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miércoles, 24 de junio de 2026

Barbarians: Un emblema del rugby y del deporte


  

El 9 de abril de 1890 en el Leuchster Restaurant de Bradford, Inglaterra, un grupo de jugadores de rugby de los dos equipos del barrio se juntó para almorzar y bajo unas pintas charlar sobre la temporada que acababa de terminar. Los jugadores se sentían huérfanos de partidos ya que hasta finales de octubre no podrían retomar su deporte y actividad de hermanamiento. En ese instante, traído por una lógica aplastante, uno de ellos, William Percy Carpmael tuvo una genial de idea: Juntar a los mejores jugadores de ambos equipos en uno sólo, sin distinción de a que fábrica, gremio y confesión perteneciesen, sólo para jugar al rugby, y hacerlo contra algunos otros equipos durante los meses hasta la nueva temporada.

Lo que comenzó como una aventura para pasar el verano, en el fondo tenía la intención de aunar un colectivo que diera un paso más y construir un equipo más fuerte. Carpmael era un fornido delantero que pasó por la Universidad de Cambridge y había jugado en los dos equipos y sentía que una unión de ambas estructuras les permitiría mejorar su nivel, y sobretodo, jugar más partidos. La idea en un primer momento era construir un equipo que pudiera hacer pequeñas giras por Reino Unido, de una o dos semanas. Un inicio extremadamente similar a lo que sucedió en pueblos y ciudades de toda Gran Bretaña (y todavía hoy sigue sucediendo en muchos lugares y con muchos deportes).

Pero algo cambió. El 27 de diciembre de 1890 en el Friary Field ante el equipo de Hartlepool, los Southern Nomads, un equipo compuesto por jugadores de los condados industriales del Norte, vencieron al conjunto local por 9-4 celebrando el Boxing Day (luego se pasó al día 26 cuando se permitió a las tiendas abrir ese día), e iniciando el recorrido de un equipo de leyenda. El viaje había sido de “apenas 150 kilómetros” pero fue suficiente para fijar la tradición de esas pequeñas giras para 3 o 4 partidos. Al acabar el partido tomaron el nombre de Barbarians.

Su indumentaria fueron unas camisetas a rayas gruesas horizontales blancas y negras, con pantalón negro. Para las medias usaron las de sus equipos de origen. Y esa tradición y esa ropa de juego les acompaña hasta el día de hoy. Incluso cuando los jugadores internacionales son convocados y pueden calzarse una pierna con una media de su club profesional, y otra con la de su selección. Otros se ponen la media de su club o escuela como recuerdo y respeto a sus orígenes. Los Barbarians habían nacido y con el tiempo ganaron su propio apodo tomado de la contracción del nombre: Baa-Baas.

Desde un primer momento la composición del equipo no debía quedar ligada únicamente a la pericia en el campo. Tenían que ser buenos jugadores por supuesto, pero fundamentalmente debían ser buenos deportistas. Los valores de respeto, educación y compañerismo quedaban por encima de la técnica o el físico. También era primordial inculcar un estilo de juego y presencia en la gira en la que la diversión fuera el gran objetivo. Dentro y fuera del terreno de juego. Conjugar ambas vertientes, los valores del rugby y la propuesta festiva, era una seña de identidad del nuevo conjunto, y ante la segunda gira que tomaron, en 1891 por el Este y Sur de Gales, se plasmó en el lema: “Rugby Football is a game for gentlemen in all classes, but for no bad sportsman in any class” (“El Rugby es un juego para caballeros de todas las clases, pero no para ningún mal deportista de cualquier clase”).

Este emblema fue pronunciado por el obispo Walter Julius Carey, ex jugador de rugby, aficionado y prelado en Bloemfonteim quien resumió a la perfección el espíritu de los Barbarians y el leiv motiv que los iba a mover de ahí en adelante.

Por todo ello, desde el primer día y hasta hoy ser convocado por los Barbarians es el mayor orgullo que un jugador de rugby puede recibir. Y es algo que no queda restringido a los Baa-Baas, sino que más aún, muchos clubes amateurs han instaurado su propio Barbarians para seguir llamando a los antiguos jugadores para celebrar jornadas festivas y homenajearlos y agradecerles, y con ello al mismo rugby.

Con los Barbarians y en aquellas primeras giras a finales del siglo XIX y primeros del XX se fijaron una serie de partidos tradicionales y anuales de los Barbarians. El partido del Boxing Day, contra Leicester Tigers se jugó desde 1909 hasta la irrupción del profesionalismo en 2006.

De la primera gira por el Gales se fijó un Easter Tour, es decir, una gira en semana santa en la que les llevaba a enfrentarse a equipos en Penarth (el Viernes Santo), Cardiff (el sábado santo), Swansea (el Lunes de Pascua) y Newporth (al día siguiente martes) y que también se mantuvo hasta finales de los años 90.

Los Barbarians han tomado parte de las conmemoraciones por las Guerras Mundiales, con su homenaje anual al soldado y ex-jugador Edgar Moobs quien murió durante la Primera Guerra Mundial y que fue recordado con un partido anual contra Northampton o una selección de las east midlands. También participan en el Día del Recuerdo, durante la conmemoración de noviembre, en el que tradicionalmente jugaban un partido contra el equipo de los ejércitos británicos. Estos partidos se han visto relegados por el auge del profesionalismo en el rugby, pero se han recuperado con el concurso de ex-jugadores y aficionados.

El The Final Challenge es el último partido de la gira que los Barbarians juegan en Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica. Se toma como el partido más importante de la serie y suponía el enfrentamiento contra la selección nacional del país en cuestión. En las giras por el hemisferio sur suponían una estancia de un mes recorriendo el país, lo que hacía que no todos los años se produjeran por su coste, y los partidos contra Wallabies, Springboks o All Blacks eran acontecimientos tan importantes como los propios partidos de estos contra los British Lions (después British and Irish Lions) o las visitas de Inglaterra.

Del mismo modo cuando estas selecciones devolvían visita en el Norte podía darse un partido contra Barbarians, normalmente al comienzo de la gira, dejando el partido cumbre, el último contra el anfitrión, la selección nacional.

 


Los Barbarians en Twickenham antes de jugar contra Inglaterra en mayo de 2017. David Rogers - FRU.


Hoy en día, en el rugby de élite, hiper profesionalizado, donde las televisiones imponen sus propios ritmos a los jugadores, los clubes, las federaciones y las instituciones que deberían velar por la salud de toda la familia del rugby, los partidos de los Baa-Baas no han perdido su trascendencia. Éste de por sí es un gran logro de la institución de Barbarians y de la familia del rugby.

En la actualidad la convocatoria de Barbarians sirve de homenaje y despedida a jugadores que abandonan la práctica profesional, por lo que se premia y loa sus servicios con los honores de enfundarse el uniforme a franjas blancas y negras y el escudo bordado con el entrelazado de las letras B, F, y C (Barbarians Football Club). También sigue siendo un hito en la conmemoración de los jugadores que han brillado por su desempeño tanto dentro como fuera del terreno de juego, sobretodo si han protagonizado acciones deportivas y reverenciales por el rugby, sus estamentos (en especial el colectivo arbitral) y en favor de la comunidad. A la icónica camiseta le acompañan desde 1929 la entrega de la chaqueta azul y su corbata correspondiente, y al acabar el partido de la gorra (la cap) conmemorativa del enfrentamiento con la fecha y el emblema de cada equipo, tradición está de cualquier partido internacional de rugby.

Eso sí, ante cualquier partido los Barbarians tienen la tradición de presentar un 15 de inicio con al menos un jugador debutante, esto es, que nunca antes haya jugado con los Baa-Baas. De este modo se va agrandando la familia barbarian, y mantiene la incertidumbre y la ilusión por ser convocados en los propios jugadores y también en los aficionados. Evidentemente estos condicionantes ponen en dificultad el montar un equipo sólido para el entrenador (otro gran honor), pero la trascendencia y el simbolismo de vestir las franjas negras y blancas se ponen por delante.

En todos estos años los Barbarians han jugado en más de 25 países, enfrentándose a selecciones nacionales de Oceanía, África, América y Europa, además de con los British & Irish Lions y partidos contra clubes y franquicias de los principales países del rugby union. La lista de jugadores que han participado es colosal y un quien es quien de la Historia del rugby.

Carl Aarvold, Adrian Stoop, Cyril Holmes, David Duckham, Peter Thompson, Bleddyn Williams, Jack Matthews, Malcolm Thomas, Andy Mulligan, Jack Kyle, Cliff Morgan, Tony O’Reilly, Arthur Smith, John Spencer, Mike Gibson, Andy Irvine, Gareth Edwards, Jonathan Davies, Gavin Hastings, Jeremy Guscott, Nick Farr-Jones, Francois Pienaar, Zinzan Brooke, Joost Van der Westhuizen, Olivier Magne, Lawrence Dallaglio, Santiago Cordero, Felipe Contepomi, Jonah Lomu, Brian Habana, Brian O´Driscoll, Dan Carter, Jerome Kaino… Curiosamente no ha jugado contra Francia, al ser un equipo eminentemente británico, la propia federación francesa impulsó sus propios barbarians franceses. Recientemente jugadores franceses ya han sido llamados y han jugado con los Baa-Baas.

Entre los partidos icónicos a guardar y recordar destaca el famoso partido contra los All Blacks el 23 de enero de 1973 en el Cardif Arms Park, que muchos consideran el mejor partido de la Historia del rugby y que aloja el mejor ensayo sin discusión. Aquel que anotó la leyenda de Gales Gareth Edwards tras una espectacular jugada coral.

 


 

Por último señalar que esta genial tradición y emblema se ha instalado como tiene que ser en el rugby femenino y desde 2017, el Nomads Women's rugby team, convoca a las mejores jugadoras internacionales con el mismo espíritu y reverencia que los Barbarians.

Ahora que ya está la gira de Barbarians hay que buscarse los partidos, como el del pasado sábado ante Sudáfrica en Twickenham y el de este sábado ante Gales (que servirá de homenaje a George North y con enfrentamiento previo también en femenino) porque más allá del espectáculo y del propio rugby, está el juego en sí, los valores que representa y el respeto que atesora.

 

lunes, 14 de marzo de 2022

Clasificación Mundial


Imagen tomada de Revista22

 

Ayer fue otro de esos días históricos del deporte español. Quizás uno de los más importantes aunque no lo parezca. Una de las hazañas más sobresalientes protagonizada por un combinado nacional.

Ayer, domingo 13 de marzo la selección masculina de rugby, los leones, se clasificaban por segunda vez para la Copa del Mundo del Rugby. La primera y única fue hace 24 años. Un hito histórico y trascendental.

Y lo hizo con un partidazo brutal que no puedo más que recomendar que veáis mientras yo lo guardo en mi cofre del tesoro, mi disco duro, ante Portugal. Ambas selecciones ibéricas protagonizaron un evento con una intensidad máxima y un nivel rugbístico sobresaliente.

Si hubiéramos tomado por el rojo de España a Gales y por el verde portugués a Irlanda, habríamos pensado, y con razón, que estábamos viendo un partido del VI Naciones. Del de verdad, del importante. Y resulta que leones y Os lobos se fajaron durante la mediodía madrileña y en el vetusto campo de La Central, en uno de los partidos de rugby total del año en el continente europeo. Así de claro.

Para ambos el partido era el momento de certificar un pase histórico a una cita mundialista, y aunque la presión era total, el nivel de juego mostrado fue sublime. Con una anotación alta fruto, no de errores y fallos defensivos, sino de un acierto ofensivo máximo por ambas escuadras, potenciando cada una sus virtudes: España su dinámica delantera, con un trabajo en el maul digno de mención. Portugal con un rugby de despliegue y a la mano de muchos kilates. La pericia defensiva de ambos se desajustaba por el empuje y la intensidad de unos y la precisión y el vertiginoso ritmo de otros. El partido llegaba al descanso 24-17 para los locales cuyos cuatro ensayos habían sido firmados por la delantera con un Marco Pinto excepcional, mientras que las marcas lusas venían del talento de sus tres cuartos.

A la vuelta el partido se volvía más táctico. Tanto España como Portugal jugaban con el marcador e iban pasando golpes de castigo (Ordás por España y el excelso medio melé Marques por Portugal) para vivir en la incertidumbre del ensayo transformado. El cansancio también jugaba su partido y aparecía para apuntalar varios errores en forma de pérdidas de balón de uno y otro contendientes. Los cambios mordían el césped mientras se desangraban los minutos hasta la jugada clave:

Tras un golpe de castigo en la melé por parte de España, Portugal manda el oval a la 22 en el minuto 71. El partido está en +10 puntos a favor de España. Portugal gana la touch y monta un perfecto maul, que es capaz de llevar a un metro de la línea de marca hispana. España lo para con infracción que otorga ventaja a los visitantes que tratan de encontrar el hueco en la línea local, defendida con vigor hasta el balón injugable.

Vuelve el balón a la touch a 5 metros y se repite la secuencia por segunda y tercera vez. Portugal pese a desplegarse hacia el otro lado es incapaz de firmar el ensayo y España recupera el oval hasta alejarlo de su zona de ensayo. Ya en el 80 cantándose la victoria española en la grada, los lusos consiguen posar y dejar el marcador final en el 33-28.

Partidazo épico para cerrar una clasificación que tendrá su colofón el próximo domingo en Tiblisi, donde España puede, si derrota a Georgia, ganar el Campeonato de Europa por primera vez.

Pero lo importante es la clasificación al mundial conseguida tras todo lo que ha pasado estos años.

Para empezar y para dotar de heroísmo al hito, España perdía los tres primeros partidos de la competición, contra Georgia, Rumanía y Portugal, dejando muy malas sensaciones de juego e infinidad de infracciones que mostraban la total falta de concentración del grupo.

Sin embargo, se han podido rehacer y desde entonces sumar 6 victorias consecutivas y aprovecharse del traspiés rumano en Krasnodar. Cuando más difícil parecía, cuando no cabía esperanza, los leones, se reponían en el seno del vestuario y sin nada que perder volvían a fortalecer sus señas de identidad y aplicarse en el terreno de juego para ir sumando las victorias (algunas terriblemente sufridas como la visita a Krasnodar con el ensayo de la victoria, y fundamental para la clasificación, en el minuto 82) y otras desoladoras como la que dejó la victoria en Países Bajos, donde tras el partido, en el Tercer tiempo, un trágico accidente se llevaba la vida de Kawa Leauma.

Tras esta terrible pérdida, el equipo se recompuso y ha ido mejorando en juego y concentración para al final sumar la clasificación Mundial en el día de ayer.

Con el mismo grupo, salvo un puñado de recambios por retiradas, España afrontó y consiguió la clasificación con la misma receta en la construcción del equipo: Jóvenes y veteranos jugadores nacionales que juegan en España o en Francia; y pescar en los jugadores franceses con ascendencia española o en los jugadores del Hemisferio Sur que juegan en España.

Aprovechando al máximo y al filo de la norma, la normativa que nos castigó en 2018, esta vez, parece que si, se ha conseguido un objetivo trascendental que debe de servir para una mejora de la situación general del rugby en nuestro país. Si formar parte de un Mundial, no se traduce en más fichas, más equipos, más ligas, más presencia mediática y más recursos (empezando por un estadio de primer nivel y mejores condiciones) para mejorar y acabar componiendo una selección nacional reconocible y con la que se pueda identificar cualquiera, éste éxito será una gota en un océano.

Estos días no he podido dejar de recordar lo sucedido en 2018. El robo descarado de un partido. Una federación europea que funciona como una mafia organizada, delinquiendo y malversando el caudal moral del rugby. Una federación mundial que tras muchas buenas palabras, y con el paso del tiempo como aliado, dio por validos los argumentos de alineaciones indebidas por parte de Rusia, dejando sin tocar y sin revertir el precedente de un partido comprado al máximo nivel. Sin más protestas o amenazas de ir a la justicia ordinaria por parte del rugby español. Aceptando sumisamente lo dictado por el órgano rector del rugby mundial. Pero ahora, hoy, en marzo de 2022 parece como si aquella claudicación se haya cobrado ahora.

Porque ante la guerra entre Rusia y Ucrania y el boicot internacional occidentalista a todos los niveles para con Rusia, el deporte y el rugby no han sido distintos. Se ha prohibido la participación de los equipos rusos y a la hora de jugarse la clasificación había que decidir qué pasaba con los partidos jugados y los por jugar de los rusos

Y en una decisión sorprendente y que contradice los propios acuerdos firmados por los países participantes y la Word Rugby, ante casos de suspensiones (en principio, por situaciones derivadas de la pandemía), el máximo órgano rector del rugby mundial decidía mantener los resultados de los partidos jugados, concediendo o preservando, el valor de los puntos ganados con sudor, sangre y lágrimas sobre el césped.

Pareciera, y no quiero que se me mal entienda porque tras estos seis partidos, España está justamente en un Mundial (como debió estarlo en Japón 2019), que ahora han recompensado al rugby español.

Pero lo cierto, y esperemos ya inamovible, es que España, el rugby español, jugará su segundo mundial masculino a finales del verano del año que viene en Francia.

Habrá que intentar estar ahí.

martes, 17 de marzo de 2020

Día 3 de confinamiento. Un poco de rugby desde el salón



«Nous cherchons tous le bonheur, mais sans savoir où, comme des ivrognes qui cherchent leur maison, sachant confusément qu’ils en ont une».
Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo confusamente que tienen una”
Voltaire
En estos días de confinamiento no tengo que buscar casa pues el problema viene de no poder salir de ella. La situación se agrava eso sí a la hora de matar buena parte del tiempo despierto que pasamos en el hogar, más si cabe cuando se es un gran aficionado al deporte, con el cierre de las temporadas de los deportes profesionales.
Baloncesto, balonmano, ciclismo y rugby, que son los que más me entretiene en eso del sillón ball, han dejado las competiciones nacionales, internacionales e incluso pre-olímpicas a medias o directamente sin empezar y todo hace indicar que dadas las medidas restrictivas empleadas nos veamos con una muesca en los palmares en referencia al año 2020. Asteriscos y llamadas a pie de página para resaltar la excepcionalidad del curso deportivo vigente con campeonatos terminados, campeones exentos y de momento clubes y trabajadores sin saber muy bien qué hacer mientras se supera la crisis del coronavirus.
El rugby no ha sido menos y ha echado el cierre a todas las competiciones en Europa, incluso al SuperRugby recién comenzado en el Hemisferio Sur. El VI Naciones suspendió su última jornada que debió disputarse éste pasado finde (además del Irlanda vs Italia en Dublín de la semana anterior) y en principio se deberá cerrar el torneo en la ventana internacional de noviembre, lo que hará recolocar todos las competiciones de clubes, puesto que en el mes otoñal ya estaban dispuestas las fechas para las visitas de las potencias del sur.
Así tendremos una última jornada en la que se decidirá casi todo -sólo una improbable victoria italiana en la capital irlandesa abriría también el melón de la Cuchara de Madera- y en el que habrá que ver como llegan los equipos con lo cual la clasificación final quedará seriamente desvirtuada, por lo que para hacer una análisis de lo visto en el primer VI Naciones tras el último mundial en octubre del año pasado hay que sentarse ahora y reflexionar.

Siguiendo la clasificación al revés de abajo a arriba.
Italia. El XV Azurri se encuentra en una situación más que comprometida. Salvo sorpresa mayúscula en el Aviva, certificara una nueva Cuchara de Madera más y un año más, el cuarto consecutivo sin sumar una victoria. Lejos de eso y teniendo en cuenta que ha seguido una renovación de nombres, con el último el capitán Parisse que cerrará su etapa en el último partido en el Olímpico de Roma ante Inglaterra, la desazón viene en como han sido esos partidos. No ha disputado ninguno.
Defensivamente en ataques cerrados se sigue mostrando fuerte y capaz de recuperar ovales. El problema es ofensivo, como desplegarse, como avanzar metros sin perder el balón que es ahí en el contraataque rival donde han tenido dificultades severas para replegarse y frenar el avance contrario.
Todo ello mientras al calor del dinero empezando por la pasta que gana la candidatura oficialista a la presidencia de World Rugby los rumores de su exclusión del torneo para dejar hueco a Sudáfrica se han disparado. Se buscaría mayor incertidumbre en el vetusto campeonato y justo vendría a imponerse ahora donde en la categoría sub20 su selección compite y vence a sus rivales. Va a tener que sudar tinta en los despachos y en los campos de entrenamiento y juego para mantener su posición en tan prestigioso torneo.

Gales. Un año después de su Grand Slam y apenas 5 meses tras su semifinal mundialista el XV del Dragón parece desnortado y desmoralizado. Sin duda la marcha de su líder, el entrenador Warren Gatland ha dejado huérfano a un equipo antaño muy difícil de batir y con mucha mordiente en ataque. Su sustituto, Wayne Pivac, no ha introducido ni nuevos nombres ni nuevas tácticas y lo expuesto en el campo es lo mismo que antes, pero se están viendo las costuras al juego galés que resulta monótono y plano, con serias dificultades para dominar a las delanteras rivales en fases estáticas, y con una bisagra tremendamente errática.
Tiene mimbres y tiempo Gales para mejorar pero visto lo expuesto en estas primeros cuatro partidos ya crecen voces clamando por la vuelta de Gatland. Movida está también la cosa en Cardiff.

Irlanda. En el XV del trebol todavía nos estamos preguntando que pasó antes del Mundial de Japón como para disertar sobre lo visto hasta ahora en el VI Naciones. El equipo imbatible en 2018 se convirtió en una máquina irregular en el rendimiento, incapaz de llevar el ritmo de los partidos y por ende sufriendo lo indecible. El famoso informe que la Union solicitó a su ex-seleccionador Joe Schmidt debía explicar algo de lo sucedido y más allá de notables ausencias en la convocatoria, algunas por lesión (O’Brien, Leavy, Conan) otras por decisión técnica (Marmion, Toner, Murphy) el nivel de Murray y Sexton pueden explicar lo ocurrido en Japón y visto ahora en el 2020. Hasta empiezan a sonar reclamaciones para que el talento que atesora Leinster se distribuya más equitativamente por las otras provincias de la isla.
La bisagra irlandesa, un año más mayores, no está rindiendo como se esperaba. Murray arrastra una lesión desde verano de 2018 y no ha vuelto al excepcional nivel que mostró en aquel VI Naciones. Y el siempre mimado Sexton tampoco está desarrollando el nivel que le valió ser elegido sin discusión mejor jugador del mundo ese año.
Ahora ya con Andy Farrell como seleccionador Irlanda ha apostado por un mayor control defensivo. Se está sufriendo en delantera ya que la retirada de Best no ha traído un talonador que iguale el nivel del ex de Ulster y los problemas de la bisagra impiden lanzar un ataque que sea eficiente y divertido. Irlanda aburre, pese al buen nivel dado por los centros (Aki y Henshaw) y de la tercera (O’Mahoney, Van der Flier y Stander) e incluso salta al campo desangelada y sin poner apenas oposición como en la tercera jornada en Twickenam. Hasta Stockdale aparece triste y sin incidencia por los partidos de Irlanda.

Escocia. Sin duda el XV del Cardo ya ha cumplido. Venció a Italia en Roma y a Francia en Murrayfield y ha ido creciendo en el torneo gracias a su delantera, en especial a su flanker Hamish Watson. Como viene siendo habitual los de Townsend permanecen en los partidos, los compiten hasta el último minuto y tácticamente funcionan impecables. Eso sí, les falta magia puesto que el zaguero Hogg ya no es lo que era y el affaire Russell les ha dejado huérfanos de la improvisación que el brillante apertura es capaz de destilar.
El enfrentamiento entre entrenador y estrella, Townsend y Finn Rusell, impidió el debut del fino estilista en el torneo y hace que al juego de Escocia le falte atractivo e improvisación. Aún así son un equipo que cuando te sientas a verles sabes lo que te van a ofrecer y lo cumplen.

Inglaterra. Eddie Jones ha conseguido al frente del XV de la Rosa construir una apisonadora, predecible y bien conjuntada, pero bastante aburrida. Siempre son favoritos y Jones ha introducido a muchos jugadores en el grupo de la selección encontrando muchas variantes tácticas aprovechando el físico de sus jugadores y exprimiendo al máximo un reglamento del que también hay que hablar.
A priori parece que en noviembre lo tengan más fácil que nadie para ganar el torneo, y al igual que en el pasado Mundial consiguen resultados con un aire de monotonía, al estilo Sarracens, pero siempre con la duda de si podían haber jugado mejor.

Francia. La única noticia destacable de éste VI Naciones hasta la irrupción del coronavirus. Con Fabien Galthié el XV del Gallo se ha acercado algo al tradicional rugby champán combinativo y vertiginoso de la gran Francia.
La apuesta es sobretodo sobre unos jugadores en torno a los 26 años (que en el Mundial de 2023 en casa, tendrán su edad óptima) que han aportado mucha frescura y un nuevo ambiente alejado de los fracasos de los últimos 10 años. El capitán Olivion, el n.º 8 Alldrit, el zaguero Bouthier y sobretodo la bisagra del medio de melé Dupont y el apertura Ntamack son los nombres más destacados. Especialmente el nº10 cuyo rendimiento a la hora de lanzar a sus compañeros ha sido espectacular. Su baja por un golpe en la cabeza mediada la primera parte en Edimburgo allanó la victoria escocesa y supuso cerrar las aspiraciones de Gran Slam para les blues.
Parece que Francia tiene un plan, y si se cumple, puede dejar con un par de narices a los equipos británicos.

El arbitraje. No es bonito tener que hablar de los que no se debería de hablar jamás en un partido de rugby, pero habiendo visto todos los partidos de este torneo, tengo que decir que el nivel ha sido bajo y los errores constantes. El rugby profesional actual, tan rápido, debido a unos físicos tan portentosos, se ha convertido por lógica, en un rugby más violento con choques más peligrosos y los árbitros tienen que estar prestos para pararlo, sancionarlo y favorecer así que las técnicas de placaje, disputa del ruck y en fases estáticas (melés, touch y mauls) se cumplan. Va mucho en ello, empezando por la propia seguridad de los jugadores, pero también de los que se inician en el rugby.
Tampoco se han parado tácticas de equipo manifiestamente antirreglamentarias para paliar los despliegues del rival en las fases estáticas y el uso del fuera de juego a la hora de defender es ya una constante que afea muchísimo nuestro juego y que en buena parte explican la sensación de tedio que hemos vivido en el torneo de este año.
Por último, y más lacerante, en éste VI Naciones se han sucedido trifulcas y tanganas en todos los partidos y varias veces y los castigos, in situ en el campo, o después en la revisión durante la semana han sido excepcionales. Sólo tras la última jornada se sancionaron varios de estos comportamientos. Nunca es tarde y son bienvenidos. Que continúen.

Bonus track. El VI Naciones B
Están todas las selecciones de éste torneo ajustando y probando para cuando la cosa se ponga seria, en 2022, con una nueva edición a doble vuelta en la que disputar las dos plazas europeas del Mundial de Rugby.
España no es una excepción y ahí han entrado otra buena tanda de jugadores extranjeros nacionalizados, y con uno de ellos Bell, de origen sudafricano, hemos vuelto a tropezar en la misma piedra.
Vuelven a pasar las semanas y esperamos que se pronuncie Rugby Europe y Rugby World sobre la alineación indebida de un jugador extranjero por parte de España y siendo ya reincidentes las posibles sanciones pueden dejar tocado al XV del León. No se atisban ni asimilación del error, ni dimisiones y bajo la mentira del competir se plantea hacer defensa de lo, con los datos en la mano, indefendible.
Pero es que además, creo que ya pasó el tiempo de emplear jugadores foráneos. Había una disposición de jugadores que han funcionado en el sub23 suficiente para haber metido en este torneo y probado. Aunque llegasen las derrotas, así se podría dentro de dos años jugar con lo máximo por el Mundial.
Pero puede que antes de eso nos quiten la posibilidad de disputarlo por nuestra reincidencia. Sería trágico. Si no estamos para el VI Naciones B, se dice, se asume y se trabaja para remediarlo. Pero no podemos estar año a año introduciendo más jugadores extranjeros porque resulta un plan a corto plazo que no ayuda a hacer del rugby un deporte y de la selección un equipo propios en nuestro país.


Así que así han quedado las cosas en el Rugby de selecciones. Habrá que esperar y ver como se solucionan las cosas.

domingo, 18 de noviembre de 2018

Se desató la locura en Dublin


Tenía un día, ayer sábado 17 de noviembre, y una hora, las ocho de la tarde, marcadas en rojo para disfrutar del partido, el Test match entre Irlanda y Nueva Zelanda, hoy por hoy, los dos mejores equipos de rugby del mundo, en un encuentro que se ha presentado como medida mutua de nivel a 10 meses vista del inicio de la novena Copa del Mundo de Rugby del año que viene en Japón.
Y el partido no pudo más que cumplir con lo prometido y convertirse en un epígrafe de hemeroteca y en una guía avanzada de rugby moderno. XV del trébol y All Blacks mostraron muchas de sus cartas; pusieron en evidencia un tanto de la pasión que sienten como naciones por el oval, y se aplicaron en rectitud y competitividad en un partido que tenía mucho más que una muesca en la gira de las naciones del sur por la vieja Europa.
Ya sabemos que a Europa, los neozelandeses llegan ya al final de su temporada, tras casi 9 meses de partidos, y que desde posiciones de supuesto prestigio, se tiende a minusvalorar el trabajo irlandés frente a lo desarrollado y propuesto por ingleses o franceses. Pero lo cierto, es que si hay un equipo capaz de competir y disputar a los All Blacks a 80 minutos (sobretodo cuando a partir del 60 entran los suplentes) esa es Irlanda. Y ayer lo volvió a hacer cómo ha hecho en los 6 partidos que han jugado entre ellos desde el año 2014 (4 victorias kiwis, 2 irish, y 5 de esos partidos en una distancia inferior a 7 puntos.
Pueden perder o acabar ganando como anoche, pero en Nueva Zelanda ya saben donde esta el equipo que más se les acerca, y al que recordemos, y al igual que los All Blacks presentaban bajas significativas (Cane o Sonny Bill Williams), a los irlandeses les faltaban tres piezas básicas: Sean O'Brien, Connor Murray y Robbie Heinshaw.
Irlanda vencía, 16-9 a Nueva Zelanda, dejándola sin ensayar, suceso que da brillo al trabajo y prestancia defensiva, y también del cuidado del balón que tuvieron los verdes anoche. Era la primera victoria local en Dublin frente a los All Blacks. La segunda en la historia tras la de Chicago hace dos años.
El rugby irlandés actual y el neozelandés, comparten mucho, debido a la majestuosa labor que el seleccionador y patrón, también neozelandés, Joe Schmidt está haciendo en la verde isla desde el año 2012. Siguiendo el guión de la propia Nueva Zelanda, Schmidt trabaja codo con codo con las cuatro franquicias profesionales, en un plan de desarrollo de la Federación en la que se busca ir captando y mejorando el talento generación a generación.


El partido tenía todos los ingredientes para ser espectacular y no falló a las expectativas. Sólo con ver la puesta en esencia de la haka Kapa O'pango de los All Blacks transmitía la importancia del test. Steve Hansen, seleccionador de los vigentes campeones del mundo se mostraba nervioso ante el duelo con el posible (se rumorea) sustituto al frente del combinado nacional.
Hansen sabedor del poderío irlandés en melé, no quiso castigar a Coles (recién salido de lesión) frente a Furlong, y colocó allí de inicio al más pesado Tu’inukuafe. No sirvió de nada: la superioridad verde en fases estáticas fue el pilar de la victoria local que encontró el factor decisivo en el trabajo de la tercera, donde Van der Flier, Stander y un estajanovista O'Mahoney (impresionante y para enseñar el partido el suyo que le valió el Man on the Match) que convirtieron los rucks en una agonía negra, robando varios balones y manteniendo inmaculado el propio.
Irlanda quitaba la herramienta predilecta de los All Blacks. Su arma de destrucción favorita: el oval. Sin el balón Nueva Zelanda, sufría en defensa para parar las acometidas de la delantera irlandesa que se mostró colosal y dominadora. Y cuando los tres cuartos entraban a jugar el dinamismo personificado en el neozelandés nacionalizado Bundee Aki (me parece que no se le está dando importancia al matiz que ha dado al juego ofensivo de su equipo) convertía en metros ganados lo generado por los “gordos”. También el juego con el pie, recurso habitual de los verdes, hizo acto de presencia desequilibrando la presencia defensiva visitante.
A la media hora, con empate a 6 (golpes pasados por Sexton y Barret en su particular duelo por el Player of the Year) ya había habido 130 placajes repartidos entre ambos equipos. Las llegadas al punto de encuentro eran brutales y los rucks de una fiereza y acierto táctico y técnico brillantes.
Irlanda ya había conseguido parar con recuperación a los All Blacks en la 22 propia en un par de ocasiones y había visto un ensayo anulado por el TMO, pero sumaba tres puntos más para irse al descanso con 9-6.
A la vuelta Irlanda sorprendía a su rival con un nivel de exigencia aún mayor con el balón en posesión aportado por un acertadísimo Marmion como medio melé haciendo olvidar a Murray. El balón discurría de un lado a otro con velocidad y mantenía el castigo a unos All Blacks que sumaban infracciones para parar a los locales, incluidas algunas en la disputa de melé.
A los 7 de la reanudación llegaba el éxtasis al Aviva con una touch propia irlandesa en la medular, ejecutada con rapidez para mandar el balón a los tres cuartos. Estos, Bundee Aki volvía hacia el lado cerrado para encontrar al chico maravilla del rugby irlandés, Jacob Stockdale que con calidad y descaro lanzaba un sombrero para desbordar toda la cortina de los visitantes y posar un ensayo espectacular. Sólo un par de minutos antes, había intentado un sombrero que le fue interceptado, y sin embargo, se lo jugó con un convencimiento pasmoso. ¿Es Stockdale ya, el mejor finalizador, el mejor “try-man” del rugby mundial? Ahí lo dejo.
Evidentemente no se iban a quedar así las cosas y los All Blacks tiraron de galones, veteranía, talento y empaque de la camiseta con el plateado helecho para tratar de rehacerse y recuperar el terreno perdido. Buscaron de añadir más velocidad con su segunda unidad, liderada por TJ Perenara. Sólo pudieron hacerlo con el paso de un golpe de castigo, puesto que Irlanda ya con suplentes (algunos como Porter, Carbiery, Larmour de insultante juventud) continuó con su eficiente y aguerrido trabajo de contención donde brillaban Stander y O'Mahoney, recuperando algunos ovales aclamados por la hinchada verde.
Al final se desató la locura en Dublín y crece el optimismo de los irlandeses ante la próxima Copa del Mundo y también sobre el VI Naciones del año que viene, particularmente complicado por el calendario surgido, y en el que además son defensores del Grand Slam. Enfrente, reconociendo la derrota, felicitando al rival, marchaban los All Blacks, sabedores ya que en el otro lado del mundo, en una pequeña isla verde, están los máximos favoritos a disputarles el cetro mundial y también conscientes de en qué tienen que mejorar para seguir dominando con puño de hierro el rugby mundial.

Dentro de un año en el mundial ocurrirá lo que tenga que ocurrir. Para Irlanda es casi una cuestión nacional pasar por fin de cuartos, mientras que para Nueva Zelanda todo lo que no sea revalidar el título sería una decepción. Si son primeros de grupo, no se enfrentarían hasta una hipotética final. Ambos tienen el modelo de juego más desarrollado a menos de un año de la patada inicial, y parten con ventaja frente a otros (los perdidos ingleses, franceses, australianos o sudafricanos,... y ojo con galeses y argentinos). Además, son los que tienen un fondo de armario más extenso tanto en cantidad, como sobretodo en calidad, y en un torneo corto, de un mes y medio de duración a 7 partidos tener segundas y terceras opciones por puesto puede ser decisivo.
Queda un año, pero que nos quiten lo vivido anoche. Yo ahora me voy a poner el partido otra vez para paladearlo con gusto. Si puedes haz lo mismo.

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