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martes, 11 de agosto de 2026

Leyendas del Rock 2026: Música, emoción y disfrute

 


Esta última semana ha sido la de la vigésima edición del Leyendas del Rock en Villena, y allí hemos asistido cada tarde, de miércoles a sábado, para disfrutar de la música en directo y del mejor cartel de un festival de Heavy Metal en España este año sin discusión. Aquí dejo mis impresiones de las actuaciones que pudimos disfrutar compaginándolo con la rutina de trabajos, un calor especialmente peligroso y el residir a 40 minutos en coche y por autovía de los escenarios.



Miércoles 5 de agosto

Orbit Culture

Tenía yo ganas de empezar el festival con esta banda de la tercera ola del death metal melódico (me acabo de inventar la categoría) y la verdad, la sensación fue agridulce. Los vi bien. Con pegada e intensidad, con mucha pericia técnica y buena vocación al directo, pero el sonido no acompañó. De hecho, me hizo temblar si esa muestra se iba a convertir en la tónica general del festival. Por fortuna no fue así. El caso es que iba en alerta por el gran nivel de los discos de estos suecos donde exponen un Melodic Death Metal de mucha calidad, pero el sonido en directo deslució su propuesta. Su música me sonaba apelotonada con las guitarras muy por encima del resto del sonido apagando el doble bombo y la voz. Aún así las muy coreables “Hydra” y “Vultures of North” cerraron un concierto que habría sido memorable si el sonido hubiera acompañado.



Black Label Society

 


* Las fotos son con mi móvil, y la verdad, estaba más pendiente de disfrutar que de hacer un reportaje. Lo siento

 

Sin duda una vez salido el cartel la inclusión de BLS fue por mi muy celebrada. Y es que iba a suponer ver en vivo a Zakk Wylde y a toda su sureña banda que además, y tal y cómo demostraron en Villena, están en plena forma. La colosal efigie de Zakk Wylde dominaba no sólo el escenario, sino todo el festival, y seguramente más allá, media provincia. Cómo se echó a sus inmensas espaldas el show ya desde antes de empezar la actuación, haciéndose fotos y selfies desde el escenario. Con la música ya entrando (algunos grabados son imperdonables) Wylde lideró domesticando las cuerdas y rompiendo con su voz cada una de las canciones. Toda la banda sonó tremenda, tanto de pegada como de calidad, y tiraron de profesionalidad incluso cuando el sonido se apagó (imperdonable fallo organizativo). En la segunda mitad del concierto apechugaron con nostalgia y homenajes a Ozzy culminando con un impecable y coreadísimo “No more tears”, que dio paso a las últimas canciones con una gran “Stillborn” celebrada por un público entregado. Tremendo concierto se gastaron los sureños demostrando que verles y paladear la presencia de Zakk Wylde es un placer imperecedero del Heavy Metal.



Savatage


No voy a engañar a nadie, y fundamentalmente a mi mismo, si digo que no soy un “escuchante” habitual de Savatage. Los conozco, por supuesto, y reconozco varios de sus himnos y de vez en cuando han caído en el coche o en algún rato en casa. Pero no componen la banda sonora habitual, quizás porque no ha sido la banda más prolija a la hora de ver en concierto. Por eso cuando apareció en el cartel del Leyendas el poder disfrutarlos por primera vez, y quién sabe si por última, convirtió el evento en ineludible. Y la respuesta fue de matrícula de honor.

De hecho, todo el concierto de Savatage fue una de las experiencias más plenas en cuanto a la música en directo que he vivido nunca. El talento de una banda veterana, de una capacidad creativa e interpretativa superlativa y su desempeño sobre el escenario dejaron para la posteridad de nuestra memoria una calidad sublime, un sonido limpio, pulcro sin mácula que hacía que a cada canción, cada acorde y cada nota subiera la intensidad.

Su setlist estuvo plagado de canciones de la primera época con un Zak Stevens soberbio, entregadísimo a su voz y en interactuar con un público que transformaba la expectación previa por una absoluta devoción. El ritmo sonoro lo marcaba el genial guitarrista y fundador Chris Cafferly que hacía de cada solo una obra de arte. Mientras el resto de músicos se conjugaba para desarrollar un concierto pleno que sonaba impecable.

Temas como “Jesus Save”, “Strange Wings” o “Ligths out” marcaron un estándar de calidad que sería el mínimo exigible durante toda la velada. A partir de ahí más clásicos y más nostalgia apelando al recuerdo a las leyendas de los hermanos Oliva, fundadores y perpetradores de este verdadero totem de la calidad de la música.

Interactuando con un video de Jon Oliva al piano la banda interpretó una preciosa “Believe” que fue el adelanto para que entrarán los grandes temas de la primera época de estos pioneros del progresivo. “Gutter Ballet” quizás su tema más reconocible y que además tiene su propia liturgia interpretativa, nos puso los pelos de punta, la carne de gallina y a las lágrimas desbordándose ante la calidad con la que la música se deslizó por todo el recinto del Leyendas.

Para terminar los primeros y reconocibles acordes de la magnífica "Hall of the Mountain King" enarbolaron a todo el público que la celebramos y coreamos, sintiendo como toda la música se engarzaba en torno a la voz de un Stevens pletórico. Era el cierre soñado a un concierto majestuoso, de una de las verdaderas leyendas del Heavy Metal, y que van a guardarse en nuestra memoria para siempre.

¡Impresionantes Savatage!



Por desgracia, acabado el tremendo directo de los norteamericanos nos recogimos porque quedaba mucho festival por delante y había que trabajar al día siguiente. Lamentablemente renunciamos al concierto de Sepultura dentro de su gira de despedida y que había reunido a una colosal marea de brasileños ese primer día, y como nos contaron al día siguiente, fue un espectáculo colosal y emocionante. Y tampoco nos quedamos a ver a la banda joven Slaughter to Prevail que según también nos dijeron otros asistentes al día siguiente descargaron su heavy directo y sin control como si una apisonadora fuera llevada por un animal salvaje.



Jueves 6 de agosto

Dark Tranquillity

 

Mi banda favorita no iba a desentonar en el festival. Eso estaba garantizado si el anfitrión del concierto es Mikael Stanne. Los de Gotemburgo sonaron pletóricos, ya con una banda consolidada tras unos últimos años con varios cambios en la mítica formación. De hecho ya la entrada sonó tocada, lo que es muy de agradecer, y aparecieron con un bajo, el de Christian Jansson que se ha incorporado definitivamente tras participar en The Halo Effect.

Como digo toda la banda sonó tremenda, muy conjuntada y con un Stanne tremendo a la voz, súper activo, muy sonriente y agradecido como siempre, ante la respuesta de un público que somos absolutos y locos entusiastas de su música. Una vez más, Dark Tranquillity aportando su absoluta pasión y calidad.

El concierto se abrió con un “The Wonders at your feet” que sonó redonda tras un par de pequeños ajustes al micro y las guitarras. Fue el preámbulo perfecto porque nos puso en alerta con lo que iba a venir. Esto no era más que un repaso a su carrera desde los temas de sus últimos discos como “Atoma” o un “Endtime Signals” que ya suena como los clásicos hasta temas de la primera formación como “Cathode Ray Sunshine” o “The New Build" canción que me encanta y terminó de emocionarme.

Los últimos cuatro cortes del concierto siguieron una misma línea de mezclar nostalgia con las últimas propuestas. Así golpearon primero con “Punish my Heaven” que fue celebradísima y el propio Stanne agradeció sobremanera la entrega del público. Después la más nueva “Phatom Days” para acabar con dos de sus clásicos imprescindibles “Lost to Apathy” y “Misery’s Crown”.

En general, una muestra más de lo bien que funciona una buena banda, de calidad y profesional en concierto. Liderados por el siempre entregado Mikael Stanne. Si durante períodos de re-estructuración ya suenan fenomenal y son señas de calidad, cuando ya están consolidados y engrasados Dark Tranquillity son una banda a disfrutar si o si.



Godsmack

Los americanos del ñu metal era una de las propuestas más atrevidas del festival. Llamaban la atención porque era su primera visita a España, y mi bagaje con ellos, se reducía a un puñado de temas que me llegaron en forma de cd de promoción de la HeavyRock allá por los 2001 o 2002. No recuerdo bien.

Y la verdad es que sorprendieron y para muy bien. Primero porque su frontman Sully Erna estuvo radiante, muy dicharachero con el público, agradecido con la organización y con muchas ganas de convertirse en una banda a tener en cuenta. Y después porque todo su despliegue sonó redondo a plena calidad. Toda la interpretación fue limpia y fue metiendo en ella a un público que primero estábamos expectantes y después entregados a su música.

De hecho las canciones que conozco como “Awake”, verdadero himno generacional, o “Straight out of line” me hicieron sentir joven de nuevo, sentimiento que volvió con más fuerza para el cierre del concierto con “Voodoo”, “Whatever” y “I stand alone”. Entre medías un colosal doble solo de batería protagonizado por el propio Erna y el nuevo de la batería, ni más ni menos que el genial Mike Magnini, ex Dream Theater, reclutado hace apenas unos meses. Y menudo duelo a las baquetas entre ambos, abriéndose a composiciones, a versiones de clásicos de ACDC, Aerosmith o Metallica y a improvisaciones que nos volaron la cabeza a todos los presentes.

En general, objetivo cumplido por Godsmack: rejuvenecernos y hacernos estar pendientes más de su propuesta.



Arch Enemy

 

Si el concierto de Arch Enemy ya era una buena excusa para acercarse a Villena, la salida de su frontwoman la canadiense Alissa White-Gluz a finales del año pasado, y su sustitución por una “desconocida” Lauren Hart, dio más interés al cabeza de cartel del jueves.

El resultado: inmejorable vuelta a los orígenes. Y es que se confirma que con el cambio y la cantante escogida las huestes de Michael Amott apuestan por un reverdecer el antiguo estilo de la banda cuando la voz la ponía con un esfuerzo insano Angela Gossow. Y bien que lo celebramos los acérrimos de la banda. No porque las propuestas en disco o concierto de la banda con White-Gluz hayan sido de peor calidad. No, simplemente eran distintos, y ahora, con el cambio y el bagaje de todos estos se avecina una producción nueva y de tremenda calidad para Arch Enemy. Así que estamos de celebración.

Todo el concierto también fue un repaso a la carrera del grupo y a sus diferentes etapas. Y en todas ellas salió indemne una Lauren Hart que desde la primera canción, la exigente "Yesterday Is Dead and Gone" disipó cualquier posible duda a base intensidad y alaridos viscerales. No hubo descanso y entraron la canción de Alissa, “The World is Yours”, y el clásico “Ravenous”. Después presentación al público y agradecimiento de Lauren, mientras suenan los primeros acordes para “War Eternal”. Luego entran “Blood Dinasty” y especialmente una colosal mi favorita “My Apocalypse” que sonó tremenda con la propuesta de la nueva cantante.

De hecho todo el concierto me ha acabado dando la sensación, reflexionando para escribir y con varios días de por medio, que todos los músicos, incluido Amott, dejaron su espacio para que Lauren Hart fuera la verdadera protagonista de la noche. Esto no quiere decir que la pericia en la base rítmica de Erlandsson (tremendo batería) o d’Angelo al bajo, o el acompañamiento de Joey Concepcion, perdieran calidad. Todo lo contrario. Toda la propuesta era para ver que el Arch Enemy primigenio está de vuelta, con su bagaje ampliado y grandioso tras el paso de Alissa, pero con una cantante que vuelve a girar su música a una versión más desenfadada y visceral.

La parte final del concierto refrendó esta sensación con unas impecables “Under Black Flags We March”, “The Eagle flies Alone”, “Bury me an Angel”, “No gods, no masters” y “We Will Rise” que encendió al público, para tras un descanso volver a unos bises con la instrumental “Snow bound” que se coronó con un celebradísimo solo de Michael Amott, y una espectacular “Nemesis”. El Arch Enemy más salvaje ha vuelto.



Viernes 7 de agosto

The Baboon Show

 

Fuimos a las 7 de la tarde a Villena a ver a The Baboon Show. Lo digo así porque en el mundo de los Metal-pacos, las superioridades morales de mierda y la pureza metalera de caspa y faria hay que aguantar que a ciertos elementos les incomode esta banda en el cartel. Pues oiga, quítese el cerumen de los oídos y las lagañas de los parpados y aplauda una banda de rock, de punk rock, para ser precisos, que se marcaron un concierto tremendo, metiéndose al público en el bolsillo desde el primer disparo.

A los que ya conocíamos a The Baboon Show ya sabíamos a lo que íbamos. Lo habíamos vivido apenas unos meses antes en Valencia, y la propuesta en festival multitudinario de los suecos no se disperso un segundo, sino que más aún, aceleró para demostrarse como la revelación del festival.

Mucho talento tocando, mucha actitud en el escenario y un compromiso ineludible con ellos mismos y con la forma de encarar la vida y la música. Incluido los machismos, rancios y cutres, que por desgracia, en nuestro mundillo habitan.

El grupo liderado por Cecilia Marie demostró que se mueve de maravilla por el escenario y levantó a un público que primero se concentraba en dos o tres centenares mientras sonaba “Be a Baboon” para con dos canciones más ir agolpándose cada vez más y más público alertados por la tremenda algarabía y por la fiesta cañera que se estaba descerrajando.

Todo el concierto fue un in crescendo de intensidad. De contagio de actitud festivalera pero también reivindicativa y de puesta en común entre público e interpretes de un mensaje puesto por estos últimos: la sana unión que provoca la música.

Sin duda, uno de los puntos álgidos de todo el festival y de muchísimo público que descubrió una banda que va a aumentar su bagaje musical y personal sin duda. Si hay que hablar de triunfadores y triunfadoras, las huestes de Cecilia Böstrom y de Don Simón, son parte indispensable en este Leyendas 2026.



Saratoga

Entramos a materia. Voy a decir que no soy, nunca lo he sido, un seguidor de la banda madrileña. No me han llegado nunca sus canciones (que por otro lado sus letras me parecen propias de scatergories, abramos ese melón), y ni me han hecho ir a posta a verlos. Y sin embargo, con el del viernes es la cuarta vez que les veo en directo y la sensación es la de siempre: Mala. El peor concierto de los que pude ver en el Leyendas 2026 y con diferencia.

No voy a negarles calidad musical y pericia en su instrumento. Tete Novoa me parece un cantante con un portento de voz, pero que es incapaz de controlar. Y lo peor de todo sus locuciones con el público me parecen artificiales y sin gracia.

El concierto tuvo un sonido penoso. Todo era una amalgama que hacía imposible entender la letra, aunque la conociéramos, y la entrada de la guitarra en los solos no me sonó nítida en la casi una hora que llevaron de show. La batería por momentos se aceleraba claramente en la interpretación de las canciones que ya nos sabemos y daban una sensación de atropello generalizada que nos tiraba para atrás.

Lo siento. Saratoga no me entra, no me va a entrar nunca, pero deseaba verles un buen concierto, y sin embargo, me fui una vez más con mis prejuicios, alimentados por las experiencias previas, reafirmados. Una pena.



Stratovarius

  

Si la propuesta de power metal de Saratoga me fue netamente insatisfactoria, por contra, Stratovarius nos demostraron cómo hay que hacer las cosas.

La banda finlandesa dio una muestra, una vez más, de una tremenda profesionalidad desde el primer momento. Rejuvenecida con el espectacular guitarrista Matias Kupianen quien tiene una digitalización perfecta y es un gusto verle tocar, y con el batería Rolf Plive, fueron sus dos miembros más veteranos, Jan Johanson al teclado y un eficiente y entregado con la voz Timo Kotipelto, quienes deslizaron una presentación de sus distintas etapas musicales sin vetos ni estridencias. Sonando como una banda conjuntada, con unas armonías plenas y brillando cada músico en su momento.

Destaco aquí a Kotipelto maestro de ceremonias, que tomándose con naturalidad los descansos necesarios, nos dejo su tremenda calidad para la totalidad de himnos que nos regalaron. No faltaron clásicos como una imborrable “Black Diamond” con la colaboración de unas bailarinas y artistas del fuego que añadieron vistosidad, “Paradise”, “Elements”, la siempre coreable “Eagleheart” y un cierre de concierto por todo lo alto con la frenética “Speed of the Light” y “Hunting High and Low” que además recibió la participación activa de un público entusiasmado e interpelado, por a esas alturas, un mucho más suelto Kotipelto.

Una vez más, un concierto absolutamente impecable de Stratovarius.



In Flames

 

Para mi, un seguidor absoluto del Death Metal Melódico, ver a In Flames por primera vez componía un paso imprescindible para este Leyendas del Rock. Y desde luego que las huestes de Andrës Friden y Björn Gelotte no fallaron.

In Flames desplegaron en Villena su inapelable torbellino sonoro unido a una escenificación muy intensa en el juego de luces y sombras con un montaje colosal coronado por videos que interactuaban con lo que sucedía en el escenario. El resultado visual y artístico fue tremendo.

Como durante todo el festival, la banda también hizo un repaso a su carrera. Así de inicio entró la longeva “Colony” y le siguió la más reciente “Deliver us”, para presentar los temas de su último disco Foregone con una genial “In the Dark”.

En todo este recorrido era necesario ver la evolución del grupo pasando de un death más puro en la primera época, a esas influencias americanas con la estética ñu metal y metalcore, en esa ambivalencia que los ha hecho trascendentes en nuestro género. De este modo entró “The Quiet Place” que sonó redonda, y abrió el párrafo de agradecimientos de Frieden, en especial al público, a la organización, pero sobretodo a su propio equipo que “estaba trabajando a destajo este verano”. “Meet your Maker” fue el siguiente corte del concierto y ya metió al público en el bolsillo de la banda puesto que ya coreábamos y saltábamos imbuidos en el enérgico ritmo y la pegada de las guitarras de In Flames.

Para la parte final del concierto tocaron clásicos como "The Chosen Pessimist" y el coreadísimo himno "Cloud Connected" que me sonó genial. Volvieron momentáneamente a su primera etapa con "Artifacts of the Black Rain" para a continuación presentar sin miramientos "Trigger" y la monumental "Only for the Weak" que nos puso a todos a saltar. Cerraron con la generacional “Take This Life”. Una vez más, e iban ya varias en el festival, se me saltaban las lágrimas por estos himnos que ayudaron a construirme como persona.

In Flames habían cumplido sobradamente las expectativas e hicieron que nos divirtiéramos, disfrutamos y recordáramos. Bravo.



Saurom

El cansancio hizo mella y no pudimos estar todo el concierto de Saurom pero hay que decir que los gaditanos estuvieron soberbios y daban un recital vibrante, con múltiples colaboraciones y acompañamientos que le daban a su música un calor especial, y a la noche tintes mágicos. Ni que decir tiene, que otra vez, volvían a exponer su música y su arte con impecable calidad, y pese a que había aparecido algo más de viento, en la distancia, a la altura del comienzo de la carpa de bebidas y ya más atrás, se seguía oyendo su propuesta perfectamente. Magníficos.



Sábado 8 de agosto

Helloween

 

La salud, ciertos compromisos y un calor que apretaba en demasía el sábado hicieron que redujéramos nuestra presencia en el festival para media hora antes del comienzo de Helloween.

Y qué acierto. Qué concierto dieron.

El sonido fue muy bueno, la implicación de toda la banda fue sobresaliente, tanto en la pericia musical como en la implicación para con el público (esta vez vi un poco más apagado a Sascha Gerstner), y fue comandada por un Andy Deris, que valiéndose de su español rudimentario (de norte europeo jubilado viviendo en España, concretamente en Tenerife) llevó las interpelaciones al público y su dúo musical y cómico con Michael Kiske.

Ambos cantaron fenomenal, se complementaron, tanto a dúo como en solitario. Y también un Kai Hansen que cantó varios de los temas de “su época” como cantante de la banda. También brillaron el siempre juguetón con su bajo Markus Grosskopf y especialmente la destreza y potencia de Dai Loble en su colosal batería con 4 bombos, 4 cajas, 20 timbales, y otros tantos platos …

Helloween dieron un concierto épico. Con un montaje espectacular tanto en luces, llamaradas, confetis y plataforma para la batería. Con una gran pantalla para las imágenes que acompañaban a cada tema y con el brujo del Keeper Of The Seven Keys guiándonos como anfitrión de la fiesta.

La música un repaso a su carrera con piezas en el setlists de la práctica totalidad el albúmenes de la banda. En todos los temas demostrando su dominio jugando con la composición y las expectativas de un público que nos sabemos al dedillo sus canciones, pero usándolas para pasárselo bien. Ellos y nosotros. Un acierto.

Solo me sonó sin variaciones la más reciente “This is Tokyo” y el “March of Time” que abrió el concierto. A partir de ahí, Kiske y Deris con la voz y especialmente un Grosskopf guarrearon un poco y añadieron interpretación a las canciones para disfrute de todos. “The King for a 1000 years” y “Future World” sonaron pletóricas, y la sorpresa cuando sonó la importante para mi “Hey Lord!” de mi fundamental para la adolescencia Better than raw.

Un impresionante solo de batería abrió la parte final del concierto para caer de seguido la icónica “I want out”. Consiguieron mantener el brillo en la acústica “In the Middle of a Heartbeat” que fue un regalazo mientras Deris y Kiske descansaban y aguardaban para el empuje final. Este vino con “A Tale That Wasn't Right”, “Heavy Metal (Is the Law)” y el cierre con “Halloween”, para dejar unos bises con Eagle fly free” que cantó solo Kiske, “Power” que la cantó Deris y juntos a dúo por todo lo alto “Dr. Stein”.

En general, un concierto vibrante y épico de una banda que está en una segunda juventud, a pleno rendimiento y quien sabe si por empuje, trascendencia y montaje, equiparando su propuesta a la de Iron Maiden. Nada me gustaría más, porque también Helloween son eternos.



Warcry

Nuestro cierre en el festival fue para los asturianos que hacía muchos años no veía y que cumplieron notablemente con las expectativas y la nostalgia. El mismo Víctor García señalaba el honor, la responsabilidad, y un poco el marrón, de continuar después de lo vivido con Helloween, pero sin embargo, su entrega y trabajo funcionó a la perfección y conectaron rápido con un público que nos habíamos quedado allí por ellos.

Warcry sonó muy bien, con la banda en muy buena forma y unos García, Pablo a la guitarra y Víctor como cantante (no son hermanos, son amigos) tremendos en calidad y conjugación.

"Alma del conquistador" fue el primer corte y nos pusieron en danza, para con una celebradísima “Quiero oírte” hacer enloquecer a toda la platea. En general una propuesta acertada de Warcry, con calidad y presencia, y muy coherente con el momento del festival. Sin duda, y como siempre, muy grandes.



Conclusiones generales del Leyendas del Rock 2026

Si coincidiste con nosotros en el festival ves que no hay referencias en mis apuntes a lo acontecido en el escenario pequeño del New Rock Stage. Solo disfrutamos medio concierto de Hadadanza, el miércoles, y sonaban espectacular y levantaron a toda la audiencia a base de su folk metal fiestero, de calidad y con una gran dosis de simpatía y querer pasarlo y hacerlo pasar bien. Tuve que dejar para otra ocasión todo lo que aconteció allí ya que lo dispuesto en los escenarios principales solapaba las buenas propuestas que por allí se alojaron. Una lástima, pero es lo que tiene tener que elegir.

En cuanto a la organización del festival en si, una vez más una enhorabuena generalizada a todo el dispositivo. Sobresaliente el esfuerzo de todos los trabajadores, desde los que regulaban el tráfico y el paso de cebra en frente del aparcamiento, el personal de las carpas, el de los puestos de merchan y de comida (en especial, a mis amigos del puesto de helados y granizados), seguridad, y por supuesto, los técnicos sobre el escenario que legaron un sonido y una calidad escénica digna de agradecimiento y admiración. Aún con todo y con el ánimo de que mejore la satisfacción general, en mi opinión sin conocer el tema camping, 4 apuntes:

  1. Se ha adoptado el sistema cashless de pulserita con un código QR para recargar y pagar en las barras. Está bien que no haya habido prácticamente colas y queda por ver cómo se resuelven las devoluciones, pero hay que recordar que en materia de consumo “queda totalmente prohibido la denegación del cobro de bienes o servicios en efectivo”, por lo tanto, aquí se habría incurrido en una ilegalidad. Quizás para que no caigan las denuncias lo suyo sería que se devolviera lo no gastado a los asistentes automáticamente en cuanto se cierra el festival. Sin que tengamos los usuarios que hacer ninguna gestión. Es nuestro dinero y una vez no gastado nos lo deben de devolver inmediatamente y sin gastos.

  2. Tema limpieza y saneamientos: Hay que decir que la cosa ha mejorado con respecto a años anteriores en el Leyendas. Pero aún así es necesario proveer de más cabinas individuales, fundamentalmente porque afortunadamente cada vez hay más presencia femenina entre el público del festival. Por lo tanto, es imprescindible poner más cabinas para las mujeres, y dotarlas además con personal, trabajadoras que puedan mantenerlas en las mejores condiciones posibles cada uso. Pregunten al Zlive que lo ha conseguido hacer. En todo caso también es necesario mejorar en la limpieza de las zonas de aseo porque según avanza el festival, los olores empiezan a disgregarse más allá de donde están ubicados los urinarios portátiles. Asumo que es difícil pero también que es imperecedero.

  3. Tema bebida. Simple y llanamente no puede ser que un festival a 10 euros el mini no pueda distribuir una cerveza de barril y grifo con unos mínimos rigores y estándares de calidad.

  4. Me llamó la atención el cambio de los nombres de los escenarios principales. Se ha cambiado el nombre del escenario pequeño Mark Reale por algo así como New Rock Stage, que bueno puede ser más o menos acertado por las propuestas que allí se han pretendido alojar; pero para mi, pues que Azuzena de Santa o Jesús de la Rosa de Triana hayan sido sustituidos y su homenaje disperso en favor de Dave Mustaine y de Doro Peisch (si, incluso Doro) me pareció una pena. Creo que deberíamos ser un poco más cuidadosos con nuestras propias leyendas.



Y un bonus track que no va para la organización: En un paso paralelo al de la sociedad entre la cada vez más ecléctica marea humana del heavy metal hay más gilipollas. Más imbéciles (e imbécilas) que no entienden que el festival no es para ellos solos. Que comparten espacios, incluidos las plateas, con otras miles de personas, y tu foto y tu pose de red social no tiene que estropear el disfrute al resto de la gente. Qué tu cartel misántropo y tu nota de atención a lo gilipollas que eres impide que otras personas disfruten de su música y bandas favoritas. Qué dos guitarristas no se juntan a hacerse solos para que a empujones te pongas delante a hacerte un selfie. Qué tú no eres el protagonista, bobo los huevos. Es un absoluto disparate el nivel de egoísmo e imbecilidad humana que se está viendo crecer en todos los ámbitos de la vida, en esta Edad de los gilipollas. Por desgracia, ya el Heavy Metal ha dejado de ser un reducto a salvo de tanta estupidez.



En definitiva, que hemos vivido un gran Leyendas del Rock en su vigésima edición en este 2026. Pese al calor, excesivo hasta lo peligroso, la buena organización en líneas generales, y fundamentalmente, la calidad de la práctica totalidad de músicos y bandas que han formado parte del cartel han dejado una edición para el recuerdo. Memorable y emocionante a partes iguales.

Qué viva el Leyendas del Rock, qué viva la música en directo y qué viva el Heavy Metal!!!




lunes, 13 de abril de 2026

París-Roubaix 2026: Legado de ciclismo y aura de un gran campeón


 

Todavía me estoy recuperando de las tremendas e increíbles emociones que vivimos ayer con la París-Roubaix. Si el espectáculo deportivo y ciclista fue brillante, la victoria final de Wout Van Aert sobre el velódromo André-Pétrieux dotó de una trascendencia enorme por el propio legado deportivo, y el que trasciende humano, de la figura belga que sólo responde al calificativo de emocionante.

Menos mal que teledeporte nos “regaló” la retransmisión de la carrera y pudimos vivir uno de los acontecimientos deportivos del año en directo y sin cortes. A ver si con este ejemplo, una vez más, de retransmisiones de eventos en directo de disciplinas deportivas diversas se dan cuenta de que esto renta mucho más a nivel de audiencias (hasta un modesto 4,8%) que poner y reponer refritos y re-grabados de resúmenes de fútbol (un 1,1% el pasado domingo).

La París-Roubaix de 2026 fue un carrera vertiginosa (se llegó con hasta 22 minutos de adelanto al mejor horario previsto). La primera parte de la carrera, que habitualmente sirve para formar una escapada de ciclistas más modestos, en esta edición vio como los principales equipos tomaban posiciones delanteras para marcar un ritmo endiablado que no sólo impidió la tradicional fuga de visibilidad, sino que además empezó a infligir un castigo brutal en las condiciones de máquinas y cuerpos.

Primero el INEOS y luego, sobretodo el UAE de Pogačar tomaron la cabecera del pelotón para imponer una marcha rapidísima que puso casi en fila de a uno al grupo de cara al primero de los 30 tramos de pavé de la mítica prueba. Habían pasado 100 kilómetros en un abrir y cerrar de ojos y la tensión puesta en la carrera y el esfuerzo para mantenerse en las primeras posiciones ante esta velocidad iban a marcar los 160 kilómetros siguientes de los que hasta 56 eran sobre el temido y mítico empedrado del Infierno del Norte.

La entrada a cada tramo exponenciaba el ritmo puesto por los compañeros de Pogačar, el portugués Morgado y el danés Bërg. Brillante y de agradecer el empeño de Tadej Pogačar en convertirse en el ciclista de todos los tiempos queriendo añadir todos los retos del ciclismo actual a su ya legendario palmarés. Los favoritos y sus equipos trataban de sobrevivir, empezando por el danés Pedersen, el italiano Ganna o el belga Van Aert que eran los primeros en sufrir percances. Los primeros pinchazos y problemas mecánicos aparecían. Estos favoritos se descolgaban y sus equipos trataban de recomponerse para incluirlos de nuevo en el grupo de cabecera, con el menor desgaste posible y minimizando los peligros.

Sin embargo, el siguiente en tener problemas fue el propio Pogačar en el tramo de Maing à Mouchaux a 120 kilómetros de la línea de meta. El esloveno pinchaba y se retrasaba del pelotón mientras se comunicaba por radio y sus compañeros no aminoraban la marcha. Paró y tomó una bicicleta del coche neutro y durante unos kilómetros se le veía incómodo y sólo sin organización del equipo. El coche parecía más empeñado en adelantar en medio del pavé a varios grupos de ciclistas para asistir a Pogačar que en organizar la persecución. Si las peligrosas maniobras y adelantamientos del coche del UAE tuvo la autorización de los jueces de carrera mal por ellos. Si no fue así, tal iniciativa tomada unilateralmente entre nervios por parte del equipo del esloveno fue terrible y extremadamente peligrosa. En ambos casos se deberían articular las sanciones y dejar muy claro que es imperdonable poner en riesgo al resto de participantes, incluido también el público, por muy Campeón del Mundo que se sea.

 

 

En ese momento, Van der Poel y Van Aert trataron de asestar un golpe fuerte a la carrera tomando sus equipos las primeras posiciones. Quizás les faltó convicción o compenetración pero lo cierto es que Pogačar pudo re-introducirse en el grupo cabecero a la salida del del siguiente tramo el de Haveluy à Wellers, justo antes de afrontar el mítico pavé de Arenberg a 96 kilómetros de meta.

A la salida de Arenberg la carrera continuó con un ritmo fortísimo. El grupo de favoritos se seleccionó de manera trascendente: Por delante un grupo de 6 hombres con Pogačar, Van Aert, Pedersen, Bisseger, Laporte y Stuyven. Después el poderoso equipo de RB Bora organizándose a 30 segundos. Y más atrás, el otro gran favorito, Mathieu Van der Poel que tras pinchar y no encontrar posibilidades pese a la entrega de sus compañeros, perdía hasta 2’40”, e iniciaba una remontada épica basada tanto en su poderío físico y técnico, como en su mentalidad de ganador.

Los mejores momentos del día se vivieron con esta persecución del gran campeón holandés. Van der Poel volaba por los tramos de pavé dando espectáculo y atrapando a otros regazados como Ganna, con quien acordó una colaboración para reducir la ventaja y unirse a los de adelante.

En poco más de 25 kilómetros ya había reducido la ventaja inicial a 25” y seguro se disponía asaltar el grupo cabecero justo al inicio de Mons-en-Pèvele, otro lugar mítico con el aura del gran ciclismo. Allí Van Aert iniciaba un ataque al que solo respondían en primer momento Pogačar y Pedersen, quedándose el danés después de otro kilómetro de tortura, y encabezando el belga y el esloveno el camino hasta el velódromo final.

La carrera había quedado definida y ambos se disputarían la victoria. Por detrás el grupo ya con Van der Poel en una distancia entre los 30 y 40 segundos. Van der Poel nos había dejado uno de los momentos más grandes y épicos no sólo de la temporada, sino del ciclismo y el deporte. La leyenda de los grandes campeones no sólo se mide cuando ganan, sino sobretodo cuando compiten y demuestran su carácter y talento. Gracias por la carrera de ayer Van der Poel.

Por delante, Pogačar trató en cada tramo de pavé forzar a Van Aert para irse en solitario, sabedor de que llegando juntos lo tendría complicado al sprint. Sin embargo, el genio de Herentals se mantuvo soldado a la rueda del esloveno, e incluso, le enseñaba la suya propia para dejarle claro que no iba a escaparse.

La tensión crecía a cada kilómetro para ver quién se llevaba a casa el preciado galardón con el adoquín. El podio lo iba a completar el veterano Jesper Stuyven que haciendo una de las suyas, leía la carrera perfectamente, para dejar a sus compañeros con tres palmos de narices para esprintar por el cuarto puesto que al final obtuvo, un bravísimo Van der Poel.

Pogačar y Van Aert entraron en el velódromo juntos. Vuelta y media para dirimir el ganador de la París-Roubaix 2026. El esloveno en cabeza vigilando la maniobra de su rival, que llegó a 200 metros de la línea de meta. En la última curva Van Aert lanza el sprint y no hay casi respuesta de Pogačar que eso si, sólo entrega la cuchara ya en linea de meta. Wout Van Aert ganador de la París-Roubaix 2026. Alegría máxima y emoción desbordada. Dedo al cielo en recuerdo de su amigo de la infancia Michael Goolaers, fallecido en 2018 durante la primera participación de ambos en el Infierno del Norte.

Nadie puede sentirse triste por la victoria de Van Aert. Felicitado por sus compañeros, el primero de ellos, su gran rival Van der Poel. Su talento y carisma no pueden ensombrecerse, pero eso sí, necesitaba exhortizar ese aura de mala suerte con problemas, caídas y lesiones graves que muchas veces le habían hecho perder oportunidades de ampliar su ya de por sí, brillante palmarés.

Wout Van Aert vencedor de la París-Roubaix 2026. Añadía así la clásica más icónica, su carrera favorita, como él mismo dijo al acabar, a su vitrina. Un éxito para la posteridad y una catarsis de justicia poética para un gran campeón que merecía éste éxito por su talento y también por su profesionalidad. No le recuerdo ni un mal gesto hacia nadie. Siempre dispuesto y resolutivo en las tareas que le han ido encargando, incluidas darlo todo para ganar cuando así se lo exigían. Wout Van Aert un grandísimo ciclista y deportista. Enhorabuena. Emocionante.

 


 

miércoles, 19 de julio de 2017

Una gira oval




El mundo del oval llevaba expectante varios meses ante la gira de los Lions (British and Irish Lions) que en junio de 2017 iban a hacer por Nueva Zelanda, y por lo tanto, para enfrentarse y testar a los All Blacks y a las franquicias kiwis del Super Rugby.
Pero también suponía la comparación entre el rugby del norte y el del sur; entre la concepción del juego más ortodoxa y ligada al choque, la del norte, y la del sur, basada más en la velocidad y la combinación. Dos formas que no deberían ser contrapuestas, sino más bien complementarias, explotando las virtudes y minimizando los defectos de cada una de las propuestas, pero que en realidad se muestran como antagonistas.
Mientras en Nueva Zelanda se trabaja con ahínco en la creación de jugadores dotados para la evasión y el juego a la mano, el Norte sigue apostando por un desarrollo más lento y basado en la supremacía de las fases estáticas por encima del movimiento a la mano.
Pero lo que hemos vivido durante el último mes y medio no sólo ha sido la confrontación entre dos de las formas, quizás las más contrapuestas, de entender el rugby dentro del profesionalismo, sino que además y de propina ha servido para comprobar en que situación está Nueva Zelanda a dos años del próximo Mundial de Japón 2019 y al que llegará después de ganar el Mundial de 2015 donde revalidó el título conseguido en 2011. Tras 2015 con la salida de grandes figuras (Dan Carter, Ma'a Nonu, y el capitán Richie McCaw entre los más destacados) existe la duda de ver como se integran los jóvenes. Nombres como Laumape, Naholo, Ardie Savea o Jodie Barrett (el pequeño de la saga que va para ser el zaguero del futuro) entre otros han ido formando parte de las probaturas que Hansen ha ido metiendo de cara al The Rugby Championship de dentro de un mes y sobre todo ante la Copa del Mundo de Japón 2019.
Aún con todo los All Blacks, no sólo son y siempre, los máximos favoritos para proclamarse y revalidar el título de campeón, sino que además al equipo del helecho plateado le rodea un aura de leyenda, como el Mejor equipo del mundo, no sólo del rugby y de este momento, sino de siempre y en cualquier disciplina deportiva.
Enfrente ha tenido a la selección de selecciones británica e irlandesa dirigida por un neozelandés, Warren Gatland, quien como suele hacer, ha sabido hacerse protagonista en lo anecdótico para salvaguardar la integridad del colectivo que ha creado y poder así competir con los All Blacks siendo coherente en su estilo y con una garantía de equilibrio entre ambos contendientes.
Como sucede habitualmente con las selecciones, para la convocatoria de los Lions todos, periodistas y aficionados, en las islas o en el resto del planeta oval, hemos tenido nuestra selección. En mi caso particular he echado de menos la presencia de los hermanos Gray. Los escoceses podían y debían haber estado primero por su rendimiento, y después sin atender ya tanto a la meritocracia, por su lectura del juego ofensivo a la mano donde tienen más recursos que la apuesta “inglesa” de los Itoje, Kruis y sobretodo Lawes.
Más presencia escocesa, quien sin duda ha sido la noticia más positiva del último VI Nations por su apuesta por un rugby más ofensivo y dinámico en detrimento de su tradicional y embarrado estilo, ha sido en general la mayor queja de los entendidos. A muchos nos parecía de recibo premiar al equipo y la apuesta que mejores sensaciones y momentos nos dejaron en el invierno pasado y que gracias al trabajo de otro neozelandés, Vern Cotter, al mando se postula como serio aspirante en los próximos 2 y 3 años.
Además de los Gray, tampoco aparecía en la primera lista su capitán y alma en la bisagra del 15 del Cardo Laidlaw quien finalmente acudió tras la renuncia del inglés Ben Youngs por motivos personales. Y sobre todo fue la ausencia de Finn Russell la que más críticas levantó toda vez que la apuesta para los centros de Gatland entraba lógica en el gales Jonathan Davis (elegido al final Mejor Jugador de la gira) y en el irlandés Heinshaw, pero que con la entrada de Te’o había muchísimas más dudas. Gatland quería músculo y presencia en los centros, quedándose con un jugador mejor defensor pero más robótico frente a uno con mucho más rugby como el escocés.
Y es que era la sobre presencia galesa lo que más críticas generaba, sobre todo tras el rendimiento en colectivo y en individual de no pocos de los del 15 del Dragón. Pero Gatland los conocía y apuró su apuesta sobre ellos en caso como Biggar, Webb, North, Halfpenny o Tipuric. No tuvo problemas para dejar en casa al capitán de la selección inglesa, ganadora de los dos últimos VI Nations, Hartley y a su zaguero titular Brown, no sólo por cuestiones deportivas, sino también porque en el rugby las formas y el respeto son parte tan importante como el juego, o más.
Gatland, anticipará o no la posible polémica por la convocatoria funcionó ante ella como viene haciendo habitualmente: tiró de socarronería para justificar sus decisiones, buscando por un lado poner el foco sobre él y no sobre los jugadores y por otro, demostró compromiso inequívoco y como no podía ser de otra manera con los jugadores que se llevaba de gira, y estos lógicamente, le devolvieron la confianza con el mejor rendimiento que podían dar.
Aquí quiero hacer notar un hecho curioso. Finalizada la polémica de la convocatoria con la propia rueda de prensa de Gatland, los medios británicos se olvidaron de los que no estaban y lanzaron un apoyo sin fisuras a sus chicos. Por supuesto han existido críticas, también de los aficionados, tras los partidos algunas veces con el resultado justificado y otras con el juego expuesto, pero no ha fallado en ningún momento el apoyo, así como un ánimo en disfrutar con el evento, con cada cita semanal bien en sábado o entre semana. En vivir y paladear algo que sucede cada 4 años y como este año, sólo cada 12: La gira de los Lions por Nueva Zelanda.
Por el contrario, desde los medios rugbísticos en español he encontrado una actitud para ir minusvalorando cuando no desprestigiando la gira usando el argumento de “que no van los mejores” o “no tienen ninguna posibilidad” o “proponen un rugby anticuado”. Por supuesto, cuando la atención mediática se ha ido disparando (siempre en los círculos del rugby en España) por las retransmisiones de Movistar Plus o porque ya empezaban los test matches con los All Blacks éste argumento se ha disipado. Pero como digo, me ha resultado muy curioso la actitud de unos, tratando de disfrutar pese a que hubiera disidencia con las decisiones de Gatland, y de otros que se han mantenido hasta que no han podido más en el enfado.

Pero ya voy a centrarme en el juego. En el rugby visto y vivido.

Los British and Irish Lions han jugado 10 partidos en Nueva Zelanda desde el 3 de junio hasta el pasado sábado 8 de julio con un bagaje de 5 victorias dos empates y tres derrotas, con 214 puntos a favor y 168 en contra con un total de 16 ensayos.
Comenzaron con una victoria 7-13 ante la Provincial Union XV, selección provincial neozelandesa; después vino la primera derrota ante los Blues 22-16 que arrasaron a unos Lions erráticos en ataque (algo normal) y sobrepasados en defensa ante la velocidad de los back de la franquicia kiwi peor clasificada en el Super Rugby. Las dudas se fueron manteniendo pese a ganar a Crusaders sin ningún ensayo (3-12) y con la derrota ante Highlanders (23-22) en uno de los mejores partidos por juego, de toda la gira.
Recuperaron sensaciones los turistas (tal y como en el argot se conoce al equipo de los Lions cuando lleva a cabo sus visitas al hemisferio Sur) ganando bien a los Maori All Blacks (10-32) y con un gran despliegue a Chiefs (6-34) para terminar su serie de partidos contra las franquicias con un empate a 31 frente a Hurricanes, ya habiendo iniciado sus test matches frente a los All Blacks, por lo que les faltaban no pocas piezas de importancia a los actuales campeones del Super Rugby.
Y es que 3 días antes se iniciaban los partidos grandes de la gira con el primero de los tres enfrentamientos entre los All Blacks y los Lions, donde los locales llevaron la mayor parte del tiempo la iniciativa del juego (sólo unos minutos al terminar la primera parte se vio más cómodo a los turistas, que culminaron un gran ensayo, el mejor de todo el mes, por medio de O’Brien tras una ruptura excepcional de Liam Williams). Durante casi todo el partido el oval volaba de lado a lado de las cortinas de los All Blacks con precisión y velocidad, reciclando jugadores y situaciones, y donde los Lions a duras penas sólo podían contener el vendaval. Al final 30-15 y la sensación previa de superioridad kiwi confirmada lo que hacía temer por una derrota estrepitosa en la serie de los del hemisferio Norte.
Pero nada más lejos de la realidad. Como decía más arriba Gatland acaparó las críticas en su persona, aisló al equipo de las mismas y lo amoldó a su estilo el juego y la respuesta táctica ante lo propuesto y ejecutado por Nueva Zelanda. Así, con un compromiso inquebrantable del plantel y con una intención clara de embarrar los rucks con pocos hombres para mantener retaguardia ante la conectividad All Black, lo que exigía mayor empaque físico y muscular frente a virtuosismo, fue como los Lions ganaron el duelo táctico.
La iniciativa en el juego siguió siendo kiwi, pero incluso sumando puntos, estos fueron haciendo lo que Gatland quería: Que no se descosieran los partidos y se mantuvieran en marcadores cortos. Para ello necesitaba que su guardia pretoriana galesa, los Warburton (capitán de la gira), Faletau y Alwin Jones se complementará con la cacería inglesa liderada por Itoje, y con el complemento de un inconmensurable Sean O’Brien para las abiertas y quizás el jugador más decisivo en el resultado final. Si además le sumamos la lluvia que torno épico el segundo partido de la serie, encontramos el escenario para la catástrofe perfecta de Gatland: Victoria 21-24 en Wellington.

Aquella lluviosa noche (calurosa y temprana mañana para mi) todo hacía indicar que habría un dominio abrumador de los All Blacks, pero la realidad es que los condicionantes como arbitraje, climatología y por encima de todo el saber hacer de Warren Gatland, concedieron la iniciativa del juego a los turistas. Y es que los Lions impusieron su modo y modelo de juego, con mucho tacticismo para parar el juego ofensivo rival e infligir mucha presión durante toda la serie por parte de unos Lions que supieron leer el partido mucho mejor en general. El juego al pie se convirtió en decisivo apareciendo nombres como Owen Farrell (tremendo al pie toda la gira) y sobretodo la bisagra irlandesa de Murray y Sexton que con patadas a la espalda de al cortina neozelandesa y Garryowens causaron estragos en la seguridad del rival. En vez de imbuir a más delanteros en los rucks, dejaron la iniciativa a los All Blacks, para concentrar fuerzas en defensa de la línea y poder apretar a los backs kiwis cuando estos reciben y tratan de hacer los despliegues. Así pese a que se sucedieron los golpes de castigo, minimizaron el número de ensayos encajados (8 en 3 partidos, son “pocos” para los All Blacks) y además encontraron el inusual bajo nivel al pie de Beauden Barrett, quizás con mucha exigencia física.

Los ensayos de Faletau, reciclándose al modo sureño como un ala, tras un genial despliegue Lion y de Connor Murray reviviendo el particular castigo que infringe a la bisagra All Black por el intervalo hicieron justicia con el planteamiento táctico y la lectura de juego de Warren Gatland.
La polémica final alimentada por un Hansen preocupado de justificar los resultados y el juego All Black, siempre en la serie por detrás de la lectura táctica de los Lions (gran victoria de Gatland) ha estado en el arbitraje. En el segundo test match, con el arbitraje de Jerome Garcés y la expulsión justificada de Sonny Bill Williams (tercera roja que ve un All Black en sus casi 114 años de historia) y el "perdón" a un Vunipola que además de sufrir en melé, por donde ha venido la notable ventaja All black en las estáticas, culminó un horrendo partido con hasta 5 infracciones sólo saldadas con un sin bin, sino también, con la permisividad para con los Lions en la normativa del fuera de juego, treta para ensuciar con el ánimo de dificultar la continuidad de juego de los All Blacks.

Lo más sorprendente quizá analizando el resultado con algo de tiempo y perspectiva es ver cómo han conseguido los Lions mantenerse en los partidos, ante un equipo como los All Blacks, absolutamente eficaz en aprovechar sus oportunidades y castigar inmisericorde los errores del rival. Y eso que hubo un buen número de fallos, tanto con el balón a la mano, como en forma de infracciones que se cometieron por ambos equipos.

Lo indudable y lo mejor es que al final hemos tenido un mes y medio de rugby muy interesante y entretenido. Con más emoción que calidad, la serie ha resultado empatada, y los grandes vencedores hemos sido los espectadores que hemos disfrutado de un mes de rugby de nivel, muy emocionante que en estas sobre cálidas mañanas de junio y julio nos han entregado a la pasión del deporte.

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