos y ciudades. Y las construcciones, viviendas, urbanizaciones, polígonos o equipamientos se han ido alejando de los núcleos urbanos para inmiscuirse en el territorio forestal. La separación entre bosque y viviendas, o entre "campo" o monte y "ciudad" se ha vuelto difusa y difícilmente catalogable. Por lo tanto, ahora un fuego forestal tiene mucho impacto en la seguridad de las personas.

  3. El propietario (individual o colectivo) es el responsable del mantenimiento del bosque. Las administraciones, desde la local hasta la autonómica, pero también la nacional, deben proporcionar respaldo para poder hacer estas tareas. Ya llegamos tarde a generar plantillas con personal para trabajar todo el año en estas tareas de gestión del monte que deben de ir de la prevención a la extinción en la emergencia. La delegación de responsabilidad en este punto es total tanto de los propietarios como de las administraciones que tienen que velar porque la legislación se cumpla.

  4. Desde abril el colectivo de bomberos forestales de Madrid están en huelga denunciando sus condiciones laborales, que van desde mantener un convenio particularmente denigrante a que no se hayan contratado, ni asentado las plantillas para que permanezcan durante todo el año. En materia profesional, también denuncian los bomberos de Madrid, y otras Comunidades, una falta de medios adecuados, y en especial, la presencia de destacamentos en las inmediaciones de las zonas forestales. Sin embargo, desde la CAM les obligan a permanecer en Las Rozas a 50 kilómetros de las zonas arboladas de la Sierra.

  5. Otro hecho incontestable es la política del PP en Madrid: Años de bajadas de impuestos a los más ricos, de dumping fiscal es decir de una competencia con otras administraciones limítrofes ofreciendo impuestos más bajos que han desarbolado a estas regiones hermanas, con lo que los recursos de la Comunidad no se han reducido, pero si que han limitado y denigrado a las regiones adyacentes. Y además, están las decisiones conscientes en materia presupuestaria. En qué se han invertido los presupuestos: En educación y sanidad privada, en mantener chiringuitos especuladores, eclesiásticos o taurinos o en construir circuitos de F1. No en los procesos de reforzamiento y estabilización de plantillas de emergencias y bomberos forestales, ni en mantenimiento del territorio.
    Por otro lado, me cuesta mucho no entrar en el personaje Isabel Díaz Ayuso. Con su modelito, con su cartel de “presidenta” como si no tuviéramos claro que es ella y que es ella quien tenía la responsabilidad máxima de cuidar la región y sus habitantes. Harto, una vez más, de ver cómo ante la desgracia ajena aprovecha para hacerse un book de fotos oficiales. Con su desaparición absoluta desde la mediodía del sábado. Qué sin vergüenza. La que no ha hecho más que insultar y gastar a discreción de sus amigos y amigotes los recursos públicos no asume su responsabilidad. En fin, aquí lo dejo porque no se pueden dedicar más palabras a semejante incompetente e inmoral.

  6. La zona que está ardiendo la conozco perfectamente. De hecho he utilizado la carretera 403 más de un centenar de veces en los últimos 12 años. Y hemos hecho rutas y salidas de senderismo por el valle del Tiétar, el Castañar del Tiemblo, el Valle de Iruelas y el Pantano de San Juan en varias ocasiones. Sobre este último, nuestra ruta en 2019 fue muy desilusionante porque pese a la belleza del paisaje, éste estaba totalmente salpicado de construcciones. Algunas abandonadas, otras no, pero todas con sus aledaños totalmente descuidados. La frondosidad del bosque tapaba unos caminos y sendas totalmente cegados por vegetación baja, y la basura, desde pequeños restos de botellas y envoltorios a varias escombreras, aparecían por el camino y entre los árboles con dolorosa periodicidad. Nos fuimos de allí pensado: El día que esto se ponga a arder, no lo controla nadie.

  7. El otoño y sobretodo el invierno en el Oeste y centro peninsular ha sido extremadamente lluvioso y ha provocado un aumento de la masa vegetal, del combustible que puede arder un incendio. Lamentablemente no había una planificación previa de la gestión del monte, y tampoco se ha reaccionado para ante esta meteorología concreta poder retirar la mayor parte de combustible.

  8. Después de los incendios de 2022 se hizo ya evidente la idea de un gran pacto de estado contra la emergencia climática. Sistemáticamente y dentro de la batalla política constante de este país no se ha llevado a cabo. El cierre de posiciones entre derecha y PSOE lo imposibilita con sinsentidos colosales como el de los nacionalistas catalanes o el de los populares que gobiernan en la mayoría de regiones del estado español. Por si esto fuera poco, encima hay que “tolerar” el negacionismo climático de la ultra derecha montana que intenta ganar votos en el mundo rural, negando las evidencias científicas y la responsabilidad para mejorar la vida y el futuro de la gente. De hecho, la I Convención del Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática celebrada en diciembre pasado en Ponferrada reunió a más de 600 expertos científicos y técnicos en gestión del territorio y del monte, no contó con la participación de ningún político de la derecha extrema, cutre y estúpida, ni tampoco del PP que se supone que debería gobiernar para todos.

    Quizás después de que estos incendios forestales, esta emergencia colosal nacional hayan sucedido tan cerca de Madrid -pero tan lejos de lo que se cuece dentro de la M-30-, haga a todos, incluidos los representantes políticos de la derecha y los que les ponen ahí, darse cuenta de la necesidad absoluta de acometer este gran pacto de estado contra la emergencia climática y en defensa del patrimonio natural.

    En esta situación de cambio climático, fundamentalmente de calentamiento global, hay que tener en cuenta la salud y seguridad de las personas. Hacer ver la realidad: que hay miles de personas muriendo por el extremo calor de veranos cada vez más tórridos e insoportables. Y que ese riesgo, ese peligro, lo es para todos sin distinción de ningún tipo.

  9. Es desolador y un peligro tener que soportar este hedor político, y además, saber que es una desgracia tener a los políticos inútiles del PP al mando de las administraciones cuando hay una catástrofe de cualquier tipo. No puede ser anecdótico. No es cuestión de suerte. Es un modus operandi de quienes vienen a la política a lucrarse y a garantizar los negocios de sus amigos. Pónganse de una vez las pilas y asuman la responsabilidad que supone gobernar y querer gobernar cualquier administración.


Y ahora hay que exigir: 

 

Haymucho que hacer. Pero ya no se puede seguir mirando para otro lado. Ha llegado el momento de ese gran pacto de estado contra la emergencia climática, de amplio calado por la cantidad de acuerdos entre distintas partes a consolidar y por el diverso espectro que se tiene que aplicar. Hablamos de conservación y de aprovechamiento de los recursos naturales. De protección y también de garantías a los modos de vida tradicionales. Desde la autosuficiencia hasta revertir las políticas de éxodo rural. De educación pública en torno a la gestión de emergencias y el cuidado de la seguridad personal, hasta las cuestiones de gestión del territorio y ordenación urbana y vial. De modelos energéticos sostenibles y ecológicos, sin obviar el decrecimiento o las políticas de ahorro, a reflexionar sobre la movilidad de las personas y las mercancías. Del cuidado de ecosistemas y especies animales y vegetales a las legislaciones en torno a los parques naturales y las zonas de especial protección. De trabajos de recuperación del bosque autóctono y su protección, tanto en especies vegetales como animales, dotándolas de los recursos humanos, técnicos y administrativos necesarios. De políticas activas de cuidados de todas las personas a garantías presupuestarias para que todas las administraciones, hasta las más pequeñas, puedan hacer frente a estas responsabilidades y necesidades, incluyendo protocolos de actuación y colaboración transversal. De la consolidación de plantillas de trabajadores en el medio rural tanto para la gestión de los montes, el sector primario como en los trabajos de emergencia. De los cambios administrativos y legales necesarios para impedir los fuegos provocados, muchas veces por la inconsciencia y el garrulismo españistaní, pero también por los intereses económicos (crear pastizales, destrozar montes para hacer instalaciones energéticas, abrir cotos de caza, para construir urbanizaciones,...). De utilizar la categoría terrorismo para quienes atentan contra el medio ambiente, el entorno natural y la salud y el bienestar de las personas. Etcétera, Etcétera, Etcétera …



Pero hay que hacerlo ya. Lo exigimos millones de personas (podéis firmar aquí para que se visualice esta necesidad y exigencia nacional) y no puede acabar el futuro curso político sin este compromiso de los poderes públicos para llevarlo a cabo. Esto no puede estar en la batalla electoral.

Qué se apaguen los incendios. Qué no haya más. Qué no haya heridos, ni muertos. Qué las personas vuelvan a sus casas. Qué los árboles vuelvan. Qué el verde apague el negro. Qué nos queramos más y nos protejamos todos juntos.

 

jueves, 28 de agosto de 2025

La España Olvidada ardiendo

Los residentes de Cualedro observan cómo el incendio se propaga en la provincia de Ourense, Galicia.Elena Fernandez / Europa Press. Visto en Público.es.

 

Hace 3 años escriba la imperiosa necesidad de abordar un pacto de estado que defienda nuestro patrimonio natural ante la inabordable emergencia del cambio climático y la maldad interesada de la extrema derecha de este país. Lo que publicaba y sentía era la consciente, lógica y responsable respuesta ante los devastadores incendios que asolaron la Sierra de la Culebra en Zamora en junio de 2022, así como otras grandes áreas de la provincia (hasta sumar 25.000 hectáreas, aproximadamente un quinto de la superficie total provincial). Era el dolor por ver tierras y gentes hermanas llevadas a la desesperación y la ruina, por la colosal incompetencia de la Junta, de las mentiras interesadas y del fallido modelo territorial y social español, que si ya condena al ostracismo al mundo rural en lo que se conoce como España Vaciada, cuando se habla del Oeste español, del territorio limítrofe con Portugal, hablamos de la España Olvidada.

Pues esa idea, esa necesidad, que sentía y siento todavía hoy, ha sido la propuesta del Presidente del Gobierno Pedro Sánchez ante la oleada de fuegos que están asolando el país en estas últimas semanas. Desde el 15 de agosto están volviendo a arder la Sierra de la Culebra y media provincia de Zamora otra vez. Pero también en León, en el Bierzo arrasando el paraje Patrimonio de la Humanidad de Las Médulas, siguiendo las llamas hacia Orense y Lugo calcinando la Ribera Sacra y los cañones del Sil. Por Asturias se han reproducido las llamas amenazando los Picos de Europa y hasta Cantabria la Montaña Palentina. Al Sur, en Cáceres se han echado a arder las Hurdes y buena parte de la Vera. Todos estos parajes de inconmensurable riqueza paisajística y medioambiental y que además sustentan modos de vida propios por lo que hay que sumar una pérdida cultural irreparable. Sin olvidar que en algunos de estos fuegos se han quemado pueblos y aldeas enteros, perdiendo la vida varias personas tanto voluntarios como profesionales de la extinción.

También ha habido importantes fuegos en la Comunidad de Madrid y en la provincia de Toledo. En todos ellos, la mano del hombre ha sido el detonante de la llama y de la proliferación del combustible. Es más, pareciera como si la virulencia, profusión y saña de los incendios fuera fruto de una conveniencia entre pirómanos y políticos fascistas para hacerle la puñeta al gobierno a cambio de quemar el patrimonio de todos y con las ascuas llameantes hacer negocio al día después. Teoría personal ésta en absoluto probada, pero si ellos tienen total libertad para lanzar bulos y soflamas, por qué yo no.

¿Cómo es posible que esto vuelva a ocurrir? ¿Cómo se explica que no estemos preparados? ¿Por qué tenemos que preocuparnos por si tenemos las condiciones materiales necesarias y por cuántos son y cómo trabajan los profesionales en prevenirlos y apagarlos en esta España nuestra? ¿No somos la cuarta economía de la Unión Europea? ¿No hace ya tiempo que el fuego nos quema con saña y que se ha llevado vidas por delante? ¿Por qué nos vuelve a pillar en bragas?

Desde luego, la casi totalidad de estos incendios forestales han tenido la mano directa del hombre en su ignición. Y todos ellos en las condiciones previas que han convertido los bosques en yesca. Es verdad que es difícil entender los motivos que llevan a alguien a prender fuego a un trozo de tierra, de su tierra. Los intereses especulativos y la pura piromanía no son suficientes para explicar el infierno desatado en las últimas semanas en diferentes puntos de España. Hay que ir más adentro, a la maldad sin ambages, para intentar hacerse cargo de qué le están o qué le estamos haciendo a la naturaleza. Desde siempre el fuego ha sido la herramienta en los campos, montes y pueblos para gestionar el territorio. Para convertirlo en productivo y así explotarlo, demostrando que el hombre (importante aquí la adicción masculina del término) es el dueño absoluto de la naturaleza.

Pero también son factores de riesgo la administración del territorio. Con competencias diseminadas en las administraciones autonómicas que están regidas, y algunas desde hace decenios, por desalmados e incompetentes que culminan su estupidez con el negacionismo del cambio climático. Quienes discuten hasta la saciedad las evidencias científicas. Y quienes se encargan con vehemencia en crear problemas donde no los hay, en recortar fondos de las brigadas de prevención y extinción tirando al suelo las condiciones profesionales, laborales y vitales de este imprescindible colectivo.

Son además los responsables directos de un modelo de estado dolorosamente centralizado que deja cientos de miles de hectáreas de paisaje y paisanaje huérfanas de presente y futuro. Mientras los pueblos, sus calles y sus campos, se vacían de gente, se llenan las ciudades, de la más pequeña capital de provincia a la capitalidad del estado en proporción geométrica. Atrás queda un territorio desvencijado y abandonado que se convierte en pasto de las llamas año a año.

Cuesta creer que estos poderes públicos, que en teoría se eligen para gestionar estas situaciones y prevenir los problemas, no se dediquen con empeño, idea y dedicación ante un problema derivado del cambio climático que está destrozando cientos de kilómetros cuadrados de nuestro país. No hay bandera lo suficientemente grande para tapar sus errores, su incompetencia y su maldad.

Mientras escribo estas líneas y la atención mediática está puesta en los pueblos de la España Olvidada, las llamas no han cesado, como tampoco lo hace el esfuerzo de las brigadas forestales, voluntarios y vecinos que luchan contra el fuego, contra los elementos y contra la inoperancia de unas administraciones, insensibles ante este valor y este dolor. Lejos de proponer medidas, coordinación y energía en solucionar la emergencia tratan de tapar su terrible y amoral incompetencia en polémicas artificiales con la administración del estado (que si, que tiene lo suyo también pero que es la única que está poniendo los medios que son de su responsabilidad) para así pasar de soslayo, licuando sus responsabilidades, hasta la próxima elección.

La emergencia de estos incendios ha venido por una ola de calor extrema, que según datos de la Aemet, ha resultado la más larga y calorífica desde que hay registros, y particularmente en el noroeste peninsular con sus propias características naturales y sociales, van a dejar una cicatriz indeleble en la foto de satélite, en el mapa, y sobretodo sobre el terreno y las almas de su población. Incendios de sexta generación, fuegos que por su tamaño, virulencia y comportamiento erráticos, son imposibles de apagar, y donde la labor de los equipos de extinción se centra en acotarlos a través del fuego técnico o el arrasado con maquinaria pesada, poniendo sus vidas en peligro a cambio de salarios de miseria, que suenan a escarnio de unos empleadores, directos o no, de la administración autonómica que subcontrata sus responsabilidades, y es incapaz de solucionar nada con los incompetentes y corruptos de la derecha extrema y la extrema derecha española a los mandos. Una desgracia.

El fuego se extinguirá cuando el quiera, cuando no encuentre más combustible que arder o cuando las condiciones meteorológicas ayuden por disminución de los vientos, bajadas de las temperaturas, lluvias y aumentos de la humedad.

La comunidad científica lleva décadas advirtiendo de los riesgos derivados de la emergencia climática. No actuar contra el cambio climático tiene consecuencias, y el aumento de la frecuencia y la magnitud de los fenómenos meteorológicos extremos, como las olas de calor, danas, sequías… unido a la despoblación y abandono rural, genera unas condiciones propicias para que los impactos más extremos golpeen de lleno en ecosistemas muy vulnerables.

Por ello es vital e imperecedero el pacto de estado propuesto por Sánchez, que además de servir para rebajar la extrema virulencia del clima político españistaní, ayudaría a construir un mejor país para todos. Personajes lamentables como Mañueco y su consejero Suárez-Quiñones decirles que se vayan de la Junta. Que se preparen para atender a demandas por su inacción, su incompetencia y su maldad. No pueden estar los negacionistas del cambio climático, ni los inútiles, rigiendo gobiernos, administrando presupuestos y equipos profesionales, y por ende, la vida de millones de personas y el patrimonio natural y cultural de todos. Deben pagar con el ostracismo político, extensible a su catadura moral y a su enfermiza ideología, quienes han precarizado los operativos de extinción de incendios y han reducido al mínimo las partidas de prevención. Y quienes niegan el cambio climático, porque el negacionismo es irresponsable, negligente y criminal.

Las Comunidades Autónomas, siento decirlo, han demostrado una vez más su incompetencia para la gestión de los bosques del país. Llevamos años oyendo decir a los técnicos que los incendios se apagan en invierno, que es muchísimo más costoso intentar apagar un incendio que limpiar montes y campos antes de que llegue el calor. Pero ahí los tenemos, precarizando la vida y el trabajo de las brigadas forestales. Mandándolos a casa cuando acaba la temporada con una mano delante y otra detrás. A que se busquen la vida en la ciudad, se vayan de los pueblos donde podían arraigarse, mientras el monte se descontrola, no se cuida, porque faltan los pastores que antes pasaban por allí todos los días, y los grandes herbívoros que son pasto a su vez de la caza indiscriminada. Luego los llaman a prisa y corriendo a jugarse la vida en plena emergencia.

No quiero, ni mucho menos, hacerle el trabajo sucio a la extrema derecha que tiene el estado de las autonomías entre sus objetivos. Si la ley de Emergencias es de la propia dictadura franquista, será porque aquellos fascistas entendieron que sabrá más del monte de su pueblo un vecino o quien vive más cerca que no un militar que vivía en El Pardo. Mi queja y lamento es que estas administraciones las acaben dirigiendo desalmados, incultos e incompetentes que solo buscan su lucro personal y que además, presentan taras y opiniones enfermizas sobre la realidad de este mundo cada vez más cambiante y decadente.

No es ningún secreto que la situación de los bomberos forestales en España es dispar, por decirlo fino. Por eso se aprobó el Estatuto Básico de estos profesionales en noviembre de 2024, tras años de lucha de este colectivo. Ninguna comunidad autónoma lo aplica todavía. Y cuando lo hagan tampoco terminará con el problema. El bombero Ángel Malanda, lo dejó claro con su testimonio: "Nos mandan a un incendio por 2,20 la hora". Su salario base es mínimo y su plus de peligrosidad por jugarse la vida ante un fuego insulta. En Castilla y León, cuando te contrata Tragsa (una empresa pseudopública) puede ser aún peor: ese plus de peligrosidad es de 1,69 euros por hora. El convenio laboral de esta comunidad autónoma, además, impone descansos inhumanos cuando llega la hora de la verdad. Además, ha discutido, y no es el primero al que se lo oigo, la gestión de la UME en estas catástrofes que tiene poco de efectiva y si mucho de efectismo diseñado para mejorar la imagen pública del ejército.

Es preciso laborar una ley que obligue a los propietarios (públicos o privados) a mantener limpios los montes y campos. Y a las administraciones como las autonomías a ayudar a los ayuntamientos dotándolas de personal y equipos (que de paso mantendrían población en el territorio) y a vigilar escrupulosamente que se cumple la ley. Desde luego, todo esto es mucho más urgente que seguir los dictados de gasto militar por parte de la OTAN, o lo que nos gastamos en este país en festejos.

Necesitamos servicios públicos claros, visibles y fiscalizados cada año. Es imprescindible una ratio de bomberos forestales contratados y bien remunerados por cada hectárea de superficie forestal -según los diferentes tipos- para toda España, con unos mínimos salariales y unas condiciones laborales a la altura del trabajo trascendental que les encargamos. Que trabajen y coticen todo el año. Que puedan quedarse -o volver-, a los pueblos, arraigarse y elaborar sus proyectos de vida en el entorno.

Las fuerzas de la naturaleza no tienen ideología ni tampoco pasaporte. No saben nada de comunidades autónomas, ni de competencias. Tampoco tienen bandera. Somos nosotros, los habitantes, los que tenemos entre todos, y pese a otros, desarrollar un sistema publico, un estado con sus jerarquías y delegaciones, poderoso, capaz de responder ante las emergencias, de garantizar los servicios públicos, empezando por la vida, y que nos deje un país más organizado, cohesionado y donde la igualdad entre ciudadanos y territorios sea efectiva.

Lo que digo es que los españoles necesitamos más transparencia y control sobre la equidad en los servicios públicos; entender de una vez que los impuestos son esto. Y que un país y un estado no es solo tu pulsera con la bandera. Y que la gestión de las emergencias y la prevención y extinción de incendios es trascendental. Básica en el contexto actual. Y añado que no debemos soslayar ningún debate, ni siquiera el que enfrenta la defensa de los parques naturales con la prevención del fuego; quizá no es tan buen idea que sean del todo intocables. Nada debería serlo para hacer frente de la mejor manera posible a estos fuegos que sí o sí nos amenazan y nos amenazarán... El fuego no va a dejar de quemar nuestros bosques; la ultraderecha no va a dejar de atacar las grietas del sistema que o mejora o caerá en sus manos.

Pero el pacto de estado contra la emergencia climática, los incendios forestales, la destrucción del patrimonio natural y cultural, y la situación de la España Vaciada y la España Olvidada es imprescindible y necesario. Y los que no quieren sumarse son la misma minoría rencorosa, homicida y cruel de siempre.

lunes, 22 de agosto de 2022

Por un pacto que defienda nuestro patrimonio natural

 

Toca volver a escribir con rabia e indignación sobre los incendios forestales. Más que una asignatura pendiente, una losa enquistada, un drama reincidente y la respuesta de la Naturaleza ante las distintas agresiones que recibe de la civilización humana, por múltiples frentes y de diversas formas.

Prácticamente no hay comarca que este terrible, tortuoso y largo verano no haya visto sus bosques arder. Las temperaturas llevan disparadas desde mediados de mayo. En la mitad sur de la Península Ibérica, las máximas no bajan de 30º, con el cuadrante del interior suroccidental (Badajoz, Sevilla y Córdoba) por encima de los 35º a perpetuidad. Las lluvias han sido escasísimas -lo que ha agravado la situación de emergencia por sequía-, dejando un terreno sediento y castigado con severidad por el sol abrasador. Ni siquiera las noches han dado tregua, sino más bien lo contrario, y con la falta de humedad y la afluencia de vientos variantes se han sentando las bases para hacer de nuestros montes yesca.

Eso en cuanto a las condiciones climáticas porque las naturales y las humanas se ven sometidas por el puño invisible del capitalismo depredador, del neoliberalismo egoísta y de la imbecilidad e ineptitud de una caterva de desalmados que por desgracia, administran los bosques de todos y los medios necesarios para su mantenimiento y protección.

Si en octubre de 2017 Galicia sufría una ola de incendios devastadora, en este año 2022, los montes gallegos han seguido sufriendo la tortura de las llamas. Pero también Zamora, con un fuego que a finales de junio calcinó el 15% de su superficie, unas 25.000 hectáreas. Para que nos hagamos una idea, 10 veces más que la devastación que provocó el volcán de la Palma el año pasado.

Pero también han ardido nuevamente las Sierras del Sur de Ávila, el Moncayo y en los últimos diez días en unos fuegos de una especial virulencia el Vall de Ebo en Alicante y Bejis en Castellón, en parajes naturales de la Comunidad Valenciana, de increíble belleza, que además luchan contra la despoblación y la falta de oportunidades.

De hecho, la despoblación y la falta de gestión del territorio es la causa en la que subyace la especial gravedad de estos incendios forestales, que se convierten en calderas casi imposibles de controlar, extremadamente peligrosos y que calcinan nuestros bosques durante semanas. Muchas veces, bajo el epíteto de controlado o perimetrado, se encuentra un fuego latente que puede volver a arder en cualquier momento. Los pueblos vacíos y envejecidos y la falta de profesionales del sector primario que cuiden los caminos y veredas son una de las causas, como también la especulación urbanística, de las fuentes de energía y de la madera que favorece el disgregado de los núcleos de población. Tampoco ayuda la falta de planificación técnica y profesionales por parte de los ingenieros forestales y los bosques al final quedan como un recurso más al servicio de los urbanitas, que por lo general, no tienen el arraigo al territorio tan necesario y garante de un cuidado y preservación.

Para completar el cóctel explosivo están las ya décadas de maltrato a los profesionales de la extinción y cuidado de los bosques. Los recortes y la especulación han abonado el fuego, al dejar el territorio natural sin trabajadores que pudieran gestionar y mantener las forestas durante todo el año. Ahora no, absolutos imbéciles como el Consejero de interior de CyL deciden que mantener las brigadas forestales durante todo el año, “es un despilfarro”. Con esas declaraciones lo que demuestra no sólo es su ineptitud y la de los que piensan como él y le mantienen cobrando, sino el propio derroche que supone pagar a políticos de profesión un pastón para gestionar las áreas de la vida de las personas y del país. Van de patriotas, pero su patria termina en la bandera. Su color es el del dinero y no tienen más apego que el del lujo y la sinvergoncería. Dais asco. Y los que lo votáis o apoyáis más todavía. Idiotas.

Al contrario, lo que hace falta hoy en día es valentía. La valentía de las y los trabajadores que se juegan la vida para mantener los bosques y paisajes y extinguir los incendios. La de las personas que sobreviven y viven y sueñan en el mundo rural como proyectos de vida pero también de cuidado del patrimonio natural, histórico y cultural. Y también valentía política para legislar y ejecutar ya, con un pacto nacional abierto y contundente en defensa de nuestro medio natural.

Sentar a todos los partidos, administraciones (diputaciones, Comunidades Autónomas, municipios), sindicatos de trabajadores forestales, asociaciones agrarias, sector del turismo rural, sector energético y agrupaciones de vecinos del mundo rural. La finalidad clara y urgente: Habilitar un compromiso inquebrantable para generar brigadas de trabajadores en el mundo rural, que tengan medios, seguridad tanto laboral como salarial, para que durante todo el año trabajen con dignidad en la defensa y preservación de nuestros bosques. En todo el territorio nacional. Con equipos y garantías. Y con la seguridad de que no se va a diluir este compromiso ante el siguiente cambio de gobierno o la perpetua crisis. Si somos patriotas, nos comprometemos toda la sociedad en la defensa de nuestra tierra.

Hay que terminar ya con los salvajes recortes en el sector público, especialmente dramáticos en el mundo rural español y en nuestro patrimonio natural. Es inconcebible dárselas de patriota al tiempo que se esquilma el territorio, se especula con él y se devalúa las vidas, los derechos y dignidades, de tus compatriotas. Basta ya de ataques al ecologismo, cuando es el capital el que administra para el beneficio privado nuestros bosques y montes. Incluso las explotaciones agrarias, ganaderas y forestales. Nuestros ríos, lagos y costas. Se tienen que terminar de una vez por todas las agresiones a los animales como la caza, la tauromaquía y los cerriles y descerebrados festejos populares basados en masacrar a un bóvido. Si quieren torturar a un animal, si esa es su afición execrable, que se la paguen, no que tenga que ir con presupuestos públicos bien necesarios para proteger la Naturaleza. Basta ya de negacionismo del cambio climático.

Fin ya de la libertad para mentir, expandir bulos, desinformación y los ataques a las evidencias de la ciencia más que probadas. Permitamos que los profesionales trabajen con dignidad y garantías. El clima ha cambiado. A nivel global y también a nivel local, en los microclimas, que están haciendo ya que las condiciones en las que se reproduce la vida y la muerte hayan mutado hasta lugares donde ya casi no los controlamos. Los incendios son en parte resultado de esta alteración de los ritmos físicos de la Naturaleza, que han transmutado por la mano del hombre y el usufructo capitalista. Pero también, los incendios son consecuencia directa de la mano humana. A veces propagándolos. Otras, debilitando los recursos de todos para defender el patrimonio natural. Y casi siempre, con el afán de dinero como combustible de la acción humana que hiere el patrimonio de todas y todos.

Nos jugamos mucho. Nos jugamos la vida en ello.


lunes, 16 de octubre de 2017

Arden nuestros corazones



Toca escribir palabras como grito de rabia y angustia por una historia que se repite. Son líneas que expresan la desazón, desde la distancia física, y la cercanía emocional por conocer parajes y gentes, de inigualable belleza y trato; de especial cordialidad y afabilidad. Renglones dolientes e indignados ante las noticias del otra vez pasto de las llamas; de voraces incendios forestales perpetrados, casi en su totalidad y con certeza, por la mano loca y voluntaria del hombre.
Las llamas están devorando durante todo éste fin de semana, y desde hace varios días -y los que vendrán- Galicia, en especial las provincias de Orense y Pontevedra, cercando Vigo; también Asturias y León. Y como siempre, Portugal.
Incendios forestales que recorren los montes y valles, saltando de carretera a concello, de parroquia a finca agropecuaria, quemando los paisajes, la naturaleza, pero también las vidas de la ciudadanía en unas tierras demasiado acostumbradas a lidiar con el fuego y con los intereses que el bosque dibujado por el hombre a base de chispa y acelerante trata de arrancar de él.
A estas horas hay 4 víctimas mortales en Galicia y hasta 27 en Portugal. También hay millones de euros incinerados en viviendas, naves agrícolas, industriales, en cabezas de ganado y en bienes y equipamientos de las personas que han visto arder su mundo en apenas 24 horas. Y por supuesto, un coste incalculable en belleza natural y paisajística, en recursos forestales, y en Naturaleza y en vida.
Las autoridades hablan de “terrorismo forestal”. De pirómanos e incendiarios como si se tratasen de locos individuales que no saben lo que hacen. Tratan de hacernos convencer, los políticos, que no hay un interés económico, especulativo y egoísta en que el monte arda. En que no hay causas económicas a las que atribuir el fuego, o su virulencia o la dolorosa lentitud en afrontarlo y sofocarlo.
Pero si que causas económicas. Son los recortes y las privatizaciones en los servicios de salvamento y brigadas forestales. Son los montes públicos que salen a concurso por cuatro duros y donde se sustituyen los árboles autóctonos por especies invasoras como el eucalipto para gusto de la industria maderera y papelera. Y son las demenciales condiciones en las que el cambio climático, me temo ya imparable, está sumiendo a todo el mundo.
Que a 15 de octubre en Galicia haya 30 grados y no haya caído ni una sola gota de agua en todo el mes de septiembre no es buen tiempo. Es de hecho, muy mal tiempo y agrava una sequía inmisericorde que está agotando los acuíferos y las reservas artificiales de agua además y por supuesto, de convertir nuestros bosques en yesca al uso del fuego.
Ayer ante el incomprensible silencio de las televisiones públicas y casi todos los medios privados. Ante la inoperancia de la Xunta y el gobierno central que no sólo han alimentado recortes y desmontaje de brigadas forestales sino que además han tardado muchísimo en poner más medios para combatir el fuego -todo lo contrario que cuando había que “evitar” que la gente votará en Catalunya-. Ante éste desastre la ciudadanía se movilizó, y con valentía, empuje y rabia para luchar con sus medios e indefensa contra el fuego y también contra la inutilidad e interés de unas clase política, con el Partido Popular a la cabeza empeñados en destrozar nuestra vida.
Que estas palabras que me sirven de desahogo también lo hagan para quienes tienen las llamas en sus montes, en frente de sus casas.
Que el fuego se apague.
Que Nunca Mais ardan nuestros bosques.
Que gestionemos con orden, ciencia y bien común nuestros bosques y la Naturaleza.
Que echemos de una vez a estos impresentables, corruptos, inmorales e ineptos que nos desgobiernan.
Todo mi ánimo y solidaridad con las buenas gentes que han sufrido y sufren éste desastre. Y con los bomberos y brigadas forestales que luchan contra el fuego, y muchas veces, nos han pedido nuestra ayuda para luchar contra la precariedad, los recortes y las privatizaciones.

La Revolución Francesa de 1789

 Prise de la Bastille (1789), de Jean-Pierre Houël   La Revolución Francesa es el acontecimiento que originó el mundo tal y como lo c...