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sábado, 3 de enero de 2026

Agresión militar a la soberanía de Venezuela

  

La imagen de cabecera de este artículo ya ha quedado obsoleta. A menos de 10 días del primer año tras la segunda investidura de Donald Trump, y a tres días de cumplir los 5 años de su Asalto al Capitolio, el presidente naranja ha ordenado el bombardeo de Venezuela, así como el asalto de equipos especiales al Palacio de Miraflores, residencia presidencial, para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa. La acusación, torcitera y manipualda, es la de "líder de una trama de narco-terrorismo", en una suma hacia adelante en la que procuran una tibia carga moral a sus acciones para tratar de disimular lo evidente.

La suma de acontecimientos, culminados con la acción militar unilateral de esta madrugada en Venezuela (mañana en España), contaban con un aumento de la presión violenta e imperialista sobre el país sudamericano. Ataques y muertes a supuestas lanchas de narcotráfico, secuestro e incautación de petroleros, órdenes presidenciales que autorizaban operaciones encubiertas de la CIA sobre el terreno, y no menos importante, escalada del belicismo a través de la diplomacia tanto con sus aliados en el continente como en Europa. A estas horas, nadie esconde que en las últimas negociaciones con Putin al calor de lo que sigue ocurriendo en Ucrania, se ha tratado el tema de Venezuela, para con el mirar para otro lado autorizar los deseos de cada sátrapa en su área de interés. Y como siempre, la Unión Europea pillada con el dedo en la nariz.

A estas horas ya está difundida la imagen de Maduro maniatado con bridas de plástico y cegado con gafas oscuras de limitación sensorial. El anuncio de Trump a través de su red social privada, y después desde su residencia en Florida, donde pasa la mayor parte del tiempo jugando al golf-o, culminará el lunes con un paripé de juicio a Maduro en Nueva York. Y todo este secuestro ha sido el objetivo final de la primera invasión militar en suelo de una nación iberoamericana desde la ocurrida en Granada en 1983.

Evidentemente tal ataque carece, y de hecho ni ha procurado conseguir, del más mínimo aval jurídico o diplomático internacional. La legalidad brilla por su ausencia, si es que se puede hablar de legalidad cuando se trata de amedrentar y someter a naciones soberanas. Una vez más, una administración yankee sanciona la toma de decisiones unilaterales que supone la escalada de violencia, el asalto bélico, la apropiación de recursos estratégicos y materias primas, el ahogo económico de sociedades y naciones extranjeras y la representatividad de los dirigentes de aquellos estados. Ya sabéis: las elecciones, si las ganan “los nuestros” serán justas y de plenas garantías; si no es así, es que están manipuladas y carecen de rigor y verosimilitud. Y por supuesto, se deslegitiman hasta volverlas absurdas, las instituciones multilaterales, en teoría ideadas, para evitar los enfrentamientos bélicos. Se caen muchas caretas.

Toda esta operación militar corresponde en primer lugar a un nuevo lavado de cara de la administración Trump, toda vez que a un año vista desde su segunda investidura, la popularidad del mangante ha ido cayendo. Los bandazos en economía interior, la sangría constante de puestos de trabajo y la pérdida de muchas coberturas sociales siguen lacerando el populismo de un presidente, que al igual que en su primer mandato, es incapaz de dotar de dinamismo a un economía de tinte neoliberal que presenta severas disfunciones a la hora de dotar de bienestar a las poblaciones locales. De cualquier tipo de color de piel. Ni los abusos de matón de colegio con respecto a los aranceles, ni tampoco las amenazas de restaurar el área de influencia estadounidense en el hemisferio occidental, en especial, hacia Venezuela o Groenlandia, hacían reverdecer la popularidad del mangante. Las “nuevas” fotos con el pederasta de Jeffrey Epstein y el goteo de casos de abusos sexuales han acelerado un desgaste que trata de minimizarse a través de la invasión de Venezuela y el cambio de régimen.

En un segundo lugar, y por supuesto no menos importante, Estados Unidos y Donald Trump, así como la élite financiera, tratan de reflotar la economía patria, apoderándose contra natura de los recursos minerales de Venezuela. El petróleo sigue siendo fundamental en la economía, y pese a que se sabe que las reservas del país caribeño son de difícil extracción y penosa rentabilidad, mejor será tenerlas “controladas” que no expuestas al aprovechamiento de otras potencias, en especial China. De hecho, la amenaza que suponía el casi seguro cambio del dólar por el renminbi, la moneda china, como unidad monetaria de referencia para el negocio petrolero suponía una pérdida insoportable para las finanzas de la economía de Estados Unidos. En ese sentido, y fruto de la especial relación entre los opositores a los regímenes de izquierdas de países como Venezuela o Cuba, u otros latinoamericanos, era de esperar una agresión como la ocurrida en el día de hoy. De hecho, los contrarios al régimen bolivariano chavista dan mucha vergüenza ajena, cuando no miedo, alegrándose de que bombardeen su propio país. O incluso, pidiendo una intervención similar aquí.

Pero hasta aquí las razones convencionales. Hasta este punto la teoría geoestratégica clásica que ha tratado de explicar el ecosistema de relaciones internacionales en base a factores de teoría económica y política interna y externa. A partir de ahora hay que hablar de la víscera, de la reacción y de una concepción autoritaria del poder que desprecia, no sólo la legalidad internacional, sino otros aspectos de la democracia que le resultan molestos como la opinión pública, la libertad de prensa, la rendición de cuentas o el control legislativo por parte de las cámaras. Trump, y los fascistas repartidos por todo el mundo, interpretan el poder desde un punto de vista personal. Aúnan en su figura el estado y sus recursos e imponen su voluntad por medio de la amenaza de la fuerza y la violencia.

El resultado, como no puede ser de otra manera, es un peligro sistémico y sistemático para la humanidad y para el planeta. Una ausencia de responsabilidad moral, política e histórica que impide la contención y la comprensión ética de la realidad que queda sometida a los impulsos narcisistas y esquizoides de elementos que acumulan una concentración de riqueza económica, de impacto comunicacional y de poder militar como nunca antes se había visto en la Historia. Ni siquiera en el alzamiento de los fascismos de los años 30 en Europa.

Ante esta amenaza constante, hecha fuego y escombros en Venezuela, a la concordia y la legalidad internacional no cabría esperar otra respuesta que la unión de la comunidad de naciones, con sus respectivas sociedades al frente, para romper con esta inercia. Denunciar, y no sólo quedándose en las palabras, la agresión imperialista y neo-colonial de Estados Unidos. Romper las relaciones, especialmente las de ámbito cultural y económicas (expulsar de una vez las franquicias de comida rápida sería un buen comienzo). Clausurar para siempre el anacrónico y desigual pactismo que interpone la OTAN y organizaciones supranacionales claramente neoliberales, y por lo tanto, afines a los intereses de Estados Unidos, y contrarias a la tradición y necesidades europeas. Todo esto y más, exige una coordinación política y comunicativa, difícil de conseguir en este mundo de alzamiento del nuevo neo-fascismo, pero en algún momento habrá que romper estas cadenas con personajes como Trump, con Milei, Netanhayu, Urban, Meloni, etc. O será demasiado tarde.

De hecho, a los que conmemoran y celebran el ataque unilateral e indiscriminado de Estados Unidos en Venezuela, o que piden uno similar para esta España "comunista" según ellos, les invito a que revisen el listado que encabeza este artículo. Que lean las fechas y los países. Y que revisen, simplemente con ir a la Wikipedia basta, el estado actual de esas naciones. Como la mayoría han pasado de tener progreso y un futuro con garantías de igualdad, y la tan proclamada "libertad", a considerarse por todo el mundo como estados fallidos. Países sin unas mínimas condiciones de seguridad, legalidad, reconocimiento o solvencia para garantizar ya no sólo el bienestar de su población, su dignidad e identidad, que eso al fin y al cabo es lo que menos preocupa a Estados Unidos y a los neoliberales, sino de un básico nivel de estabilidad socio-económica que permita los negocios. La lista es interesante: Libia, Afganistán, Siria, Yemen, Haití, Somalia, Liberia, Irak... Reflexionen.

Y también reflexionen sobre el hecho innegable de que se alegran de esta violación flagrante del derecho internacional para derrocar un regimen publicitado como "comunista" o de izquierdas. Habría que veros si a estos defensores de la democracia y la libertad les hubiera dado en su momento por intervenir para derrocar la dictadura franquista (acuerdo que estuvo sobre la mesa y aceptado tanto en Yalta como Teherán), o en la actualidad en lugares donde están destrozando los derechos humanos como El Salvador o Argentina. Pero claro, si las elecciones las ganan "los nuestros" son ejemplos de "libertad, soberanía popular y garantías democráticas", y sin embargo, si las ganan los otros, la izquierda, entonces esas mismas elecciones "están manipuladas, robadas, es un fraude y sus vencedores ilegítimos".

Por su parte, a la ciudadanía no nos queda otra que organizarnos en defensa de la democracia y la soberanía de los pueblos. Volver, si es que se ha hecho alguna vez, a exigir el respeto a los derechos humanos, especialmente el de la vida en dignidad y la identidad de todos los colectivos. Y que está demanda se convierta un cimiento básico de cualquier gobierno. Volver a salir a las calles es el mínimo que nos queda en este contexto para denunciar esta agresión fascista y neo-colonial, así como la conveniencia de Estados Unidos con el genocidio en Gaza. Y fundamentalmente, con la promoción de un modelo social, económico y político empeñado en robar dignidad a las clases trabajadoras de todo el mundo y en generar estados vasallos que le deban sumisión y funcionen como sucursales de un estado de las cosas que se demuestra fallido y criminal.

En este 2026, cómo no, seguimos ante un momento histórico importantísimo. Toda persona demócrata, que crea en la libertad y la igualdad. Que se considere una buena persona y piense en un futuro mejor en el que vayamos en una mejora constante en las condiciones de vida de todo el mundo tiene que implicarse y sumarse. Generar un proceso de organización y movilización frente a estas agresiones constantes, este estado de malestar y esta inseguridad vital, climática, económica, política y social que quieren imponernos las élites neofascistas. No valen silencios, ni individualismos, ni indiferencias, como tampoco agitar banderas interesadas o prejuicios de todo tipo (raciales, culturales, económicos, etc.). O damos batalla por un mundo digno, o nos arrastran a la barbarie y el fango.

Solidaridad con Venezuela y con todos los pueblos dignos y libres. Lucha frente al fascismo.

 


jueves, 3 de noviembre de 2011

Libia ayer, Libia hoy

 

Dejar claro, lo primero de todo y antes de nada, que el régimen de Gadafi en Libia era una dictadura. De izquierdas, pero una dictadura. De esas que Europa y occidente consideran amigos mientras controlen, con un gobierno títere, la producción materias primas (normalmente petróleo) y de los costes de producción (normalmente mano de obra). También resultan útiles si son capaces de controlar la inmigración, aunque esto por lo complicado de la empresa, mientras se mantenga el yugo opresor capitalista y occidental. Y de un tiempo a esta parte si además de todo eso, se postulan como base logística y de apoyo en la guerra contra el terrorismo.

Pero llega un día en que estas dictaduras, con sus pintorescos dictadores se vuelven incómodas. Puede ser cuando el títere decide cortarse las cuerdas que dictan sus movimientos desde la antigua metrópoli, o cuando al oprimido pueblo le da por rebelarse y pedir altas dosis de libertad, democracia o religión (bastante común en los países islámicos). Entonces tenemso que eliminar a nuestro antiguo amigo y aliado, generar un nuevo régimen que mantenga el cotarro del negocio mundial, para occidente denigrando las libertades, derechos y deberes del hemisferio sur. Ya lo dijo, el mísmismo Rajoy -“las ansias de libertad del pueblo egipcio han de estar condicionadas a la estabilidad de la política internacional y los intereses de Europa y Estados Unidos”-. Pero claro, llega un momento en el que las apariencias no se pueden guardar.

El caso es que primero en Túnez, luego en Egipto donde también se masacraban libertades y ciudadanos. Marruecos. También Siria y Yemén. Nadie había oído hablar que allí hubiera una dictadura. Eran amigos del régimen. Del régimen capitalista claro. Gobiernos a sueldo de occidente para la estabilidad en la zona y funcionar a modo firewall del avance del islamismo, pero también la balanza de pagos, y la endeble salud del sistema económico mundial que se caracteriza por una brutal desigualdad alimentada por el colonialismo del siglo XIX, donde la riqueza de los países ricos es la miseria de los pobres; y el nivel de vida de los pobres, no aumenta por el yugo opresor del norte.

Estos países tenían dictadura. No eran veladas por los medios en occidente, pero a poco que uno investigará, se daba cuenta de lo que había. Las que si salían en las ondas son las de Cuba, Venezuela y Libia. El régimen de esa caricatura humana, adicta al botox, los chandals de colores, las jaimas, las guardias personales de virgenes caracterizadas de Rambo, y antiguo militar llamado Gadafi y sus vástagos llevaba casi 40 años torturando y oprimiendo a la ciudadanía libia.

Bajo un supuesto interés democratizador y en auxilio a los insurgentes libios masacrados sin piedad por Gadafi, se esconde la necesidad de mantener controlada la frontera sur de la UE, con respecto a la inmigración subsahariana y asegurar el suministro energético. Respecto a los costes de la operación, serán costeados con los recursos naturales de la propia Libia, como ya se hizo en Kuwait y en Irak

Así funcionó la intervención internacional en Libia, forma eufemística de referirse a un ataque que tiene poco de humanitario y mucho de interesado. No es creíble por parte de la misma comunidad internacional que mira para otro lado con los saharauis o los palestinos, por mencionar dos pueblos oprimidos en la misma zona, pese a las resoluciones de la ONU, dar rienda suelta a la industria de guerra como método de democratización no es más que una falacia y una hipocresía que nuevamente plantea el debate entre belicistas y pacifistas. El No a la Guerra fue para unos un instrumento electoral pero para la izquierda debe ser y es un concepto estratégico fundamental. La justificación de la intervención en Libia es la misma que se ha usado en cada guerra del capital: la propaganda hace su trabajo y la opinión pública asume el mal menor, y se dirá que hay que parar matanzas del mismo modo que posteriormente se callaran los mal llamados daños colaterales.

Cierto es que Libia es un estado rico, donde a diferencia de los estados petroleros del golfo, se mantiene niveles de protección social y un discurso más nacionalista que religioso. Gadafi fue antiimperialista, luego terrorista, para terminar convertido en aliado contra Al Qaeda, con amigos a izquierda y a derecha. Gadafi no es referente a seguir, al igual que no lo era Saddam Hussein. Pero comparten las mismas fotos de amistades con los mismos que ahora le repudian y repiten el mismo discurso democratizador para justificar la intervención y la “liberación” del Pueblo. Y es que aquí es donde vienen las verdaderas víctimas: La población libia. Da igual que estuvieran a favor o no del derrocamiento de Gadafi y su oligarquía hereditaria.

Al hilo del linchamiento y ajusticiamiento de Gadafi y uno de sus hijos, ha salido a la luz (siempre que entendamos por luz, la pequeña linterna internauta donde se pueden encontrar opiniones y argumentos de cualquier posición, y un espectro de veracidad mucho más amplio que los tradicionales medios generalistas) posts y datos sobre la situación de Libia antes de las revueltas y por supuesto antes de la intervención militar.

  1. No hay ninguna factura de la luz en Libia, la electricidad es libre para todos sus ciudadanos .
    No es totalmente cierto, aunque sí en buena parte. Existía un consumo máximo dentro de la gratuidad y una gran dejadez al mirar los contadores en el caso de que existiesen. Y no siempre existían. En general, si no hacía el tonto con un derroche ostentoso, no pagabas nada.
  2. No hay interés de los préstamos, los bancos en Libia son de propiedad estatal y los préstamos concedidos a todos sus ciudadanos en el cero por ciento de interés por la ley. La usura está prohibida y penada por Ley.
    Sí, y era muy difícil conseguir un préstamo, sobre todo para un extranjero. Al final, había que acudir a los prestamistas judíos o cristianos, con interés, porque los otros te volvían locos con el papeleo y las condiciones. La gente se quejaba bastante de eso.
  3. Tener un hogar considerado como un derecho humano en Libia. Gaddafi prometió una casa a todos antes de poner una casa para su padre y mantuvo su promesa: su padre murió sin casa.
    Ni el padre de Gadafi ni mucha gente. Había un gran problema de vivienda, pero motivado pro el gran crecimiento de la población. De hecho, mi amigo trabajó allí en la construcción porque se construyeron muchas decenas de miles de viviendas en pocos años. Fue insuficiente, pero se hizo un enorme esfuerzo.
  4. Todos los recién casados ??en Libia recibe $ 60.000 dinares (50.000 dólares EE.UU.) por el gobierno para comprar su primer apartamento para ayudar a la puesta en marcha de la familia.
    Había ciertas condiciones y parece ser que no lo recibía todo el mundo, pero no puede dar más datos porque no lo sabe.
  5. Tratamientos de la educación y de atención médica gratuita en Libia. Antes de Gaddafi sólo el 25 por ciento de los libios sabían leer y escribir. Hoy en día, la cifra es del 83 por ciento.
    Total y absolutamente cierto. Educación y sanidad muy superiores a cualquier país del entorno, y sin comparación posible.
  6. Cualquier libio que quiera ser agricultor recibe gratis, tierra, una casa, animales, equipo de agricultura y semillas.
    Es una ayuda similar a la que se presta en otros países, aunque puede darse en concepto de préstamo como colono. Esto ya es de mi cosecha: durante el franquismo fue muy frecuente en España, a través del Instituto Nacional de Colonización.
  7. Si los libios no puede encontrar las instalaciones educativas o médicas que necesitan, los fondos del gobierno a ir al extranjero, ya que no sólo es pagado, pero que reciben un mes de EE.UU. $ 2.300 / para gastos de alojamiento y coche.
    Sólo teóroico: en la realidad había que ser pariente de alguien para conseguir eso.
  8. Si uno se compra un coche de Libia, el gobierno subsidia el 50 por ciento del precio.
    No. Te puede eximir de ciertos impuestos, pero sólo eso. (Que no es poco)
  9. El precio del petróleo en Libia es de $ 0,14 por litro.
    Sí, pero no es de extrañar, porque lo producen ellos.
  10. Si un ciudadano libio no puede conseguir empleo después de graduarse el estado pagaría el salario promedio de la profesión, como si él o ella se emplea, hasta que el empleo se encuentra.
    Y si no lo encuentra, se le da cualquier empleo, pero trabaja todo el mundo. Hay más trabajo que trabajadores. Por eso había tantos inmigrantes de fuera, como Mus.
  11. Una madre que da a luz a un niño recibirá 5.000 dólares EE.UU.
    Cierto.
  12. 40 barras de pan en Libia cuesta $ 0,15.
    Toda la alimentación era muy barata.
  13. 25 por ciento de los libios tienen un título universitario.
    Muchísima gente con estudios. La cifra no puedo precisarla.
  14. Gaddafi llevó a cabo la más grande del mundo proyecto de riego, conocido como el proyecto del Gran Río artificiales , para que el agua disponible en todo el país desierto.
    Cierto. Una cosa impresionante que hacía que sobrase la comida y fuese tan tremendamente barata.
  15. Gaddafi cree en la democracia directa que está en su Libro Verde…. Y fundo la UNION AFRICANA como instrumento de liberación del imperialismo.
    De democracia nada. Aquello era una dictadura férrea.
  16. Gadafi fue el primer gobernante mundial mucho antes que EE.UU que dicto una orden de busca y captura contra Bin Laden, combatió el terrorismo con firmeza en Libia.
    Verdad.Cualquier sospecha de pertenecer a un grupo islamista o simpatizante te llevaba a la cárcel en un momento.
  17. Libia era un país con trabajo y riqueza que acogía a cientos de miles de trabajadores extranjeros por su mayor desarrollo que los países vecinos.
    Allí había miles y miles de inmigrantes de otros países africanos trabajando, porque las condiciones eran mejores que en le resto del entorno.
  18. En España has visto inmigrantes marroquíes, argelinos, africanos… ¿pero conoces a algún inmigrante Libio?
    No, o muy pocos. No vienen porque en su país había trabajo y se vivía bien.

Ya véis, unas cuantas medidas de izquierdas de Gadafi, parabienes que interesaba mantener ocultas a la opinión pública. No justificó su dictadura, no equivocarse, pero como bien sabemos en este país, si cuando hablamos del franquismo, en el debate y por parte de un nostálgico del regimen se habla de que hizo todos los embalses y pantanos (la verdad histórica, es que aplicó el Plan Hidrográfico de Indalecio Prieto planteado en 1932, si durante la II República) quizás haya que ser justo y denunciar todo lo execrable de tan ignominioso régimen y también recordar y estudiar sus medidas más sociales, y populares que permitieron al pueblo libio tener el nível de vida más alto del magreb, y uno de los mayores de toda África.

Ya sabemos lo que pasará. Por un lado los libios, verán como se denigrán sus libertades hasta el punto de que les pongan como ejemplo la transición española y les apliquen libreto neoliberal.  Nosotros egoístas, seguiremos con nuestros carburantes por las nubes, y sin apuesta en firme por energías renovables, más baratas, que requieren eso sí inversión, tanto en insfrastructuras públicas como privadas. Y en el aspecto internacional, el día que Israel bombardeé Palestina, dirán que Libia era una dictadura, como lo son la cubana o la venezolana, obviarán los nombres de Siria, Marruecos o Túnez, y afirmarán sin rubor que Israel es una democracia. Mientras tanto, la realidad es la que es y de la que muchos despertamos, cual Matrix: Todos bajo el yugo dictatorial del capitalismo.

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