Mi
primera visita al Leyendas del Rock ha sido todo un disfrute y
un éxito. Un festival al que tenía respeto por su situación
geográfica y época de desarrollo. El sudeste peninsular y el pleno
agosto no parecen momentos muy propicios para dos o tres tardes y
noches de conciertos al aire libre. Desde luego también influía
nuestro lugar de residencia, anteriormente apartado, pero ahora tras
la genial experiencia vivida, independientemente de donde se more, se
contará con disfrutar en Villena. Las magníficas condiciones
y el usual buen rollo que se destilan en los eventos heavies
hicieron de nuestra vuelta a la normalidad de los festivales
muy placentera.
Un
recinto amplío y bien acondicionado. Bien comunicado a las afueras
de Villena. Con amplios párkings y zona de acampadas (para quien no
quiera o no tenga otras condiciones de descanso ante un festival).
Con los escenarios a resguardo del Sol gracias a la cornisa montañosa
en la que se encuadra la zona deportiva de Villena donde se
desarrolla el festival. Esto era una sorpresa muy celebrada, dada la
costumbre hispana de colocar escenarios que o bien ponen al sol a los
músicos, o dejan a su calor abrasador al público. En el Leyendas
la ubicación es inmejorable, y ya sobre las 6 de la tarde la sombra
es mayoritaria en la platea lo que ayuda a que la temperatura
ambiental baje, mientras sube la metalera.
También
es digno de comentar y alabar las instalaciones básicas: No recuerdo
un festival con tanta cantidad de urinarios portátiles. Es verdad,
que día a día de festival el olor y las condiciones van
empeorando, pero también se nota un esfuerzo de la organización
para bajar el ratio de urinario por asistente, en un contexto en el
que la ingestión de líquidos es altísima y con una afluencia
masiva. En cuanto había aviso de un atasco se procedía al
desatranque, y como digo, en ningún momento -al menos que yo pudiera
ver- se alargaron las colas y los tiempos de espera de personas dando
saltitos y apretando muy fuerte los muslos aguantando la primera
gotita. Camino por mejorar, siempre habrá, pero desde luego Leyendas
del Rock lo hace muy bien.
Otro
punto a favor es sin duda el gran nivel culinario del festival. No
nos engañemos; nunca iremos a un festival por la calidad
gastronómica pero es de agradecer que los puestos seleccionados e
instalados dispensarán buena comida, con celeridad y calidad.
Lógicamente no pude degustar todos los tipos de viandas que se
expedían pero de comentarlo con otros compañeros de festival, al
calor de un “qué aprovetxe” se puede garantizar la satisfacción
y el goce. Parecía una experiencia prohibida por la Inquisición el
disfrutar de un buen concierto heavy y a la vez de llenar el gaznate
con una hamburguesa o bocadillo bien ejecutado y mejor rellenado. Muy
celebrada también el puesto de helados y granizados.
En
cuanto a la bebida, no podía faltar una buena provisión de fuentes
de agua potable para refrescarse (sin olvidar la piscina municipal a
la que también podíamos tener acceso), y en las barras, tanto para
cambiar al dinero de rascapiquilandia propio del festival,
como para conseguir los dorados elixires fruto de la fermentación,
la amabilidad y buen rollo de las y los trabajadores eran el
denominador común. Un gustazo, vamos. No sé si tendrá que ver,
pero el hecho de que gracias a particulares y asociaciones de
consumidores se haya podido funcionar con racionalidad y permitir que
los asistentes puedan introducir agua y comida al recinto, puede
haber ayudado a que los organizadores busquen más calidad para poder
“competir”.
La
galería de boutiques de metal estaba más que completa y o se hacía
verdadera fuerza o te dejabas un buen sueldo en camisetas, sudaderas,
gorras, anillos, pendientes, cadenas, carteras, mochilas… y cuernos
y kilts que son el dresscode de moda entre la chavalada
del Metal. Eso en cuanto a los tíos, porque las mujeres tenían ante
si las mismas atracciones y buenos surtidos de botas, lencerías de
cuero y tachuelas, maquillajes y extensiones (también con sus
variantes masculinas).
La
explanada, como he indicado, ya era agradable a media tarde y ni la
presión del público ni el calor, hacían sofocante la estancia.
Además, añadía una buena zona de bancos y espacios para sentarse
en el suelo, así como una carpa principal donde en primer momento se
notaba más el calor de invernadero. Alguna zona más de sombra sería
bien recibida, pero desde luego la ubicación es un acierto para
poder disfrutar de la música con la compañía de esta increíble y
gran familia que forma el Heavy Metal.
Y
es que si a la organización hay que darle un 10, qué decir del
público. Había (y hay) ganas de música y Metal. Ganas de
fiesta y de vibrar en los conciertos. Público de todas las edades y
condiciones. Familias enteras, incluidos abuelos y nietos. Muchísimas
mujeres, lo cual a mi, que hacía unos años que no me movía en los
festivales me pareció la mejor noticia por cuánto toca -y sé de
buena mano-, que estos eventos antes estaban estigmatizados como no
recomendables o resultaban peligrosos para las chicas. No puede haber
más felicidad en el mundo que cuando se abre las puertas de la
libertad y la igualdad al 50% de la humanidad.
Amistad,
concordia y ganas de disfrutar. Sin agresiones de ningún tipo, ni problemas, como si suceden en festivales de otros tipos de música que reciben el beneplácito y atención de los medios de comunicación de masas. Qué no es que nos hagan falta pero ya se sabe. Buen rollo a raudales en el Leyendas Comentarios con todos los y las
“vecinos de platea”. Qué se me cae la cerveza por hacer el
gamba, “no pasa nada hombre”; que a otro se le cae y me empapa,
sin problema. “¡Hostia, Spanoulis! ¡toma camiseta guapa!”; “Qué
tralla los Angelus”. Comentarios y opiniones con buen rollo,
hermandad. Lágrimas compartiendo estribillos y capelas de
letras icónicas de nuestra adolescencia; de la soledad de una
habitación o de una cabeza aislada por los cascos… Un ambiente
inmejorable.
Cómo
dijo mi chica, una “recién llegada al mundo del heavy”, “los
heavis son buenas personas haciéndose pasar por malotes; los
hippies, son malas personas haciéndose pasar por buena gente”.
En
cuanto a la música, qué decir: Si el jueves Testament y
Kreator dejaban el nivel muy arriba (también unos en muy
buena forma Stratovarius), el viernes llegamos justos para
empezar con Jinjer, una banda que se come el escenario desde
el primer momento. La tremenda destreza de su guitarra acompañada
por una base rítmica potente e imaginativa. Todo ello coronado por
los increíbles tonos, tanto gutural como clásico a los que llega
Tatiana como vocalista. Muchísima calidad y caña para causar más
daños en los cuellos de los asistentes que disfrutábamos con una
banda que ya está plenamente incorporada a la élite del Metal.
Gotthard,
una banda que tenía abandonada desde los principios de los 2000 me
ganaron de nuevo para la causa con su propuesta desenfadada, de ganas
de fiesta sin faltar la calidad y con toda la banda muy metida en
hacer disfrutar al público. De 10.
Muy
curioso, por cierto, la disposición de las bandas en los dos
escenarios principales, alternando conciertos más cañeros de puro
Trash o como el de Jinjer, con otras actuaciones, con otras
propuestas en las que se van deslizando los estilos, sin cerrar en
absoluto, el festival a un sólo subgénero, sino que haciéndolo
inclusivo para muchos perfiles. Desde luego, un disfrute que permitía
las idas y venidas desde la platea de las oleadas de los heavys, pero
que nos tenían a todos disfrutando muchísimo, a veces en la
distancia, otras metidos en el meollo.
A
continuación, el plato fuerte: Blind Guardian. Y recordando
el Somewhere far beyond, en su trigésimo aniversario. Y qué
ofrecieron. Pues un concierto pleno, lleno de talento y sabiduría,
descerrajando una multitud de himnos de nuestra juventud y
adolescencia por los paisajes fantásticos, los bosques y rodeados de
los bardos. Un momento épico que recordando me pone la piel de
gallina de nuevo.
Al
siguiente día, llegamos sobre la misma hora pero para ver en el
escenario Mark Reale, el más pequeño, a mis amigos de
Kritter que ofrecieron su trabajo y metal, con plena dignidad,
dándolo todo y haciéndonos disfrutar. Seguro que volverán y van a
seguir ampliando su círculo para introducirse de lleno entre la
bandas nacionales con las que hay que contar. Si o si.
Después,
tiramos de más nostalgia con Rhapsody, o como demonios se
llame ahora el proyecto de Turilli y Leoni que no pueden utilizar el
nombre, pero si las canciones. Total otro buen rato de heavy, de
power metal sinfónico, con la tanda de canciones que
rellenaban discos como The power of dragonflame o Legendary
Tales con los que compusieron su setlist.
Queríamos
echar un ojo y una nueva escucha a Dunedain, banda española
de power metal que también tenía algo alejada de mi recuerdo
últimamente. Sonaban de miedo y la gente luego comentó su tremendo
nivel, pero ante un escenario pequeño totalmente lleno, no pudimos
entrar, y nosotros nos recogimos y separamos un poco para cenar y ver
desde la distancia a Overkill. La banda británica trash no es
de mis favoritas, ni mucho menos, pero ofrecieron un show potente y
divertido a partes iguales con su frontman muy dicharachero
con el público.
Nos
cambiamos nuestra distancia ni disposición para escuchar a Opeth.
Los suecos con su oscuro metal progresivo llenaron la platea de
incondiconiales y sonaron como acostumbran de bien. Sin embargo, la
actuación en mi opinión, se volvió tediosa, dando poco espacio al
ambiente propio de festival, ante un público, que eso si,
disfrutábamos de su tremenda calidad técnica desde un punto de
tranquilidad. Como si estuviéramos asistiendo a una escucha de un
disco en la candidez y acogida de nuestro hogar.

Retomamos
posiciones para el espectáculo que ofreció Epica, tomando el
testigo de la cabeza de cartel. Con una presentación espectacular,
cañones de fuego y demás tramoya, la banda holandesa de metal
sinfónico liderada por Mark Jansen y Simone Simmons dieron el
concierto del festival. Supieron conjugar su tremenda pericia y
técnica para no desinflar la bola del festival al tiempo que
entendieron el momento y contexto en el que estamos. No dejaron
tiempo a que la nostalgia se recuperará y aunque mostraron
varios de los temas de sus últimos trabajos, no dejaron escapar la
oportunidad de volver a tocar temas clásicos e inolvidables como The
Obsessive devotion, Sancta Terra, Cry for the Moon o
Consign to Oblivion con la que cerraron. Un show tremendo,
lleno de fuego y fuerza, pasión y simpatía por una banda que se
desenvolvió tremendamente bien (sus años ya les contemplan) y que
se mostraron siempre, todos sus integrantes, súper amables y
agradecidos al público. Mención especial a su teclista Coen
Jaenssen siempre tan divertido.

Angelus
Apátrida eran la siguiente muesca del revolver del festival y su
detonación fue atronadora. Nadie duda ya de la tremenda calidad de
estos trashers albaceteños, de la simpatía de Guille y de la
brutal caña que nos infligieron para goce de todas y todos quienes
nos concentrábamos ahí. Si su último disco es salvaje y no tiene
nada que envidiar a las producciones de bandas extranjeras del
género, la puesta en escena es arrolladora. Las canciones se
deslizan y golpean brutales, sonando de lujo. Particularmente
Indoctrinate y Of men and Tyrants fueron demoledoras.
Y
aunque quedaba mucho festival todavía nosotros ya casi cuarentones
nos recogimos, contentos y felices de volver a disfrutar de la
música, del Metal y seguros de que lo haremos
una y muchas veces más en sucesivos Leyendas del Rock.
Por cierto: No he profundizado mucho en las crónicas de los conciertos porque uno va a disfrutar de la música. Sólo quería plasmar el buen ambiente y organización del Festival. Para crónicas completas y profesionales, con mejores fotos, aquí unos enlaces:
Crónica Día 1 - Miércoles 3 de agosto
Crónica Día 2 - Jueves 4 de agosto
Crónica Día 3 - Viernes 5 de agosto (Primera parte) - Segunda parte
Crónica Día 4 - Sábado 6 de agosto (Primera parte) - Segunda parte
Fé de Errores: Las fotos son una mierda porque olvidé mi cámara de fotos en casa de mis padres, y éste móvil que tengo ahora pues tiene peor calidad que el que tenía antes. ¡Qué le vamos a hacer! Mil disculpas y otra buena causa para repetir en el Leyendas y con todas estas bandas!!