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lunes, 12 de octubre de 2026

Día de la Hispanidad: La herencia española, la Leyenda Negra y el revisionismo histórico


Primer desembarco de Cristóbal Colón en América, tomando posesión de la isla de San Salvador para la Corona de Castilla. Pintura de Dióscoro Puebla (Exposición Nacional de 1862, 1.ª Medalla) (1).

 

El 12 de octubre es el Día de la Hispanidad. En España es una fiesta por y para los fachas. Para los retrógrados de ayer y de hoy y de siempre. Para quienes se jactan de que la bandera, las instituciones, el ejército y las calles son suyas, de su exclusividad. Lo que les permite poder abuchear al presidente del gobierno o a quien les de la real gana. Como antes -y si pueden lo volverán a hacer-, “paseaban” a quienes no comulgaban con sus gustos, sus ruedas de molino y a quienes no cabían en sus estrechas mentes. Se monta en Madrid un desfile militar que no es otra cosa que una horterada, anacrónica, inútil y encima carísima, para que los gruppies de los soldaditos, la bandera y la cabra de la legión se sientan henchidos de orgullo patriotérico. El ejército, la monarquía (bueno no están muy contentos con el “pusilánime”) y las extremas derechas celebran la hispanidad, sin mayúscula, porque para estos individuos no se trata de una cultura a respetar y promover, sino de una opresión sobre los distintos. Los latino americanos solo quedan para serviles en el servicio domestico o en los puticlubs. El resto, quienes no pensamos como ellos y repudiamos este país cainita, imbécil y abochornado, no estamos invitados a la fiesta y sólo nos queda pagarla.

Porque para ellos sigue siendo el Día de la Raza. El día de la superioridad española que sustenta las opresiones a todos los demás y que merece ser jalonado de rojo y gualda. Banderita en la pulserita, en la cinta del retrovisor interior del coche de lujo alemán, en los tirantes, en el cinturón, en el sombrero. Alguna cruz de borgoña en mochilas militares o en polos. También aguiluchos perdidos y en definitiva, una serie de energúmenos idiotizados por los rebuznos de los todólogos de la incultura y la barbarie, convencidos de sus crímenes, sus corrupciones, sus miserias, inmoralidades, mentiras y aberraciones.

Sin embargo, en el resto del mundo hispano el 12 de octubre es un día distinto. Se trata de una fecha de conmemoración, sí, pero no de las supuestas virtudes del Imperio español (o mejor dicho castellano) sino más bien para poner en su sitio las tropelías que se hicieron durante la conquista y el mantenimiento del supuesto Imperio. En Argentina es el Día del Respeto a la diversidad cultural. En Bolivía el Día de la Descolonización. En Colombia el Día de la Diversidad étnica y cultural de la nación colombiana. En Costa Rica el Día de las Culturas. En Ecuador el Día de la interculturalidad y la Plurinacionalidad. En México es el Día de la Nación Pluricultural. Y en Venezuela es el Día de la Resistencia Indígena.

Evidentemente, tal pléyade de percepciones sobre el propio día del Descubrimiento de América merece un análisis sosegado y una relectura de lo acontecido en el pasado, con el ánimo de no verse intoxicado y avanzar hacia una relación entre las naciones, los estados, las etnias y los pueblos hispanos sana, justa, pacífica y placentera.

Por eso mismo para hacer honor a la Historia, a la verdad y para dar ejemplo voy a dejar plasmadas algunas verdades sobre unos cuantos típicos tópicos de la conquista de América, la manida Leyenda Negra y las tendencias historicistas actuales para revestir las crónicas de una supuesta magmanimidad para con los “indios” y sus territorios.

La re-escritura de la Historia siempre es necesaria y además se encuentra al acecho. Cualquier descubrimiento arqueológico o archivístico tiene la capacidad de poder poner en cuestión los dogmas históricos y culturales que se tienen sobre el pasado. Y en la actualidad esa re-escritura tiene un componente de veracidad y justicia histórica al poder hacerse completando los relatos al involucrar a quienes han estado ausentes de los mismos hasta ahora. Los estudios subalternos cuentan los hechos y experiencias de grupos y colectivos que habían estado silenciados en la construcción del saber histórico, porque directamente vivían en unas condiciones penosas, subyugados por unas élites que además escribían el relato histórico que nos ha llegado hasta hoy. Incorporar a las mujeres y a los grupos étnicos distintos al “hombre blanco occidental” nos permite construir una Historia total, con más preguntas y respuestas, y por lo tanto, más veraz.

Sin embargo, frente a estos ejercicios inclusivos del saber histórico, resuenan las relecturas sesgadas que insisten en sostener ideas sobre el pasado que sirvan para afianzar lo que pensamos y creemos hoy en día. Eric Hobsbawn definió estos procesos como "tradiciones inventadas", esto es, la combinación de hechos reales, con omisiones interesadas, la recopilación estratégica de datos y la construcción de narrativas emocionales. La finalidad no es tanto construir una historia nueva desde cero que se acomode a nuestro interes particular. Su fuerza radica en que es capaz de reconstruir el pasado y la forma de contarlo para satisfacer la construcción del presente. A parte de la selección interesada de fuentes, sin contraste de hechos y con descarte de aquellas crónicas y edictos que venían a denunciar y buscar mayor dignidad en el trato a los indígenas, lo peor de esta tendencia que inunda las redes y asalta incluso las librerías y algún que otro articulillo, es la reinterpretación de los hechos históricos con los ojos y condicionantes que tenemos hoy en día.

Por ello vamos con unos cuantos mitos a derribar:

  • "En el Imperio español no hubo genocidio". A ver, lo primero de todo. Genocidio es un término moderno acuñado por los aliados ante las barbaridades que el Tercer Reich alemán ejecutó antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Es decir, se trata de un concepto que define una destrucción intencional de un pueblo o un grupo étnico. Si bien se ha empleado para sucesos históricos anteriores (por ejemplo el genocidio armenio o las conquistas musulmanas sobre Asia Menor o la India) hay que partir que en el caso español y durante el siglo XVI y XVII no había una idea o un sistema de exterminio de las poblaciones indígenas. Pero esto no quiere decir que no hubiera un impacto colosal a nivel demográfico sobre estos pueblos. La muerte y desaparición de individuos y colectivos fue real y dramática. Se estima que en torno a unos 100 millones de personas fallecieron durante los casi 3 siglos de dominación imperial europea en centro América, el Caribe y América del Sur (América del Norte queda excluida porque tras la Independencia de Estados Unidos de América a partir de 1776 se dieron otros acontecimientos concretos de ocupación y exterminio de los pueblos nativos). Estos 100 millones de habitantes supondrían entre un 85 y un 90% del total de la población indígena. Como digo no hubo un plan sistemático de eliminación de pueblos indígenas en los dominios de la Corona de Castilla y luego de la España Imperial, básicamente porque necesitaban a estas personas como mano de obra en los trabajos más duros. Los españoles movieron y cambiaron a las poblaciones a su antojo provocando la expansión de epidemias, lo que unido a crisis de alimentación y a la penosidad de los trabajos más duros a los que obligaban a los indígenas hizo que aumentará su morbilidad y mortalidad. Los misioneros, franciscanos o dominicos, sabían de esto mientras evangelizaban y aculturalizaban a los indígenas y dejaron constancia en sus testimonios y crónicas. Pero las reducciones, como se conocían estos movimientos forzados de población, continuaron hasta finales del siglo XVIII pese a los intentos de la Corona de otorgar un mejor trato a las poblaciones aborígenes. Al final el interes económico y de extracción de recursos prevalecía a las misiones moralizantes o civilizatorias.
 
  • "Los indígenas eran tratados muy bien y tenían consideración como españoles". Para empezar a uno de Teruel o a uno de Badajoz no los ponían forzadamente a extraer carbón de León o a hacer leña de los bosques murcianos para fabricar galeones. Se promulgaron leyes para proteger a los indios, sobretodo a partir de 1542 (Leyes Nuevas), con el fin de acabar con medio siglo de abusos como atestiguan las crónicas y los propios edictos hechos por la Corona. Sin embargo, estas normativas que buscaban preservar la dignidad de los indígenas fueron ignoradas constantemente y no pudieron impedir la esclavitud de las comunidades nativas, tanto por razones económicas (extracción de recursos, construcción de caminos, minas, plantaciones, etc.) como por causas de guerra y hostilidad hacia el aculturamiento (doctrina de la Guerra Justa). Si instituciones como la encomienda permitieron la disposición de los indígenas como mano de obra, otras como la Inquisición permitió favorecer una continuidad con el entramado social que quedaba en Castilla y formaron parte de la aculturización de las poblaciones nativas. Por lo tanto, considerar que los indígenas tuvieron una consideración similar a la de los españoles, tanto en la península o como los colonos, es poco menos que un reduccionismo.

    En general, me resulta muy curioso ver hoy como quienes lanzan estas ideas para salvaguardar su orgullo por el Imperialismo español, son los mismos que se niegan a garantizar unos derechos y una dignidad para los inmigrantes en especial los latinoamericanos. Se llenan la boca con la Escuela de Salamanca y la "magnanimidad" de la conquista por parte de la Iglesia y la Corona castellanas, pero al mismo tiempo, nos hablan de una "invasión", un "recambio cultural" y de la necesidad de una "prioridad nacional". Es todo tan burdo e incoherente que da miedo comprobar que millones de personas compren relatos tan inmorales y nefastos. De hecho, lo más fuerte de todo es que hoy se apropian para su privado beneficio de la Escuela de Salamanca, de los escritos de Francisco de Vitoria y de los alegatos durante la Junta de Valladolid de Bartolome de las Casas para loar al santo Imperio español para con los indígenas, cuando la realidad de todo el proceso es que quienes hoy tratan de limpiar la conciencia del Imperio, se habrían puesto en el bando de Ginés de Sepúlveda para no considerar "al indio como un cristiano", fundamentalmente, porque había mucha plata en juego.
 
  • "No eran colonias". Definición de colonia: "Territorio dominado y administrado por una potencia extranjera". Que los castellanos llamaran a sus territorios virreinatos o ya a finales del XIX provincias, no los hizo menos colonias. Su estatus jurídico era el de colonia. Y en el sentir español los territorios de ultramar eran referidos, tanto en la lengua escrita como hablada, como colonias. Solo basta con revisitar la literatura del Siglo de Oro en adelante. El objetivo del viaje de Colón era establecer una ruta alternativa, exclusiva para la Corona de Castilla, sobre el comercio de especias de Oriente. Al llegar a América y descubrir que allí había un continente nuevo, sin explotación europea mediante, los administradores de la Corona decidieron la extracción de recursos desde esos nuevos territorios descubiertos, las colonias, a la metropolí, de América a Castilla (posteriormente España).
 
  • "Pero los españoles civilizaban, los ingleses exterminaban". Para empezar qué es civilizar. Acaso los indígenas no tenían culturas propias, con estructuras sociales complejas, con un arte y un urbanismo propios, con lenguaje escrito y con una serie de comunidades autosuficientes. Nos pueden gustar o no sus culturas, parecernos más salvajes o menos, pero si se trataba de imponer la fe en la cruz para evitar que se matasen a machetazos de obsidiana, y sin embargo, lo que se hacía era perseguir y erradicar a los que se negaban no estabas vendiendo muy bien esa fe, no. Bueno en realidad para no ser unos xenófobos de mierda mejor respetar a otras personas por su cultura o identidad. Pero eso da para otro tema.

    Pero es que esta idea preconcebida parte de dos mentiras. La primera de ellas es que la comparación con el Imperio británico no da lugar, porque la escasa y dispersa población indígena que los ingleses y los franceses encontraron en Norte América impide construir una comparativa que sea justa y sobretodo, ilustrativa sobre el trato a las poblaciones nativas. Además, en esta idea se elude el hecho de que mientras en Castilla se discutía sobre “el alma de los nativos” en el Caribe, donde había una competencia entre dominios imperiales europeos, las expediciones castellanas (y portuguesas) hacían literalmente lo que querían con los indígenas, incluyendo eliminaciones en masa. La segunda de las mentiras es que los planes de exterminio de las poblaciones indígenas en las posesiones de Inglaterra y Francia en América del Norte empezaron con la independencia de las colonias, es decir, con la independencia y creación de los Estados Unidos de América como nación independiente, y su posterior expansión hacia el Oeste, tanto al Norte como al Sur de los Grandes Lagos. A partir del 4 de julio de 1776 la persecución y matanza de indígenas en Norte América tiene poco que ver con Inglaterra o Francia, y mucho con la expansión hacia el Oeste de los Estados Unidos de América.

    En general, estas comparaciones entre imperios resultan interesantes fundamentalmente porque ambos sistemas partían de una misma concreción: Tanto al Norte como al Sur, tanto ingleses como castellanos el objetivo es establecer un comercio lo más rentable posible para la metrópoli. Tal y como cuenta Elliott, se dan unas condiciones ideales para el comercio entre América y Europa. Los europeos necesitan productos de las colonias (en especial y en el caso de América oro y plata). Los colonos necesitan suministros hasta que son capaces de suministrarlos por si mismos. Incluido el reemplazo de recursos humanos. Esto propicia el desarrollo del comercio a través del Atlántico. Pero como digo, para que la comparación nos resulte útil hay que introducir todos los elementos y condicionantes que se dieron tanto al Sur como al Norte.

 

  • "No se pudo conquistar todo un continente sin la intervención de los indígenas" Pongamos contexto. Desde luego si hablamos de que en el siglo XVI, se estima “podía haber entre 60 y 80 millones de personas en el continente americano”, no cabría en la cabeza la ingente cantidad de soldados que tendrían que haber cruzado el Atlántico para posibilitar la conquista. Por lo tanto, es evidente que las expediciones que partían para explorar y sumar nuevos territorios se valían de alianzas y diplomacia para conseguir sus objetivos. También jugaron su papel tanto la superioridad tecnológica (los galeones, las hojas de acero templado y la pólvora maravillaron a los nativos), así como de “las mantas de viruela”. Desde luego la exposición a las enfermedades del viejo continente hicieron estragos en muchas poblaciones indígenas. Pero por supuesto hubo alianzas entre los españoles y algunos grupos indígenas. Hernán Cortés tomó el actual México a base de pactos con grupos que estaban en disputa con otros grupos indígenas, como en la alianza con los totonacas contra Tlaxcala, y en la posterior toma de Tenochtitlán aliado junto a los propios tlaxcaltecas frente a los mexicas. O Núñez de Balboa que aseguró el actual Panamá con un destacamento de “67 españoles y un número indefinido de indios".

    Desde luego cuando llegaron los españoles al Nuevo Mundo encontraron sociedades y grupos étnicos y tribales, en ocasiones enfrentados entre sí. Algunos eran más bárbaros y violentos que otros. Había guerras entre grupos de indígenas y dominación y opresión entre nativos. Por eso a la llegada de los españoles supuso un nuevo contendiente que podría ayudar en las luchas internas que tenían otras entidades unas contra otras.

     
  • "No había racismo en la dominación española. De hecho siempre hubo mestizaje". Vamos a partir de que en la época los matrimonios no se hacían “por amor” ni siquiera en el propio terreno de la corona de Castilla, y de que las mujeres castellanas no tenían ninguna capacidad para decir su futuro (salvo la reina y escasísimos casos y de aquellas maneras). Por su parte, en América las uniones entre mujeres indígenas y hombres españoles (soldados, comerciantes o funcionarios) se ejercían desde una posición de dominio y posesión de los segundos sobre las primeras. Por lo tanto, la moneda del mestizaje parte de una asimetría total y de brutal dominación, sin descartar por supuesto, las más que comunes violaciones o “los botines de guerra y conquista”.

    En cuanto al racismo, sucede algo similar a lo que pasa con el término genocidio. Si nos atenemos a una denominación moderna, lo que sucedía en las colonias americanas de la Corona española no es racismo en términos del racismo científico del siglo XIX. Pero desde luego, secuestrar y forzar a trabajos penosos hasta la muerte a los que no eran blancos o hijos de los blancos, si es racismo. Aunque venga disfrazado dentro del ecosistema social y económico que se instauró con la dominación española. Y aunque hubiera escándalo por las condiciones de vida y los abusos sobre los indígenas -que lo había como atestiguan las crónicas-, y hubiera una honda preocupación por "salvar las almas de los nativos" (obligándoles a adoptar una fe extranjera). Y si, sé que estoy aplicando conceptos modernos ("genocidio", "racismo") a situaciones del pasado pero es que no podemos engañarnos solo porque el nombre de una acepción, o de un comportamiento no estuviera señalado. No llamaban racismo a la dominación contra los que no eran blancos, ejercidos por las fuerzas de ocupación europea. Porque desde luego, las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que se construyeron durante la época de los Imperios en América estaban basadas en racismo. Puro y duro. Y el Imperio español, también.

    Pero es que es más, avanzados los años y los siglos los estamentos raciales seguían determinado la vida y el futuro de los habitantes, y debajo de las tipologías y mestizajes, si se era indígena, negro o mulato se pertenecía a las escala más baja de la pirámide, mientras que las élites estarían formadas por los oriundos europeos o sus descendientes (criollos). Esta estructura social es todavía hoy patente y determinante en las sociedades hispanoamericanas.

     
  • "Pero la corona española construyó ciudades, hospitales, escuelas y universidades". Esta es la típica frase que ejercida desde un tono moralista y actual no entiende que esas instituciones no eran tal y como las entendemos hoy. Ni tenían los mismos objetivos, ni siquiera similares formas. Y desde luego no partían de un acto ecuánime de solidaridad o bondad. Se trataban de instituciones necesarias para favorecer y mejorar la administración colonial, esto es, la extracción de recursos desde las colonias a las metropolís, de América a España. De hecho, los casos de indígenas que cursaran estudios superiores son muy pocos, y siempre eran de origen criollo o relacionados con la aristocracia y administración colonial. Pero sobretodo, e insisto, la inclusión de estas instituciones europeas en América y en el resto de territorios coloniales tenían como finalidad mejorar y ampliar el dominio de la metrópoli sobre la colonia, y con ello, el fin último del sistema colonial: extraer recursos de los territorios y pueblos dominados a favor de las élites dominantes. 
 
  • "No tiene sentido ahora pedir perdón por la conquista". Bueno, en primer lugar, si no tiene sentido ejercer una labor de crítica, de difusión de la verdad histórica y del conocimiento, tampoco debería tener valor el alabar la conquista de América y que nos sirva para hacernos sentir orgullosos. No se trata de ganar una “copa mundial de las colonias” y de que nuestro imperio fuera más o menos humano que otros. Ya os digo que salvaje e inhumano era un rato. Como todos los sistemas de dominación de unos hombres sobre otros. España, la Corona de Castilla, fue a las Indias, es decir a América, a explotar sus recursos y sus riquezas. Y a convertir a la fe cristiana a la población indígena. En ese orden. Y si para facilitar el primer objetivo había que obviar el segundo se hacía.

    E
    sta tendencia actual que se enmarca en la ola de neoconservadurismo y neofascismo de exaltar el pasado como algo grandioso, positivo o incluso “generador”, en oposición a otros imperios a los que se presenta como “depredadores” o “abusadores”. El tufo racista y al más bajo revanchismo te asalta cuando se proclama que los actuales estados latinoamericanos “si que deberían pedir perdón” por ser casi estados fallidos, presas de mafias y cárteles de la droga o ejemplos de la corrupción, el nepotismo, la desigualdad y las violaciones de los derechos humanos. Como si la realidad de hoy no se viera cimentada en las condiciones materiales del ayer, las que pusieron los imperios occidentales, ni que las propias relaciones socioeconómicas y culturales entre ambas orillas del Atlántico mantienen una asimetría a favor de Europa y sus herederos en Norte América, que han imposibilitado el desarrollo propio y soberano de los pueblos latinoamericanos.

    Porque para sorpresa de nadie (que sepa de Historia, política y sociología) las condiciones de los estados con pasado colonial han mantenido y permanecen hoy, infraestructuras y superestructuras (institucionales, legales, jurídicas, etc.) que mantienen la vigencia de la estructura económica vigente. Esta es la de la explotación económica de las naciones de Europa Occidental sobre el resto del globo. La inestabilidad y la desigualdad social son mantenidas y alentadas porque son beneficiosas para quienes hacen negocios desde las metrópolis. Ganaron la independencia política, si, pero a cambio, los antiguos imperios cedieron la soberanía con la garantía (velada o no) de mantener condiciones que favoreciesen sus negocios.

 

La Leyenda Negra es cierto que tiene un componente de relato construido por los tradicionales enemigos de la corona española como son Francia, Estados Unidos en 1898, y fundamentalmente, Inglaterra. El término fue ideado por Juan Juderías a principios del siglo XX, quien no sólo se dedicó a recopilar y contestar las críticas extranjeras contra España, sino que su objetivo fue unir todas esas voces diversas y simplificarlas para a través de su contestación consolidar la idea de la "nueva" nación española tras el Desastre del 98. Por lo tanto, quedarse en ese origen del relato para rechazarlo de plano es un error interesado y lamentable. Si no se profundiza en él, no se discierne con criterio qué es cierto, qué rematadamente falso y qué tiene matices a considerar y a hacer historia comparativa (añadiendo como dije, todos los matices para enriquecer lo contextos), lo que se hará es apartar la función de estudio y transmisión de una Historia veraz y crítica, y sólo se buscará afianzar las estructuras mentales predefinidas que uno trae de casa. Al final repetirás las mismas simplezas o tonterías del otro lado, desde donde se empeñan en justificar sus discursos de hoy (racistas, xenófobos, misóginos, aporafóbicos, etc.), a través de una versión manipulada a sus intereses de la Historia.

Esto no va de pedir perdón por que sí, de que sea una exigencia más o menos justa, o incluso útil o no. Tampoco de si justificas lo que hizo un antepasado tuyo o de si hay que devolver el oro y la plata. Esto va de reconocer y aprender cuál fue el papel que jugó el Imperio español en la construcción del mundo como fue en aquel momento. Y sobretodo entender cómo esas realidades materiales y filosóficas permitieron la explotación, la acumulación de capital, la primera globalización y la legitimidad colonial del poder. Es decir, el mundo actual que se organiza a través de una serie de valores europeos (occidentales o anglosajones) se valió de la disensión entre colonia e imperio como expresión máxima de una jerarquía que organizaba las comunidades, los territorios y los individuos a través de estamentos raciales que se subyugaron a los mecanismos propios del mercado por un lado, y por el otro a las instituciones propias del estado moderno. Y de esa génesis surgió la dominación tal y como la contemplamos hoy.

De hecho, cuidado con jerarquizar las concepciones del mundo a través de los valores propios. Esto es, de ver nuestros valores, los occidentales, como los mejores y únicos válidos. Puede que se esté en el lado correcto de la historia, y que no sea ético ni justo hacer sacrificios humanos, pero no conviene olvidar que bajo estos condicionantes también se ejerce la opresión sobre los mismos y sobre los distintos. Y tampoco conviene olvidar que los valores occidentales también favorecieron aberraciones como los sitios y ejecuciones sumarísimas en torno a las cruzadas, la expulsión de los moriscos o los judíos, la aniquilación contra otras sectas cristianas como los cátaros o los jusitas. O más tarde, durante la Revolución Industrial el trabajo infantil o la esclavitud en el comercio triangular. Por poner unos pocos ejemplos anteriores al horrible siglo XX.

Por lo tanto, mientras discutimos sobre las bondades y maldades del Imperio español, pasamos de lado de que sí, de que se cometieron atrocidades en las colonias, al igual que en el propio territorio nacional, cosa que por cierto, los defensores de la España Imperial, grande y libre, se permiten obviar. Tampoco el Imperio trajo riquezas para las clases populares en la península, sino que a través de la plata y el oro que llegaban a Sevilla, se cimentó una estructura material de dominación de las clases altas (aristocracia, alto clero y proto-burguesía comercial y financiera) ejercían sobre las clases populares. Del mismo modo igualito que lo que ocurrió en Inglaterra, Países Bajos o Francia. Unas bases de desigualdad que hoy en día siguen perdurando y condicionando la vida de millones de personas también en Occidente.

La tradición historiográfica relativa a loar el pasado colonial e imperial español ya es larga y lo peor de todo consistente en el imaginario colectivo. No se trató en origen, allá por las últimas décadas del siglo XIX dentro del regeneracionismo, de ampliar el estudio sobre la historia colonial española, sino mucho más de ayudar a construir una identidad propia que fuera capaz de sustentar la nación en un momento de crisis y derrumbe generalizado de lo que había sido España hasta entonces. Su éxito radica en que a lo largo del siglo XX y a través de distintos regímenes (liberal, republicano, dictadura franquista o democracia) ha construido un relato coherente y asentado, logrando que generaciones enteras se hayan educado bajo él, y olvidado precisamente su naturaleza como construcción narrativa, llena de sesgos e intenciones.

Por último, un consejo a los soliviantados por la revisión de la Historia del Imperio colonial. No sois especiales. Tampoco lo es el imperio español. La fase de crítica al relato histórico predominante es común a la que está viviendo multitud de realidades históricas y acontecimientos del pasado que están siendo estudiados y difundidos a través de nuevas y diversas ópticas. En cuanto a la Historia colonial, todas las sociedades occidentales que tuvieron o tienen un pasado histórico medido en colonias e imperios han visto como su enseñanza de la Historia y las propias realidades que perviven o son heredadas de aquella coyuntura son puestas a crítica a través de las nuevas tendencias historiográficas. Aquí se incluyen por supuesto los nuevos avances en investigación histórica en muchos campos (novedosas ideas sobre el arte o la filosofía, nuevos descubrimientos arqueológicos o documentales, introducción de nuevas técnicas científicas y archivísticas, etc.). Y sobretodo por la inclusión de nuevas voces sobre el hecho histórico. Unas ópticas diversas dispuestas a contar la historia de las comunidades subalternas, o subyugadas, como puedan ser las mujeres o las clases populares. En especial, en el caso de los estudios sobre Historia de los Imperios coloniales, la voz de las comunidades indígenas. Y no se trata de un revanchismo o una venganza, sino de ampliar la verdad histórica para tener más datos y más contexto, y poder de ese modo, construir un mundo para el día de hoy más comprensible, fraterno y justo.

 

Y una última cuestión: el mundo actual no se entiende sin la expansión moderna europea llevada a cabo desde el siglo XV hasta el XX, por todo el mundo. Sus consecuencias se palpan en todos los territorios y sociedades descendientes, y la marginación, la desigualdad y el racismo continúan siendo ingredientes importantes de los estados poscoloniales, como lo fueron en su momento en los imperios coloniales.

Para acabar, decir una vez más que hay que ser un pobre hombre para justificar tu españolismo en una conquista colonial, que como todas las conquistas coloniales e imperiales, se basaron en la violencia, la opresión, la explotación y el sufrimiento ajeno. Creo que la cultura española tiene muchos más méritos y contribuciones positivas al mundo por las que sentirse orgulloso antes que por el Imperio español, o la Conquista de América. He dicho.


(1) Esta grandiosa obra (más de 20 metros cuadrados) es un ejemplo magnífico de la pintura histórica y academicista de mediados del XIX, la época del romanticismo y el nacionalismo. El autor Dióscoro Puebla compone una alegoría que ha perdurado en las mentes del pueblo español: La llegada a América de Colón y los españoles, con el mandato de evangelizar a los indígenas. Pero la realidad fue algo distinta: No hubo ningún clérigo en la primera expedición de Colón y sólo 15 en el segundo viaje de un total de 4.000 efectivos.

 

 



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lunes, 2 de marzo de 2026

La etapa de Irán ante la Tercera Guerra Mundial


Imagen de satélite del 28 de febrero de 2026, supuestamente de la residencia del Ayatolá Jameneí tras el bombardeo masivo de Israel y Estados Unidos sobre Irán.

 

El sábado 28 de febrero amaneció con el nuevo ataque de Israel y Estados Unidos sobre Irán. Un bombardeo indiscriminado, que aunque esperado, se efectuó sin aviso y dentro de una ronda de negociaciones que claramente era una tapadera de cara a ganar tiempo y organizar la acción militar. De todos los implicados. El resultado del ataque ha sido el descabezado de la cúpula militar y política de la teocracia iraní con la destrucción de infraestructuras críticas del aparato bélico y policial de Irán, así como de algunos de los centros de poder del país. Se cuentan las muertes de numerosos altos cargos del ejército, así como de miembros de los consejos religiosos y políticos destacando el ex-presidente Ahmadineyad (aquel que pusó en jaque Occidente con el programa nuclear) y fundamentalmente, el ayatolá Alí Jameneí. Por supuesto, las víctimas civiles se cuentan por millares.

Ni que decir tiene que sacar del mundo a semejantes impresentables hace del planeta y de Irán un lugar mejor. Desmontar y erradicar un sistema dictatorial, propio de una época medieval, en el que la visión extrema de una religión, incompatible con la vida, la dignidad y los derechos humanos es la doctrina moral y legal que condiciona e impide el desarrollo de sus propios conciudadanos, es siempre una buena noticia. Pero hacerlo, una vez más, al margen de la legalidad internacional, llevándose vidas inocentes por delante y violando la soberanía de otro país es una muestra más de un mundo desquiciado que se va al abismo por momentos.

Las implicaciones de la acción militar conjunta entre Israel y Estados Unidos son de muy amplio calado. El contexto, nacional y propio de Irán, de la región de Oriente Medio, de Asia y el Índico, y para todo el planeta no deben obviarse y por lo tanto, es fundamental conocer bien de lo que estamos hablando, para construirse y transmitir un juicio acertado sobre lo que está pasando. A estas horas los misiles de uno y otro lado se han cruzado sobre Oriente Próximo incluyendo ataques a bases e intereses occidentales en los emiratos de la península Arábiga, como respuesta del ejército de Irán, así como la apertura de nuevos frentes en Líbano. Incluso el suelo soberano de la UE ha sido objetivo al caer algunas bombas sobre la base británica en Chipre

Mientras el ataque bélico unilateral ha eliminado la posibilidad de que el pueblo iraní, empezando por sus mujeres y jóvenes, tomasen el poder y construyesen una democracia o un sistema político y social nuevo, lo que si ha hecho es abrir la brecha a la seguridad y la incertidumbre en todo el mundo. Si la población civil de Irán no va a poder enjuiciar e investigar su pasado y su presente, poner ante un tribunal y ante la Historia a cientos de dirigentes con una visión radical del islamismo que les ha permitido masacrar a la población, al tiempo que se hacían muy ricos, mucho menos se les va a permitir construirse un futuro propio, puesto que el sistema “ofrecido” ya viene teledirigido desde Washington y Tel Aviv con la oscura figura del heredero del Sha en el horizonte.

La excusa de esta guerra está en que Irán volvía a ejecutar un programa de armamento nuclear y de que antes de conseguirlo era preciso acabar con él. Las protestas y la represión contra su propio pueblo, son otra de las excusas que se han aducido en estas últimas 48 horas (y en las semanas previas), pero el motivo del ataque es la reconfiguración total de Oriente Medio, con Israel convertida en la potencia regional tras la ruptura de todas las alternativas que el Islamismo chií tenía en la zona (el Irán de los ayatolás, Hizbula en Líbano, Hamás en Gaza o Cisjordania, Siria, etc.).

Tampoco se deben obviar los balbuceos y debilidades de la presidencia de Trump que más allá de todo el histrionismo y los llamamientos fastizoides del programa MAGA (con sus propias "SS" en los ICE), atesora un desgaste colosal para un primer año de mandato, donde la anulación por parte del Tribunal Supremo, de sus recurrentes aranceles, implicaban el alzamiento de una nueva cortina de humo, una nueva distracción para sus bases. Sin embargo, esta acción, al contrario de lo ocurrido con Venezuela, no parece ser del agrado de buena parte de su propio aparato en el partido Republicano, así como de sus votantes, puesto que hasta a ellos, les parece que embarcar al país en una guerra, tan lejana y ante una nación tan grande y armada, puede provocar sonoros costes y muy reducidos beneficios para el norteamericano de a pie y gorra de beisbol.

Y es que la única conclusión a la que van a llegar los, supuestos, “enemigos de Occidente” es que la única garantía de seguridad es de disponer de armas de destrucción masiva, especialmente nucleares, para poder mantener una posición fuerte que impida el ataque preventivo y unilateral de los auto-proclamados defensores de la libertad y de la seguridad. Tanto la CIA como la agencia Internacional de la Energía Atómica, adscrita a la ONU, informaban de la inexistencia de indicios sólidos que sustentasen el relato de la tenencia por parte de Teherán de armamento nuclear. Si Irán hubiera dispuesto ya del arma nuclear y probada su eficacia, no hubiera sido atacada. Si tienes armas nucleares es para exhibirlas (por lo menos) primero con el afán de disuadir a potenciales enemigos, y en segundo, para henchir de orgullo a la propia nación, por lo que parece evidente que la excusa del armamento nuclear es por lo menos, falsa e infundada.

En conjunto, y como resultado, de estos años de alzamiento fascista internacional, y de escalada de las amenazas de guerra, tenemos el fin del orden internacional salido, no sólo tras la Segunda Guerra Mundial, sino mucho más recurrente, tras la caída de la URSS. Estados Unidos se empeña en mantener una posición de potencia única, como eje central en un mundo unipolar, que ya no existe. Aunque consolidan la vía de la fuerza militar, sin negociación diplomática, ni declaración de guerra, como elemento de resolución de los conflictos, lo que realmente está haciendo Estados Unidos y sus aliados -sobretodo Israel, y algo menos la Unión Europea donde crecen las voces disonantes (no dejamos de hablar de una organización supranacional a la que han cedido soberanía un conjunto de naciones, pero no en materia de representación internacional o militar)-, es alimentar un complejo militar-industrial gigantesco que necesita de guerras y conflictos para ganar dinero. 

Como añadidura, Trump no sólo ha incumplido con el Derecho Internacional, cosa con la que no se distingue de los presidentes estadounidenses, ya fueran demócratas o republicanos. Además, ha vuelto, por tercera vez, a ignorar los procedimientos políticos de su propia democracia, al emprender acciones militares sin contar con los preceptivos mandatos del Congreso y el Senado. Con lo cual ha quedado ya demostrado, empíricamente, como la democracia es pisoteada e ignorada, si se puede interponer en eso de ganar dinero. Las consecuencias a nivel interno y a la salud del régimen democrático-liberal están por venir.

En general, lo que subyace del ataque estadounidense e israelí sobre Irán es el cambio de modelo de gobernanza e internacional. Se rompen los consensos y las garantías democráticas, de soberanía y de justicia, implantando un modelo autoritario donde va a prevalecer la ley del más fuerte, y sobretodo, la de el que menos escrúpulos tenga. Un camino, ciertamente peligroso, al que como sociedad civil debemos oponernos y resistirnos. El primer paso, será ante el llamamiento a ese escenario de sumisión palmaria a Estados Unidos y a su aparato económico-militar como es la OTAN. Permanecer un solo minuto más en esa alianza belicista, que nos roba soberanía, dignidad y dinero, nos convierte en cómplices. El segundo, e inapelable, dar batalla frente al fascismo que se ha beneficiado en algunos casos demostrados de la teocracia iraní, y en otros, dando empaque a la cesión de dignidad frente a los imperios y sus élites.

La sucesión de escenarios de enfrentamiento esa clara: Desde cuestiones internas como Gaza, o incluso Ucrania, hacia consideraciones de mayor calado, como esta guerra contra Irán, que supone un incremento, que puede acabar en un enfrentamiento contra Rusia y China (no necesariamente coaligados más allá de frente a un enemigo común denominado “Occidente”) por la hegemonía mundial.

Aún así, hay quienes consideran que todos estos enfrentamientos no están relacionados y que son independientes. Interesados en hacer creer que lo que está en juego es la democracia, cuando eso es lo que menos les interesa, o incluso, la detestan. Extrapolado al tablero internacional hablamos de una disputa que va de hegemonía única o hegemonía multipolar. De relaciones con marcos y reglas claras basadas en el respeto y la transparencia, a teatros imprevisibles donde las acciones de fuerza se hacen con ninguna o poca antelación y que provocan una escalada de impredecibles consecuencias.

En todo esto tiene que ver la evidente pérdida de impulso y poder que está viviendo Estados Unidos, ya no sólo como potencia única, o como último Imperio, sino más allá, de la propia estructura y dinámica de país. El paso, inexorable como sociedad civil, es "des-americanzar" el mundo, haciéndolo más amable, más natural, más humano e intentando con ello, abolir la guerra y la violencia como método de resolución de conflictos.

Al estilo de la caída del Imperio Romano, la decadencia yankee que comenzó, indudablemente, cuando cayó su natural enemigo, la Unión Soviética, va acelerándose paso a paso, presidente a presidente, y semana a semana. La primera fase fue la exhuberancia de sentirse sólos en la cúspide, sin un enemigo al que batir, y sin ningún tipo de límite a sus intereses y deseos, al no haber alternativa real. En esa ensoñación se limitaron las transformaciones y adaptaciones necesarias a ese nuevo contexto. En vez de proteger a las clases populares estadounidenses, se apretó aún más el acelerador de su desposesión y claudicación para goce de los inversores y capitalistas. El sueño tuvo un abrupto despertar el 11 de septiembre de 2001.

A continuación una sucesión de presidentes, de ambos partidos, incapaces de parar el golpe, ni de dotar de dinamismo a su sociedad y economía. El actual un octogenario sociópata narcisista, misógino, corrupto, amoral y caprichoso. Entre medias de sus dos mandatos un presidente demócrata senil y corrupto desde los años 70, Joe Biden. En conjunto, unas copias malas de los Andropov y Chernenko en la URSS de los 80.

Donald Trump, rodeado de un gabinete de psicópatas y fascistas ejemplo de lo peor que el mundo ha dado. Acusado por la prensa y alguno de sus ex-amigos de ser parte integrante de la red pederastra de Epstein (un turbio personaje con pasado en los servicios secretos de Israel, Reino Unido y Estados Unidos, que fue, convenientemente, “suicidado” en prisión). Una administración sin rumbo fijo, con cambios de hombres y nombres, que demuestran la inexistencia de un plan de gobierno. Que suman ya varias docenas de mandatos del tribunal supremo o del Congreso ante el saltado de normas propias. Con un Trump que un día dice una cosa y al siguiente al contraria. Maltratando a sus aliados a base de aranceles disparatados que no han impedido el aumento constante del desempleo y la pérdida de bienestar de la población local. Ahora ya embarcado en guerras fuera de Estados Unidos, algo de lo que había hecho campaña, y que le había valido amplías capas de apoyo popular de un país harto del papel de policía del mundo.

¿Las siguientes escenas en esta escalada de la Guerra Mundial y el fin de Estados Unidos como potencia hegemónica? Pues en primer lugar vamos a ver qué capacidad le queda al ejército iraní y el régimen de los ayatolás de defenderse, fundamentalmente de Israel. ¿Tiene capacidad de aunar una liga chií contra sus atacantes? En qué estado están las fuerzas de sus posibles aliados en Siria, Líbano, Palestina ¿Cuál será la actitud de las potencias árabes de los petro-dólares como Arabia Saudí, los Emiratos o de Turquía ante el avance del gran Israel como potencia hegemónica en la región, la única con armas nucleares?

¿Qué capacidad le queda a la oposición democrática, laica y de izquierdas para construir un Irán de dignidad y futuro? ¿Le interesa eso a los actores implicados?

¿Qué piensa hacer la Unión Europea? ¿Hasta cuándo durará la OTAN?

¿Qué actitud van a tomar Rusia y China, tradicionales aliados, aunque con reservas, con respecto a Irán y su república Islámica? El petróleo iraní reúne buena parte de las respuestas a esta pregunta, así como el acceso al estrecho de Ormuz para los barcos rusos y chinos, y el cierre o no de los gaseoductos que desde los Urales hacen negocio en Europa.

¿Y la India y el resto de BRICS, contando con Indonesia? ¿Qué papel puede jugar Pakistán en todo esto? Hablamos de países cuya población se cuenta en centenares de millones de personas, tienen ejércitos sobredimensionados por años de intereses estadounidenses en la zona y cuentan con recursos minerales propios.

¿Hasta cuándo durará este ecosistema de frágil paz, dopado por una ola de neoconservadurismo, por no decir, directamente de fascismo, ante una realidad de nuevos países y agentes?

Estamos en la antesala de un conflicto global con implicaciones que pueden acabar en la destrucción mutua y en una extinción masiva. De cómo nos mantengamos informados, alentando el pensamiento crítico y la activación social, dependerá y mucho, nuestro futuro, y también el de la humanidad. 

 

sábado, 3 de enero de 2026

Agresión militar a la soberanía de Venezuela

  

La imagen de cabecera de este artículo ya ha quedado obsoleta. A menos de 10 días del primer año tras la segunda investidura de Donald Trump, y a tres días de cumplir los 5 años de su Asalto al Capitolio, el presidente naranja ha ordenado el bombardeo de Venezuela, así como el asalto de equipos especiales al Palacio de Miraflores, residencia presidencial, para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa. La acusación, torcitera y manipualda, es la de "líder de una trama de narco-terrorismo", en una suma hacia adelante en la que procuran una tibia carga moral a sus acciones para tratar de disimular lo evidente.

La suma de acontecimientos, culminados con la acción militar unilateral de esta madrugada en Venezuela (mañana en España), contaban con un aumento de la presión violenta e imperialista sobre el país sudamericano. Ataques y muertes a supuestas lanchas de narcotráfico, secuestro e incautación de petroleros, órdenes presidenciales que autorizaban operaciones encubiertas de la CIA sobre el terreno, y no menos importante, escalada del belicismo a través de la diplomacia tanto con sus aliados en el continente como en Europa. A estas horas, nadie esconde que en las últimas negociaciones con Putin al calor de lo que sigue ocurriendo en Ucrania, se ha tratado el tema de Venezuela, para con el mirar para otro lado autorizar los deseos de cada sátrapa en su área de interés. Y como siempre, la Unión Europea pillada con el dedo en la nariz.

A estas horas ya está difundida la imagen de Maduro maniatado con bridas de plástico y cegado con gafas oscuras de limitación sensorial. El anuncio de Trump a través de su red social privada, y después desde su residencia en Florida, donde pasa la mayor parte del tiempo jugando al golf-o, culminará el lunes con un paripé de juicio a Maduro en Nueva York. Y todo este secuestro ha sido el objetivo final de la primera invasión militar en suelo de una nación iberoamericana desde la ocurrida en Granada en 1983.

Evidentemente tal ataque carece, y de hecho ni ha procurado conseguir, del más mínimo aval jurídico o diplomático internacional. La legalidad brilla por su ausencia, si es que se puede hablar de legalidad cuando se trata de amedrentar y someter a naciones soberanas. Una vez más, una administración yankee sanciona la toma de decisiones unilaterales que supone la escalada de violencia, el asalto bélico, la apropiación de recursos estratégicos y materias primas, el ahogo económico de sociedades y naciones extranjeras y la representatividad de los dirigentes de aquellos estados. Ya sabéis: las elecciones, si las ganan “los nuestros” serán justas y de plenas garantías; si no es así, es que están manipuladas y carecen de rigor y verosimilitud. Y por supuesto, se deslegitiman hasta volverlas absurdas, las instituciones multilaterales, en teoría ideadas, para evitar los enfrentamientos bélicos. Se caen muchas caretas.

Toda esta operación militar corresponde en primer lugar a un nuevo lavado de cara de la administración Trump, toda vez que a un año vista desde su segunda investidura, la popularidad del mangante ha ido cayendo. Los bandazos en economía interior, la sangría constante de puestos de trabajo y la pérdida de muchas coberturas sociales siguen lacerando el populismo de un presidente, que al igual que en su primer mandato, es incapaz de dotar de dinamismo a un economía de tinte neoliberal que presenta severas disfunciones a la hora de dotar de bienestar a las poblaciones locales. De cualquier tipo de color de piel. Ni los abusos de matón de colegio con respecto a los aranceles, ni tampoco las amenazas de restaurar el área de influencia estadounidense en el hemisferio occidental, en especial, hacia Venezuela o Groenlandia, hacían reverdecer la popularidad del mangante. Las “nuevas” fotos con el pederasta de Jeffrey Epstein y el goteo de casos de abusos sexuales han acelerado un desgaste que trata de minimizarse a través de la invasión de Venezuela y el cambio de régimen.

En un segundo lugar, y por supuesto no menos importante, Estados Unidos y Donald Trump, así como la élite financiera, tratan de reflotar la economía patria, apoderándose contra natura de los recursos minerales de Venezuela. El petróleo sigue siendo fundamental en la economía, y pese a que se sabe que las reservas del país caribeño son de difícil extracción y penosa rentabilidad, mejor será tenerlas “controladas” que no expuestas al aprovechamiento de otras potencias, en especial China. De hecho, la amenaza que suponía el casi seguro cambio del dólar por el renminbi, la moneda china, como unidad monetaria de referencia para el negocio petrolero suponía una pérdida insoportable para las finanzas de la economía de Estados Unidos. En ese sentido, y fruto de la especial relación entre los opositores a los regímenes de izquierdas de países como Venezuela o Cuba, u otros latinoamericanos, era de esperar una agresión como la ocurrida en el día de hoy. De hecho, los contrarios al régimen bolivariano chavista dan mucha vergüenza ajena, cuando no miedo, alegrándose de que bombardeen su propio país. O incluso, pidiendo una intervención similar aquí.

Pero hasta aquí las razones convencionales. Hasta este punto la teoría geoestratégica clásica que ha tratado de explicar el ecosistema de relaciones internacionales en base a factores de teoría económica y política interna y externa. A partir de ahora hay que hablar de la víscera, de la reacción y de una concepción autoritaria del poder que desprecia, no sólo la legalidad internacional, sino otros aspectos de la democracia que le resultan molestos como la opinión pública, la libertad de prensa, la rendición de cuentas o el control legislativo por parte de las cámaras. Trump, y los fascistas repartidos por todo el mundo, interpretan el poder desde un punto de vista personal. Aúnan en su figura el estado y sus recursos e imponen su voluntad por medio de la amenaza de la fuerza y la violencia.

El resultado, como no puede ser de otra manera, es un peligro sistémico y sistemático para la humanidad y para el planeta. Una ausencia de responsabilidad moral, política e histórica que impide la contención y la comprensión ética de la realidad que queda sometida a los impulsos narcisistas y esquizoides de elementos que acumulan una concentración de riqueza económica, de impacto comunicacional y de poder militar como nunca antes se había visto en la Historia. Ni siquiera en el alzamiento de los fascismos de los años 30 en Europa.

Ante esta amenaza constante, hecha fuego y escombros en Venezuela, a la concordia y la legalidad internacional no cabría esperar otra respuesta que la unión de la comunidad de naciones, con sus respectivas sociedades al frente, para romper con esta inercia. Denunciar, y no sólo quedándose en las palabras, la agresión imperialista y neo-colonial de Estados Unidos. Romper las relaciones, especialmente las de ámbito cultural y económicas (expulsar de una vez las franquicias de comida rápida sería un buen comienzo). Clausurar para siempre el anacrónico y desigual pactismo que interpone la OTAN y organizaciones supranacionales claramente neoliberales, y por lo tanto, afines a los intereses de Estados Unidos, y contrarias a la tradición y necesidades europeas. Todo esto y más, exige una coordinación política y comunicativa, difícil de conseguir en este mundo de alzamiento del nuevo neo-fascismo, pero en algún momento habrá que romper estas cadenas con personajes como Trump, con Milei, Netanhayu, Urban, Meloni, etc. O será demasiado tarde.

De hecho, a los que conmemoran y celebran el ataque unilateral e indiscriminado de Estados Unidos en Venezuela, o que piden uno similar para esta España "comunista" según ellos, les invito a que revisen el listado que encabeza este artículo. Que lean las fechas y los países. Y que revisen, simplemente con ir a la Wikipedia basta, el estado actual de esas naciones. Como la mayoría han pasado de tener progreso y un futuro con garantías de igualdad, y la tan proclamada "libertad", a considerarse por todo el mundo como estados fallidos. Países sin unas mínimas condiciones de seguridad, legalidad, reconocimiento o solvencia para garantizar ya no sólo el bienestar de su población, su dignidad e identidad, que eso al fin y al cabo es lo que menos preocupa a Estados Unidos y a los neoliberales, sino de un básico nivel de estabilidad socio-económica que permita los negocios. La lista es interesante: Libia, Afganistán, Siria, Yemen, Haití, Somalia, Liberia, Irak... Reflexionen.

Y también reflexionen sobre el hecho innegable de que se alegran de esta violación flagrante del derecho internacional para derrocar un regimen publicitado como "comunista" o de izquierdas. Habría que veros si a estos defensores de la democracia y la libertad les hubiera dado en su momento por intervenir para derrocar la dictadura franquista (acuerdo que estuvo sobre la mesa y aceptado tanto en Yalta como Teherán), o en la actualidad en lugares donde están destrozando los derechos humanos como El Salvador o Argentina. Pero claro, si las elecciones las ganan "los nuestros" son ejemplos de "libertad, soberanía popular y garantías democráticas", y sin embargo, si las ganan los otros, la izquierda, entonces esas mismas elecciones "están manipuladas, robadas, es un fraude y sus vencedores ilegítimos".

Por su parte, a la ciudadanía no nos queda otra que organizarnos en defensa de la democracia y la soberanía de los pueblos. Volver, si es que se ha hecho alguna vez, a exigir el respeto a los derechos humanos, especialmente el de la vida en dignidad y la identidad de todos los colectivos. Y que está demanda se convierta un cimiento básico de cualquier gobierno. Volver a salir a las calles es el mínimo que nos queda en este contexto para denunciar esta agresión fascista y neo-colonial, así como la conveniencia de Estados Unidos con el genocidio en Gaza. Y fundamentalmente, con la promoción de un modelo social, económico y político empeñado en robar dignidad a las clases trabajadoras de todo el mundo y en generar estados vasallos que le deban sumisión y funcionen como sucursales de un estado de las cosas que se demuestra fallido y criminal.

En este 2026, cómo no, seguimos ante un momento histórico importantísimo. Toda persona demócrata, que crea en la libertad y la igualdad. Que se considere una buena persona y piense en un futuro mejor en el que vayamos en una mejora constante en las condiciones de vida de todo el mundo tiene que implicarse y sumarse. Generar un proceso de organización y movilización frente a estas agresiones constantes, este estado de malestar y esta inseguridad vital, climática, económica, política y social que quieren imponernos las élites neofascistas. No valen silencios, ni individualismos, ni indiferencias, como tampoco agitar banderas interesadas o prejuicios de todo tipo (raciales, culturales, económicos, etc.). O damos batalla por un mundo digno, o nos arrastran a la barbarie y el fango.

Solidaridad con Venezuela y con todos los pueblos dignos y libres. Lucha frente al fascismo.

 


La Revolución Francesa de 1789

 Prise de la Bastille (1789), de Jean-Pierre Houël   La Revolución Francesa es el acontecimiento que originó el mundo tal y como lo c...