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lunes, 13 de abril de 2026

París-Roubaix 2026: Legado de ciclismo y aura de un gran campeón


 

Todavía me estoy recuperando de las tremendas e increíbles emociones que vivimos ayer con la París-Roubaix. Si el espectáculo deportivo y ciclista fue brillante, la victoria final de Wout Van Aert sobre el velódromo André-Pétrieux dotó de una trascendencia enorme por el propio legado deportivo, y el que trasciende humano, de la figura belga que sólo responde al calificativo de emocionante.

Menos mal que teledeporte nos “regaló” la retransmisión de la carrera y pudimos vivir uno de los acontecimientos deportivos del año en directo y sin cortes. A ver si con este ejemplo, una vez más, de retransmisiones de eventos en directo de disciplinas deportivas diversas se dan cuenta de que esto renta mucho más a nivel de audiencias (hasta un modesto 4,8%) que poner y reponer refritos y re-grabados de resúmenes de fútbol (un 1,1% el pasado domingo).

La París-Roubaix de 2026 fue un carrera vertiginosa (se llegó con hasta 22 minutos de adelanto al mejor horario previsto). La primera parte de la carrera, que habitualmente sirve para formar una escapada de ciclistas más modestos, en esta edición vio como los principales equipos tomaban posiciones delanteras para marcar un ritmo endiablado que no sólo impidió la tradicional fuga de visibilidad, sino que además empezó a infligir un castigo brutal en las condiciones de máquinas y cuerpos.

Primero el INEOS y luego, sobretodo el UAE de Pogačar tomaron la cabecera del pelotón para imponer una marcha rapidísima que puso casi en fila de a uno al grupo de cara al primero de los 30 tramos de pavé de la mítica prueba. Habían pasado 100 kilómetros en un abrir y cerrar de ojos y la tensión puesta en la carrera y el esfuerzo para mantenerse en las primeras posiciones ante esta velocidad iban a marcar los 160 kilómetros siguientes de los que hasta 56 eran sobre el temido y mítico empedrado del Infierno del Norte.

La entrada a cada tramo exponenciaba el ritmo puesto por los compañeros de Pogačar, el portugués Morgado y el danés Bërg. Brillante y de agradecer el empeño de Tadej Pogačar en convertirse en el ciclista de todos los tiempos queriendo añadir todos los retos del ciclismo actual a su ya legendario palmarés. Los favoritos y sus equipos trataban de sobrevivir, empezando por el danés Pedersen, el italiano Ganna o el belga Van Aert que eran los primeros en sufrir percances. Los primeros pinchazos y problemas mecánicos aparecían. Estos favoritos se descolgaban y sus equipos trataban de recomponerse para incluirlos de nuevo en el grupo de cabecera, con el menor desgaste posible y minimizando los peligros.

Sin embargo, el siguiente en tener problemas fue el propio Pogačar en el tramo de Maing à Mouchaux a 120 kilómetros de la línea de meta. El esloveno pinchaba y se retrasaba del pelotón mientras se comunicaba por radio y sus compañeros no aminoraban la marcha. Paró y tomó una bicicleta del coche neutro y durante unos kilómetros se le veía incómodo y sólo sin organización del equipo. El coche parecía más empeñado en adelantar en medio del pavé a varios grupos de ciclistas para asistir a Pogačar que en organizar la persecución. Si las peligrosas maniobras y adelantamientos del coche del UAE tuvo la autorización de los jueces de carrera mal por ellos. Si no fue así, tal iniciativa tomada unilateralmente entre nervios por parte del equipo del esloveno fue terrible y extremadamente peligrosa. En ambos casos se deberían articular las sanciones y dejar muy claro que es imperdonable poner en riesgo al resto de participantes, incluido también el público, por muy Campeón del Mundo que se sea.

 

 

En ese momento, Van der Poel y Van Aert trataron de asestar un golpe fuerte a la carrera tomando sus equipos las primeras posiciones. Quizás les faltó convicción o compenetración pero lo cierto es que Pogačar pudo re-introducirse en el grupo cabecero a la salida del del siguiente tramo el de Haveluy à Wellers, justo antes de afrontar el mítico pavé de Arenberg a 96 kilómetros de meta.

A la salida de Arenberg la carrera continuó con un ritmo fortísimo. El grupo de favoritos se seleccionó de manera trascendente: Por delante un grupo de 6 hombres con Pogačar, Van Aert, Pedersen, Bisseger, Laporte y Stuyven. Después el poderoso equipo de RB Bora organizándose a 30 segundos. Y más atrás, el otro gran favorito, Mathieu Van der Poel que tras pinchar y no encontrar posibilidades pese a la entrega de sus compañeros, perdía hasta 2’40”, e iniciaba una remontada épica basada tanto en su poderío físico y técnico, como en su mentalidad de ganador.

Los mejores momentos del día se vivieron con esta persecución del gran campeón holandés. Van der Poel volaba por los tramos de pavé dando espectáculo y atrapando a otros regazados como Ganna, con quien acordó una colaboración para reducir la ventaja y unirse a los de adelante.

En poco más de 25 kilómetros ya había reducido la ventaja inicial a 25” y seguro se disponía asaltar el grupo cabecero justo al inicio de Mons-en-Pèvele, otro lugar mítico con el aura del gran ciclismo. Allí Van Aert iniciaba un ataque al que solo respondían en primer momento Pogačar y Pedersen, quedándose el danés después de otro kilómetro de tortura, y encabezando el belga y el esloveno el camino hasta el velódromo final.

La carrera había quedado definida y ambos se disputarían la victoria. Por detrás el grupo ya con Van der Poel en una distancia entre los 30 y 40 segundos. Van der Poel nos había dejado uno de los momentos más grandes y épicos no sólo de la temporada, sino del ciclismo y el deporte. La leyenda de los grandes campeones no sólo se mide cuando ganan, sino sobretodo cuando compiten y demuestran su carácter y talento. Gracias por la carrera de ayer Van der Poel.

Por delante, Pogačar trató en cada tramo de pavé forzar a Van Aert para irse en solitario, sabedor de que llegando juntos lo tendría complicado al sprint. Sin embargo, el genio de Herentals se mantuvo soldado a la rueda del esloveno, e incluso, le enseñaba la suya propia para dejarle claro que no iba a escaparse.

La tensión crecía a cada kilómetro para ver quién se llevaba a casa el preciado galardón con el adoquín. El podio lo iba a completar el veterano Jesper Stuyven que haciendo una de las suyas, leía la carrera perfectamente, para dejar a sus compañeros con tres palmos de narices para esprintar por el cuarto puesto que al final obtuvo, un bravísimo Van der Poel.

Pogačar y Van Aert entraron en el velódromo juntos. Vuelta y media para dirimir el ganador de la París-Roubaix 2026. El esloveno en cabeza vigilando la maniobra de su rival, que llegó a 200 metros de la línea de meta. En la última curva Van Aert lanza el sprint y no hay casi respuesta de Pogačar que eso si, sólo entrega la cuchara ya en linea de meta. Wout Van Aert ganador de la París-Roubaix 2026. Alegría máxima y emoción desbordada. Dedo al cielo en recuerdo de su amigo de la infancia Michael Goolaers, fallecido en 2018 durante la primera participación de ambos en el Infierno del Norte.

Nadie puede sentirse triste por la victoria de Van Aert. Felicitado por sus compañeros, el primero de ellos, su gran rival Van der Poel. Su talento y carisma no pueden ensombrecerse, pero eso sí, necesitaba exhortizar ese aura de mala suerte con problemas, caídas y lesiones graves que muchas veces le habían hecho perder oportunidades de ampliar su ya de por sí, brillante palmarés.

Wout Van Aert vencedor de la París-Roubaix 2026. Añadía así la clásica más icónica, su carrera favorita, como él mismo dijo al acabar, a su vitrina. Un éxito para la posteridad y una catarsis de justicia poética para un gran campeón que merecía éste éxito por su talento y también por su profesionalidad. No le recuerdo ni un mal gesto hacia nadie. Siempre dispuesto y resolutivo en las tareas que le han ido encargando, incluidas darlo todo para ganar cuando así se lo exigían. Wout Van Aert un grandísimo ciclista y deportista. Enhorabuena. Emocionante.

 


 

lunes, 22 de julio de 2024

Tadej Pogačar: Un ciclista de leyenda


 

Tadej Pogačar ha ganado el Tour de France 2024. Es su tercer mallot amarillo final en la ronda gala tras los dos primeros en 2020 y 2021. Se suma a un selecto grupo de ciclistas ganadores de Tres Tours, al tiempo que entra en uno más exclusivo aún: El de ganadores el mismo año del Giro de Italia y el Tour de Francia, relevando al mítico Marco Pantani, el último en conseguirlo hace casi ya 30 años.

En ambas carreras por etapas de tres semanas, el ciclista esloveno ha exhibido un poderío indiscutible, firmando en las dos hasta seis victorias de etapa (más 5 segundos puestos en el Giro y otros 4 en el Tour), con victorias contra el crono, en etapas de alta montaña y en algunas de media montaña o similares a clásicas de un día. También ha sido el jefe de la carrera y el aspirante máximo a la victoria parcial en cada jornada. En este Tour de Francia en concreto, ante una batería de rivales completa (por primera vez coincidían en la misma carrera todos los dominadores actuales y además llamados a dominar el ciclismo muchos años, como el propio Poggi, Vingegaard, Evenenpoel, Roglic, Van Aert, Van der Poel, etc.), el esloveno ha estado sublime. Recordad aquí el curioso caso de Eslovenia que presenta una batería de ciclistas de primer nivel, un país que hace 10 o 15 años era la nación con más jugadores NBA en relación a su población. Desde luego las montañas eslovenas, que ya aparecen en la propia bandera del estado balcánico, han legado otra generación sobresaliente de deportistas.

Pogacar conecta fácil con el público. Su estilo desenfadado, demostrando que se divierte sobre la bicicleta, atacando y mostrándose ofensivo, tanto para ganar etapas como para liderar la general hasta la victoria final, comulga con los gustos de aficionados de todo el mundo, incluidos los de los países clásicos en esto del ciclismo como Francia, España, Italia, Bélgica o Países Bajos. Solo el volumen de victorias es afeado por su voracidad y su ansía competitiva porque realmente no deja una para un rival, compañero al fin y al cabo sobre la bicicleta, lo cual puede ya empezar a cansar o a aburrir a algunos aficionados. Frente a unos años en los que el poderío de estructuras deportivas como el antiguo Sky (hoy INEOS) dominaba a su antojo la carrera hasta la victoria de un ciclista británico (Wiggins, Froome o Thomas) como en su día puso de moda el americano US Postal, Pogacar ha demostrado determinación, talento y una forma de rodar ofensiva, buscando siempre la victoria,

Este párrafo anterior no resta mérito a los tours por ejemplo de Froome, o sus victorias en Giro o Vuelta, donde ante una carrera más abierta no existía tanto control y tenía que mostrarse más ofensivo. También en el Tour lanzó ataques, pero en comparación con Tadej, lo del británico nacido en Nairobi son pequeñas aceleraciones. Y tampoco sería justo no considerar al equipo de Pogacar, el UAE (la estructura del antiguo y clásico equipo Lampre refundada al calor de los petrodólares y las estrategias de sportswashing de regímenes turbios y dictatoriales) un equipo menor y sin potencial. Lo cierto es que acompañando al rey del ciclismo actual se ha configurado una plantilla millonaria con ciclistas de éxito y perfiles variados que les permiten controlar la carrera y preparársela para el demoledor ataque de Pogačar.

En cualquier caso hemos disfrutado de un gran Tour. Muy divertido. Salvo 4 etapas verdaderamente soporíferas y abochornantes en las que el pelotón, ante el recorrido, la climatología, la dureza o el control de los equipos por y para sprinters impuso el tedio en el transcurrir de los kilómetros.

Pero obviadas estas cuatro etapas, la carrera ha sido vertiginosa (se vuelve a batir el récord de velocidad media final), con alternativas cada día, quizás no tanto en la clasificación general, donde el favoritismo de Pogacar se ha confirmado con un dominio absoluto. Pero si en las etapas y en algunos hitos bien merecedores de mención. Biniam Girmay el sprinter eritreo sumaba hasta tres victorias en este Tour y alzaba para África por primera vez el mallot verde de la regularidad en un bonito duelo con la estructura del también triple ganador de etapa, el belga Phillipsen.

Otro sprinter, Mark Cavendish, pasaba a la historia del Tour y del ciclismo al sumar su trigesimoquinta victoria de etapa en la ronda gala, desde su primeros triunfos en 2008, hasta ayer que culminó su carrera deportiva acabando el Tour 2024. Supera de este modo al Canibal, Eddie Merckx, quien había colocado un listón que parecía insuperable. No hay que quitar ningún mérito a las hazañas del todoterreno belga, ni tampoco, mucho menos al ciclista de la isla de Man, que ha sumado todas sus victorias en llegadas al sprint, una especialidad, muy compleja y donde la confianza, el sentirse arropado por compañeros que trabajan para ti, y el golpe final de riñones da y quita muchas victorias.

En cualquier caso estos registros pueden quedar sobrepasados en un espacio corto de tiempo si el tren Pogacar sigue devorando etapas del mismo modo que hasta ahora. Desde su debut en el Tour en 2020 hasta hoy, Pogacar lleva 16 victorias de etapa. A este ritmo, y dado el dominio mostrado este año, puede que en 5 o 6 años el esloveno este en situación de batir este récord.

En ello dependerá la salud, el hambre y la constancia del esloveno, como también la calidad y el tesón de sus máximos rivales. Jonas Vingegaard, el danes que llegaba como doble campeón, pero muy mermado por la terrible caída en abril en la Itzulia del País Vasco, ha dado todo lo que tenía pero ha sido insuficiente. Su preparación muy recortada, y sus facultades muy mermadas por la gravedad de las heridas y lesiones, ha mediatizado su respuesta en la carrera, pero aún así ha firmado un tour sobresaliente para acabar en segundo de la general y sumar una etapa.

En la misma caída se vio implicado el tercero de la general final, el chico maravilla del ciclismo belga, Remco Evenepoel. Muchos lustros lleva Bélgica buscando un ciclista capaz de recordar el legado de Merckx en el Tour y ganar la carrera, y ante su primera aproximación, Remco ha rendido a un gran nivel, superando las expectativas de muchos expertos que lo veían sucumbiendo en los grandes puertos de leyenda del Tour de Francia. Sin embargo, con una gran ayuda del mejor español en el Tour, Mikel Landa, como compañero (y de todo su equipo), Evenepoel ha podido competir. Para el recuerdo los ataques sobre las etapas más bonitas de esta edición, las del sterrato por los caminos entre viñedos en las postrimeras de Troyes, o la segunda etapa llegando a Bolonia, en Italia. Y también, el espectáculo de ver a Remco compitiendo en contrarreloj.

Se vienen unos años maravillosos de ciclismo y ya llevamos unos cuantos. A quienes como yo disfrutamos todo el año con el ciclismo, y en especial con las carreras de primavera, nos podemos dar por felicitados y agradecidos. El nivel medio es espectacular y en este momento hay una élite verdaderamente de leyenda que hace que cada carrera aumente en interés. Quizás la incertidumbre del resultado final pueda quedar tocada si Pogacar sigue exhibiendo este dominio, esta fuerza y si se muestra imbatible, pero desde luego los retos y la entidad de los rivales hacen que podamos estar, como el mismo dijo ayer al acabar el Tour, ante una época dorada e histórica del ciclismo.

Parece que uno de los retos más inhumanos, el ganar las tres grandes por etapas en un solo año, o mejor dicho, en una sola temporada, no va a afrontarlo Pogacar. Yo, personalmente, si estuviera en su situación y si me veo bien y con fuerzas, lo intentaría. Ya solo con eso, estaría haciendo historia, por tener la voluntad y la capacidad para enfrentarse a un reto así, pero es que después del dominio en Giro y Tour (12 victorias de etapa, más de 6 minutos de distancia final con el segundo, 38 de 42 días con el mallot de líder), la posibilidad de erigirse en un ciclista de leyenda colosal este mismo año está ahí. De momento, Pogačar y muchos de los ciclistas están ante nuevos retos como los inminentes JJOO, los Mundiales en septiembre, y especialmente en el caso del esloveno, la Paris-Roubaix.

Por último, no olvidar que existe esa larga sombra sobre el ciclismo por un pasado lleno de desilusiones y mentiras, debido al dopaje. No ayuda en despejar sospechas, de momento infundadas, que el máximo patrón del UAE sea Matxin, quien ya conoció las mieles del éxito y del repudio con casos de dopaje sistémico en ciclistas bajo sus órdenes en el pasado. Sin embargo, de momento quien quiera ver algo ahí, aquí se equivoca, porque de entrada lo que se está viendo a nuevas generaciones de deportistas, que en todas las disciplinas, en esta Olimpiada entre Tokio 2020 (21) y Paris 2024 ha pulverizado récords y rendimientos en muchas de las disciplinas. Ha mejorado la genética, los entrenamientos, las preparaciones, la alimentación, el descanso, la salud. También los equipamientos y la tecnología para poder preparar las pruebas. Y los resultados están ahí.

Pero aquí estamos en la primera tarde sin Tour, huérfanos de sus paseos por Francia, por sus carreteras, bosques, montañas, pueblos y ciudades, preciosos y cuidados hasta el mimo. Y tristes porque ha acabado una edición inolvidable donde hemos disfrutado, una vez más, junto a los ciclistas. Si todos merecen, por su compromiso, esfuerzo y voluntad la máxima de la atención y el respeto, cuando se junta una generación con tanto talento, y que ve el ciclismo como un deporte de ataque, no podemos más que celebrarlo. Y por encima de ellos, Tadej Pogačar, un ciclista que está reescribiendo la historia del deporte.

 

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