El capitán Rodrigo Hernández eleva la Copa del Mundo ganada por España en el Mundial 2026. Destaca la celebración con las banderas regionales de algunos jugadores. Una celebración de la España tal cual como es: diversa. Y una imagen editada por la RFEF, y que se ha convertido en oficial de la Fifa, tras el bochorno de Trump intentando colarse en celebración ajena.
Fuente Wikicommons.
La selección española de fútbol en su categoría absoluta masculina anoche se proclamaba por segunda vez Campeona del Mundo. El segundo título mundial se suma al de 2010, y para la generación actual supone el cierre a los éxitos de estos años (Eurocopa 2024 y otros torneos menores), así como varios títulos en categorías inferiores donde brilla el Oro olímpico en París. También, como no, se presenta con el título de Campeonas del Mundo de la selección femenina, también jalonada con no pocos títulos en torneos propios de edades de formación. Por primera vez en la Historia, una misma federación es la vigente campeona del mundo de fútbol tanto masculina, como femenina.
El colosal, por lo ilógico, mastodóntico e insostenible, Mundial de fútbol 2026, celebrado a la limón entre Estados Unidos, Canadá y México terminó con la selección alzando la Copa del Mundo al cielo por segunda vez en su historia. Y aunque no sigo, para nada, el fútbol profesional es justo dejar unas cuantas frases escritas:
El Mundial 2026 ha sido el resultado de la amoralidad y la corrupción de la Fifa. Sus mandamases no tienen ningún interés en la promoción del deporte, o de los valores saludables o éticos que puedan venir con su práctica y disfrute. De hecho la secuencia de actos y decisiones tomados por la empresa FIFA S.L. han ido sistemáticamente encaminados a despojar de todos estos sentidos al fútbol y centrarse unicamente en aumentar, más si cabe, los beneficios económicos que se extraen de éste, y sobretodo de la pasión desaforada de miles de millones de personas por todo el globo. Las pérdidas del evento quedan para los organizadores. Concretamente para sus sociedades civiles. Los promotores, patrocinadores y grandes empresas no pierden dinero.
Solo bajo este prisma que no debe de perderse de vista, se entiende tanto la configuración de un torneo de 48 equipos, como que se celebre para mayor gloria en Estados Unidos (si, si, a parte de México y Canadá). Si se ha llevado allí es por la aspiración por convertir el fútbol, el soccer, en una opción de ocio para los norteamericanos. Viendo las audiencias dentro del propio país parece que como en el 94 las cosas han quedado a medio camino. Además, los intereses del negocio futbolístico han hecho que todo el torneo se haya disputado bajo unas condiciones climáticas extremas debido a un calor sofocante que se esperaba y que parece no ha importado a nadie. La salud de los futbolistas y de los espectadores (y mucho menos de los trabajadores para atender todo lo relacionado con el mundial) no son tenidas en cuenta, pero esto ya es algo que estamos viendo en otras competiciones deportivas. Siguen empeñados en ganar dinero y en mirar para otro lado en cuanto al calentamiento global, el cambio climático y las condiciones de vida de la gente.
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Además, el torneo ha sido aprovechado para loar la figura de Donald Trump. Qué semejante mamarracho sea el presidente de un país ya es una desgracia. Qué organismos, se supone ecuánimes e interesados en otros asuntos se plieguen a alimentar el afán de protagonismo y el narcisismo de este mastuerzo debería hacernos huir de tal evento. Y de hecho, la llamada al boicot ha tenido notable éxito hasta la fases finales del evento, donde no pocos, hemos encontrado en el fútbol y en el Mundial un lugar donde tener una victoria ante el mundo reaccionario y ultraliberal que representa éste imbécil.
Estados Unidos se encuentra inmerso bajo la dictadura de un ególatra de manual. Un amoral, misógino, racista, clasista e incompetente que es incapaz, como por otro lado parecía evidente, de resarcir a las clases trabajadoras estadounidenses, y mucho menos de garantizar un ecosistema mundial más seguro y pacífico. Desde luego también haríamos mal si perdonáramos a la Fifa su conveniencia una vez más con sátrapas y dictadores. Ya lo vimos en Qatar, cuya proclamación como sede se saldó con la dimisión, juicio y encarcelamiento de todo un presidente de la República francesa, con el Brasil pos-golpe de estado contra Lula en 2014, o más atrás en el tiempo con el Mundial del 78 en la Argentina de Videla. Conviene no olvidar.
En otra arista de este mundo reaccionario, el éxito de la selección es además la muestra de que España es mucho más que la visión centralizadora que las derechas ultras y extremas quieren imponernos. El equipo tiene jugadores de casi todas las regiones o autonomías. De hecho varios celebraron el título con su bandera regional atada a la cintura. Tienen distintos orígenes, incluidos los que vienen de la más pura clase trabajadora (hijos de kellys, de conductores, de profesores), y también de ex-futbolistas o vinculados a negocios (ya sabéis el mito de salir del arroyo no es tan prolijo como se hace vender). Están jugadores posicionados claramente en la izquierda, como Borja Iglesias, hoy campeón del Mundo, ayer uno de los escasos futbolistas hombres que se solidarizó con Jeni Hermoso. Por contra, los hay, también, claramente fachas. Y también hay futbolistas cuyos padres son inmigrantes que vinieron a España a trabajar y a vivir. Frente a una España cutre, de blanco y negro y abrazada a conceptos como la "furia", tenemos una España moderna, multicolor, diversa y llena de talento y convencimiento en una idea de victoria a través del juego propositivo y vistoso de ver.
En general, y con la pasta que ganan, la selección de fútbol masculina no es de izquierdas precisamente, pero por lo menos ha ayudado a rebajar la tensión entre "españas". Y eso que las calles se han llenado de camisetas de la selección, pese a sus prohibitivos y amorales precios. Pero no de "la roja" como bautizó Luis Aragonés, sino esa camiseta beige que parece conseguir hinchar el orgullo patrio y futbolero sin provocar la urticaria de todo lo que huela a "rojo". Aunque sea el color en una camiseta. -
A titulo personal tengo que admitir que solo he visto tres partidos y no enteros: Cuartos y semis del equipo español y la final. Si lo he hecho ha sido por un lado abrazado por el patriotismo que un evento como un mundial de fútbol henchida y hechiza al pueblo. Y por el otro, por las ganas de ganar el mundial para pasárselo por la cara a Trump, a Milei y a los fachas de allí y de aquí. Qué Trump se haya inmiscuido en la política española (ojo que es lo mismo que han hecho todos los presidentes americanos, incluidos los que nos han caído más simpáticos), afeada nuestra soberanía y practicando chantajes y exigencias a mi no solo me ha puesto en contra, sino que además he deseado que nuestros triunfos le escocieran en su naranja culo. Qué dices, que hay que subir el gasto anual en defensa de España, ¿seguro? En 8 partidos, un solo gol en contra. Me parece que no hay que subir para nada, el presupuesto nacional en defensa, ni en ejércitos, ni en pistolistas… mamarracho.
Como comento he visto 3 partidos, cuando probablemente desde 2010, en total haya visto como mucho 10 partidos en todos estos años (2 o 3 de Unionistas, contra Rusia en el mundial 2018, y 4 o 5 de la selección absoluta femenina). Pero sé mucho de fútbol puesto que lo he jugado a cierto nivel y he visto y seguido, y estudiado, bastante este deporte. Hace mucho ya que el negocio del fútbol híper profesionalizado nos ha echado a muchos aficionados. Y no me arrepiento de haber podido aprender, practicar y disfrutar otros deportes u otras aficiones. Lo volvería a hacer y en esta época lo estoy haciendo con por ejemplo, el baloncesto que ha sido muy importante en mi vida, y del que ya me encuentro totalmente alejado en su vertiente masculina.
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El desarrollo del partido de ayer fue el previsible: dominio de España absoluto y Argentina encerrada atrás, y encomendada a tres factores: El talento y la genialidad de Messi; su control del fútbol canchero o barriobajero incluida cierta violencia innecesaria; y por último, la confianza en que el árbitro no iba a castigar el anti-fútbol. Y todo ello se cumplió. De hecho, la Fifa debería de preocuparse más por hacer valer el espectáculo deportivo y un afán loable y voluntarioso por buscar el gol y la victoria, antes que permitir las patadas, los empujones, los encontronazos, las protestas y los fingimientos para mantener artificialmente una supuesta igualdad que no lo es. Parece que desde 2010 no han hecho nada por ello.
España, como digo, llevo el control del juego con un jugador, Rodrigo Hernández que me parece sobresaliente. De hecho, lo admito, no lo conocía y hasta anoche que lo dijo mi mujer, no sabía que había sido Balón de Oro. Quizás el único jugador que a mi modo de ver sería titular en la selección de 2010, y que me recuerda al mejor Fernando Redondo con un despliegue físico sobresaliente para la recuperación y el achique y una claridad para la construcción del juego ofensivo certera (aunque quizás con menos capacidad para sumarse al ataque de como hacia el “6”). Pero aún con todo el dominio, el gol se retrasaba porque fallaba el último pase o el remate, y por lo general, la claridad en la resolución de la jugada, de las más de 25 veces que la selección pisó el área rival, por sólo 1 de Argentina (de hecho sus 3 acercamientos ya son en la segunda parte de la prórroga con 1-0 en contra).
Ese gol llegó a comienzos de la segunda parte de la prórroga gracias a la genialidad de Nico Williams que salvaba un centro defectuoso para dejársela propuesta a Ferrán López para que empalase el gol de la victoria definitiva. España con algunos apuros cerraba un partido que en circunstancias normales (un arbitraje garantista del fútbol y no de la pelea, más tranquilidad en metros finales, y parece ser un terreno de juego más propicio con quien quiere proponer y no destruir) debería de haber ganado en el tiempo reglamentario.
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Pero sí, y hay que decirlo y felicitarles y felicitarnos y sentirnos orgullosos: España Campeona del Mundo. Es que no podía haber otra.
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Se añade así una segunda estrella al emblema del fútbol nacional (medalla que se impone por cada título mundial). En este momento España es campeona del Mundo de fútbol tanto en su selección masculina, como femenina. Es un gran resultado y también lo es coherente con el ecosistema deportivo patrio: El monocultivo del fútbol.
Mientras otros países como Italia, Alemania, Países Bajos o incluso Brasil, viven que su tradicional preponderancia en el fútbol ha desaparecido, ocasionando ciertas crisis internas, sus deportistas, hombres y mujeres, en otras disciplinas se han aupado a ganar y ampliar el interes en sus respectivos países con nuevos deportes. Visto como nos desenvolvemos unos y otros en los JJOO quizás haya que pensar en cómo crecer en todos los deportes, sin perder nuestra capacidad en fútbol. Todo esto no pensando únicamente en los éxitos del deporte de élite, sino sobretodo, en facilitar a cuantas más personas la más diversa práctica deportiva.
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RTVE se ha volcado con el torneo haciendo un despliegue monumental que ha trastocado los intereses y compromisos con el conjunto de la sociedad. Espero que montados en la ola de este éxito no les dé por tirar por la borda lo que tiene que ser un servicio público. Porque no sólo de fútbol vive el hombre.
Pues eso, que “somos” por segunda vez Campeones del Mundo de fútbol en categoría absoluta masculina. Enhorabuena a todas las españolas y a todos los españoles que celebran nuestro juego y el tener un equipo diverso y que se une por un objetivo común. Un ejemplo.
Y sí, qué rabien los fachas.
Viva esta España. Viva este país.

