Imagen extraída de Wikipedia.
Las elecciones al Parlamento europeo celebradas entre el 6 y el 9 de junio en los distintos estados miembros de la Unión Europea no presentaba una previsión halagüeña, y ni siquiera amable, para el conjunto de las izquierdas y de las europeas y europeos que queremos una Unión más fraterna, justa y con futuro. De hecho, los resultados son mucho más descorazonadores de lo que aparentemente pudiera parecer.
Se hacía evidente el auge de las extremas derechas en todos los países como reacción identitaria de unos electorados que castigan en primer lugar, a los propios gobiernos, al tomar por norma general estas elecciones como un plebiscito sobre la coyuntura política nacional, en vez de en las condiciones y decisiones que se toman en el seno de la Unión Europea. Y en segundo lugar, por la propia crítica furibunda de estos planteamientos ultra nacionalistas que alientan un repliegue en la patria y una voladura sin control de lo que supuso el proyecto supranacional europeo.
Es verdad, que el avance de las derechas ultras, nacionalistas y radicales no ha llegado al nivel que algunos vaticinaban, y que la casi ya perenne mayoría conservadora en el parlamento (con populares europeos y liberales) se va a mantener. Estos grupos junto a los socialistas permitirán una coalición obligada frente a la extrema derecha que propugna la disolución de la Unión, y frente a los grupos de izquierdas que critican la marcadísima agenda neoliberal que lleva la Comisión y que está perjudicando la vida y el bienestar de los europeos, al tiempo que crece la desafección y el hastío para con Europa.
Como digo la coalición “europeísta” (válgase el cinismo de este adjetivo) entre socialistas, conservadores y liberales se va a revalidar y dará para un nuevo mandato en la figura de Von der Leyen así como, y esto es más decisivo en un nuevo reparto de la Comisión europea. Estos no decidirán apenas que se hace en la Unión Europea. Todo pasará por el Consejo de primeros ministros, pero las tendencias ultraliberales y de alineamiento de esta élite política europea para con Estados Unidos o Israel marcarán el devenir de la legislatura los próximos 5 años.
Con el escrutinio en la mano es evidente la escora hacia la derecha del Parlamento Europeo. El Partido Popular Europeo (PPE) se ha convertido en el partido central del sistema lo que, junto con el avance de los grupos de ultra derecha divididos entre “Conservadores y Reformistas” (ECR), Identidad y Democracia (ID) y los No Inscritos (NI) cuya suma total los situaría como segundo grupo, aunque no parece que no habrá una unificación de las derechas extremas. Los socialistas europeos aguantan el tirón, a expensas del resto de las izquierdas (GNU), sin embargo, esta es la cámara de la serie histórica que más lejos se sitúa de la posibilidad de avanzar hacia una Europa de progreso. Y además, marca un hito en una senda conservadora y neoliberal ininterrumpida desde las elecciones europeas de 1999.
En segundo lugar, si bien las fuerzas de extrema derecha no suben tanto en número de votos totales (aunque si en algunos países) ni tampoco en cuanto a escaños, si que es evidente una consolidación de las posiciones de ultra derecha, abiertamente anti-europeístas dentro del Parlamento Europeo.
Otro aspecto a destacar es el impacto que las elecciones europeas están teniendo en varios países. La gestión de los gobiernos nacionales se ha puesto en el ojo del debate y la votación, mientras que una vez más, las cuestiones políticas que afectan a la Unión y sus contradicciones no han sido tenidas en cuenta ni por políticos (incluidos muchos de los eurodiputados y eurodiputadas elegidos), ni por los medios, ni mucho menos por el electorado en grueso. Incluso ha habido políticos desde la oposición como el mentecato de Feijoo, los fascistas de Polonia o los conservadores de República Checa lanzaron una campaña contra el gobierno del país, en vez de plantear los problemas y las soluciones que la Unión Europea tiene.
Más grave ha sido en Francia o en Bélgica. Si en París las consecuencias se medirán en unas elecciones legislativas en apenas un mes ante el avance de la ultraderecha, y la eventual y casi crónica ya ingobernabilidad de la Asamblea Nacional, en Bruselas por su parte, las elecciones europeas unidas a regionales y federales han supuesto un descalabro del partido del gobierno, el partido liberal, cuyo primer ministro dimitió anoche mismo ante los escrutinios confirmados.
En España el fracaso de unas izquierdas fragmentadas, incapaces de unirse para defender desde el europeísmo una agenda social y libertaria, de dignidad y protección de los derechos humanos, ha regalado varios escaños a la extrema derecha. Incluidos a personajes vividores que aparecen como anti-sistemas, cuando realmente son productos ideados y lanzados para garantizar con más fuerza aún el sistema de extracción de las élites propietarias sobre las clases trabajadoras. Es un fracaso absoluto de todas y todos, en especial de los medios de comunicación que no son capaces de descifrar estos movimientos que adelantan por la derecha, por la extrema, a todo el conjunto de partidos haciendo que los debates se pierdan, fracasen y que no se pueda hacer análisis serios y rigurosos. Todos quieren hacernos creer que el escrutinio es un refrendo a sus políticas y mensajes del último año, cuando en realidad están todavía temblando de que la anti-política casi les haya pasado por encima. También por supuesto, el electorado, irracional y ultra que deposita el voto en estos impresentables tiene mucho que auto flagelarse.
En general, la noticia de estas Elecciones al Parlamento Europeo de 2024 es que tenemos un Parlamento mucho más derechizado. Radicalizado y roto entre distintas familias políticas, en especial entre la centro derecha y la izquierda que se presentarían como europeístas. La idea de una Europa unida, social, de progreso y del bienestar, y de una Unión fuerte en un contexto geoestratégico internacional de mayores amenazas y cambios en las hegemonías internacionales queda seriamente tocada.
Países muy importantes a nivel simbólico, pero también económico y cultural, como Francia, Italia (ambos países fundadores) o Alemania o España (verdaderos motores económicos) las posiciones ultras y unos conservadores y liberales timoratos y subsidiarios de la extrema derecha auguran malos tiempos para la Unión Europea. Se viene una legislatura complicada, pero en la que no se va a avanzar en una mejor cohesión territorial, política, social o económica, y si en el desmontaje interno del proyecto europeo. Habrá que estar atentos.

