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lunes, 18 de mayo de 2026

El fin de una era

    Momento de la rueda de prensa del viernes del presidente del club Jorge Recio.

 

El pasado viernes el presidente del club Perfumerías Avenida Baloncesto anunciaba el fin del patrocinio de la empresa salmantina sobre el principal club deportivo profesional y de élite de la ciudad (y casi casi, de la región. Al menos el más exitoso). En una rueda de prensa delicada y con las emociones y dudas a flor de piel, Jorge Recio hacia un repaso a estos 25 años de mecenazgo deportivo en baloncesto femenino (ahora que casi está de moda el deporte femenino hay que poner en valor este hecho), y daba ciertas explicaciones sobre el devenir del club los últimos meses y lo que se espera hacia el futuro.

Evidentemente, estamos ante un cambio del paradigma del club de baloncesto femenino de la ciudad de Salamanca. El propio presidente y los medios informativos de la ciudad no se cansan de remarcarlo: estamos ante un nuevo patrocinio que no va a permitir mantener el nivel competitivo del club de estar en disputa de los títulos nacionales.

De momento no se ha dado a conocer el nombre de la empresa que coge el relevo de Perfumerías Avenida, pero se me hace necesario, como aficionado, ex-socio en el exilio, y salmantino en la nostalgia y el dolor por esta ciudad, marcar lo siguiente:

  1. Agradecimiento total y absoluto a Perfumerías Avenida por estos 25 años de patrocinio deportivo, creando un club ganador, el más exitoso y trascendental del baloncesto femenino español y del deporte en Castilla y León. Gracias por cada tarde y noche europea. Por partidos y sensaciones innenarrables que guardo en mi corazón y mi memoria, junto a mi hermano.

  2. Respeto por los tiempos de la decisión de la familia Recio, y por supuesto, a su decisión en todo este tiempo y ahora más, para invertir o gastar su patrimonio en lo que quieran o necesiten. Desde luego, ánimo para mantener su empresa y el empleo en Salamanca que tanto lo necesita. Seguiré comprando en Avenida.

  3. Gracias también por el empeño en mantener el club en la ciudad y que eso se garantice en el tiempo, como parte de un legado que crea sociedad y nos hace mejores.

  4. Dicho esto hay que asumir la crítica para mejorar.

  5. En este momento ha habido que salir a buscar patrocinadores, o incluso un nuevo patrocinador que sustituya a Perfumerías Avenida para mantener el equipo. Pero por qué se ha llegado tarde a hacerlo. Entiendo que cuando se está en la cresta de la ola ganando títulos es muy difícil abrir la puerta y compartir el éxito con otras empresas que podían haber aportado. Pero ahora que el club con estos últimos años tan erráticos y con esta imagen deportiva tan deteriorada, hay que entender que es muy difícil que alguien decida poner su dinero para patrocinar al club. Creo que esto es importante decirlo.

  6. Dice el presidente que al comunicar la noticia “el Ayuntamiento ha quedado conmocionado o en shock”. De poner una instalación municipal, pagada con los presupuestos públicos financiado con el dinero de los salmantinos y salmantinas para que Perfumerías Avenida jugase ahí y tuviese más recaudación (quizás 1000 abonados más) de eso no se habla en Salamanca. Ayuntamiento de Salamanca, ¿por qué se mantiene el Multiusos Sánchez Paraíso inutilizado para el interés general en una concesión dantesca? Esto no puede continuar así y tienen que dar la cara y asumir su responsabilidad.

     

    Y una cosa más:

    Estamos agotados de tan malas noticias en Salamanca De la expulsión continua del talento, de la juventud y de la venta sin remisión del patrimonio de todas y todos. Hartos del exilio económico y el abandono de este país y esta región hacia esta tierra. Cansados de ver como empresas cierran y se marchan, se destruyen empleos, se denigra la Universidad o el Hospital público, los pueblos y campos se mueren, y la ciudad se vende a cualquier cara dura que venga de fuera y de dentro. Me acuerdo de la UDS, del Sol Fuerza o del CBS. O del ADUS. Clubes deportivos profesionales o no que han desaparecido. ¿Cuánto más vamos a aceptar los salmantinos y salmantinas este mal estado de las cosas?



Hasta aquí lo que me sale del cuerpo tras la noticia del pasado viernes. A partir de aquí lo que tenía preparado para cuando acabase la temporada:

 

Contexto con la situación de dónde veníamos: Situación del Perfumerías Avenida de Salamanca (tras perder la final de la Copa 2025), y, Perfumerías Avenida: Fin de temporada (2024/25).

En lo deportivo, Avenida quedaba eliminado en semifinales de Liga Femenina ante Casademont Zaragoza, campeón de la temporada regular. En playoffs el equipo salmantino competía sin más. Con los quizás dos mejores partidos seguidos de la era Montañana ante Jairis en cuartos. Y en semis, la clara superioridad física del conjunto aragonés superó las condiciones de las nuestras en el conjunto de la eliminatoria. Y aunque en el primer partido se ganó por dos puntos, la sensación de superioridad de Zaragoza se plasmó en el segundo encuentro, donde con una inestimable ayuda arbitral que toleró la dureza de las locales, se afianzó su victoria para entrar en la final.

En la última jornada del campeonato regular, Perfumerías Avenida sumó su derrota número 12 de la temporada en Liga Femenina. La temporada pasada se firmaron 8. En todo el siglo XXI no se había firmado una regular tan mala. En total, un tercio de los partidos de liga regular con Anna Montañana al frente estos dos años se han saldado con derrota. Ese es el dato.


Con el presupuesto aportado por una empresa ya no da para ser el principal favorito. De acuerdo, no pasa nada. Han llegado otras estructuras con mucha fuerza y pueden optar a jugadoras que antes acababan en Salamanca. No pasa nada, no es la primera vez. Y en otras ocasiones se ha trabajado y competido, e incluso, ganado a equipos más poderosos. Pero en esta ocasión, hay muchas cosas que están fallando.

Porque sí. Hay menos dinero, o menos disponibilidad para traer mejores jugadoras. Pero es indudable que aún se sigue teniendo un presupuesto muy importante. Probablemente el 4º o 5º de la liga y el resultado y sobretodo, el juego dejan mucho que desear. Porque con este dinero se está fichando peor que la práctica totalidad de los equipos que vienen por detrás. Con lo cual, habrá que ver qué pasa y ponerle solución.

Este año se ha traído a una jugadora lesionada de larguísima duración (que probablemente de encontrarse sana, no hubiera acabado aquí, pero es que ha empezado a aportar en marzo, después de Copa no ha jugado hasta playoffs y no sabremos hasta demasiado tarde si este ya es su nivel o si es que no se le ha sabido sacar más partido), una casi exjugadora de 41 años, otra que ha pasado un año en blanco, que ya estuvo aquí y que solo puede ofrecer su apellido, una jugadora joven de una liga menor que ha sido un absoluto fiasco, y otras jugadoras que ya conocíamos su nivel, a parte de un par de ellas que tampoco son para tirar cohetes. O que por lo menos no han aportado con regularidad y fiabilidad.

Parecía que la temporada se había acabado en las semifinales de Copa. Sí, es verdad que en cuartos de Copa se hizo el mejor partido ¿de los últimos 4 años? contra Girona al que se arrasó. Antes caímos eliminadas en cuartos de la competición europea, que era claramente el gran objetivo (aunque viendo la final a uno le queda claro que Avenida tampoco podría haber competido), y eliminadas en las semis de Copa, que era el título por su formato quizás más factible -con todo lo que eso supone-, ante Jairis. A partir de entonces ya no quedaba temporada. Es tan evidente como que ante la grave lesión que ha acabado con la temporada de Claudia Soriano, el único fichaje que ha dado un rendimiento bueno y sobretodo continuado, el club no hizo nada, que sepamos, por traer a una jugadora que ayudara en la rotación de base. A parte de cubrir el expediente de jugadoras nacionales cupo que hay que tener por partido. Se decidió no fichar, no gastar, no comprometer la elaboración de la plantilla para la temporada que viene, y eso sí, jugar con bases postizas como Vilaró (todo voluntad, pero temporada floja, la verdad) o Zellous. A parte de quemar a Iyana, que ha llegado a los finales de partido extenuada y sin oxígeno en su brillante cerebro y en sus piernas, por lo que sus errores, también por juventud, son más evidentes y fatales. Y sólo con la espantada, parece que justificada, de Zellous se ha buscado una jugadora más que ayudase y diese rotación en el puesto de base.

He dicho parecía porque tras la marcha de Zellous, el fichaje temporal de Hermida y las últimas derrotas en liga regular no invitaba al optimismo ni siquiera para la primera ronda de playoffs. Sin embargo, ante Jairis, con el factor en cancha en contra (por haber acabado quintas con las murcianas en cuarta posición final), Avenida jugaba sus dos mejores partidos seguidos y liquidaba el pase a semifinales con relativa solvencia. Una defensa muy intensa se aprovechó del escaso acierto exterior de un Jairis que tampoco es que haya llegado al final en su mejor momento -todo hay que decirlo-, y con el dominio del rebote en ambos aros el equipo jugó mejor, encontró mejores tiros y finalmente acierto.

Pero en semis el equipo no encontró las mismas sensaciones y efectividad ante un rival mucho más fuerte en el plano físico que atenazó cualquier intento, y sobretodo, maniató a Iyana en la segunda mitad del segundo partido para negar claridad al ataque de Avenida y cualquier posible solución. Metiendo 28 puntos en esa segunda mitad para 57 en total (29 en la primera parte), cediendo el rebote (+14 para Zaragoza en el computo del partido) y dando sólo 6 asistencias en todo el partido, tienes que esperar o conseguir que el rival estuviera muy fallón, que lo estuvo. Pero ahí aparecieron, y hay que decirlo, los árbitros para castigar a Avenida por la dureza defensiva de Zaragoza. No entra en la cabeza de nadie que haya visto baloncesto en su vida que con la defensa dura y física que proponen las mañas, el saldo en faltas sea de 15 contra 20 de Avenida. Que ellas fueran a la línea de personal 20 veces por solo 10 de Avenida. Lo siento, pero esto hay que decirlo como es. Y sí, Zaragoza es justísimo finalista, jugó mejor y mereció ganar. No le habrían hecho falta estas ayudas.


Y de hecho, eran innecesarias porque la realidad del juego de Perfumerías Avenida ha sido coherente con toda la temporada, y con las tres anteriores. No ha habido claridad ofensiva y si bloqueos mentales y de efectividad. Pérdidas y errores absurdos. Desconfianza individual y colectiva. Ausencia de roles con una disposición de minutos y funciones muy alejada de los parámetros del baloncesto de hoy en día. Hay que rotar e involucrar a todo el mundo que se sienta partícipe y sume. Que se conecte al equipo y al juego. No se pueden tener fichas profesionales “solo para entrenar”, lo que es un error tanto de la dirección deportiva como de la dirección técnica en la pista que no ha sabido ver o ha sido incapaz de conseguir para mantener un nivel físico constante durante todo el partido, algo imprescindible en el baloncesto femenino actual. Esto también hay que decirlo.

Como no se puede obviar y es justo reconocer que el manido “ADN Avenida” es real y supone algo muy bueno y provechoso. Esta capacidad de competir, de sobreponerse, de no rendirse es una seña de identidad del club y del equipo. Transmitida por las jugadoras nacionales (ojo que esto es muy importante y requiere planificar unas continuidades) garantiza que siempre haya que contar con Perfumerías Avenida. Pero evidentemente esto tan bueno tiene que ir acompañado con profesionalismo en todas los ámbitos del club. Es decir, con trabajo, planificación y acierto.

Y es que además, el contexto del baloncesto femenino profesional es muy convulso. El nuevo convenio de la WNBA no sólo es que prohíba el que jugadoras top de la liga americana jueguen en invierno en Europa. Es que va a hacer que muchas jugadoras europeas, y por ende españolas, acaben jugando la liga americana de mayo a noviembre, con el mes de abril de pretemporada, con el nuevo formato de una liga con más equipos, más partidos, y claro, más dinero por retransmisiones televisivas.

Además, hay que añadir la propia situación de impás de la Euroliga, con los clubes rusos todavía suspendidos y a la vez apareciendo, y probablemente en un tiempo medio desapareciendo, ligas y proyectos empresariales ligados al baloncesto femenino con un tufo a especulación y a maniobras de sportswashing que van a hacer mucho más complicado eso de lo que está adoleciendo Perfumerías Avenida: planificación deportiva, gestión y desarrollo de jugadoras y posición fuerte en el mercado.


Hay que traer más patrocinadores, probablemente si. Hay que profesionalizar la gerencia deportiva, desde luego.

Cuerpo técnico. Volvemos a lo anterior: profesionalización. Y punto dos, crítica: llevamos dos años con Montañana, y en total 4, con un juego deplorable. Aburrido, limitadísimo, errático, carente de sentido y sistema, que te echa del asiento del pabellón o del sofá si lo ves por TV. Es un dolor ver a este equipo y la cosa no cambia. Por qué no se juega un baloncesto más divertido, dinámico, con sentido. Por qué no entendemos, como han entendido otros equipos de liga femenina, que primero por dar espectáculo, y segundo por la conveniencia de un formato de playoffs como el actual, que hay que anotar puntos. No se debe descuidar la defensa, por supuesto, pero no se puede limitar el juego a meter 60 puntos. Porque todo el mundo a nivel profesional te puede meter 75. Y eso ha venido pasando estos dos años. Qué clase de fiasco a la hora de preparar al equipo y los partidos se consigue cuando en ataque siempre se ejecutan malos tiros, se pierden balones, tiene que decidirse en 1x1 con el tiempo de posesión agotándose. Por qué no se generan ventajas. Y en defensa. En defensa los mismos agujeros, no se cierra el rebote. Es una aberración constante lo que expone Avenida sobre la pista. Y seguimos apostando por lo mismo.

Yo no sé si no valen las jugadoras, porque muchas llegan con buenos números y después marchan a otros equipos y vuelven a destacar. Qué está pasando para que estos dos años no se haya sacado todo el juego a las plantillas, por muy limitadas que sean.


Volvemos a lo institucional:

Escribía: Qué ocurre con el club. ¿Qué pasa?. Exigimos una política comunicativa eficiente y actualizada. Qué se cuenten las cosas. Qué nos informen. ¿no se pueden conseguir más patrocinadores? ¿no se puede conseguir jugar en el Multiusos? ¿Qué plan de futuro hay para el equipo de baloncesto femenino?

Ahora lo sabemos. Y es hasta cierto grado natural y lógico que la información se haya mantenido oculta a la opinión pública y a la afición.

El ayuntamiento también tiene que dar la cara por tener el Multiusos secuestrado en una concesión dantesca, deteriorándose sin uso, mientras el principal club de Castilla y León, que lleva más de 20 años compitiendo por Europa, juega en un pabellón que es poco más que una nave industrial con gradas.

Es vergonzoso e indigno. Merecido ya una sanción de la federación el tener un pabellón para un equipo profesional donde todos los días hay problemas eléctricos con marcadores y la instalación. Esto es vergonzoso y ya exige que se dé la cara, se asuman responsabilidades y sobretodo se den soluciones.


Otra cuestión: No es la primera vez que el presidente del club afea la crítica de la afición. Bueno vamos a ver. Esto es deporte profesional y hay que estar abierto a al crítica siempre que se haga desde el respeto y aportando soluciones. Porque sin crítica externa, y fundamentalmente autocrítica, no se puede mejorar; y es evidente y palmario que Perfumerías Avenida está compitiendo peor que el nivel que debería de tener y del legado que atesora.

Por supuesto, todo el mundo en Salamanca agradece y apoya la labor de patrocinio de la empresa Perfumerías Avenida al club. Y sabemos que lo que se ha conseguido se ha hecho gracias a este patrocinio deportivo. Que por cierto: tampoco es absolutamente desinteresado.

Pero la realidad es que desde un tiempo a esta parte Recio también se ha hecho con la gestión deportiva, asumiendo esa responsabilidad, y por desgracia, no se está acertando. Se falla. Y la satisfacción con el juego, los resultados y la realidad del club es la que es.

Si no hay satisfacción, o distracción con el equipo, con el juego y/o los resultados esto no tiene sentido. No hablo de títulos. Insisto. Si el paradigma ha cambiado, si el club no puede competir con estructuras más fuertes pues se acepta y se sigue luchando. Como ha pasado en toda la Historia de este club. No pasa nada. Hablo de satisfacción con lo que se ve en la pista. No se puede pedir un apoyo continuo y al mismo tiempo negar la opinión y las reclamaciones de los socios y aficionados. O incluso de los medios. Esto ya no funciona así. La gente se irá a su casa. Dedicará el tiempo a otras cosas. Y se perderá un club deportivo histórico. Otra desazón y otra derrota vital para esta ciudad y para esta provincia.

Muchos tememos que estemos al final de una época. Que se acabe el patrocinio de Perfumerías Avenida -estaría en su perfecto derecho-, y que no quede posibilidad de mantener el club en Liga Femenina. Quizás vaya siendo hora de que los aficionados empecemos a montar una plataforma al estilo de la que dio origen a Unionistas, por lo que pueda pasar.


¿La afición está dispuesta a seguir apoyando para ser del 5º al 10º de la liga? O incluso más abajo ¿y Recio y su empresa tendrán el retorno que esperan con una inversión actual que más o menos permite ese rendimiento deportivo? Esas son las dos preguntas clave. Y mientras hay muchas otras cuestiones como por qué demonios en 15 años Avenida ha sido incapaz de meter una sola chica en una selección sub algo o que se instalase al menos una temporada en la primera plantilla aunque fuera como ficha nº11 o 12.



En definitiva, cuarta temporada sin títulos y sin un juego divertido que afiance y haga disfrutar. Sumando multitud de derrotas ante rivales con menos presupuesto. Llegando a playoffs de nuevo, con las fuerzas de las mejores jugadoras en la reserva, sobre-explotadas. Un año más sin explicaciones, sin asumir responsabilidades. ¿Seguirá Iyana el año que le queda o se acoge a su clausula para jugar en Euroliga? ¿Cambiaremos otro año 8 o 9 jugadoras? Hay que asumir ya que en el baloncesto actual hay que tener 10 u 11 jugadores metidas en rotación, aportando y con roles. ¿Tenemos capacidad para eso? ¿Y la entrenadora qué? ¿Se marcha? ¿Quién viene?

¿Cuánto va a durar el club en Salamanca?



Nota especial para Andrea Vilaró. Capitana y debilidad personal. No ha sido su mejor año deportivo con una situación tan convulsa, frustrante y difícil. Aún así, y siempre, un ejemplo de compromiso, de profesionalidad y de responsabilidad que anunciaba hace unas fechas su marcha a final de temporada. A dónde vaya, honor, respeto y agradecimiento, porque esta tía se ha partido la cara por el club, por el equipo, por nosotros y por la ciudad.

lunes, 23 de junio de 2025

Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal



Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas cervecitas. Llegan los turistas a capazos atestando cualquier espacio significativo de nuestra geografía. Ya sean estaciones y aeropuertos, pueblos o ciudades, playas o montañas la avalancha de visitantes arranca la temporada alta de contratación en el sector de la hostelería, y particularmente, en el de la restauración. Bares, tabernas, cafeterías, restaurantes y hoteles incorporan a más personal para atender una mayor demanda, y justo ahora, que tienen que cuadrar turnos y horarios, siempre salen en los medios de comunicación persuasión de masas, como una noticia recurrente más, a decir “que no encuentran camareros”. Que ya nadie quiere trabajar. Que esto es un grave problema. Nadie se molesta en analizar y contar que las plusvalías, ya excesivas durante el año, se potencian en verano, y que quedan lejos de las y los trabajadores que se emplean en este sector.

Por lo tanto, este es el mejor momento para escribir sobre las condiciones laborales y profesionales en el sector de la hostelería. Y además hacerlo porque se trata de una materia que conozco muy bien, pese a que lleve casi 20 años fuera del sector productivo.

Como ya he contado por aquí alguna que otra vez, en mi casa no sobraba el dinero. Por otra parte, la adolescencia supuso en mi caso la típica bajada de rendimiento académico ("gracias" logse), añadida a una incipiente falta de expectativas vitales, anticipo de lo que mi generación íbamos a vivir prácticamente de ahí en adelante. Además, la rebeldía se acentuaba y también se convertía en una capa de mi personalidad, lo que requería paciencia para tolerarla y buscar soluciones. Y esas soluciones eran las lógicas y coherentes al mundo en el que habían crecido mis padres y que unos años más tarde iban a cambiar radicalmente. Por todo ello, en el primer verano recién cumplidos los 16 años y entrado en la edad legal para trabajar, mis padres tiraron de contactos y me metieron en una cafetería de la Plaza Mayor de Salamanca a trabajar. A currar.

Corría junio de 1999 cuando llegué a Los Escudos sin saber nada, no sólo del negocio hostelero, sino de la más simple y vital existencia. En principio, mis funciones iban a quedar en las de mozo de carga y descarga para sacar del bar la terraza y montarla (mesas, sillas y camarera de servicio); colocar el almacén tras el paso de los repartidores, dejando listas las cajas y bebidas que debían ir reponiendo lo consumido durante el día hasta la carga de las cámaras a la hora de cierre. Una sub-tarea que me hacía gracia era el trabajo como alquimista con un embudo y una botella de gaseosa para transformar el vinacho rosado de la casa de apenas 90 pesetas, en la botella de Cigales y Peñascal de hasta 1600 pesetas. Haría recados como ir a buscar pan y más bollería, llevar los cuchillos a afilar a los soportales, ir a recoger pedidos al Mercado de Abastos, a la ferretería de Morocho o a la licorería de Correhuela. Si no había salidas me tenía que afanar en recoger todos los servicios del turno de desayunos ya servidos y consumidos para tirar a la basura los desperdicios, cargar el lavaplatos y devolver la vajilla limpia de nuevo a su posición de ataque. Todo eso de 7 a 10 de la mañana, y de ahí hasta la 1 del mediodía que acababa mi turno, aprovechar el intervalo entre la hora de los desayunos y la de los aperitivos para que los camareros profesionales me fueran enseñando los pormenores del oficio cara al público: servir un café, servir una mesa, poner una caña, un vino, etc. Y limpiar. Siempre limpiar. Barrer, incluso fregar el estropicio de la mañana en el salón y las mesas, cargar los servilleteros, vaciar las papeleras, etc., etc.

Un contrato de aprendiz (ya desaparecido) bajo la categoría de “ayudante de camarero de barra/mesa” (acabo de buscarlo en la vida laboral online) por media jornada de 7:00 a 13:00, de lunes a sábado por unas, aproximadas y recordadas, 55.000 pesetas que yo veía como un fortunón. Después de un par de semanas de madrugones y autobuses, esfuerzos y sudores, palizas y quemaduras con la cafetera o el lavaplatos industrial, empecé a verlas tan escasas como en realidad eran, pero la novedad de trabajar, junto a su componente identitario de clase, la posibilidad de relacionarse y de aprender, y el hecho de poder gastar (casi) sin mirar, hizo que el oficio me gustará y según adquiría nuevas habilidades comenzaba a verlo, incauto de mi, como un opción posible. Por lo menos para unos años.

Incluso hasta los manuales de la Academia de formación profesional A__m_, que debía estudiar y preparar tanto los test como las prácticas, como parte del contrato de aprendiz, me parecían estimulantes y necesarios. Particularmente me intrigaba el juego que daba la coctelería, aunque mi mayor destreza adquirida fue el montaje de mesas de comedor.

Aquel verano fue el pistoletazo para entrar a trabajar periódicamente, y hasta que completé mi formación académica y profesional como informático (ya hablé de esto), en el sector de la hostelería. Camarero era la profesión y el trabajo, y ya en el siguiente curso (creo recordar que era el segundo de bachiller y durante los dos años de la primera FP que hice) fui en varias ocasiones de extra a los banquetes del Hotel Regio, al que podía ir y volver andando desde mi casa. Acudía a las 10 para montar el comedor, servir mesas durante bodas, comuniones o reuniones empresariales, recogíamos y fin. Cenábamos lo que hubiera sobrado, y 10.000 pesetas por el servicio. Con la llegada del euro nos deflacionó a 50€.

El siguiente verano fue el primero de vuelta a Los Escudos. Repetí la misma modalidad de contrato que podía hacer porque el anterior no había llegado a los 4 meses y porque habían pasado más de 6 desde que finalizó. La novedad vino en que una semana estaría de mañana con el mismo horario que el año anterior y otra de tarde, desde las 15:00 hasta las 21:00. Este año recuerdo que fui aumentando mis prestaciones como camarero. Añadí a mis habilidades la elaboración del café irlandés (lástima que he perdido una fotografía que me hizo “Gabi” el fotógrafo de LaGaceta un día de esos años mientras preparaba 4 a la vez que iban a salir a la terraza). Añadí la preparación de “copas” y empecé a trabajar el tema de los aperitivos que en ese bar fundamentalmente se centraban en el embutido y el queso (por lo que empecé a manejar la cortadora con algún que otro susto), el cuchillo jamonero para ir haciendo mis pinitos como “violinista” de la sal, y el uso de la puntilla para ir deshuesando y cortando las piezas para usar en la cortadora. Empecé a trabajar la plancha, y sobretodo a limpiarla (menudo asco), y por encima de todo comencé mis primeros paseos con la bandeja, poco a poco, añadiendo más volumen y mesas más grandes.

En mis turnos seguía los del “encargado del bar”, un cabronazo con pintas que de buenas deba miedo, pero que cuando estaba de malas ponía firmes hasta los clientes. Y no bromeo. Por supuesto, siempre obraba a favor de empresa hasta que fue despedido, y ni siquiera los ya más que frecuentes impagos al personal o a los proveedores, los saldaba él bajo su autoridad sin que sonase ni las mínima discrepancia. La mejor manera que tuve de conocer como funciona una dictadura o una autocracia fueron estos dos años de experiencia laboral y personal. Y digo dos porque al verano siguiente, en 2001, como ellos estaban contentos con mi labor, a mi me venían bien las demoradas ya 60.000 pesetas y moviéndome en transporte público también me era cómodo, como digo, tras el primer curso de mi primera FP de informática, repetí experiencia en Los Escudos.

Al cuarto año la situación cambió. Yo había acabado esa primera FP y pasado por las prácticas en empresa que resultaron un fiasco mayúsculo. Al segundo día tenía claro que no iban a contratarnos a ninguno de los 4 que fuimos a sacarles tarea ordinaria y extraordinaria sin costarles casi ni un duro, y encima subvencionados. Por lo tanto, cuando me llamaron para reincorporarme en esa tradición veraniega, “el niño” como me llamaban el resto de camareros, ya venía con una intención de trabajar más horas, ganar más dinero e incluso alargar los meses de trabajo dadas las escasas perspectivas de futuro.

Era el 10 de junio de 2002, pleno año de la Capitalidad cultural europea de Salamanca y el calor y el volumen de trabajo en el sector turístico era abrumador como tuve ocasión de comprobar ya el mismo día de re-incorporación.

Ese lunes entré a trabajar a las 8 de la mañana y estuve hasta las 3 de la tarde. Volví a las 19 horas y estuve hasta cierre que se dio más allá de la 1 y media de la mañana cuando me esperaban en la puerta dos alemanas en otra historia paralela que quizás algún día cuente. Cuando comiendo casi a las 4 de la tarde en mi casa, comenté la jugada con el horario esclavo a la que yo había llegado a la conclusión (porque nadie me lo había dicho), mi madre casi se echa a llorar. En total trabajé más de 12 horas, más otra hora y media larga de desplazamientos en bus, y al día siguiente “mi obligación” era entrar de nuevo a las 8 de la mañana y repetir esa semana el mismo turno. Sin posibilidad de día de descanso. Y así las siguientes 6 semanas. Y todo era porque en ese momento en la cafetería de la Plaza Mayor éramos sólo 4 trabajadores, los dos profesionales que abrían o cerraban a turno continuo, yo para echar una mano, y una chica en teoría para la limpieza a la que añadieron sin protesta la tarea de “elaborar pintxos”. Un auténtico despropósito que evidenciaba la nula gestión, las prácticas corruptas y caciquiles propias de un empresaurio que ejercía con autoridad su poder en las relaciones laborales y personales hasta llevarlo al terreno de la mansedumbre y la gleba. La práctica totalidad de los trabajadores había marchado de la empresa o se había colocado en otros bares de la misma, menos concurridos y con mejores condiciones, por lo menos de salubridad, harta ya de los impagos y de una jerarquía empresarial de tintes feudales que replicaba el sometimiento hacia arriba, desde la base hasta la cúspide, en proporción numérica. El ambiente de trabajo era tóxico y nocivo. Si no se pagaban a los trabajadores, y tampoco a varios de los proveedores, mucho menos se acometían las reformas integrales que necesitaba el local, infestado ahora ya sí de ratas, algunas de tamaño de gatos, y tampoco bromeo. El falso techo de escayola sobre el salón del bar eran su ecosistema, y daba pavor escucharlas chillar, pelear, follar o lo que hicieran allí arriba. También detrás de los botelleros y la maquinaria del bar se lo pasaban muy bien calentitas, atentas a cualquier desperdicio que cayese para devorarlo, a un lado u otro de la barra. Hasta que en septiembre no se personó Sanidad y los funcionarios del ay-untamiento de Salamanca, previa denuncia anónima de primeros de julio (que fue mía, ya le quito el anonimato), no se llevaron a cabo unos mínimos trabajos que radicaron en masillar los butrones por los que aparecían, retirar algunos cadáveres que atufaban, duplicar la dosis de mata-ratas que aplicábamos los mismos que manejábamos alimentos para el consumo humano (“tranquilos” que lo hacíamos con unos guantes de fregar dedicados en exclusividad para esta tarea, todo sea por la seguridad), y hacer algo de limpieza general básica del local. Incomprensiblemente recibieron la aprobación de las autoridades y al día siguiente abrieron como si tal cosa. Sigo sin bromear. Para que luego digan estos “empresarios” que no se sienten respaldados por las administraciones. Si tienen contacto directo con ellos y no les aplican las leyes y normativas como a los demás, no me jodas.

Durante las seis o siete primeras semanas de trabajo de aquel verano no descansé ni un día. Ni yo, ni mis dos compañeros. Y las palizas de trabajo eran morrocotudas. Las cajas diarias estaban en torno a los 4.000 recién estrenados euros, subían a 7.000 en fin de semana. Y seguíamos siendo 3 todos los días. Empezaba el día montando la terraza -recuerdo un día que fue tal la paliza que nos dieron en desayunos que la empecé a montar a las 1 del mediodía-, y acababa la jornada recogiéndola y barriendo, como era y es lógico, la parcela. En medio quizás ponía 200 cafés, más o menos 200 cañas y 100 copas de vino. Con su tapa obligatoria con lo que iba a la cortadora de fiambre unas 300 veces y al microondas unas 100. Barría el salón 3 o 4 veces el mismo día, limpiaba la barra y las mesas una docena de veces. Subía al almacén de arriba (donde el falso techo) para cargar cajas y llenar dos o tres veces los botelleros y subía a pulso desde el almacén en el piso inferior 3 o 4 barriles de cerveza de 50 litros cada día. Perfectamente podía subir y bajar 20 o 25 pisos todos los días y bien cargado, y si hubiéramos podido añadir un cuenta pasos me habría ido a más de 15 kilómetros diarios de media. Estoy seguro. Eso sí que eran entrenamientos duros y no la mariconada esa de los marines americanos que llaman crossfit y por la que te cobran una pasta JoséLui.

Todo esto todos lo días y como digo, casi el primer mes y medio sin un día de descanso. Incluyo aquí el célebre viernes de julio en el que tras haber currado por la mañana a mi entrada a partir de las 7 de la tarde, sólo yo sirviendo la terraza, es decir, cogiendo comandas, preparándomelas yo mismo tras la barra, llevándomelas, sirviéndolas, cobrando y recogiéndolas, recaudé más de 5.000 euros, viendo y tocando el primer binladen de los dos que han pasado en todos estos años cerca de mi. Pero es que Javi, sólo en la barra en su turno facturó casi 3.000 euros. Y ahí ya llevábamos 10 días sin cobrar la nómina de junio, por lo que a las bravas, unilateralmente, cogimos la recaudación del día e hicimos 4 sobres con los salarios, la legal de 48 horas semanales más nocturnos de los tres camareros, y la chica que limpiaba y cocinaba, y las de horas extras que eran en negro unos 300 euros por cabeza (una miseria). Firmamos unos pagares a espera de recibir la nómina física. Antes llegó la ira del dueño y su subalterno, aplacada con la pertinente amenaza de denuncia a la Inspección de trabajo.

Las 12 horas de tajo al día no me las quitaba nadie, pero además tenía que añadir hora y media de trayectos en el siempre deficiente bus interurbano de Salamanca a Santa Marta. Cuando salía de cierre si estaba con Javi me acercaba a mi casa en su coche. Si cerraba con José el Cepa me tenía que buscar la vida y alguna vez me fui andando hasta mi casa.

Y aún con todo ser camarero, el oficio, me gustaba. Desde luego reconocía la paliza física y mental. Lo peor sin duda, el aguantar al personal que implicaba ser psicólogo, terapeuta y confesor de los parroquianos y a veces de los que llegaban por accidente a aquella barra o a aquella terraza. El esfuerzo físico era de aúpa, tanto que había días que sudaba dos camisas blancas, una en cada parcial de turno. No digo que lo hiciera con una sonrisa, pero la juventud, divino tesoro, me permitía exprimir el cuerpo al máximo, empezar a tornearlo antes de pisar cualquier gimnasio, sin acumular aparentemente el cansancio. Dormía como un bendito y a la vez, era capaz de empalmar una o dos jornadas enteras de trabajo con sesiones de fiesta en la noche salmantina del 2002. Eso sí, cuando a finales de julio entró más personal y pudieron devolverse los días de descanso me dieron una semana entera libre y el primer día y medio, me lo pase dormido sin levantarme ni a mear. Me mantengo alejado de la broma.

Como digo a mediados de julio incorporaron más personal. Concretamente dos chicas a las que ya sabíamos les pagaban menos fruto del patriarcado, si es que eso era posible. Además, llegaron un par de camareros de los otros bares de la empresa con la intención cada uno de hacerse encargados y dueños y amos del cotarro. Si bien la colaboración de Soraya y Maura fue bienvenida para los sentidos y para aliviar el trabajo, la de los otros dos mendas fue más un incordio que otra cosa, por lo que aunque se ganó en más tranquilidad con más reparto del esfuerzo y se acabó en cierto grado el trabajo a destajo, tampoco la situación fue boyante. De hecho, los impagos de nóminas y sobre en negro se fueron alargando, y con el año nuevo de 2003, al tiempo en el que me convertía en el delegado sindical más joven de la provincia, me cambiaba al restaurante de la marca, en la Plaza la Libertad para trabajar más tranquilo.

Desde entonces y hasta finales de julio de 2003 seguí trabajando de continuo en la hostelería. Después al comenzar la segunda FP de informática aproveche los módulos convalidados de la primera para trabajar en el bar de mi calle los fines de semana y hasta el verano siguiente, con los que reuní otra buena retahíla de grandes momentos en torno al sector hostelero y el oficio de camarero. Y por supuesto, toda experiencia vital, laboral y personal, constituyó mi propio ser e ideología, cimentando mi conciencia como clase trabajadora, con la necesidad y obligación de luchar, y el reconocimiento de quiénes eran y son nuestros enemigos.

Hoy en día, cuando me sirven una consumición y el camarero o camarera me entrega el vaso o la copa donde voy a beber sujeto por arriba; o cuando en un restaurante me llega el plato con el pulgar del camarero marcándose en el borde (tampoco ayuda la vajilla moderna cool imposible de manejar con decencia). O cuando el trabajador o trabajadora huele a sudor porque lleva horas con la misma ropa y añadiendo esfuerzos físicos continuados en un ambiente extenuante y caluroso, pienso en lo dura que es esta profesión. Lo mal pagada que está, lo absolutamente precarizada, con muchísimas trabajadoras, mujeres y también racializado, con personas inmigrantes empleadas con las condiciones leoninas que los nativos quizás ya no estamos dispuestos a soportar, impuestas por empresarios explotadores con la conveniencia de unas autoridades míopes y clasistas.

Estoy harto de escuchar que ya nadie quiere trabajar en la hostelería, que hay muchas paguitas, y que la gente joven ya no quiere esforzarse. Pero lo cierto es que hoy un camarero o camarera difícilmente llegará a las 170.000 pesetas y luego 1.000 o 1.200 euros (más unos 120 en propinas) que cobraba yo en 2002. De hecho, si añadimos la inflación de 20 años de estafa y crisis, evidentemente salen a perder. Desde luego me lo sacaban del cuerpo a hostias, a jornadas durísimas de esfuerzo continuado durante horas en condiciones penosas. La más desagradable de todas aguantar al género humano que como dice Fito con Platero "siempre el cliente no tiene la razón". Si piensas que un trabajador en un restaurante del Pirineo francés o en una taberna en Dublín y te cuentan que ganan entre 3000 y 4000 euros por 5 días de trabajo semanal, -lo sé porque he hablado con ellos en los últimos años-, encuentras normal y hasta lógico que los profesionales españoles emigren al Norte para mejorar sus condiciones vitales y poder ahorrar con este oficio tan antiguo y tan ligado a la prostitución.

Los empresaurios se aprovechan de la situación de vulnerabilidad de todas estas personas para tirar al suelo las condiciones laborales y profesionales del sector, al que se presenta como fundamental en la economía y la productividad nacional. La falta de formación del personal, sobretodo si es eventual y focalizado en la temporada alta, es paralela a la ausencia de consideración y respeto hacia la persona que trabaja y nos sirve en una mesa o en una barra.

Dicen que ya no encuentran camareros como los de antes. Profesionales del boli click que te cantaban la carta acompasada y con tono. Barmans que con solo verte aparecer ya sabían cómo prepararte el carajillo y cómo te gustaba de cargada la copa de sol y sombra. Que ahora es imposible contarle a un chaval de barba hipster, con pendientes (yo ya los llevaba en la oreja izquierda con 18 años), pircings, tatuajes y cresta multicolor lo buena que está la alemana de la terraza, y muchos menos, decirle sandeces a la mujer que está sirviendo o limpiando. Trabajando.

Esos camareros, y si hombres camareros, no mujeres, ya no existen. Son una especie extinguida que no tenía precio. Y como no tenía precio entonces les pagaban una miseria que han heredado los que hoy en día por necesidad o por gusto, caen en este sector productivo y nicho de ocupación. Quizás también se extinguen porque entrar en este sector es sinónimo de adquirir los peores vicios que el cuerpo puede aguantar. Trabajar hasta la extenuación por supuesto, pero también el tabaco, alcohol, moverse en el mundo nocturno de la fiesta que son gradientes y grilletes para lacerar la vida del camarero y atarlo a su puesto en la galera. Se lamentan porque ya nadie quiere levantarse temprano antes que nadie para servir churros y porras y acostarse tarde, más tarde que todo el mundo, después de servir copas y limpiar las mierdas que dejamos en barras, salones y baños de los bares. Que nadie quiere ya aguantar los humores del personal y su falta acuciante de educación. Y que la gente está harta de limpiar y limpiar que es lo que se hace la mitad del tiempo que se trabaja en la hostelería, porque hay que aguantar mientras este el dueño tomando copazos con los amigotes, o el jefe, o el encargado como doberman o Inspekteur der Konzentrationslager (IKL) -inspectores del campo de concentración de la Alemania nazi-, para que nos vea haciendo algo medianamente productivo, aunque no haya nada que hacer. Y toda esta acumulación de horas legales, a-legales e ilegales pagadas con la voluntad de escamotear a las autoridades laborales se pagan por salarios de miseria, que a duras penas satisfacen esos caprichos comunistas de comer caliente y dormir bajo techo.

Por todo esto, y seguro más cosas que me dejo en el tintero, cada vez les cuesta más encontrar personal. Porque la gente cuando puede elegir huye de este sector precario y esclavizado al que la tecnología no le ha quitado ni penosidad ni esfuerzo, sino que encima le han añadido mucho más trabajo al tener que disponer de más productos, más preparaciones y mayor disponibilidad al pisoteo ajeno no vaya a ser que el cliente se enfade, no vuelva y encima te ponga de vuelta y media en una reseña online. Pues que no vuelva una idiota congénita que va a un mesón maragato a pedir un bloodymary o que no vuelva un muerto de hambre que se cree con derecho de pernada sobre el personal de la cafetería.

Cuando trabajar de noche o en fin de semana o en festivo se paga por poco más que una palmadita en el hombro. Cuando no se legislan ni vigilan las horas extra que se hacen en este sector y estas acaban siendo colosales. Cuando las condiciones laborales se saltan como listones de salto con pértiga que batir por parte de empresaurios (todavía me indigna y a la vez me hace reír los panegíricos que la muerte de “José Manuel” provocó en los medios de comunicación charros, con todos sus pufos, impagos, deudas con Hacienda y la Seguridad Social y sentencias judiciales en contra obviadas) y sus organizaciones (la infausta asociación de la hostelería salmantina enemiga de Salamanca y de los trabajadores). Cuando las facultades profesionales se obvian por parte de todos, incluidas las autoridades, sin tener en cuenta la condición clave que el turismo tiene en la economía española. Cuando trabajas como una mula deslomada por la mitad de horas cotizadas y por un salario que no te garantiza ni un sitio digno donde dormir y descansar. Cuando te roban la dignidad (afortunadamente existen notables excepciones) y así te convierten en una cosa que “les sirve” sin poder siquiera soñar con acceder a ser tú algún día “el servido”. Cuando te quitan todo, incluso hasta el miedo, no tienes nada que perder y el siguiente paso es concienciarse, y aunque sea tarde, luchar.

Retomando el hilo auto biográfico de más de media entrada recuerdo que a finales de mi presencia en Los Escudos me ofrecieron la posibilidad de coger uno de los bares a tiempo completo. Concretamente querían que llevará el de Cuesta Santi Spiritus, o que me pusieran de subalterno de Javi en el de la plaza. También me hicieron una oferta, informal, en el Novelty, cuando Paco Novelty entró en Los Escudos sin equivocarse de local a semanas de acabar el verano de ese 2003 para hablar conmigo. Les gustaba mi forma de trabajar y querían que entrará con ellos a trabajar la terraza. Igual que unos años antes rechacé una oferta del Albense de fútbol sala, ligado al Caja Segovia, para jugar con ellos, también decliné la oferta para seguir estudiando y dedicarme al mundo de la informática. E igual que en la anterior ocasión no se sabe qué hubiera pasado, aunque apuesto a que mi vida habría sido muy diferente.



Editando: Viendo la fotografía de mis andanzas con pelazo y pajarita me vienen más recuerdos y atentados a la dignidad trabajadora. La camarita enfocada a la caja registradora, no fuera que nos diera por "robar". La mini cafetera que tuve que ir a buscar en un renault clio, mi primera conducción tras sacarme el carnet 7 meses atrás, a Ovejero en Garrido para sustituirla por la de 4 puertos que se había chamuscado. Los malabares que había que hacer durante 4 meses para poder servir correctamente con ella y con el volumen de cafés que se pedían ahí. La tenían parada en la reparación por falta de pago del caradura de mi jefe. De hecho limpiar la cafetera era otra de las tareas diarias bien jodidas y penosas que había que hacer, por lo menos un par de veces al día. La pila de bricks de leche para tapar los agujeros en la decoración. La propia decoración viejuna que se caía a cachos. Las noches en que nos quedábamos Javi y yo cazando ratas como si fuera un safarí. Los zapatos que acaban cada verano destrozados. El palo que pegó uno que entró a trabajar y huyo a la carrera al quinto día a mitad de turno con la caja y la recaudación de un número de lotería de Navidad bajo el brazo. Lo bien que me lo pase en las despedidas (y eso que las detesto) sobretodo con las chicas de Medina del Campo. Los chinos desvalijando a turnos las tragaperras para disgusto de mi jefe que tenía esa otra línea de negocio. El queso de oveja macerado en aceite de oliva, joder qué bueno estaba.

y más y más cosas ...


lunes, 5 de febrero de 2024

Política ficción: La Independencia de León

 

Imagen de la manifestación convocada el pasado domingo 21 de enero de 2024.

 

Hace un año y medio ya escribí sobre la Región Leonesa y la necesidad y conveniencia de que se constituyera en la décimo-octava autonomía para dar algo de dignidad, futuro e identidad a las tres provincias del Oeste castellano-leones. Pues bien, hoy, con la legislatura ya funcionando y con la agenda de oposición mediática de la derecha fascista y ultraliberal puesta en marcha se han reactivado las cuestiones que discriminan a estos territorios. Por lo tanto, me he animado a juntar unas letras en un hipotético paso más allá: el de una propuesta de independencia y nacionalismo leonés que crearán una nueva nación-estado en la península Ibérica.

A estas propuestas reivindicativas que estos días han sido noticia, mediática en sus lugares, apenas un breve a nivel nacional, se suman las élites políticas y económicas de los territorios, como en el caso de Salamanca con su alcalde y su cueva de ladrones del PP. Por supuesto, lo hacen ahora para hacer ruido y oposición, cuando ha quedado claro que no van a tener en su poder los artefactos del gobierno central. No olvidamos que buena parte de los desvarios y despropósitos que sufrimos vienen por sus administraciones corruptas, inmorales e inútiles. A los que, ya seamos organizaciones, colectivos o personas individuales, nos encontramos desde hace muchos lustros reclamando oportunidades para estas tierras nos congratula poder sumar a las élites políticas y económicas de los terruños a las mismas, y sólo pedimos que respeten la identidad propia de estas reivindicaciones, que no las instrumentalicen burdamente por intereses particulares, y sobretodo, que si son coherentes se queden aquí cuando en la rueda turnista del poder representativo de las democracias liberales les toque gestionar lo de todos.

Pasado el mega-ciclo electoral de 2023, se han vuelto a animar los movimientos y plataformas de defensa y denuncia, las manifestaciones o propuestas en pro de la sanidad y la educación públicas, que sufren la desigualdad inherente del estado centralista españistaní, y la horrenda gestión autonómica del PP, ahora con los neofascistas. Pero fundamentalmente está resonando la reclamación por la restitución, cuando no creación directamente, de un servicio ferroviario digno para Salamanca, y también para todas las provincias del Oeste peninsular, vertebradas por aquel invento de la Ruta de la Plata.

Salamanca fue la primera ciudad y provincia de Castilla y León que perdió sus conexiones ferroviarias que no tuvieran destino a Madrid. Durante un tiempo incluso fue imposible ir en tren a Valladolid. Pero lo más importante es que perdió las conexiones a Norte y Sur con las provincias limítrofes. Para colmo, nunca estuvo sobre el papel la salida al Oeste hacia Oporto en un tren que por su sólo planteamiento salta a la vista ya sería rentable. Sin embargo, la falta de rentabilidad fue la excusa para que hace ya muchos años se eliminasen las líneas provinciales que conectaban la raya y las comarcas con la capital provincial. Hoy son vestigios de un pasado que ya no volvera, y las infraestructuras como el espectacular tren minero de las Arribes y la Fregeneda, o la línea Alba de Tormes-Salamanca son meras atracciones turísticas (El Tren del Hierro en el caso del primero, una vía-verde en el segundo).

De este modo Salamanca se sumó a otro buen número de ciudades y provincias maltratadas en la construcción del sistema ferroviario nacional como Cáceres y Badajoz, Asturias en sus comunicaciones con la Meseta, la región "Mudéjar" (Sur de Zaragoza, Teruel, Soria, Guadalajara, Cuenca e interior de las provincias de Castellón o Valencia).Y es que en España, tenemos un problema muy serio cuando con el dinero de todos se construyen y mantienen infraestructuras que solo sirven para que los habitantes de la capital central se muevan por el país a su antojo y el resto tengamos que jodernos, y o pasar por allí, o funcionar con el vehículo privado. Y no olvidemos que no hace tantos años, en realidad a penas unos viente, que las comunicaciones viales por carretera mejoraron en muchas de estas provincias, y en Salamanca en particular, al llegar la construcción de autovías (otras ciudades todavía no han tenido esa suerte).

Por lo tanto, no hay nadie con dos dedos de frente que sepa leer y contar que pueda defender mínimamente el estado actual de las cosas a menos que tenga intereses pecuniarios en la cuestión. “Tenemos” un país a dos, o más velocidades, con regiones (y sus poblaciones en muy diversas y desiguales escalas de oportunidades y aprovechamientos) acaparando todo el poder económico y el dinamismo social. Y en cambio, quedan otras, depauperadas, empobreciéndose, quedando como destinos turísticos pintorescos o de fiesta barata, cuya principal materia de exportación es el talento de sus jóvenes.

Solo con echar un vistazo a las estadísticas demográficas y económicas comparativas entre provincias y regiones para constatar empíricamente lo que está sucediendo y la necesidad y justicia de los planteamientos que reclaman estas infraestructuras.



Por poner en antecedentes las reclamaciones que desde Salamanca se están haciendo van desde la restitución del cuarto y quinto tren diario a Madrid (suprimidos con la excusa de la Covid-19) y mejora de la puntualidad de estos servicios. La re-apertura de la Vía de la Plata, es decir, el tren Gijón-Sevilla que de Norte a Sur recorría la zona Oeste del país, en una reclamación a la que se han sumado todas las provincias que han visto perdida esta conexión. También, y gracias en buena medida al impulso puesto por Portugal y por la UE de la creación de un tren entre Oporto y Salamanca (con extensión hacia Madrid). Y por último, también debido al interés del gobierno portugués y de la Comisión Europea de la puesta en marcha del Corredor Atlántico una infraestructura que busca generar un dinamismo comercial e industrial en el Sur del continente que equilibre el peso del eje del Mar del Norte, y que al igual que el Corredor Mediterráneo tienen que ponerse en marcha sin tener que pasar por el agujero negro del estado españistaní: Madrid.

El caso es que llegados a este punto yo me he puesto a reflexionar y a volver a calibrar sobre la idea de un movimiento nacionalista, instrumentalizado en forma de partido político, es decir, de fuerza electoral, sin marcar una agenda de izquierdas o de derechas. Este ejercicio de política ficción era una conversación habitual en mis tiempos de bachiller cuando con otras personas lúcidas y atentas nos conformábamos nuestra manera de pensar y observar el mundo. Quizás influenciados por el ejemplo de la burguesía catalana consiguiendo beneficios del gobierno central del mequetrefe de Aznar y su banda de ladrones y secuaces. Pero ahora también lo ha motivado la bastante desencantadora gestión del nuevo ministro de transportes, el ex alcalde de Valladolid, Óscar Puente. De momento mucho más centrado en su papel de azote de la oposición y de tuitero mayor del gobierno, Puente ha minusvalorado la trascendencia de las manifestaciones y reclamaciones expresadas, incluso teniendo en cuenta que sus compañeros de partido dentro del PSOE de Castilla y León las están respaldando.

Entre zasca y zasca le ha dado tiempo a anunciar una nueva mega inversión para ampliar el aeropuerto Madrid-Barajas Adolfo Suárez con una infraestructura que corresponde más a los intereses de las élites financieras y constructoras, de aquí y de más lejos, que a las necesidades de transporte.

Otra inversión que se cuenta por cientos de miles de millones para la capital cuando con "apenas" unos 400 millones las infraestructuras demandas por el Oeste del estado español se podrían poner en marcha. No sé qué indigna, cuando no encabrona más: El seguir perdurando un modelo de estado centralista que deconstruye España y que, por cierto, ha ido fatal para las propias aspiraciones del PSOE y de la izquierda; el que se siga apostando por un modelo de transporte absolutamente fallido, sobredimensionado, irracional e insultante en un contexto de cambio climático de origen antropocéntrico; o que estas medidas las haga un político salido de Castilla y León. Y me da bastante igual que sea una medida que anuncia y ha trabajado su antecesor.

Lo cierto, es que en buena parte de la opinión pública de Salamanca y de León este anuncio ha provocado indignación. Sobretodo en quienes como digo, llevamos años en organizaciones que claman por algo de inversión y dignidad para estas tierras y que vemos, que indistintamente quien gobierne se sigue dando una preponderancia a Madrid que va a seguir chupando juventud y riqueza de lo que tiene alrededor. Es que ya no es el coste de oportunidad perdido. Es que se afianza un modelo que si que de verdad rompe España.

En este sentido, hay que recordar que si ahora se han sumado el PP a reclamar trenes y líneas para León es más fruto de su estrategia de oposición ante los pactos del gobierno central con el independentismo catalán. Por lo tanto, poca o ninguna colaboración vamos a encontrar ahí, ni con unos ni con otros, lo que me lleva de manera inevitable a cobrar ejemplo y plantear, por qué no, una independencia de León.

Si el antiguo reino de León, con Zamora y Salamanca se lanzará una campaña que buscará una independencia para constituidos como nación-estado soberano poder tener más dignidad y oportunidades para sus gentes qué pasaría.

Imaginamos por un momento que estas reclamaciones encuentran acomodo en las regiones a Norte y Sur. Asturias y Extremadura. Comparten con nosotros algunos aspectos identitarios y culturales que han salvado montañas y valles, pero sobretodo compartimos ser parte de una España Maltratada, ignorada y pitorreada.

Sería un nacionalismo de la zona más pobre del país, a diferencia de los nacionalismos independentistas catalanes y vascos, planteados por las burguesías industriales de las regiones más ricas del país, punta de lanza en cuanto a dinamismo social y avance científico y técnico.

Renta por habitante año

 

Aquí quienes queremos ser un país somos los más pobres de España. Y a lo mejor queremos ser un país, o a lo mejor queremos integrarnos en Portugal, por qué no. La constitución actual de la península Ibérica bebe y mucho de las apetencias de una adolescente como era la infanta Isabel, la posterior católica, que en aquel momento no estaba destinada a ser reina de Castilla y que desecho casarse con el príncipe portugués, su primo segundo de parte materna, y si con el príncipe aragonés, también con el mismo parentesco. Quiero decir con esta anécdota histórica que muchas de las instituciones y realidades que hoy se dan por sentadas, tienen su origen en cuestiones bastante, cuando menos, azarosas.

Pero volviendo a la cuestión imaginada, qué pasaría si León pidiese la independencia (León, entendido como reino medieval casi mítico, junto a Zamora y Salamanca). De entre los factores que favorecerían la creación de este artilugio y consenso político podrían emplazarse dos: Uno, a nivel institucional, con la remembranza de las Cortes medievales de León, las primeras asambleas de carácter legislativo y participativo de la Historia europea, y que ya en tiempo, decidieron aspectos que tenían que ver con estas provincias, por lo que compartimos un pasado común. Y en segundo lugar, el sentimiento compartido de sentirse discriminados por Madrid y por Valladolid, por lo que se hace necesario un repliegue identitario entre quienes sufren las consecuencias de tales discriminaciones. Nos faltarían algunas cuestiones básicas a la hora de construir estados-nación, como una lengua propia y compartida, y a la vez, superar estos casi 50 años de colocación castellano-leonesa. Pero todo sería posible.

Pues sólo se me ocurre un caso moderno con el que comparar, el de un territorio más pobre que pide la independencia de otro más rico. Normalmente, insisto, son las naciones más ricas las que piden independizarse (Euskadi, Catalunya, Roselló, Córcega, Flandes en Bélgica, etc., quizás el ejemplo más disonante sea el escocés con respecto a Reino Unido).

El único caso similar fue lo que sucedió en los años 90 en Checoslovaquia a la caída del Muro de Berlín y del Comunismo. Poco más de un año después la clase política eslovaca atendía ciertas presiones populares para solicitar su independencia de Chequia. Había diferencias culturales y sobretodo económicas. Checoslovaquía había sido fruto de los acuerdos de Versalles tras la Primera Guerra Mundial y el acuerdo de Trianon en 1920 que desmembraba el antiguo Imperio Austro-Hungaro tras su derrota en la contienda. Todo el imperio se fracturó en diversos estados pequeños, con cierta cohesión interna a través del idioma, lo que condujo a la creación del estado de Checoslovaquia que aglutinaba no sólo a Chequia y Eslovaquia, sino también a Moravia y Bohemia (incluidos los condados alemanes de las montañas de los Sudetes que serían objetivo de Hitler en el Tercer Reich).

La nueva nación de Checoslovaquía deambuló sin coherencia interna antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Hasta 1939 la amenaza desde Alemania y desde Hungría marcó al país que al mismo tiempo se dividía entre comunistas en Eslovaquia y anticomunistas en Chequia, liderados por el sacerdote colaboracionista nazi, Tiso. En 1939, ante el avance nazi, Eslovaquia se constituyó en estado independiente comunista, pero su estatus sólo duro hasta 1945, cuando en la Europa salida de la Guerra se decidió consagrar Checoslovaquia que pasó a formar parte del bloque del Este regido por el partido comunista checoslovaco. Como digo el período comunista no funcionó a la hora de dotar de cohesión y fraternidad (a través de la clase trabajadora y la ideología socialista) al conjunto del estado, y se mantuvieron las aspiraciones de las dos naciones que estallaban cuando desde Praga se pedía democracia y libertad.

La caída del muro provocó que se fueran marcando las diferencias entre Chequia y Eslovaquia. La Revolución de Terciopelo en 1989 provocó la caída del régimen comunista colaborador con la URSS. Bajo un estado, Checoslovaquia, convivían dos repúblicas federales con claras diferencias económicas y sociales. El más dinámico, industrial, urbano y occidental Chequia y la más rural y agraria Eslovaquia. El resultado fue que las aspiraciones soberanistas de Eslovaquia fueron creciendo a medida que se plasmaban las mayores diferencias ante la apertura de mercados y la aplicación de liberalismo económico. De este modo, en julio de 1992 Eslovaquía se declaró como estado soberano.

Esto no provocó ningún conflicto con Praga que aceptó la situación y pasó a negociar abiertamente la independencia de las dos naciones en lo que se conoce como el Divorcio de Terciopelo. Finalmente se anunció para el último día de ese mismo año. A 1 de enero de 1993, República Checa y Eslovaquia eran dos naciones distintas y soberanas que se fueron incorporando a su ritmo, pero al mismo tiempo, a las instituciones internacionales como el Consejo de Europa, la OTAN o la Unión Europea. Por poner en comparación, basta el ejemplo coetáneo de Eslovenia y Croacia, las dos naciones más ricas dentro de la antigua Yugoslavia que proclamaron su independencia al mismo tiempo. Todos sabemos y recordamos lo que pasó.

Por este motivo, me parece tan significativo el ejemplo de Eslovaquia para una hipotética independencia del Reino de León (León, Zamora y Salamanca), ampliado a Asturias y Extremadura. No tengo ninguna duda de que las élites del estado españístaní aceptarían aliviados sin más un planteamiento así y se abriría el proceso de negociación. Evidentemente, todo tendría que hacerse con un buen respaldo popular, porque aunque los movimientos se planteen desde arriba, estos tienden a beber de las inquietudes y sentimientos de abajo.

Otra cosa es que desde Madrid una independencia de León, Zamora y Salamanca no se pudiera aceptar para no dar ejemplo a Euskadi y Catalunya, absolutamente fundamentales para mantener este chiringuito que es Madrid, digo España. Por lo tanto, quizás sería lógico pensar pese al loable ejemplo eslovaco, en caso leonés también hubiera hondanadas de hostias.

En todo caso, y valga como conclusión, me lo he pasado muy bien estas dos horas largas preparando y escribiendo estos párrafos, y espero sirva, para quien lo lea en pensar en lo que podría pasar, y fundamentalmente, en la necesidad ya imperiosa, de otorgar dignidad y futuro a las gentes y los territorios del Oeste peninsular. Lo necesitamos, lo queremos y lo reclamamos.


 


Camareros: Necesarios, degradados y precarios. Una experiencia personal

Ahora que ya está aquí el veranito con su calor plomizo, pegajoso y hasta criminal, se llenan las terracitas para tomar unas...